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domingo, 18 de julio de 2010

MAHLER: A CIENTO CINCUENTA AÑOS DE SU NACIMIENTO.




Ciento cincuenta años después de su nacimiento, Viena dedica a Gustav Mahler (1860-1911) una gran exposición que refleja la ambivalente y apasionada relación que tuvo el célebre director y compositor con la capital austríaca.






LA QUINTA SINFONIA del genio vienés interpretada por la Orquesta de su ciudad.

Mahler está considerado hoy un precursor de la música moderna que revolucionó además a la célebre àpera de la entonces capital del Imperio Austro-Húngaro.
"Cuando llegue el fin del mundo quiero estar en Viena, porque allí todo llega 25 años más tarde", es una de las sentencias del conmemorado artista que se recuerdan en la muestra, con motivo de celebrarse el 7 de julio su natalicio.

Si bien cosechó un éxito enorme como director de orquesta y de la àpera vienesa, Mahler, de origen bohemio y judío, tuvo que soportar críticas, no solo debido al creciente antisemitismo, sino también por su severidad en la gestión del teatro lírico y el rechazo de gran parte del público a las composiciones propias.

"Lamentablemente sigo siendo un vienés empedernido. Gustav Mahler y Viena" es el título de la exposición, que puede verse hasta el 3 de octubre en el Museo Austríaco del Teatro, cerca de la ópera Estatal, donde siempre se le recuerda con una gran sala y un busto del músico obra de Auguste Rodin.

Mahler estaba seguro de lo que hacía: "Ya vendrá el momento para mi música", dijo. Y tuvo razón. El momento llegó, aunque tardó mucho, entre otros motivos debido a que su obra fue declarada "degenerada" por los nazis.

Hoy es interpretada por las grandes orquestas y cantantes en todo el mundo, y con más frecuencia aún en este jubileo de dos años, ya que en 2011 se cumplen cien años de su muerte.

Nueve sinfonías terminadas y una décima inconclusa, "Das Klagende Lied" ("La canción del lamento"); "Kindertotenlieder" ("Las canciones a los niños muertos"), y la sinfonía-ciclo de canciones "Das Lied von der Erde" ("La canción de la Tierra"), se cuentan entre sus obras más destacadas.

Famoso es el hermoso y triste "Adagietto" de la Quinta Sinfonía, escogido por Luchino Visconti para su película "Muerte en Venecia", protagonizada por Dirk Bogarde y basada en la novela homónima del escritor alemán Thomas Mann. El literato, según confirmó en sus memorias su esposa Katia Mann, escribió la novela en Venecia apesadumbrado por las constantes noticias sobre la precaria salud de Mahler, a quien admiraba y en quien se inspiró para crear la figura del protagonista de la obra.

Mahler se casó con una de las mujeres más bellas y admiradas de la Viena de entonces, Alma Schindler, veinte años más joven que él, con quien tuvo dos hijas, pero no fue feliz en su matrimonio y su primogénita murió a los cuatro años, en 1907, el mismo año en el que abandonó la dirección de la ópera de Viena ante una masiva campaña en su contra.

Ello no le impidió seguir cosechando éxitos como director de la Metropolitan Opera House de Nueva York, ciudad en la que enfermó gravemente en febrero de 1911. Murió poco después, el 18 de mayo del mismo año, en Viena.

La exposición refleja las distintas etapas de su vida y recuerda incluso los más mínimos detalles que introdujo como director de la ópera y que se mantienen hasta hoy.

"Por ejemplo, introdujo la señal de (el fin de) la pausa. Que suene antes de que vuelva a empezar la música. Eso no existía antes de Mahler", explicó a Efe el musicólogo Reinhold Kubik, uno de los comisarios de la muestra.

"La gente que entonces se burlaba de ello, y decían que una hora antes de la representación sonarían trompetas en toda la ciudad para avisar al público de que debía vestirse y salir a tiempo... No era habitual", pero la costumbre se impuso hasta nuestros días.

También prohibió que el público entrara o saliera de sala durante la función, cambiando para siempre la costumbre de la sociedad de usar la ópera para hacer visitas y charlar de palco en palco.

Para Kubik, Mahler fue el primer jefe del célebre teatro lírico vienés que era al mismo tiempo un famoso director de orquesta. "Con Mahler se inició una fase de tener aquí a conocidos maestros como jefes. Basta recordar a Richard Strauss o Herbert von Karajan", añadió.

Tan celebrando como polémico

Fue uno de los directores de orquesta más famosos des su tiempo, pero como compositor no se le comprendió. "Ya llegará el momento de mi música", afirmaba él convencido. Nunca supo cuánto tiempo tardaría en llegar ese momento ni qué dimensión alcanzaría este cambio triunfal, pero como muy tarde a partir de los años 60 del pasado siglo se convirtió en uno de los compositores más populares de todos los tiempos. Algo que ni siquiera él había profetizado. El propio Mahler se veía como alguien "anacrónico", mientras que Richard Strauss lo describió como un "soñador ajeno al mundo".

Mahler era al mismo tiempo un músico intransigente y un artista sabedor de sus cualidades. Junto a Arturo Toscanini, fue sobre todo Mahler quien -como dijo una vez Verdi- sustituyó la vanidad de los rondós de damas por la tiranía de los directores, las grandes desgracias. Entre 1897 y 1907 Mahler ejerció como director en Viena, apostando por el individualismo de los intérpretes. Dicho de otra manera: puso a los cantantes en primer plano, convirtiéndolos en actores con una dirección de ópera moderna.

"Mahler, como Toscani, introdujo una nueva época en la ópera bajo la influencia dominante de la obra wagneriana y la concepción de la ópera como una obra total, marcando su permanencia", escribió el crítico musical J ürgen Kesting. En este sentido, Mahler consideraba a os cantantes más servidores de la obra que estrellas, y esto le provocó enfrentamientos. A ello se unieron campañas antisemitas, y Mahler acabó abandonando su puesto como director después de haberse convertido para ello al catolicismo. Los años que siguieron hasta su renacimiento, en los 60, fueron difíciles para su música. Mahler fue olvidado, silenciado o incluso prohibido. "La novena sinfonía de Mahler, como obra de un judío, queda eliminada de los programas de conciertos en Alemania", se leía en las guías de conciertos de la Alemania Nazi. Ahora, dos años Mahler (2010 y 2011) lo reivindican.


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