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martes, 26 de enero de 2010

Metallica en Córdoba: un show histórico


La banda estadounidense tocó en el Orfeo en un concierto que marca un antes y un después para la Docta.


Seguramente, la historia del Orfeo Superdomo guardará la noche del 24 de enero de 2010 y el recital de Metallica en un rincón tan glorioso como la del 13 de marzo de 2008. Allá lejos y no hace tanto tiempo, Bob Dylan bajaba hasta Córdoba para un concierto único para... poco más de dos mil quinientas personas. Entre la apatía de aquélla concurrencia y el lleno total de este domingo (con diez mil entradas agotadas en ocho horas), la plaza mediterránea volvió a colgarse el cartelito de apetecible para números de alta convocatoria. Pero eso es otro tema.

Lejos de algunas visiones previas que daban a Metallica "de vuelta" de sus días de gloria y obligados a cumplir un compromiso, la banda inventora del thrash metal brindó en Córdoba un show cercano, descomunalmente al palo y para nada concesivo. Uno de los puntos más atractivos del concierto de este domingo, mejor dicho el que lo volvía completamente irrepetible, era justamente su calidad del único programado en un recinto cerrado tipo arena de la excursión argenta, aunque no era solamente eso, por supuesto.

James Hetfield, Lars Ulrich y compañía estuvieron mucho más que a la altura de una fecha histórica y fueron una máquina de disparar hits (y no tanto), de una lista que difirió bastante del set de las dos fechas en River. Así, los muchachos recostaron el repertorio en el Black Album ("Of Wolf and Man", "Enter Sandman", "Nothing Else Matters", "Sad But True" y "Holier Than You") y Death Magnetic ("That Was Just Your Life", The End of the Line", "Cyanide", "My Apocalypse!"), a diferencia del tracklisting de estadios que, desde México a Buenos Aires, abrevaba en Ride The Lightning. En rigor de verdad, ni el más optimista de los fans que se pegaron al vallado tenían en mente que al cierre con "Seek & Destroy" Hetfield bajaría del escenario para tener un mucho más próximo baño de multitudes, y había que ver las caras de los fans a los que les acercaba el micrófono para corear las tres palabritas del estribillo. Esa quizás sea la postal más elocuente de lo bien que parecen haberla pasado el grandote y el resto del personal en escena durante la excursión a Córdoba.

"Córdoba, son hermosos. ¿Podemos llevarlos con nosotros al próximo show?", largó James cuando promediaba la noche en el domo y ya dueño indiscutido del austero escenario y el "Olé, olé, olé, oleeee... Metaaaa llicaaaaaaa" atronaba ensordecedor. El batero, en tanto, guardó sus únicas palabras dichas directamente para el final, con una amenaza que más de diez mil almas quisieron tomar como promesa: "No sé ustedes, pero yo no voy a esperar 29 años para volver a tocar aquí". El sueño de cualquier metalero, hecho realidad.

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