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martes, 16 de marzo de 2010

CHOPIN: "Era severo consigo mismo"


El pianista italiano Maurizio Pollini habla de las composiciones y la personalidad de Chopin, de cuya obra es, como intérprete, una de las máximas autoridades en la actualidad

"Era severo consigo mismo"
Pollini grabará las Mazurcas

Por Valerio Cappelli

"Chopin fue un compositor aislado pero universal, inventó el arte de hacer cantar el piano." Maurizio Pollini es el máximo intérprete de Chopin de nuestro tiempo. Después del triunfal concierto romano en la Accademia de Santa Cecilia (uno de sus méritos es haber resuelto el equívoco entre sentimiento y sentimentalismo), el 21 de marzo ofrecerá un recital en la Scala y entre abril y mayo hará una larga gira por Estados Unidos.

-Chopin amaba a Bach, a Mozart y a unos pocos compositores de su época.

-Tenía también reservas sobre algunas páginas de Don Giovanni , de Mozart, que consideraba vulgares. Era un compositor de gustos difíciles. Beethoven, Schubert y Schumann no se contaban entre sus predilectos. Era severo con los otros autores y consigo mismo, publicó sólo obras que estimaba dignas.

-Schumann era generoso con sus colegas, pero no comprendió completamente los Preludios ni la sonata que contiene la "Marcha fúnebre" de Chopin.

-Eran dos mundos que, con el tiempo, tendían a alejarse. No comprendió la genialidad del final y el carácter trágico de esa sonata. "Esto no es música", dijo.

-Decía Chopin: "Odio la música que no tiene un pensamiento latente".

-Despreciaba la música superficial y sin profundidad, de la que había muchos ejemplos. En él había huellas escondidas de pensamientos no declarados. Chopin no revelaba el origen de su inspiración, que fue única, sin padres ni hijos.

-¿Los grandes intérpretes chopinianos?

-Recuerdo un concierto memorable de Cortot en Milán: los veinticuatro Preludios y los veinticuatro Estudios . Era un anciano, ya no era el de los primeros años. Fue un hito en la interpretación. Rubinstein, más moderno, quitó aspectos del siglo XIX que formaban parte del mundo espiritual de Cortot y nos presentó un Chopin inédito, viril, distinto de los clisés fáciles. Michelangeli era la perfección: tenía una capacidad de control del sonido que no se logra olvidar, esto no significa que careciera de elementos emotivos evidentes en su enfoque. Horowitz era extremadamente libre, tenía una visión personal, una vez tocó para mí en su casa de Nueva York: en su Mazurca había una especie de melancolía eslava que impregnaba todo el cuarto. Hoy diría que Zimerman es uno de los más notables y entre los más jóvenes, Kissin. ¿Lang Lang? Lo escuché sólo en disco. Está provisto de una enorme técnica.

-¿Alguna vez tuvo una crisis de saturación de Chopin?

-En algunos períodos lo toqué menos; nunca lo abandoné. "Es un privilegio -decía Furtwängler-, es el autor que les envidio a los pianistas."

-Pasaron cincuenta años desde que usted se impuso, cuando tenía 18, en el Concurso Chopin. ¿Es cierto que Rubinstein le dijo: "Toca demasiado rápido, pero lo importante es que tenga este talento"?

-Dijo: "Toca técnicamente mejor que cualquier integrante del jurado". Sonrió: "Era una manera de tomarles el pelo".

-Está por aparecer una antología chopiniana de sus interpretaciones: ¿qué le falta al catálogo discográfico para Deutsche Grammophon?

-La mina de las Mazurcas . De a poco las grabaré.

-¿Chopin era hábil en las grandes formas?

-Tenemos los dos conciertos de juventud y las sonatas, muy desligadas de la academia. Tomemos dos obras maestras completamente distintas. La Gran polonesa en la bemol tiene una intuición genial, pero el autor sólo tiene que repetir unos elementos y establecer los enlaces. La Polonesa fantasía , en cambio, es una gran elaboración sobre un tema no particularmente vistoso, y la repetición del primer tiempo, contra la tradición, es cortada. Chopin es grande en la medida en que traiciona la forma clásica con soluciones absolutamente personales.

-¿Existe un "sonido Chopin"?

-A él le pertenecen las más hermosas sonoridades que se puedan obtener del piano. Además de la originalidad de la invención, de los acompañamientos que sostienen la línea melódica, la escritura generosa de la mano izquierda es un milagro.

-¿Qué nos traerá el aniversario?

-Sería maravilloso tener una edición crítica. Hay varias, la última aprobada por Chopin es la francesa, pero tener un comentario que aclare el trabajo escrupuloso, las pequeñas modificaciones, sería una manera de entender el método de perfeccionamiento de la escritura que, como notó George Sand, nacía de un proceso atormentado. Chopin nunca estaba contento, destrozaba las plumas y los lápices. Soñó con la edición perfecta de su música.

[Traducción: Hugo Beccacece]

© Corriere della Sera

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