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lunes, 5 de noviembre de 2012

CELEBRATION DAY DE LED ZEPPELIN EN LOS CINES

 




La cancion es la misma, pero las imagenes son mejores


Aunque la mitad del rock daría lo que no tiene por volver a verlos tocar juntos, Robert Plant se encarga una y otra vez de negarse. Pero en 2007, aunque no salieron de gira, volvieron a tocar juntos en Londres para homenajear al fundador de Atlantic Records. Dick Carruthers, un director de otra generación, que venía de filmar con Oasis, se encargó de registrar todo. Y ahora, sólo por tres días, podrá verse Celebration Day, el regreso de Led Zeppelin a los escenarios, al cine y a esta ciudad que durante años peregrinó por la Avenida de Mayo para ver la legendaria La canción es la misma.


  Por Alfredo Garcia

En 2007, Led Zeppelin se reunió para un show en el London Arena con el propósito de homenajear al fundador de Atlantic Records, Ahmet Ertegun. Aparentemente, el más difícil de convocar fue el bajista y tecladista John Paul Jones –quien aparece con aspecto muy poco hippy y tiene expresión de psicópata al estilo del actor Lance Henriksen, lo que no impide que muestre todo su talento para las cuatro cuerdas–, mientras que Jimmy Page –casi albino– y Robert Plant ya venían tocando juntos y Jason Bonham –hijo de John– siempre está listo para tocar la batería.

El registro grabado de aquel evento es la película Led Zeppelin Celebration Day dirigida por Dick Carruthers, que se estrena en todo el mundo este 8 de noviembre (en la Argentina se exhibirá sólo tres días, el 8, 9 y 10 de noviembre en la cadena Cinemark), y luego saldrá editada en DVD y también tendrá una edición en CD y hasta disco de vinilo.

Con 124 minutos de duración, esta nueva película de Zeppelin necesariamente traerá a los viejos fans del grupo recuerdos de las eternas funciones de trasnoche en el cine Lara de La canción es la misma, la película del show de Zeppelin en el Madison Square Garden en sus años de mayor gloria, que se repitió durante años en ese cine de la Avenida de Mayo de la ciudad de Buenos Aires.

La comparación es inevitable dado que, finalmente, la mayoría de los temas que conforman ambas películas son los mismos, empezando por “The Song Remains the Same” y siguiendo con superclásicos como “No Quarter” (el tema donde se luce Jones en teclados), “Since I’ve been Loving you”, “Black Dog”, “Rock & Roll”, “Stairway to Heaven”, “Dazed and Confused” o “Whole Lotta Love”, a los que hay que agregar otros grandes temas como “Ramble on”, “Good Times Bad Times”, “Kashmir” y “In my Time of Dying” (el tema que falta, dado que no está John Bonham, es “Moby Dick”, con el célebre solo de batería que no quiso repetir su hijo Jason).

Pero si bien se puede decir que el Zeppelin de la década del ’70 era el verdadero y exhibía el sonido de rock pesado más característico de esta banda clave en la historia del rock & roll, lo cierto es que este show de 2007 muestra a Jimmy Page y a Robert Plant en su mejor buena forma, la banda suena más relajada y concentrada que en anteriores reuniones con Jason Bonham reemplazando al papá, y el repertorio elegido sin dudas es una especie de sueño hecho realidad para el fan de Zeppelin.

Pero sobre todo la película de Carruthers está mucho mejor filmada que La canción es la misma y encima carece de esas pasmosas escenas oníricas increíblemente setentistas al mejor estilo Spinal Tap que mostraba a los Zeppelin en extrañas visiones medievales y paparruchadas por el estilo (incluyendo una secuencia con el manager de la banda, Peter Grant, exterminando monstruos-gangsters con una ametralladora Thompson de la era de la Ley Seca y los Intocables).




Justamente este tipo de agregados gratuitos que impedían ver a la banda en vivo, si bien partían de una idea de los músicos –siempre llenos de ideas megalómanas y delirantes–, también tenían que ver con errores de filmación cometidos por los codirectores Peter Clifton y Joe Masot, que encararon La canción es la misma (The Song Remains the Same, 1976) con un profundo amateurismo, al punto que contrataron un equipo de cámaras de 35 mm portátiles sin darse cuenta de que sólo cargaban rollos de material virgen de pocos minutos de duración, ni tener en cuenta la larga duración de muchos de los temas, que en casos como “Stairway to Heaven” o sobre todo “Dazed and Confused” superaban los 15 minutos. Eso provocó que los camarógrafos tuvieran que ir a cambiar el rollo en mitad de casi todos los temas interpretados en vivo por Zeppelin, perdiendo de esta manera buena parte de los shows a grabar originalmente en Nueva York. A tal punto llegó el absurdo que hubo que hacer un nuevo show para poder terminar de filmar un recital completo. Obviamente la exagerada cantidad de agregados místicos delirantes que supuestamente reflejaban las fantasías de los astros de rock tenían que ver con poder rellenar algunas de las partes donde se les había acabado la película virgen a cada equipo de cámara. Esto conspiró contra el resultado de la famosa película de Zeppelin, algo impensable dado que a esa altura de los ’70 ya había toda una industria del género de rockumentales que desde fines de la década de 1960 con Monterrey Pop y Woodstock había demostrado que podía filmarse un festival de rock con la mayor calidad técnica de imagen y sonido.








Dick Carruthers, director de muchos de los videos de Oasis (y también de Noel Gallagher solista), es un director de otra era. En el siglo XXI ya casi no se usa el celuloide, y el video digital de alta definición sirve perfectamente para rodar películas de ficción y sobre todo rockumentales como este Led Zeppelin Celebration Day, que capta con 12 cámaras profesionales todos los detalles de esta brillante performance de la banda, incluyendo por supuesto el más minucioso foco en los múltiples solos de guitarra de un violero formidable como Jimmy Page que aquí hace de todo, incluyendo su célebre solo de arco de violín aplicado a su instrumento para la extensa “Dazed and Confused” (“uno de esos temas que por más que podamos elegir entre diez discos, nunca podríamos dejar de tocar”, según cuenta Robert Plant en sus breves intervenciones como vocero de la banda en medio de tema y tema, esto lamentablemente sin subtítulos) y un soberbio e inusitado solo de theremin (ese instrumento pionero de la música electrónica que se toca sin tocar, solamente pasando la mano por arriba para generar ondas sonoras).

El sonido es impecable, aunque no aprovecha al tope las posibilidades del surround del dolby digital, con un diseño plano que sólo deja salir por los parlantes de atrás, es decir el surround, los coros y los aplausos del público. Y una novedad que sabe aplicar muy bien Carruthers es utilizar las grabaciones de los celulares y cámaras del público en el estadio, de modo tal que el formato de pantalla ancha con el que está rodado el film intermitentemente se achica para mostrar estas tomas amateur que le dan una rara textura a la producción, además de ofrecerle al espectador que está cómodamente sentado en su butaca del cine la sensación de formar parte de la horda de seguidores de Led Zeppelin que vieron el show en medio de la multitud.

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