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miércoles, 20 de julio de 2011

BOOM BOOM KID














Sí voy en tren. Boom Boom Kid pega afiches de sus shows en las estaciones
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"Aunque parezco muy activo, soy bastante vago"

Luego de editar un libro con sus fanzines y mientras prepara DVD de clips, el ex Fun People Y referente del hardcore punk nos muestra en vivo cómo aplica su espíritu DIY.
Por Nicolás Igarzabal

Sabés dónde puedo comprar una plasticola?”, pregunta Boom Boom Kid y un rato después ya está pegando afiches de sus shows por las calles y repartiendo volantes a la gente. Dice que las estaciones de Once, Retiro y Constitución son los puntos más estratégicos. Ahora está en una de esas, entre olor a chipá y a garrapiñada, como un escenario salido de un cuento de Washington Cucurto. Algunos lo reconocen y se acercan a saludarlo. Lleva el skate en una mano y a veces junta cosas del piso, como esa motherboard de CPU tirada que se guarda en la mochila para usar luego (“Parece una ciudad chiquita, le voy a poner muñequitos”). En un kiosco de diarios revuelve libros viejos y consulta por cómics Vampirella . Suena Flema de fondo desde un viejo grabador. Después se cuela un tema suyo ( Kitty ) y se pone incómodo. Y se va.

Nacido como Carlos Rodríguez hace 39 años, BBK se mueve fuera de la manada rockera, trazando su caminito al costado del mundo, con el espíritu romántico del DIY (Do It Yourself) metido entre la dermis y la epidermis. Maneja su propia van cuando gira, distribuye sus discos y se consigue fechas para tocar por todo el planisferio (de Estados Unidos y Europa ¡a Japón!). “Anesthesia fue mi preescolar, Fun People el primario y la secundaria, Boom Boom Kid es el nivel terciario”, resume. “La mayoría de mis días me dedico a divagar, componer melodías para desconar parlantes, inventar recetas de comida, estar tirado leyendo un libro, pintando paredes o rasgando la guitarra. Aunque parezca muy activo, soy bastante vago, ¿sabés?”.

–¿Cómo es la rutina de un día normal en tu vida?

–Pongo música, como nueces y cítricos de la casa de mi abuelo, una taza de café, me preparo el té verde del día, y me lavo la cara, acaricio a mis gatos, me fijo todas las tareas del día y voy una por una haciéndolas arriba de mi tabla, la Vespa o mi camioneta. Trato de que todas las tareas mundanas me roben la menor parte de mi tiempo y siempre hago un stop en librerías, algún point para tirarme al sol o comer algo.

–¿Cuántos gatos tenés? Hay una canción que titulaste “Sólo mis gatos me comprenden, así que sayonara, adiós”…

–Tengo dos gatos, Debbie y su hijo el Cholo, que cuando pongo discos viene y hace muy buenos scratchs. Tengo un vinilo de Herbie Hancock que compré todo hecho pomada para que juegue. Aparte es adicto a las bolsitas de plástico que crujen y a Debbie le gustan el pan, las aceitunas y la poderosa sopa de miso.

–Nekro, Il Carlo, Miss Muerte, Boom Boom Kid… ¿Cómo te manejás con tantos alter egos?

–Los pibes de la banda ahora me llaman El Duke, porque me copé con el logo de un jabón que se llama así (risas). Me encanta Lee Perry, que también se cambiaba de apodo en cada LP. La única carrera que corro a veces es con Perry para ver si puedo tener tantos como él.

Este año recopiló todos sus fanzines en un libro de ¡600! páginas y está preparando su primer DVD (ver Incendios de un pitecántropo sin iutub ). También reeditó su disco Frisbee (2009) en vinilo: 35 canciones de dos minutos y medio, que pueden pasar de un hardcore asesino a la balada más tierna. Sus shows siguen siendo un caos hermoso, con invasión de fans mosheando sobre el escenario, disputándole el micrófono. Y él, transformado en un demonio de tasmania, que revolea los dreads rubios y barrena arriba de la gente con su tabla de surf. “Es un mar que tiene olas muy locas y grandes y muchos pozos también, mucha adrenalina”, grafica esos momentos. “Salió como algo espontáneo: una vez se me pinchó mi cocodrilo inflable, el clásico de todos los recis de Fun People, entonces miré al costado y agarré el estuche del bajo. Lo puse sobre las cabezas y las palmas del público, me subí y… ¡guauuu!”.

–Llevás ya 20 años en la ruta ¿te sentís referente del hardcore punk argentino?

–Soy referente de todo lo que uno no debe hacer en su vida. Desde hace más de 20 años, lo único que hago es sacar discos, escribir canciones y girar. Indie o mainstream no son más que etiquetas para vender algo, la cosa pasa por ser un loco, un apasionado, jugado por tus sueños y defender lo que sos. Disfruto como un enamorado que cocina para su amante la mejor comida. Todo lo que es el proceso de hacer un tour o un álbum, pero si el día de mañana hubiera algo que no me divirtiera, lo dejaré de hacer. Si no soy yo, no me siento auténtico.

–¿Volverías a juntar a Fun People?

–Volver con la banda sería de lo más berreta de nostalgia y muy careta. Cuando nos juntamos a tocar con algunos la última vez fue porque nos pintó, lo hicimos bajo el mote de BBK y sin anunciar nada porque estoy harto de todas esas vueltas paletas, salvo la de Los Mockers y la de los Cadillacs, que fueron una maravilla. Estoy tan ocupado por el futuro y por cómo van las cosas que no tengo tiempo para pensar en esas frivolidades. Me gusta ser un forajido y no un príncipe que vive para cuidar su jardín. Me gusta la acción, me gusta de verdad mucho el rock, lo quiero tanto, es tan sagrado, que no lo puedo ensuciar así.

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