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lunes, 6 de diciembre de 2010

RECITAL DE STONE TEMPLE PILOTS EN EL LUNA PARK



La banda de Scott Weiland demostró ser amplia en lo musical, aunque el setlist haya evidenciado su perfil más rockero. Y corroboró una tendencia de varios grupos de su generación: tiene hoy más de Led Zeppelin y de Neil Young que de Nrvana o Pixies.





Por Leonardo Ferri

Hubo un día en que Stone Temple Pilots sonrió. No tanto porque los músicos de la banda no lo hayan hecho nunca –todo lo contrario, parecen ser tipos más o menos felices–, sino porque su cara principal, el cantante Scott Weiland, mostró un poco de alegría, un dejo de felicidad. Este cronista no recuerda haber visto sonreír a Weiland en mucho tiempo y, salvo alguna que otra imagen feliz que entregue Internet vaya uno a saber en qué contexto, en ninguna de sus otras dos visitas a la Argentina (con Velvet Revolver en 2007 y con STP en 2008) se lo vio tan contento y expresivo. El público argentino –el más pasional, el más demostrativo y unos cuantos supuestos más– fue el responsable, lo hizo otra vez.

Y si Weiland es la cara y la voz de la banda, el tándem formado por el baterista Eric Kretz y los hermanos Robert y Dean De Leo en bajo y guitarra, es el motor de esa máquina de rock-pop áspero y psicodélico que es STP. Con más simpleza que excesos y con mejor gusto que virtuosismo, la base de Kretz y De Leo le permite al guitarrista jugar a ser una suerte de Jimmy Page más rudimentario, pero no por eso menos vistoso y efectivo: De Leo toca al servicio de la banda, cumple con la canción, y no al revés. Tanto con los acordes poderosos de “Crackerman” y “Dead & Bloated” como con los jugueteos slide de “Big Empty” y los coqueteos con el jazz que la banda improvisa entre tema y tema, STP demostró ser una banda amplia en lo musical, aunque el setlist haya estado centrado en evidenciar su perfil más rockero (no estuvieron el lento “Creep” ni la pop “Big Bang Baby” ni la romántica “Sour Girl”).

Hay una constante en las bandas que surgieron del movimiento grunge/alternativo: todas avanzaron en dirección al rock clásico, hacia lo que hoy se considera –simplemente– rock. Tanto Pearl Jam, como Foo Fighters, Soundgarden y los mismos Stone Temple Pilots tienen más de Led Zeppelin y Neil Young que de Nirvana o Pixies (si es que alguna vez tuvieron algo de ellos, dado que el grunge más que un estilo era una bolsa de gatos en la que todas las bandas surgidas en un momento y lugar determinados iban a parar). Los riffs simples y gancheros de “Interstate Love Song” y “Sex Type Thing” causan –ya lejos de las camisasa a cuadros y de las poses de chicos traumados– esa sensación de estar escuchando una canción y varias otras a la vez. Y la teoría se confirma cuando suena “Dancing Days”, cover de la banda de Plant, Bonham, Jones y Page.

La voz de Weiland suena tan bien como siempre, e incluso bastante mejor que en sus anteriores visitas. Para muestra basta un ejemplo: canciones como “Between the Lines” o “Cinnamon” –de su último álbum– le sientan mucho mejor en la actualidad que clásicos como “Vasoline” y “Wicked Garden”, aunque esa quizás haya sido una impresión entregada por la caótica acústica del Luna Park, a la que los sonidistas tardan un poco en acostumbrarse. Sea cual fuere el motivo, el cantante mostró su amplio registro vocal, sus movimientos serpenteantes heredados de Iggy Pop y un diálogo con el público poco habitual en él. Claro, debe ser difícil escuchar “Plush” (una de las grandes canciones de los ’90) coreada por ocho mil personas y no mostrar una pizca de emoción, aun para una estrella de rock.

Si bien la banda de California no es de las más populares de su generación (fueron más veces noticia por los excesos de Weiland que por cualquier otro motivo), se las supo arreglar para vender casi 20 millones de discos a fuerza de hits como “Down”, “Heaven & Hot Rods” (ambos de Nº 4, quizá su mejor disco) y otros ya mencionados. El último disco antes de su separación, Shangri La Dee La, fue desterrado de la lista de temas, casi como un símbolo de una época que es mejor olvidar. Hoy los Stone Temple Pilots lucen más felices, y mientras esa felicidad no les quite la inspiración, no está mal que así sea.

STONE TEMPLE PILOTS

Músicos: Scott Weiland (voz), Robert De Leo (bajo y coros), Dean De Leo (guitarra), Eric Kretz (batería).

Público: 8 mil personas.

Duración: 90 minutos.

Luna Park, 4 de diciembre.

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