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lunes, 30 de julio de 2012

ROLLING STONES: A 40 AÑOS DE LA PUBLICACION DE STICKY FINGERS.

Los Stones, con Taylor en lugar de Jones, promocionan “Sticky fingers”, primer disco bajo sello   propio. 



Dedos pegajosos en el cierre del pantalón


Los 50 años de los Rolling Stones podrían culminar con una gira mundial. Mientras, el primer disco que grabaron tras la muerte de Brian Jones cumplió 40: su portada, diseñada por Warhol, es tan icónica como la lengua que identifica al grupo.



Por Gabriela Saidon

Le decíamos “el del cierre” y creíamos, ingenuos, que esa pelvis aprisionada en un par de jeans pertenecía a Mick Jagger, lo mismo que los slips blancos que surgían cuando abrías la cremallera real de la tapa del disco, y antes de encontrarte, por primera vez, con el diseño de los labios y la lengua en la cubierta del vinilo. Pero no. No era Jagger.

Sticky Fingers fue el primer disco que los Rolling Stones grabaron con su propio sello, se lanzó en marzo de 1971, y el arte de tapa era de Andy Warhol, que había usado como modelo para la foto a su actor fetiche Joe Dalessandro, ícono gay de la escena neoyorquina que orbitaba alrededor del artista plástico y su estudio, The Factory.

La confusión, como otras que a menudo persisten, no podría entrar en la categoría de mito, sino de malentendido. Mientras que la historia que revisiona, enaltece al mito al intentar derribarlo, el malentendido suele ser subdiagnosticado, y así pervive. Y el rock está lleno de malentendidos.

Hoy, la banda que mejor califica para el Guinness de las largas duraciones, sigue soplando sus cincuenta velitas: fue el 12 de julio cuando los Rolling Stones, así bautizados por Brian Jones, por un tema de Muddy Waters, tocaron en el Club Marquee, de Londres, pero ellos insisten en esperar una posible gira de despedida para 2013, porque fue en enero de 1963 cuando el baterista, Charlie Watts, se unió a la banda (Ron Wood entra en 1974). Al menos este año, tenemos que conformarnos con una exposición de fotos en el Somerset House de Londres, y con un libro, The Rolling Stones: 50 , más la promesa de un documental y el rediseño de la famosa Stone a cargo de Stephan Fairey, conocido por sus pósters que retratan al luchador libre de televisión, André el Gigante, y por usar la estética propagandística de los años 20 del siglo pasado. La lengua, ahora, aparece rodeada por el nombre de la banda, solo que la S de Stones se ha convertido en un 5, y la O en un cero.

La original, que se convirtió en símbolo de la autoproclamada “banda de rock and roll más grande del mundo”, había sido diseñada por el artista británico John Pasche, que usó la imagen deslenguada de la diosa madre india Kali, pero la traspasó a los labios carnosos y sensuales de Jagger. La idea era representar la “rebeldía y el antiautoritarismo de la banda”, dijo Pasche. (El derrotero de esa lengua debería leerse en tándem con aquel otro símbolo de las camisetas: la foto de Korda del Che).

Los Stones, Andy Warhol, un diseñador inglés, un actor porno soft gay norteamericano, un jean (¿hay una prenda más setentista que el jean?): la tapa de Sticky Fingers dice mucho acerca de una época y un universo en el que “la gente del arte, la música y la moda se reunía a menudo. Era una especie de cruza interdisciplinaria”, como dijo Jagger en una entrevista por los 40 años de la revista Rolling Stone. Y también, su contenido.

Sticky Fingers representa un corte y, al mismo tiempo, la profundización de un continuum Stone, algo así como la esencia del grupo, si es que eso existe. Un corte porque es primer disco de la banda sin Brian Jones (que muere en julio de 1969 y es reemplazado por Mick Taylor), ya liberados del hombre que les dio el espaldarazo inicial, Andrew Loog Oldham, que los había instalado en la escena del rock como los chicos malos que ningún padre querría para su hija, creándolos a des-semejanza de sus predecesores inmediatos, Los Beatles (si uno logra sortear esa incomodidad de la escritura ultra yoica, el libro Rolling Stoned , del primer manager de los Stones, que publicó Mondadori en 2011, resulta un testimonio invalorable).




Un disco que, musicalmente, reafirma su búsqueda en las fuentes profundas de la música negra norteamericana, como en “I Got the Blues”, o el único tema no compuesto por la dupla explosiva Jagger-Richards, “You Gotta Move”, del legendario “Mississippi” Fred McDowell y el Reverendo “Blind” Gary Davis. Para 1971, los chicos habían probado todas las drogas, habían saboreado todos los jugos, y lo estaban contando (“Brown Sugar”, “Sister Morphine”, con coautoría de Marianne Faithfull, “Bitch”). Pero también se afinaban como músicos, y Jagger jugueteaba con su propia voz. De la amistad de Keith Richards con el pope de la música country Gram Parsons, surgió “Wild Horses”. Todos esos antecedentes están bien contados en el libro Early Stones , que Planeta publicó en noviembre de 2011 en una cuidada edición. Los textos de Richards acompañan las fotos de Michael Cooper, responsable de dos tapas históricas, modelos de psicodelia pop : Sgt. Pepper, de los Beatles, y Theirs Satanic Majesties, Rolling Stones.

En cierto sentido, ese libro, que ilustra bien a la banda en esos locos primeros tiempos, junto a sus chicas, Anita Pellenberg y Marianne Faithfull, le hace justicia a Richards, después de los primerísimos primeros planos de Jagger en Shine a Light (2008), el documental de Martin Scorsese sobre un par de actuaciones de los Stones en el Beacon Theatre de Nueva York, en 2006.

Si Sticky Fingers abre la década del 70 (y lo hace ya desde la materialidad de la tapa), y así se convierte en disco bisagra (lo sigue Exile on Main Street , considerado el mejor de la banda), el fracasado concierto en el autódromo abandonado de Altamont, California, en diciembre de 1969, cierra trágicamente los 60. Fue después de una gira por los Estados Unidos, y quedó registrado en el documental de los hermanos Albert y David Maysles, Gimme Shelter . El intento de la reconquista de América del grupo inglés terminó mal (el primer desembarco de la banda había sido en 1964 y está narrado con gran detalle en El gran libro de los Rolling Stones , por Bill Wiman, que publica en fascículos Clarín ). El concierto estuvo mal planeado y fue caótico. Mientras los Stones tocan “Under My Thumb”, un joven negro de 18 años, Meredith Hunter, saca un revolver, una chica con un saquito de crochet intenta detenerlo, pero es inmediatamente reducido por uno de los Hells Angels, encargados de la seguridad del recital. El documental muestra a un Jagger azorado ver una y otra vez la escena en un monitor. Corte y un testigo que dice: lo tiraron al piso y lo ca+garon a patadas, delante de una camilla que se lleva al joven tapado con una sábana, y la chica del saquito de crochet que pregunta: ¿va a estar bien? Alan Passaro, el Hells Angel que mató a Hunter, fue sobreseído hace dos años, porque el joven estaba armado.





A los pocos días del recital, un grupo de Hells Angels planeó matar a Jagger: iban en una lancha hasta la casa que el Stone tenía alquilada en Long Island, pero naufragaron. Todos sobrevivieron, aunque el plan fracasó. 1969 no era, evidentemente, el año de la muerte de Jagger. Después de todo, él sigue siendo ese chico inglés de pantalones ajustados al que su mamá le enseñó a bailar jitterbug , ese ritmo negro de la era del jazz . Y Richards, ese otro chico inglés al que su madre le hacía escuchar a Billie Holliday. Las caras marcadas por los surcos del tiempo. Cincuenta años después.

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