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viernes, 11 de marzo de 2011

A 90 AÑOS DE SU NACIMIENTO, ASTOR PIAZZOLLA: EL HOMBRE QUE CAMBIO LA HISTORIA DEL TANGO.









NACIO UN 11 DE MARZO COMO HOY, EN MAR DEL PLATA, PERO FUE EN 1953, EN PARIS, DONDE NACIO COMO MUSICO Y DEFINIO SU ESTILO.
I diota, eso es Piazzolla. Como el ¡¡¡Eureka!!! de Arquímedes o tal vez como el imperativo griego Conócete a ti mismo escrito en la puerta del templo de Apolo en Delfos, la compositora francesa Nadia Boulanger (1887-1979) gritó su gran descubrimiento en la cara del propio Astor. El lo cuenta así en una entrevista concedida en Chile en 1999: "'Usted me dice que no es pianista, ¿qué instrumento toca, entonces?'" Y yo no quería decirle que tocaba el bandoneón, porque pensaba 'Ahí ésta me tira por la ventana del cuarto piso con bandoneón y todo'. Finalmente se lo confesé y me hizo que le tocara unos compases de un tango mío.
De repente abre los ojos, me toma la mano y me dice: 'Pedazo de idiota, ¡esto es Piazzolla!'. Y agarré toda la música que había compuesto, diez años de mi vida, la tiré al diablo en dos segundos".
Sí, en toda vida hay un instante de revelación cuando uno comienza a creer en sí mismo. "Ella me enseñó a creer en Astor Piazzolla, a creer que mi música no era tan mala como yo pensaba. Pensé que era algo así como un pedazo de mierda porque tocaba tangos en un cabaret, pero yo tenía algo llamado estilo.
Sentí una especie de liberación del tanguero-vergüenza que era yo".
Por eso, tal vez no importe citar su fecha biológica de nacimiento, el 11 de marzo de 1921 en la ciudad de Mar del Plata, porque Piazzolla, el genio que revolucionó la música popular de Buenos Aires, nació aquel día de 1953 en París, después que Nadia pronunciara sus mágicas palabras.
Desde entonces, la música de Astor comenzó a provocar al sensible mundo del tango. La verdadera causa de ese desorden fue su identidad estética que rompió con la tradición tanguera apostada en el territorio rioplatense, al incorporar a su música complejidades rítmicas de otros géneros y de otras territorialidades aunque sin perder
"Hoy se respira más perfume de rock o de punk. El tango de ahora es sólo una imitación nostálgica y aburrida de aquella época".
la esencia urbana que está en la naturaleza misma del tango. En síntesis, Piazzolla logró crear un nuevo territorio para expresar la música tradicional de Buenos Aires, mucho antes de que Martin Stokes -etnomusicólogo de la Universidad de Oxford- enunciara que el hecho musical evoca y organiza las memorias colectivas y presenta las experiencias de un lugar, con una intensidad, un poder y una simplicidad no igualada por ninguna otra actividad social. En ese sentido, Astor creó una nueva relación de identidad entre su música y el espacio urbano de la ciudad.
"Mi música es una música de cámara popular que viene del tango". Tal es la concepción textual de cómo Piazzolla definía su estilo. El secreto estaba en la audacia puesta en las armonías, en los ritmos, en los tempos, en los contrapuntos y en modo especial en la construcción musical fugada, proveniente del barroco, consistente en el desarrollo estructurado de temas superpuestos. "Mi audacia está en la armonía, en los ritmos, en los contratiempos, en el contrapunto de dos o tres instrumentos, que es hermoso, y buscar que no siempre sea tonal, buscar la atonalidad".
¡Qué lejano parecía entonces el tango tradicional que Buenos Aires veía languidecer en la década de 1950! Y cómo no iba despertar enconos y polémicas la música y las opiniones de Piazzolla. Qué porteño aceptaría dócilmente que sentenciara, como lo hizo en 1989: "El tango ya no existe. Existió hace muchos años atrás, hasta el '55, cuando Buenos Aires era una ciudad en que se vestía el tango, se caminaba el tango, se respiraba un perfume de tango en el aire. Pero hoy no. Hoy se respira más perfume de rock o de punk. El tango de ahora es sólo una imitación nostálgica y aburrida de aquella época".
Este contrapunto de opiniones desafiantes, terminó por darle trascendencia y repercusión en todo el mundo a la música de Astor y produjo el nacimiento de una generación de nuevos tangueros que producirían el milagro de la resurrección cuanto todo anunciaba la muerte del tango.
Pero la historia de Astor Piazzolla no podría comprenderse de modo cabal, sin una mirada biográfica porque su vida no fue la de un muchacho porteño, aquerenciado en alguna barriada marginal oyendo tangos desde la cuna. Astor creció oyendo otra música, el jazz, en un barrio pobre de Manhattan, en la calle St. Marks Place cuyos habitantes y costumbres en nada se parecían a los arrabales porteños.














Astor había nacido en Mar del Plata, el 11 de marzo de 1921, hijo de Vicente y Asunta Manetti. Su otro nombre, Pantaleón, lo recibió por su abuelo paterno, Pantaleone Piazzolla, marinero y pescador que había emigrado a la Argentina desde su Trani natal, una pequeña ciudad situada en la región de la Apulia, a orillas del Adriático.
La niñez de Astor transcurrió en Nueva York, donde su familia se radicara en busca de mejores horizontes cuando él tenía sólo 4 años.
Y en esa gran ciudad, tan lejos de su tierra, descubrió el lenguaje de la música, su amor eterno, como él mismo dijera: "La música es más que una mujer, porque de la mujer te podés divorciar, pero de la música, no. Una vez que te casás, es tu amor eterno, para toda la vida y te vas a la tumba con ella encima".
La música le llegó desde las misteriosas entrañas del bandoneón que le regalara su padre y que Astor aprendió a ejecutar tomando clases con Andrés D'Aquila, un músico argentino que fuera también maestro de Gabriel "Chula" Claussi. A los diez años realizó su primera grabación, Marionete Spagnol, un acetato no comercial, tomado en los estudios de Radio Recording de Nueva York el 30 de noviembre de 1931.
Dos años después inició estudios de piano con el maestro húngaro Bela Wilda, discípulo de Rachmaninoff, con quien descubrió a Bach, al mismo tiempo que conoció a Carlos Gardel, amigo de su familia, quien lo incluyó en el reparto de la película El día que me quieras en un breve papel de "canillita".
Me he preguntado muchas veces cuánto influyó la presencia de Gardel en la vida de Piazzolla. Aunque el mismo Astor confesara que su contacto con Gardel fue muy pasajero no eludió mencionar "el placer que tuve fue filmar con él algunas escenas de El día que me quieras y acompañarlo, en ciertas oportunidades, con el bandoneón que yo recién empezaba a estudiar.












Pero también acepta que para entender y amar a Gardel, uno tiene que haber pasado por Buenos Aires, conocer el mercado de Abasto, y yo sólo era un chico de trece años que vivía en New York".
Hasta aquí, esta historia neoyorquina no pareciera ser presagio de lo que ocurriría después, porque vuelta la familia a la Argentina en 1936, Astor y su bandoneón comenzaron a frecuentar el tango.
Piazzolla se deslumbró al escuchar, una tarde-noche en Mar del Plata, al Sexteto de Elvino Vardaro, el mejor violinista de toda la historia del tango pese a que fue "un artista casi secreto", según el acertado cuño del crítico Jorge Andrés.
En 1938, con sólo 18 años de edad, Astor se radicó en Buenos Aires y al año siguiente ingresó a la orquesta de Aníbal Troilo, su otro gran maestro. Pero Astor sigue ávido de encontrar otra música y ya en 1941 comenzó sus estudios musicales con Alberto Ginastera.
Son los años donde la goma de borrar de Pichuco quitó las audacias piazzollianas de los arreglos que Astor hacía para la orquesta, la que dejó finalmente en 1944, para seguir al cantor Francisco Fiorentino como director de la formación que lo acompañaría.
En 1946, Astor crea su primera formación no muy distinta de las convencionales de ese tiempo aunque sus orquestaciones y el desarrollo armónico que confiere a los temas, ya dan cuenta de un talento innovador. Ese mismo año compone El desbande. Durante tres años mantuvo esta orquesta que disolvió en 1949, casi apartándose del tango y del bandoneón.
Es allí donde comienza su búsqueda obsesiva de un nuevo estilo que aún no pudo definir. Sus obras despiertan perplejidad y rechazo; la presentación de Buenos Aires, Tres movimientos sinfónicos en la Facultad de Derecho tiene un escandaloso final. Pero al año siguiente viaja a París beneficiado por una beca del gobierno francés y ahí se produce su encuentro con Nadia Boulanger.
Nadia le abre su corazón y proclama, después de oírle ejecutar Triunfal, su gran descubrimiento:

SU VIGENCIA

FERNANDO TARRES Y SU VISION JAZZERA DEL TANGUERO.

















El guitarrista Fernando Tarrés es tal vez el músico más adecuado para hablar sobre el impacto que aún hoy sigue produciendo la música de Piazzolla. Comisionado por el Buenos Aires Jazz, Tarrés trabajó sobre la música de Piazzolla. Su producción, en formación de noneto y sexteto fue plasmada en el disco que editó BAU Records.
¿Qué significó Piazzolla para el jazz y qué significa para el jazz actual? Primero hay que establecer una diferencia clara entre la lectura que un músico de jazz hacía de Piazzolla en Argentina y la que pudiera hacer un músico de jazz en otro lugar del mundo. Piazzolla es un artista cuya obra tiene una doble lectura, porque habla un idioma universal, pero construido a partir de códigos esencialmente locales.
En ese sentido, Piazzolla significó para muchos artistas locales la muestra tangible de que había una manera de hacer música argentina sin ceñirse al código del tango o del folklore. Como además escuchaba a Bartok y Stravisnky, y tomaba de ellos algunos gestos, su música mostraba cómo esos gestos podían resignificarse en la música popular. Y eso es muy importante. Piazzolla supo ver una puerta de escape donde el resto no había visto nada. Seguramente su música no significó mayormente nada para el jazz, aunque algunos músicos importantes de jazz se maravillaron con su música y con la manera en que su grupo tocaba.
Además, hay que tener en cuenta que el músico de jazz ha sido y sigue siendo binario: toma lo que le sirve y desecha lo que no.
¿Y en cuanto al presente? El camino es más o menos inverso.
En vez de representar una salida del tango, para muchos artistas jóvenes Piazzolla es la puerta de entrada al tango. Quizás porque su concepción rítmica y formal es más parecida a lo que los músicos de jazz estamos acostumbrados a escuchar. La manera en la que edifica su música a partir de patrones melódicos y rítmicos que se van deformando y transfigurando lentamente es algo con lo que el músico de jazz sintoniza de inmediato, porque son procesos que conoce.
Entonces entra al tango por la puerta Piazzolla; luego algunos sienten la necesidad de ahondar en el género.
Los giros piazzollianos son una marca demasiado ostensible, ¿cómo se homenajea su lenguaje sin transformarlos en caricatura? ¿Se puede tributar a Piazzolla sin confirmar su estilo? No confirmar su estilo es el único camino interesante. Él transitó su música una y otra vez hasta depurarla. Consecuentemente, resulta inútil tomar su mismo camino.
Ahora recuerdo una película en la que Godard comienza diciendo: "No muestres cada costado de las cosas. Reservate un margen de indefinición." Todo artista hace eso y, consecuentemente, en las ideas musicales de Piazzolla hay costados que no fueron mostrados. Ese es el camino por donde hay que entrar, por las posibilidades que Piazzolla no mostró de sus propias ideas. Para esto, uno cuenta con una ventaja maravillosa: la perspectiva. Mirar cualquier obra del pasado a la luz del presente constituye un buen punto de partida.











Sólo es cuestión de mirar atentamente.
¿Qué significó la música de Piazzolla para su propio entorno? Probablemente una denuncia que evidenciaba las ausencias de ciertas cosas en el género, o el exceso de lo local y lo pintoresco. Un recordatorio de lo burdo que se estaba volviendo el estereotipo. Por otro lado, no hay que olvidar que, aunque en el mercado actual el tango es una música no masiva -si se la compara con el rock o el pop, en la primera época de Piazzolla el tango era un género muy popular donde la aceptación masiva del público era una parte importante del juego, y Piazzolla vino y pateó el tablero. Desafió los patrones establecidos y hasta se jactó de ello.
Y eso no pasó inadvertido. Ante algo tan radical, nadie podía mantenerse en posición neutral. Por eso los amores y las broncas. Fuerzas que, aunque antagónicas, hacían una misma cosa: resaltar su figura.
¿Qué tomaste de su obra? Antes que nada, traté de rescatar su actitud, ese rasgo prepotente que tiene su música. En segundo término, su costumbre de desdibujar límites. Así como él dejó entrar otras músicas al tango, yo dejé entrar otras músicas a Piazzolla. Algo así como honrar su sano desprejuicio con el mío. Por último, aproveché el hecho de que sus melodías están -en menor o mayor medidainstauradas en el inconsciente de quien va a escuchar mi trabajo. Esto me permite hacer algo que es muy interesante: al escribir música, uno normalmente establece un centro del cual luego se aleja y se acerca generando tensión y distensión. Como aquí el punto de partida es conocido, uno puede dejarlo tácito y alejarse de un centro que nunca fue claramente expresado.
Así, por momentos su música está en al aire y, extrañamente, nadie la está tocando.

Maestro, músico y compañero

PABLO ZIEGLER, PIANISTA DEL ULTIMO QUINTETO PIAZZOLLIANO, HOY HOMENAJEA AL MUSICO.















Por Pablo S. Alonso
Pianista del último quinteto (1978-1988) de Piazzolla, Pablo Ziegler vino a la Argentina -desde 1997 reside en Nueva York- para realizar seis presentaciones a modo de homenaje. En ellas, Ziegler revisita la música de su mentor (además de interpretar en su memoria algunas obras propias) con la sensibilidad y creatividad necesarias para que la ausencia del compositor no empañe los resultados artísticos.
Para cuando, a los 33 años, fue convocado al Quinteto por recomendación del guitarrista Oscar López Ruiz, Ziegler,ya tenía una considerable carrera.
En una ocasión, su trío de jazz había abierto un show de una de las anteriores encarnaciones del Quinteto. Horacio Malvicino -el otro guitarrista principal del grupo- vio tocar a Ziegler en esa ocasión y tomó nota de su ductilidad. "Para el segundo octeto electrónico (1977) me buscaron y por suerte no me encontraron, porque duró poquito", recuerda Ziegler hoy.
El primer encuentro con Piazzolla fue para confirmar que era el músico indicado. "Me tiró unas partituras y yo le digo. 'Mirá, hay una cadencia tuya que me encanta', de un arreglo maravilloso que hizo de Los mareados. La toqué y me dijo 'Ah, bueh, tomá las partituras, en veinte días empezamos a ensayar. Chau' Y a los tres o cuatro días apareció con una cadencia sobre Adiós Nonino que escribió para mí porque no encontraba la otra (risas). Era una cosa tras otra." La propuesta era la mejor alternativa artística para Ziegler, pero no la más rentable. "En ese momento Astor era un tipo muy discutido. Al mismo tiempo me había llamado el manager de Alberto Cortez ofreciéndome ir a España para ser el director musical, una guita que estaba muy bien. Y me quedé con Astor, me jugué por lo que creí." Eventualmente, el talento del Quinteto fue debidamente remunerado en escenarios de todo el mundo.
Ziegler y los guitarristas tenían algunas licencias para improvisar, pero dentro del lenguaje piazzolleano. "No lo hagás tan jazzero, hacelo más tanguero", le decía el bandoneonista a Ziegler, a quien, de los pianistas anteriores del Quinteto, le interesaba Osvaldo Tarantino, el único que solía improvisar.














De todas formas, Ziegler considera que la clave de esta música yace en la concepción camaristica.
"Astor era un compositor de música de cámara con orientación al tango. Todos los arreglos suenan perfecto, porque tenía un training clásico muy bueno. El Quinteto era como una sola voz, el ensamble perfecto. En los jazzistas siempre hay un tipo adelante y tres que acompañan, pero en esto no." Además, Ziegler fue el único músico de ese Quinteto que nunca tuvo un cortocircuito con Piazzolla, siempre proclive a los golpes de timón y a las declaraciones polémicas. "A veces le pedíamos que se calle la boca. 'Bueno, es mi opinión...' (risas). Yo no prestaba mucha atención a esas cosas, porque el Tano conmigo siempre era muy amiguero: íbamos a pescar juntos, me llamaba y me decía 'Vení que te quiero mostrar una parte de piano', o me invitaba a sus reuniones donde estaban Tato Bores o (Pipo) Mancera. Yo era el más pibe; tuve una relación paternal desde el lado de la música, pero (Astor) también era un tipo que cuando te quería, te quería" En Piazzolla convivían el bromista con el mecha corta ("Le gustaba joder, pero no que lo jodan") y peculiaridades como su costumbre de lanzar objetos como si fuesen pelotas; incluso si el esférico en cuestión, arrojado sorpresivamente a Ziegler en un hotel en San Francisco, era un paquete grasiento que envolvía un pato que a Piazzolla se le había ocurrido comprar para que el pianista lo preparase a la pekinesa.
Piazzolla siempre alentó a Ziegler a desarrollar su propia música.
"Estoy escribiendo esto ¿qué te parece?", preguntaba Pablo. "Me encantó", respondía Astor. "Y después me miraba, se cagaba de risa y lo tocaba en el bandoneón (risas). Me aconsejaba 'Dale con el contrapunto. Estudíá mucho eso'.
Cuando el Quinteto no existía más, yo hago la música (institucional) para FM Tango; él la escuchó y me dijo 'Está bueno. Bien piazzolleano' '¿Y qué querés? ¡De ahí viene!' (risas)".

Un Astor de entrecasa

PESCAR Y MANEJAR ERAN SUS HOBBIES. HABLAN SU EX PAREJA, AMELITA BALTAR, Y SU HIJO, DANIEL.
















Por Lucila Olivera
Una fuerte dupla profesional y personal formaron durante los años 1968 y 1975 Astor Piazzolla y Amelita Baltar.
¿Cómo privarse, entonces, del recuerdo lleno de humor y de cariño de la diva del tango? "Astor tenía muy buen humor y, por momentos, también un carácter bastante bravo. Se la pasaba haciendo chistes a todo el mundo.
A mí, por ejemplo, me asustaba en la oscuridad. ¡Pero que nadie viniera a hacerle un chiste a él!", recuerda la Baltar. Y sigue: "Eso sí: al momento de ensayar no se jugaba.
Eso era bien serio". Según cuenta la artistas, la rutina de trabajo del músico arrancaba bien temprano.
"Recién a eso de las 11, yo le acercaba a su piano un café o un té, y él seguía hasta tarde".
¿Dos cosas que Astor amaba? Manejar y pescar, en cualquier orden, y como un gran recurso para despejarse y poner la mente en blanco. "A Piazzolla le gustaba hacer viajes de un momento para otro. Por ejemplo, me decía: "Prepará el bolso que en dos horas salimos a Mar del Plata", y así partíamos a visitarla a Nonina (la mamá del músico). O me decía: En un rato nos vamos a almorzar a San Antonio de Areco", y así nos íbamos".
La rubia recuerda, en especial, un Volkswagen coloradito que tenían en la época en que vivían en Europa. "No teníamos un mango. Lo compramos en Suiza, aunque vivíamos en Roma. Pero gracias a ese autito pudimos disfrutar mucho de todos los paisajes que se nos presentaban en el camino", dice.
En cuanto a la pesca, Piazzolla solía ir con ella o con amigos a San Blas. "Recuerdo que allá por el 71, yo lo ayudé a sacar su primer tiburón. En realidad, fueron dos, ¡con una diferencia de 45 minutos! Un delirio. Jamás pensó que iba a pescar semejantes bichos, así que no estaba preparado. Eran inmensos.
Me pidió que agarrara el bichero para ayudarlo y yo, como una inconciente, le hice caso. ¡Al día siguiente uno de los tiburones seguía moviéndose! El estaba que no podía más de la alegría", relata Baltar.
Y profundiza esa postal. "A ese lugar fuimos, además, con su mamá, con la mía y con mi hijo. De hecho, hemos pasado alguna fiesta allí.
Todo era muy austero. Sólo había un hotel súper sencillo, con un baño en la esquina que tenía una ducha a kerosene. A Astor le gustaba lo rústico; a mí, también. La gente de ahí le cocinaba lo que pescaba y comíamos pescado a morir. Astor le enseñó a pescar a mi hijo, que de grande lo sigue haciendo.
¡Todo por culpa de Piazzolla! Eran iguales: el chico tenía unos 6 o 7 años, y él más o menos. Es que era un chico grande, como un adolescente, o como casi todos los hombres".
¿Los gustos culinarios del autor de Adiós Nonino? También muy sencillos. "Un día vino a comer Atahualpa Yupanqui y le pidió a Helena, que ya a esta altura la trataba como a una prima, que preparara ñoquis con salsa. Astor era muy de la pasta. Y le gustaba hacer él mismo las salsas: eso sí, quedaba la cocina con los azulejos todos colorados, parecía que habían asesinado a alguien! También le gustaba preparar conservas, en especial, berenjenas en escabeche, que le encantaban".
Y las mujeres, ¿se le acercaban mucho? "Como le pasa a la mayoría de los famosos y de las famosas. Entonces, cuando salíamos de uno de sus conciertos y alguna empezaba a acercarse con sonrisitas y a hacer jajajajiji, yo le decía desde atrás con mi peor voz de villera: ¡Piiiiiichiiiii! Ellas ponían cara de ay, qué ordinaria esta. Pero, al final, se terrminaban yendo" (se ríe).
Se hace tarde. Un remise la espera para ir a grabar su próximo disco, que incluye una versión de Chiquilín de Bachín con unos arreglos especiales que "a él le encantarían" y en el que también está trabajando con Sebastián Barbui.
¿Tiene algún recuerdo de la noche que estrenaron en el Luna Park "Balada para un loco"? Me acuerdo que fuimos con mi mamá y un amigo. Yo me había mandado a hacer un vestido divino, que lo terminé rompiendo porque no me entraba el aire, así que saludé sin dar la espalda, como una geisha, para que no se viera. Después, cuánto nos destrozó la crítica es tema conocido. Lo que me contó hace poco Marikena (Monti) es que unos días después Astor, que había quedado muy mal con todo el episodio, le dijo que él ya estaba acostumbrado a las críticas, pero que lo lamentaba profundamente por mí, porque era muy chica para soportarlo.
Ahora sí se despide: "Que te quede linda la nota".

Cronología en hitos: 1925-1992




















1) Infancia en Manhattan 1925. A los cuatro años, parte junto con su familia.
1930. Regreso breve a Buenos Aires. Toma clases de bandoneón con Homero Pauloni.
1934. Conoce a Carlos Gardel.
Comparte con él caminatas por Manhattan, recorre las mejores tiendas neoyorquinas y le enseña inglés.
1935. Gardel lo incluye como canillita en "El día que me quieras".
2) Bandoneón cadenero 1937. Regresa a Mar del Plata.
Su padre instala un bar y construye un escenario para que Astor toque tango en trío.
1938. Escucha al sexteto de Elvino Vardaro. Forma un cuarteto para hacer "una exacta imitación del estilo Vardaro".
1939. Viaja a Buenos Aires por consejo de Miguel Caló. Ingresa a la orquesta de Troilo gracias a la gestión de Hugo Baralis.
1940. Conoce a Dedé Wolf, su primera mujer.
1941. Conoce a Arthur Rubinstein. El encuentro deriva en una preparación académica con Ginastera. Hace su primer arreglo para la orquesta de Troilo: "Azabache".
1942. Se casa con Dedé.
1943. Estudia piano. Nace su hija Diana.
1944. Nace su hijo Daniel. Se desvincula de la orquesta de Troilo. Empieza a colaborar con la de Goñi y Florentino.
1946. Forma su primera orquesta, la Típica de Astor Piazzolla.
1950. Disuelve su primera orquesta. "¡Ya no quiero saber nada con el bandoneón!" 3)Anclar en París 1953. Gana el premio Fabián Sevitzky por sus "Tres movimientos sinfónicos".

1954. Parte a París con Dedé.

Estudia con Nadia Boulanger.

1955. Firma contrato con tres compañías discográficas francesas para componer y grabar.

4) Tangos para improvisar 1955. Escucha al octeto del saxofonista Gerry Mulligan y planea armar su grupo más osado, el Octeto, incomprendido por el público y la crítica.

1958. Vuelve a Nueva York.

1959. Crea un Quinteto Jazz Tango. Muere su padre. Compone "Adiós Nonino", su obra más famosa. "En este tema quedaron todos los recuerdos que tenía de mi papá".

5) Volver a Buenos Aires 1960. Evalúa que su apuesta a ganar el público neoyorquino había fracasado.

6) Abanderado de la vanguardia 1960. Regresa y forma su primer quinteto.

1961. Se presenta en Canal 11 y Canal 7. Su música alcanza difusión. Escribe "Decarísimo".

Compone su primera fuga para "Calambre".

1962. Pelea en pantalla abierta con Jorge Vidal. Guerra entre piazzollistas y antipiazzollistas.

1963. Escribe "Buenos Aires Hora Cero".

1965. El quinteto viaja a Estados Unidos como parte de la delegación de Arturo Illia. Con la Philarmonic Hall Orchestra edita su primer disco con sus composiciones.

1966. Se separa de Dedé.

7)Las palabras y el canto 1968. Escribe "María de Buenos Aires".









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A 90 AÑOS DE SU NACIMIENTO, ASTOR PIAZZOLLA: EL HOMBRE QUE CAMBIO LA HISTORIA DEL TANGO.

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