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miércoles, 21 de noviembre de 2012

JACK BRUCE EL MÍTICO BAJISTA DE CREAM PASÓ POR BUENOS AIRES.


 

29 octubre, 2012

 

 Por: Alfredo Rosso

 


Jack Bruce pasó por el escenario del Gran Rex y fue una lección de música superlativa, sin etiquetas. Porque el legendario exCream tiene una base musical asentada sobre tres soportes bien definidos: el blues, el jazz y el rock, pero el repertorio que paseó por Buenos Aires también tiene un rincón especial para “Theme from an imaginary western”, una exquisita, sensible balada que forma parte de su canon musical desde que integrara su primer álbum solista, Songs for a Tailor, en 1969.

 
La estructura de la Big Blues Band permite ese ir y venir pendular cuyos extremos están firmemente asentados en la fusión de jazz y blues: la interacción más común se da entre las ráfagas que dispara el bajo de Jack y los dibujos de la experta guitarra de Tony Remy, pero hubo asimismo salpicadas interjecciones de percusión a cargo del baterista Frank Tontoh, una base poco conspicua pero efectiva en la construcción del sonido global en los teclados de Paddy Milner, y un significativo protagonismo  del trío de vientos –trompeta, saxo y el destacado trombón de Winston Rollins- a la hora de rubricar los arreglos y de trenzarse en el ir y venir de las improvisaciones instrumentales. Que están a la orden del día para dar una nueva dimensión a clásicos marcados a fuego en el ADN musical de Bruce, como “Politician”, “White room”, “We’re going wrong”, “Deserted cities of the heart” y “Sunshine of your love”, baluartes de la era Cream a los que podríamos agregar el blues “Spoonful” de Willie Dixon, hecho famoso por Howlin’ Wolf, y “Born under a bad sign” que popularizó en primer término Albert King. Podemos agregarlos sin dudarlo, porque el famoso trío que completaban Eric Clapton y Ginger Baker supo hacerlos suyos durante los escasos veintinueve meses que duró su arrollador embate de blues eléctrico y psicodelia. Que Jack Bruce aún pueda recrearlos con energía y autoridad, y hacer que conserven la relevancia de su mensaje intacta habla a las claras de que nos encontramos ante un músico verdaderamente excepcional.

 
Aunque el sonido de sala tuvo altibajos, es admirable comprobar que Bruce –además de su virtuosa maestría al comando del bajo fretless- conserva buena parte de su voz intacta en el umbral de los setenta años. Y no es una voz cualquiera: es un registro que puede acomodar la sutileza épica del citado “Theme for an imaginary western”, la intriga de “Ticket to the waterfalls”, la ironía sarcástica de “Politician” y el fatalismo de “Born under a bad sign”, dosificando la potencia y la tonalidad que requiere cada uno de esos temas. Vuelvo sobre el tema del repertorio porque se me antoja que este recital fue, en miniatura, un compendio apretado de la historia musical del gran músico escocés: pasó por sus influencias primales, y aquí a las citadas debo añadir la de Buddy Guy, que estuvo presente en el tema de largada, “First time I met the blues”. Luego Jack honró su pasaje por la Graham Bond Organization haciendo uno de los favoritos de aquella banda pionera de la fusion jazz/blues: “Neighbour neighbour”.
El final fue con otro tema de Willie Dixon, “Mellow down easy” y antes que de que ese estándar cerrase la cortina del Gran Rex, apareció otra muestra del Jack Bruce multidimensional: “The consul at sunset”, la rumba basada en la obra “Under the volcano”, del escritor Malcolm Lowry, que Jack grabara en otro de sus álbumes imprescindibles, Harmony Row, allá por 1971. Uno de los grandes, de todos los tiempos, pasó por Buenos Aires, y fue una noche inolvidable.


Jack Bruce en el Gran Rex 

 

 

Pocas bandas tuvieron una influencia tan notable en los músicos fundadores del rock nacional como Cream. Manal, Pappo’s blues, Pescado Rabioso y tantos otros tomaron muchas cosas del power trío integrado por Eric Clapton, Jack Bruce y Ginger Baker, poco después de que hubiera revolucionado el mundo del rock con una combinación letal de blues y psicodelia. Hoy, a 45 años de la irrupción de la banda inglesa, el 33 por ciento de esa formación, Jack Bruce, se presentó en vivo en el Teatro Gran Rex acompañado por media docena de músicos que conforman la Big Blues Band.

Baltasar Comotto
Baltasar Comotto, guitarrista del Indio Solari y del fallecido Luis Alberto Spinetta fue el telonero del legendario bajista escocés. Abrió con Sacude tu mente y siguió agitando las cuerdas de su Gibson Les Paul dorada con temas como Milestones y Blindado. Fueron seis canciones en media hora y Comotto y su banda se llevaron un discreto aplauso del público.

Jack Bruce –campera de cuero, camisa y jeans- apareció en escena dando unos pasos cortos, con su bajo a cuestas, mostrando algunas dificultades para caminar. Sólo lo acompañaban el guitarrista Tony Remy y el baterista Frank Tontoh. Comenzaron con First time I met the blues, un tema de Buddy Guy que no sonó para nada bien. La guitarra estaba muy arriba, la voz de Bruce casi no se escuchaba y la batería retumbaba sin piedad. Para el segundo tema -Neighbor, neighbor- subió la sección de vientos y el tecladista Paddy Milner. Aquí sonaron un poco mejor, pero la voz de Bruce seguía perdida, un poco porque el micrófono estaba bajo y otro poco porque los años hicieron mella en sus cuerdas vocales.

Paddy Milner y Jack Bruce
El primer tema que tocaron de Cream fue Politician. Claro que los vientos y el hammond le dieron un marco muy distinto a la versión que estamos acostumbrados a escuchar en Wheels of fire. Born under a bad sign, el clásico de Albert King, fue la siguiente canción que encaró la banda, con la guitarra poco ortodoxa de Remy desafiando a los solos del bajo. Cuando terminó, Bruce se sentó al piano. “Estoy contento de poder sentarme. Estoy algo cansado”, dijo mientras tocaba los primeros acordes de Theme for an imaginary western, ya con Nick Cohen cubriéndolo en el bajo.

Spoonful, de Howlin’ Wolf, fue el siguiente blues de la noche. Aquí el sonido había mejorado un poco y se pudo disfrutar el exquisito solo de trombón de Winston Rollins. Después, para el cierre, vinieron cuatro temas de Cream concatenados: la balada épica We're going wrong, Deserted cities of the heart –con dos bajos en escena- y los clásicos White room, que derivó con un enérgico solo de batería, y Sunshine of your love.

Jack Bruce decidió hacer uno de los bises sentado al piano. Cuando todos esperaban algún tema conocido él optó por The Consul at sunset, editado en su disco solista de 1971, Harmony row. Dejó el piano, volvió a tomar el bajo eléctrico y se acercó al micrófono. Desde la platea le pidieron Strange brew, I’m so glad y otros. Por un segundo pareció que él les iba a dar el gusto pero finalmente eligió Mellow down easy, de Willie Dixon. Y así se fue un show dispar, en el que Bruce hizo lo mejor que pudo y con onda, pese a que el sonido no estuvo a la altura de su leyenda. Pero al público pareció gustarle y él prometió regresar.


 En la noche del jueves 25 de octubre, Jack Bruce & Big Blues Band brindó un excelso recital en el teatro Gran Rex. Marcha te cuenta aquí la primera vez en Buenos Aires de este viejo blusero de ley.





 
 

Por Ariel Hendler. 


Lo mejor, como decía Kafka, es empezar por el medio. Pues bien, ahí al borde del escenario el setentón Jack Bruce machaca el eterno “spoonful, spoonful, spoonful” con voz algo cascada. Como lo hacía 45 años atrás en el primer long play de Cream, el power trío que compartió con Eric Clapton y el baterista Ginger Baker, y al que le debe el 99 por ciento de su fama y su leyenda. Fue su bajista, compositor, motor creativo, hombre orquesta y cantante en los dos o tres años que duró (´66/´68), tiempos vertiginosos y frenéticos. “Spoonful, spoonful, spoonful”, nos martilla ahora directo a los oídos y al corazón, en su primera visita a la Argentina.
La Big Blues Band que lo secunda tiene poco de las dos primeras “B”. Más bien, es un típico cuarteto de rock elaborado con una modesta sección de tres bronces. Recuerda sobre todo a un fugaz grupo que formó a mediados de los 70, que incluía también a Mick Taylor (dejó a los Stones para sumarse), sin nombre y que ni siquiera llegó a grabar, aunque se puede encontrar algo en youtube.
Un rock maduro, bien macerado, casi progresivo. Tal vez, un poco menos crudo que este, el que suena ahora en el Gran Rex,  35 años más tarde, apenas tamizado por el sonido envolvente de un órgano. Y con los bronces en clave asordinada, disonante, para poner unos acentos dark en el momento justo.

En el medio del escenario, con su bajo fretless a alto volumen y bien saturado como protagonista excluyente de la masa sonora, JB lleva la melodía, hace yeite, ordena y distribuye como un director de orquesta, ataca y contrapuntea. Y aparece en toda su dimensión cuando se bate con el guitarrista Tony Remy en unos duelos de cuerdas sin vencedores ni vencidos. Vestido como para ir a hacer las compras, canta, improvisa una especie de scat, bromea y hace gestos de Joe Pesci en Buenos Muchachos. Pega una vueltita canchera por el escenario “como si fuera Bryan Ferry” y se ríe solo de su poca gracia. Sale mucho mejor parado cuando posa de perfil haciendo pata ancha: casi un logotipo de sí mismo.

Antes de JB, el bajo solía recaer en seres oscuros como Bill Wyman (RS) y John Entwistle (Who), o poco dotados como Stu Stucliffe en los proto Beatles. Más tarde, a fines de los 70, lo puso de moda el jazz-rockero Jaco Pastorius. Nadie recordaba entonces que Jack Bruce había inventado todo mucho antes, en Cream cuando se animó a meter su bajo a la misma altura que la viola de Clapton. Porque él es el hombre del bajo por excelencia en la historia del rock, el “Bajo-Man”, aunque su baja estatura de antihéroe, su falta de vocación para el estrellato y su nulo instinto marketinero hayan conspirado contra su beatificación.

Hasta se abstuvo, y se lo agradecemos, de haberse subido al tren del boom tardío del blues entre fines de los 80 y principios de los 90, años vacíos en los que endiosó a los Blues Brothers, Buddy Guy, Stevie Ray Vaughan: una moda retro. Esos años en que un B.B. King reinventado por U2 venía a Buenos Aires a tirarle púas al público en shows que daban vergüenza ajena. Puro circo, puro curro. Pero la historia de Jack Bruce pasa por otro lado, como se va notando a medida que transcurre el concierto, porque acá no hay nada de show.

En esta Big Blues Band, no están las letanías y nostalgias casi for export del blues ortodoxo, más allá de un sentido homenaje al género con “La primera vez que conocí el blues” (First time I Met the Blues), tema que viene de sus inicios en el under londinense con el grupo de Graham Bond. Tampoco nos somete a esa “solomanía” rutinaria que muchas veces se agota ya al segundo tema. Hasta la versión de Spoonful es “oscurísima”, con todo el protagonismo para el trombón. Sin demagogia. Como si no le interesara contarnos el mismo cuento que ya sabemos.

Porque lo de Jack Bruce es otra cosa, como se va notando a medida que transcurre el concierto. Una muralla maciza y compacta de sonido en la que el bajo, siempre en el registro más grave, funciona como al mismo tiempo como la columna vertebral  y la amalgama que llena todos los huecos. Una perfomance demoledora, por citar un lugar común –aunque adecuado en este caso. Pero también hay un descanso cuando el multi instrumentista JB se sienta al piano (y el interés decae), y un gran final a puro Cream, con hits White Room y Sunshine of Your Love atendidos por su propio dueño.
La respuesta es un cantito futbolero, de los más jóvenes, para pedir los bises: “Olé, olé, olé, olé/Jack Bruce, Jack Bruce”. Los cincuentones, amplia mayoría, satisfechos por haberse cobrado una vieja deuda pendiente.

Jack Bruce & Big Blues Band está compuesto por Jack Bruce - Voz, bajo, piano-, Tony Remy - Guitarrra-, Frank Tontoh - Batería-, Paddy Milner - Piano, órgano-, Nick Cohen - Bajo (suplente)-, Winston Rollins -Trombón-, Derek Nash - Saxo Tenor- y Paul Newton - Trompeta-.

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