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miércoles, 15 de diciembre de 2010

RAMON AYALA, CECILIA PAHL Y EL ALBUM COROCHIRE


Nueva voz para una leyenda

La cantante nacida en Puerto Rico pero criada en Misiones grabó un CD con versiones de temas del músico y poeta posadeño. La obra es una cabal expresión musical de la región, con piezas que, a excepción de “El jangadero”, representan lo menos conocido de Ayala.




Por Cristian Vitale

A4, pueblo nuevo de Yacyretá donde viven 20 mil personas, nombró sus calles con temas de él: “Mi pequeño amor”, “El Jangadero”, “Posadeña linda”. El anfiteatro lleva su nombre y un museobiblioteca a punto de ser fue bautizado como le dicen: El Mensú. Ramón Ayala, la mayor expresión artística de Misiones, está hecho en vida. “No se le podría haber ocurrido algo más maravilloso a esta gente”, ironiza. “Siento que he llegado a una cumbre en el tiempo, una cumbre que suele ocurrir cuando uno se muere ¡y a mí me está ocurriendo ahora! A veces me parece que el traje me queda grande, pero cuando tenés la posibilidad del crecimiento interior, ésta se ajusta al traje”, dice y se ríe. Junto a él está Cecilia Pahl, cantante nacida en San Juan de Puerto Rico pero criada en tierra colorada, que acaba de grabar un excelente disco con versiones –la mayoría inéditas– de Ayala. Gran acierto y causa: El Mensú es un buen pintor, un mejor músico y un talentoso poeta de las profundidades misioneras, pero cuando canta baja puntos. “Yo soy un tipo que se entrega a todo y tal vez me guste más cantar, pero no sé. Soy un arquitecto de mi ser... he construido un poeta, un músico, un pintor, un instrumentista y un cantante que emite un sonido diafragmático a través de algo que parece ser una voz, y además descubrí en la voz de Cecilia cosas que yo no había descubierto en mi obra... expresiones, variaciones rítmicas, melódicas e interpretativas que no había observado antes.”

Ayala y Pahl se conocieron en una fiesta por el Día de la Tradición en Posadas. El, ya convertido en leyenda, y ella como una cantante de coro clásico que arreglaba piezas de Ayala para sextetos y octetos vocales. “Estaba en contacto con su música desde lo clásico... cada vez que Ramón venía a Posadas, todo el mundo iba tras de él para ver lo que traía para contarnos, y ese día no me banqué más: me le puse enfrente y me presenté, de la nada”, cuenta Cecilia. El resultado llegó unos años después: Corochiré, la obra en cuestión, es una cabal expresión musical de la región con diez piezas que, a excepción de “El jangadero”, forma parte del corpus poético desconocido de Ayala. Pahl pone el riquísimo registro tímbrico de su voz al servicio de temas que el Mensú tenía bajo la manga: “Amanecer en Misiones”, “Irupé”, “La voz del monte” y “Arriero de peces”, entre ellos. “Porque arriero no sólo es el que nombra Yupanqui”, sigue Ayala. “La palabra viene de arriar, lógico, y el río va arriando a los peces con su turbulencia ¿no? Lleva a los salmones para arriba y baja con los surubíes... es una imagen como quien dice la garganta del diablo. Y la música del tema tiene que ver con su exuberancia y su júbilo.”

Extrovertido y generoso, el Mensú se planta y canta fuerte delante de cualquiera. No le importa nada. En medio de la nota con Página/12 entona una de las frases clave de “Arriero de peces”, en la que se personifica como el río y, de repente, le inventa un poema al paso a la cantante nacida en Puerto Rico: “Esta es una mujer caribeña a la que no le gustó el Caribe y se ha vuelto misionera”, frasea y retoma: “Uno es la acción ¿no? y yo siempre me entrego, hasta que un día me vengan a buscar pensando que estoy loco”. Pahl, agazapada y feliz a su lado, mira, escucha y después explica las causas que la llevaron a apropiarse de temas poco conocidos de Ayala. “Cierto... muchos de los temas que grabé son poco conocidos aquí, y esa fue una de las razones: difundir canciones de Ramón en otros lugares. Es obvio que no está mal hacer una versión más de ‘El Cosechero’, pero por qué no difundir otros temas tan lindos como ése.”

–¿Qué es el Corochiré?

Ramón Ayala: –Es como el zorzal misionero. El guaraní, como es onomatopéyico, nombra brevemente a todos los ruidos del monte y nosotros le hemos puesto así, porque es el sonido que emite el pájaro cuando canta. Pahl y Ayala proyectan grabar otras piezas aún no registradas del poeta posadeño y el Mensú tira nombres: “Los lapachos amarillos”, “La canción secreta”, “Volver de un cuento”, “Señor de los campos”, “Lluvia arada”. “En fin, tengo como cien obras inéditas que me gustaría que se registren y ella es un medio clave, porque su brújula interior la llevó a tomar una decisión saludable para la provincia. Hay muchos artistas que cantan chamamé, pero no las músicas de Misiones, como el gualambao, por ejemplo. No tienen sentido de futuro ni de presente, no hay una proyección. Esto no pasa con Salta, ni con Santiago del Estero, ni con Corrientes ni con Buenos Aires, pero sí con el misionero, que es un tipo muy particular. No hay mucho sentido de la perspectiva... si vos ves un chico que está gateando, tenés que proyectar que después va a correr”, reclama.

–¿Algún ejemplo?

–El Chango Spasiuk. La mayoría de su obra es correntina. Yo lo aprecio al Chango como persona, pero en algún sentido no procede bien, porque en mi provincia hay un montón de músicas que él no registra, cuando lo que necesitamos es que se difundan...

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