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martes, 26 de julio de 2011

JUAN CRUZ DE URQUIZA Y SU NUEVA OBRA, SU DISCO TRIAS.






El trompetista, que forma parte de la escena del mejor jazz porteño, está por lanzar su nuevo disco, que incluye temas propios y una versión de “Llorando en el espejo”, de Charly García. “Soy muy fana de él, lo seguía mucho de adolescente”, dice.








Por Cristian Vitale

Juan Cruz de Urquiza es un trompetista de jazz. Trías, flamante disco que presentará el12 y 19 de agosto en Café Vinilo (Gorriti 3780), es fiel a esa tradición. Tanto como lo fueron los dos anteriores (De este lado y Vigilia), su aporte en el Quinteto Real, la experiencia formativa en la Berklee, o, aplicando un recorte arbitrario a su extendido background, las veces que le tocó compartir toques con Paquito D’Rivera, Chucho Valdez, Marc Copland, entre muchos otros. Pero no es de ghetto. No hace de la fidelidad un principio inviolable. También puede abrir un paréntesis, “engañar” a su género madre y coquetear con Los Redonditos de Ricota o Deep Purple, por tomar dos casos tangibles. De los primeros, decir que participó de un disco en el cual se sintió más él (Ultimo bondi a Finisterre); de los segundos, hablar del orgullo que le significó reescribir parte de las partituras de Concierto para grupo y orquesta (aquel disco germinal y seminal de rock sinfónico que Jon Lord escribió en 1969) cuando la banda británica lo vino a representar al Luna Park, en agosto del 2000, al comando del director Paul Mann. “Los Purple habían perdido los papeles y me pidieron que reescribiera algunos de los arreglos para poder tocarlos. Fue impresionante tocar con tipos que tocan así, realmente es un sonido que te pega, te marca”, evoca él, a once años de la gesta.

Con los Redondos, claro, fue más de entrecasa. Skay y el Indio le pidieron pautas muy específicas para desarrollar en cinco temas y Urquiza jugó. “Zapé, hice la mía. De repente, en los formatos más pop hay más chamuyo de producción, pero con los Redondos la pauta fue muy escueta, muy concisa, y después fue hacer la mía. Me encantó. Pasa que como sesionista hay que aferrarse a ideas puntuales, pero es interesante encontrarse con propuestas enriquecedoras como la que me pasó con Los Redondos... podés ser más vos, te dan más libertad y el desafío es tratar de no transgredir el estilo de ese artista.”

–Axiomático: para ser uno completamente están los trabajos personales. Y entonces, ¿qué hay para decir de Trías, retomando la ruta del jazz?

–Una finalidad: seguir explorando música original, con una diferencia respecto de mis discos anteriores: enfocar en conceptos que no necesariamente conlleven un virtuosismo a la hora de tocar. Algo simple que funcione en una primera lectura. De hecho, me propuse no depender de una gran cantidad de ensayos, sino poder lograr que la música funcionara en dos o tres. Y así fue.

La formación que acompaña a Juan Cruz para dar con sus nuevas intenciones es Hernán Jacinto en piano y teclados, Carlos Alvarez en contrabajo y Carto Brandán en batería. El disco tiene siete piezas (suyas excepto “Llorando en el espejo”, de Charly García) y marca una arista distinta en el desarrollo de un estilo. “Por la complejidad de la propuesta del cuarteto anterior, tuvimos que hacer no menos de 15 ensayos hasta llegar al vivo. En este caso, busqué un desafío en cuanto a lo concreto de la escritura y no por el hecho de no querer laburar (risas). Siempre se dice que cuando un arreglo es bueno suena de entrada, porque cuando hay que trabajarlo mucho, puede estar bueno pero conlleva cierto déficit. Si podés lograr que lo que escribís sea lindo de escuchar, divertido para tocar y no te demande un trabajo extraordinario, bueno... se trata de poner el papel y que suene de entrada, siempre buscando un hilo conductor rítmico o armónico.

–¿Por qué Trías?

–Por el tema que cierra el disco, que está hecho en base a tres tonalidades simultáneas dentro de una misma escala. Por esas tres vías, digamos, circula el tema. Los demás tienen que ver con una temática específicamente rítmica. Me interesa que distintas situaciones rítmicas paralelas convivan en una idea.

–Una tensión entre vuelo y concepto...

–Claro, a veces el respeto del concepto te impide levantar vuelo y a veces volar te hace perder el concepto... es como presentar una idea compositiva y llevarla a un lado que podría ser de ese tema o de cualquier otro. En este disco me interesó poder sostener los conceptos a la hora de improvisar y poder levantar vuelo sin abandonar el concepto. A veces, en el jazz pecamos de dejar la improvisación muy ligada al vivo, y a mí, en ese caso, me gusta trabajar la zapada, en base a conceptos que tengan que ver con lo que te tira la composición y poder, sin abandonar esa idea, explorarla.

–Sin llegar a la gran Miles Davis de fines de los sesenta, que quebraba todas las estructuras...

–Hay una estética muy fuerte ahí que admiro mucho, pero lo mío no está tan librado al azar... Es impro, sí, pero muy relacionada a pautas que parten de la composición.

–¿Por qué una sola versión y “extrajazz”?

–La música de Charly para mí es una debilidad, soy muy fan de él, lo seguí mucho de adolescente, y cada tanto me tomo esas licencias. Trato de no transgredir la composición suya, y por otro lado, que el tratamiento del tema tenga que ver con el amor que siento hacia su música. Ya lo había hecho con “Promesas sobre el bidet”: aportarle mi mirada y la improvisación, también.

–Fue inevitable decir la frase “Llorando en el espejo yo puedo ver”...

–¡Cuánto encierra! Había que decirlo.

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