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jueves, 2 de septiembre de 2010

McCoy Tyner en Buenos Aires: “El jazz siempre debe evolucionar”


02/09/10






El pianista es uno de los más influyentes en el último medio siglo del género y fue parte esencial del fabuloso cuarteto de John Coltrane que grabó A Love Supreme.



Por Diego Fischerman

La frase publicitaria parece casi inevitable: “El pianista de John Coltrane”. Y pocas veces el trazo grueso y la apelación a lo más visible resultan tan injustos como en el caso de McCoy Tyner, junto a Bill Evans el pianista más influyente del último medio siglo del jazz. Y es que si bien es cierto que integró el cuarteto de Coltrane entre 1960 y 1965, también lo es que ese grupo fue lo que fue en gran medida gracias a él. “Tocar con John (Coltrane) fue una de las grandes experiencias de mi vida”, dice el pianista, nacido en Filadelfia en diciembre de 1938. Juega, claro, entre Trane, el apelativo del saxofonista, y el parecido fonético con “train”. Y habla de un viaje. “Sabíamos de dónde partíamos y, a veces, adónde deberíamos llegar. Lo demás era una aventura.”

Su manera de formar y encadenar acordes fue seguida por cada pianista nuevo que surgía en el jazz. Varios de sus discos están entre los mejores del jazz de todos los tiempos y una lista muy breve no podría dejar de incluir The Real McCoy, de 1967, con Joe Henderson, Ron Carter y Elvin Jones; Together, de 1978, con Freddie Hubbard, Hubert Laws, Bennie Maupin, Bobby Hutcherson, Stanley Clarke y Bill Summers; el exquisito Supertios, de un año antes, con Ron Carter y Tony Wiliams y con Eddie Gomez y Jack De Johnette; o, más cerca, It’s About Time, con Jackie McLean, de 1996; o el notable Guitars, de 2008, con guitarristas invitados como Carlos Santana, John Scofield y John Abercrombie. Y, es claro, discos en los que toca con Coltrane, como Transition, A Love Supreme o Quartet Plays, que ocupan un lugar en la historia por derecho propio. El estilo de Tyner, como el de Evans o el de Thelonious Monk, no ha cambiado demasiado: sigue teniendo la misma originalidad que cuando era un adolescente y empezó a tocar con el fantástico Jazztet de Benny Golson y Art Farmer.

Hoy, Tyner volverá a actuar en Buenos Aires, después de dieciséis años, y lo hará con un grupo excepcional: Eric Gravatt en batería, Gerald Cannon en contrabajo y, como invitado, Gary Bartz en saxo. El concierto será en el Gran Rex y contará con la actuación, también, de la excelente pianista y compositora argentina Paula Schocrón, que junto al saxofonista Pablo Puntoriero presentarán parte de su nuevo disco, El enigma. “El jazz es una forma de arte progresiva”, reflexiona el músico norteamericano. “Por su propia naturaleza, debe cambiar y progresar o dejará de ser jazz. Creo que mi personalidad cuadra bien con este género, porque no me gusta quedarme sentado mucho tiempo en el mismo lugar. Siempre estoy pensando en lo que viene después de mañana y en qué nuevo proyecto será el próximo. Para ser relevante, el jazz debe evolucionar, como siempre lo ha hecho. Y para que lo que uno hace dentro del jazz sea relevante sucede exactamente lo mismo.”

Tyner, en efecto, hizo desde discos con big band –entre ellos The Turning Point, de 1991, con arreglos suyos, de Slide Hampton, Howard Johnson y Steve Turre–, grabaciones solistas –Revelations y Soliloquy– y fue uno de los que motorizó una suerte de reafricanización del jazz, entre fines de los ’60 y comienzos de los ’70, con varios álbumes extraordinarios, en los que tocaban músicos como Woody Shaw, Wayne Shorter y Bartz, el saxofonista que lo acompaña en esta visita: Expansions, Cosmos, Extensions y Asante. También grabó en cuarteto con Sonny Rollins, dúos con Stéphane Grappelli o Jackie McLean, o en quinteto con David Murray y Arthur Blythe. En 2007 grabó McCoy Tyner Quartet, junto a Joe Lovano, Christian McBride y Jeff Tain Watts, y el año pasado publicó Solo: Live from San Francisco.

“Se habla de Coltrane como saxofonista, e indudablemente fue un grande en ese instrumento”, comenta el pianista. “Pero no se tiene en cuenta su importancia como compositor y como verdadero maestro de la armonía. Su concepto armónico puede escucharse en grabaciones como A Love Supreme, por ejemplo. Para mí fue siempre como un hermano mayor, que me cuidó muchísimo cuando entré al grupo. La conexión entre la sección rítmica era sumamente fuerte y había una gran comunicación entre todos nosotros mientras tocábamos. John era un gran líder y realmente lograba sacar lo mejor de cada uno de nosotros.” Para Tyner, un grupo es, necesariamente, más que un conjunto de individualidades. Y se siente orgulloso de los compañeros con los que llega a Buenos Aires. “Tuve la fortuna de tocar con grandes músicos. Con grandes artistas. Y eso a uno le enseña, porque el piano es como una orquesta, uno siente que puede hacer todo con él. Pero cuando se toca con creadores, se percibe que lo que uno hace se completa, se enriquece con lo que hacen los demás. Y este grupo, con el agregado de un viejo compañero como Bartz, es de esos en que todo se transforma y toma otra vida cuando transita entre uno y otro músico. Nada sería igual si no estuvieran ellos.”





"Me gusta tocar para públicos distintos"



Entrevista El ex pianista de John Coltrane Hoy toca en el Gran Rex. Cómo vive uno de los más grandes músicos de jazz vivos a los 71 años.









Por Sandra De La Fuente



Esta noche, después de 16 años, McCoy Tyner vuelve a tocar en Buenos Aires. El legendario pianista, definido como el león rugiente del jazz por su gran sonido y su fuerza percusiva, se presentará en el Gran Rex, con su trío que completan Gerald Cannon en contrabajo y Eric Kamau Gravat en batería y al que, en una suerte de evocación coltraneana, se sumará el saxo solista de Gary Bartz.

McCoy Tyner fue el gran pianista de John Coltrane. Se conocieron cuando Tyner tenía 17 años y todavía vivía en Filadelfia, donde había aprendido el instrumento gracias al incentivo de una madre apasionada por la música y la buena influencia de sus vecinos Bud y Richie Powell.

La noche de ese histórico encuentro, Tyner tocaba en el Red Rooster y Coltrane disfrutaba de unos días de descanso entre sus extenuantes sesiones con Miles. El sonido de McCoy no le pasó inadvertido. Coltrane no era todavía una gran referencia para el mundo del jazz, y McCoy fue el estímulo que necesitaba para dar su primer gran paso con una formación propia. En ese tiempo, McCoy tocaba con Art Farmer, pero apenas Coltrane abandonó el grupo de Miles, entendió que una nueva historia podía comenzar también para él. Todavía hoy Tyner habla de Coltrane como “su hermano mayor” y considera su música como “algo transformador y único que aún tiene mucho que mostrar, que merece seguir sonando” y sobre la que, por esa misma razón, improvisa una y otra vez.

Y lo mejor de Coltrane vino acompañado por el piano de Tyner: Africa Brass , Impressions , My Favorite Things y su exquisito A Love Supreme (65). Las innovaciones rítmicas de Tyner –muchas veces se denominó a sí mismo “percusionista frustrado”- y sus nuevos colores armónicos marcaron un punto de inflexión en la historia del jazz. Tyner no entiende el instrumento como un campo de pruebas sino más bien como la extensión de la propia personalidad. “Al principio, el piano es algo ajeno. Cuesta hacer una relación con él. Con el tiempo, se vuelve una extensión del propio cuerpo, y ya no puedes hacer con él nada muy diferente de lo que realmente sos”.

La revolución de McCoy fue progresiva: la serena comprensión y asimilación de un mundo nuevo o exploración de su propia tradición –el movimiento africanista lo tuvo de epicentro-. Ese modo de entender los cambios, marca un notable contrapunto con las fugas hacia el futuro y líneas plagadas de aristas que trazó la historia del impetuoso e inconformista Miles Davis.

Los tiempos en que McCoy ganaba presencia coincidieron con aquellos en los que Miles comenzaba a sentirse incómodo con ese papel de animador al que creía que los intelectuales blancos habían relegado a los músicos de la comunidad negra. La música de Miles aceleraba su salida del puro divertimento de salón, se volvía áspera mientras se apartaba de la tradición. Tal vez por eso, no era fácil para Miles encuadrar el estilo de Tyner. En su libro Miles y yo , Quincy Troupe, punzante -y seguramente conociendo por anticipado el juicio de Miles-, le exige una valoración pública sobre el sonido de McCoy Tyner. “Lo único que hace es aporrear el piano”, demuele Miles después de algunas reticencias. “Nunca ha tocado y nunca lo hará. Es un buen tipo, pero aunque le fuera la vida en ello, nunca podría tocar el piano”.

Tal vez ese juicio no haya influido en músicos y melómanos. De todas formas, tras su salida del cuarteto de Coltrane, en 1965, y la formación de su propio trío, Tyner tuvo que poner a prueba su tenacidad para tolerar las críticas.Recién con Sahara , su disco de 1972, apareció la llave que le abrió las puertas del mundo, que todavía quiere escucharlo en vivo y al que hoy, con 71 años, se entrega generosamente.

Sus giras son agotadoras y numerosas. Sin embargo, en un impasse que le deja un Festival de Jazz en la tórrida Mallorca, consigue responder algunas preguntas.

No es fácil encontrar un momento para entrevistarlo. Vive en Nueva York, pero viaja mucho. ¿No es así?

Sí, toco todo lo que puedo. Me gusta conocer lugares, tocar para distintos públicos, conocer gente, culturas, conversar…

¿Y consigue alguna vez estar en su casa, disfrutar de hacer nada, escuchar música o ir al cine?

A veces voy al cine. Eso ya es mucho para mí. Me gusta el cine y disfruto cuando actúa Danny Glover. Es un gran tipo, lo conozco personalmente, y le encanta la música.

¿Hay diferencias entre esas actuaciones tan libres, por los diferentes teatros del mundo, y un álbum pautado en el estudio? ¿Cómo se siente cuando finalmente entra en un estudio a grabar?

Sí, claro que hay diferencias. Cuando grabo quiero que las cosas queden muy bien, que el trabajo quede bien acabado. Pero también me gusta tocar en un club hasta cualquier hora, sin preocuparme demasiado por el paso del tiempo.

¿Toca en su casa?

Hace tiempo que no tengo piano en casa. Antes, cuando vivía en una casa más grande y criaba hijos, había espacio para un piano grande. Pero ahora no necesito tanto espacio, así que vivo en un lugar más pequeño. Tengo un teclado eléctrico, pero lo uso para componer. Cuando quiero tocar me voy hasta la casa Steinway, allí me prestan un piano. Después de todo, también venden pianos gracias a mí.

Entre los mas influyentes


Por Ernesto Jodos. Pianista Argentino

McCoy Tyner es uno de los grandes pianistas de jazz de la historia. Definitivamente está entre los mas influyentes surgidos en la década del ’60.

Es increíble escuchar cómo su concepción de lo que puede hacer el instrumento dentro de un grupo de jazz es a la vez tan única, tan personal, y al mismo tiempo tan flexible.

Cuando pienso en él (y es muy a menudo), se me vienen a la cabeza esos discos hermosos de principios de los sesenta: sus tríos para el sello Impulse!. Increíbles grabaciones muy cercanas al lenguaje del be-bop, pero con muchas muestras de un vocabulario personal e innovador.

Escuchando estas grabaciones, mas de una persona puede no creer que en el mismo momento Tyner era miembro de una de las mejores secciones rítmicas de todos los tiempos, la del cuarteto clásico de John Coltrane. Obviamente, con una escucha más profunda, es clarísimo que estamos ante la misma persona. Toda la energía que está desplegada en ese cuarteto lleno de intensidad rítmica está también presente en sus tríos.

Su gran capacidad para liderar una banda tanto desde los solos como desde el acompañamiento son algunos de los rasgos sorprendentes de él: siempre dentro del mas profundo “groove”, siempre haciendo que la música fluya tanto armónicamente como rítmicamente, y siempre escuchando a los demás músicos frase a frase.

Esto sumado a las innovaciones rítmicas y armónicas que trajo al jazz son las principales razones por las que podemos escucharlo en los mejores discos de solistas tan diferentes como Wayne Shorter, Joe Henderson y Bobby Hutcherson.

Seguramente será un placer escucharlo en nuestra ciudad, y poder vivir de cerca toda esa energía y esa música que aparece cada vez que él toca.

No sólo un pianista percusivo

Por Pablo Schanton


Hay una sección insoslayable en “Sahara” (1972) de McCoy Tyner: el paso de “A Prayer for My Family” a “Valley of Life”, que parecen piezas menores, pero no lo son. El tintineo impresionista de la primera, que en su máximo de martilleo salpica de tan móvil y acuática, le da lugar a la otra, donde Tyner elige el koto para una complejidad caleidoscópica que recuerda a Alice Coltrane. Las críticas de Davis a este pianista “percusivo” dejan de lado esa sensibilidad tímbrica y étnica, también aprendida de Coltrane.



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