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sábado, 26 de marzo de 2011

EL HIP HOP DE MALA RODRIGUEZ






La voz más fuerte del hip-hop hispano llega por segunda vez a la Argentina. Género desgarrado, maternidad a flor de piel, la Mala presenta Lujo ibérico y dice: “Mujeres trabajadoras hubo siempre”.







Por Juan Barberis

Sí, La Mala Rodríguez está al teléfono; pero no, acá no escupe ni un poco; eso queda para sus canciones. Ahora ella es tan sólo María, esta gaditana de treinta y dos años criada en Sevilla que una vez editó un disco de nombre Lujo ibérico y que a partir de ahí tuvo que ver cómo su vida se transformaba en algo más parecido a la de una estrella que a la de esa adolescente con buena cintura para las rimas y jeta de hierro para aguantarlas sobre un escenario. Ahora, desde su residencia en Barcelona, María se deja oír sólida, pero sin disfraz: habla dulce, serena y suelta sobre cosas como “estoy dispuesta a entregarme al público de Buenos Aires, estaré con los brazos abiertos, quiero conectar con ustedes”. Y así, todo con ese tono capaz de lograrlo todo, manipuladora y convincente. Una verdadera luchadora en reposo.

El año pasado, para La Mala las cosas no marcharon nada mal. Dirty Bailarina, su última apuesta discográfica –el cuarto disco de su carrera, después del exitoso Malamarismo, de 2007–, fue un juego osado que contó con la producción de Focus (hombre detrás de nombres como Beyoncé, Jennifer López y Christina Aguilera) y que la llevó a revolcarse por lugares inéditos en su historial, arrimándose hasta el electro-pop y el house. Un material en donde, con esa oscuridad tan cautivadora como sensual, además de todo, habla de amor. “Para mí, Dirty Bailarina representa un paso hacia la conciencia, el querer compartir cosas realmente importantes con los demás, tomar en serio muchos aspectos de la vida de uno, y por consiguiente de la vida del resto, y no sé... creo que cada verso de este disco tiene un peso y un valor muy rico.”

Todo esto tiene sentido si nos acordamos de que hoy La Mala también es María, madre de dos hijos, mujer de casa, artista con altos conocimientos en papillas y desengrasantes. Ya lejos de los shows pirotécnicos y el bardeo escénico. Lejos de esas noches extremas que la mostraban justiciera, por ejemplo, reventándole los dientes de un microfonazo a un tío del público que se pasó de listo. Es que hoy La Mala está distinta. “Ser madre te pone a prueba”, asegura ella. “Uno debe educarse a sí mismo, estudiar, obtener información para poder enseñarles algo, ¿vale? Todos necesitamos tener un guía, un maestro que nos diga ‘es por aquí’. Al igual que no soporto que haya gente que tiene hijos sin recapacitar lo que eso supone, pues tampoco soporto a esa gente que se compra un perrito y lo tiene como un objeto. Es conciencia lo que nos falta, y eso es lo más importante a la hora de ser madre.”

Con una protagonista ficticia, una heroína de lengua ágil y piernas largas, Dirty Bailarina es la fórmula pensada por La Mala para encarnarse en la piel de este personaje de diseño y a partir de ahí contar su propia vida, de miedos y seguridades. Algo así como el juego de rol de María, que ama interpretar otros papeles, que ha incursionado hasta en el cine –con una co-producción entre España y Estados Unidos a estrenarse próximamente–, y que poco sabe acerca de eso de quedarse quieta.

“En este momento estoy aprendiendo standards de jazz”, dice sin sorpresa. “Lo paso muy bien escribiendo, componiendo cada día. Dedico mucho tiempo a leer y a escribir. Y ya estoy preparando nuevas canciones para un proyecto que se titula El tren de la bruja. Simplemente trabajo con gente que siempre está creativa, que hace música sin parar, y de un tiempo hasta aquí, pues, tenemos un montón de canciones. Estamos grabando maquetas y maquetas y maquetas. No se cuándo lo voy a publicar, pero de momento estoy disfrutando como una mona: haciendo canciones, saliendo a viajar, descubriendo cosas nuevas como artista y siempre creando.”

Pero aunque las cosas estén cambiando en el repertorio de Rodríguez, algo menos combativa, mucho más tajante, de frente a velocidad Scania, ella siempre se las arregla para hacerse oír y dejar en claro su punto. Y esta vez, pocos días después de los festejos por el Día de la Mujer, lo hace de nuevo. “No me considero una defensora de la mujer, me considero una defensora del humano. No me gusta hacer distinciones de sexo, ni de razas. Creo que es importante que empecemos a sentirnos uno, hombres, mujeres, y no sé... gitanos y polacos; somos lo mismo. En el fondo a todos nos hace reír lo mismo, lloramos con lo mismo, y eso es lo que más hay que potenciar. Creo que los problemas que tienen las mujeres son consecuencia de los actos de todos como humanos, ¿verdad? Y el Día de la Mujer Trabajadora es como una obviedad tan grande... ¿Desde cuándo? Si mujeres trabajadoras hubo siempre. Todos tenemos que trabajar, es lo que nos mueve. Lo bonito es eso: que todos seguimos luchando y buscando algo que nos haga sentir mejor.”

–¿Realmente decís todo lo que pensás?

–Yo no creo que expulse todo lo que pienso, eso me parece algo de muy mala educación. Hay veces que te encuentras con la clásica persona que dice: “¡Es que yo digo todo lo que siento!”. Pues mira, mejor ahórrate algo, porque estás haciendo un poco de daño a la gente. Yo creo que hay que elegir muy bien las batallas y escoger con cuidado las palabras. Pero claro, esto se aprende poquito a poco.

–Cuando en una de tus nuevas canciones decís eso de “me parieron fuerte, me criaron fuerte”... ¿A qué te referís?

–Una persona que lo tiene todo desde que nace no va a valorar igual que alguien que trabaja por conseguir cada pequeña cosa en su vida. Eso para mí es criar gente fuerte. Los mimos a veces se confunden con otra cosa, ¿verdad? No creo que sea positivo del todo el mimar, el darlo todo. Creo que hay que saber pelear por las cosas, trabajar, esforzarse... Esas son cosas que se aprenden cuando uno no tiene excesivos bienes. Y eso es bueno.

–¿Cómo te relacionás con la fama y la exposición?

–Hay mucha gente en la tele famosísima, por tener un físico atractivo o por tener sexo con futbolistas. La fama es muy fácil, lo difícil es trabajar duro durante muchos años y tener el respeto de la gente que conoce tu trabajo.

–¿Y con todo el circo en el que está circunscripta la música?

–Trato de verle el lado positivo. Estoy poco realista igual... Creo que uno se construye. No sé, me siento una privilegiada, pa’ que me entiendas. En esta industria, yo me siento una privilegiada de poder hacer música y compartirla con el mundo. Que pueda actuar, viajar a muchos sitios y que mis palabras lleguen a otra gente, eso es algo alucinante. Por eso ya no veo nada negativo posible.

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