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martes, 23 de abril de 2013

MURIÓ PAJARITO ZAGURY PIONERO DEL ROCK NACIONAL.

  



Alberto Ramón García había nacido en noviembre de 1941. Integró Los Náufragos, La Barra de Chocolate y Los Beatniks, banda con la que grabó en 1966 "Rebelde", considerada la primera canción de rock argentino.

El productor Miguel Grinberg dijo alguna vez acerca de "Pajarito" que "en el origen (del rock argentino) hay cuatro nombres: Moris, Javier Martínez, Tanguito y Litto Nebbia. Y un quinto podría ser Pajarito Zaguri... y sería justicia".

Sus primeros pasos en la música los dio con su amigo Mauricio Birabent (luego conocido como Moris), con quien compartió, en 1956, el grupo Los Shabaduba. En 1966, junto con el mismo Birabent, Javier Martinez, Antonio Pérez Estévez y Jorge Navarro fundó Los Beatniks. Tras la disolución del grupo, en 1969, integraría Los Náufragos.

En 1971 comenzó su carrera como solista, aunque también formó parte de diversas bandas durante las siguientes dos décadas. En 1972, junto con Nacho Smilari (excompañero de La Barra de Chocolate y ex Vox Dei) formarían Piel de Pueblo, que editó un solo disco para el sello Disc-Jockey.

En 1975 colaboró con La Murga como banda soporte, y en 1976 formó La Blues Banda junto con León Vanella y Conejo Jolivet en guitarras, Néstor Vetere en bajo, Marcelo Pucci como baterista y Ciro Fogliatta en los teclados.

El rockero que siempre estaba


Estuvo en los comienzos, con Los Beatniks, banda pionera en grabar canciones en español. Estuvo después, en Los Náufragos, La Barra de Chocolate, Cría Rockal, y siguió estando después, hasta último momento, en miles de zapadas rockeras y bluseras.

Por Cristian Vitale



Es un jueves del invierno pasado y Pajarito atraviesa el umbral del Guebara Bar, en San Telmo. Tal vez venga de zapar en Tabaco –antro blusero de la zona– y lo primero que hace es apoyar su brazo derecho en la barra. Está acompañado, pide un whisky con hielo, no parece faltarle salud, y buena parte del paisaje humano del lugar, bastante puesto a esa hora, no se percata de su presencia. El habla, y mira fijo. El tema es, básicamente, el rock. Escucha “La luz te fue”, tema del doble de los Socios del Desierto, y sentencia: “Sí, está bien, pero no se olviden de Manal... ponete un tema de Pappo, dale”, apura al que está poniendo discos. No pasa más de una hora y ese hombre bajo, entrañable, de ojos claros y pelo un poco largo, vuelve a atravesar el umbral, pero esta vez en sentido contrario. Así se lo solía ver a Pajarito Zaguri en las noches porteñas. Así, en esos lugares, con esas gentes y a esas horas, y no en las bien iluminadas pasarelas rockeras de la hora. No en los festivales de vips, bebidas cola, empresarios de verde y multitudes. No donde el rock parece morir, cada día, firmando su certificado de defunción en cuotas. Pajarito Zaguri, que se “llamaba” Alberto Ramón García hasta que le clavaron el “Pájaro” ¿por su vuelo? y el “Zaguri”, por un novio lejano de Brigitte Bardot, murió ayer a los 71 años. Al cierre de esta edición, sus restos eran velados en maipú 2860 (Olivos).

Así como aparecía en Guebara Bar o en Tabaco, irrumpió por primera vez –a mediados de los sesenta–, con el fin de organizar el éxodo rockero a Villa Gesell y fundar besando el mar dos hitos en uno: parte del rock argentino –la otra corresponde a Los Gatos Salvajes, de Litto Nebbia y Ciro Fogliatta– y Los Beatniks, banda pionera en grabar dos temas con letra y alma de rock and roll en español: “Rebelde” y “No finjas más”. “Estábamos caprichosamente en contra de todo lo que pasaba, de todo”, evocaba en una nota hecha en mayo de 2007.

Pajarito dejó una estela que cuenta bien sobre los orígenes del rock argentino. Le da una narrativa posible y probable. Orienta bárbaro sobre esa alma amateur, libertaria y antimarca que imprimió con fuego el sello de quienes lo fundaron, animaron y desarrollaron. En su caso, yendo casi siempre por los bordes. El nunca fue un Gato, un Almendra o un Pescado Rabioso, pero su nombre huele como si lo hubiese sido. El nunca hizo “Laura Va”, “Despiértate nena” o “El rock de la mujer perdida”, pero estuvo donde había que estar para tornar un poco más visible ese espíritu que la moral de la época despreciaba. En el Juan Sebastian Bar o en Bomarzo. En La Cueva o en La Perla de Once. En espacios cuyas zapadas caóticas, pobladas y calientes salieron Los Beatniks (él + Antonio Pérez, Moris, Alberto Fernández, Jorge Navarro y Gustavo Kerestesachi) para grabar ese primer simple, en junio de 1966, o aportar seis temas a Los Náufragos y abandonar el barco por un despropósito de la compañía, que –típico en la época– puso una foto de ellos en la tapa del disco y músicos sesionistas para completar con temitas de ocasión.

Zaguri también fue principio motor de La Barra de Chocolate, banda que ganó el primer festival de la música beat con el tema “Alza la voz”; de la Cría Rockal –número puesto en los Buenos Aires Rock de la época–; de la resistente Piel de Pueblo; de Pájaro y la murga de rock and roll, agrupación que armó con el futuro Memphis Daniel “Ruso” Beiserman, y que grabó el disco Pájaro y la murga del rock and roll en 1975, o de los Vagos del Oeste que –en su cenit– reunió a Pajarito con Ciro Fogliatta, Blusero León y dos tipos de la órbita stone (Nicky Hopkins y Bobby Keis), para girar bluses y rocanroles por los suburbios de Buenos Aires. Pájaro estuvo siempre dando vueltas como un satélite inquieto por esos lugares, pequeños y fervorosos, que salvaron –o intentaron salvar, mejor dicho– al rock y al blues de las modas pasajeras. Permaneció imprimiéndole un carácter popular, callejero, “cuadradón” y algo taciturno a un género que a veces solía ponerse complicado. Y lo dejó claro con un devenir de discos que, según sus propias categorías, eran de rock`n roll, blues, rock stone, rhythm & blues y tango. Así lo mostró en álbumes que, en los últimos treinta años, grabó como pudo: El rey criollo del Rock and Roll (1984), En el 2000... (también) (1994), El mago de los vagos, (2006), disco en el que logró el milagro de reunir a Claudio Gabis, Alejandro Medina y Javier Martínez. “Tuve que hacer grabar a Gabis en una pista libre, aparte, porque no se lleva bien con sus compañeros, pero logré el sueño de toda mi vida: ser un Manal”, dijo en aquel momento a Página/12, y Sexagenario (2009) que compilaba canciones suyas de todos los tiempos.

“Yo nunca toqué con músicos malos... el único malo era yo”, sorprendió aquella vez y –sinceridad brutal– así era. Pajarito nunca fue un gran músico. Cuando acompañaba a Moris en Los Beatniks, su rol era más bien decorativo. El era el rostro, el que se movía, el que difundía esa nueva. La leyenda cuenta que el primero que le enseñó algo de guitarra fue Argentino Luna, integrante por entonces del grupo Los Areneros, y que después fue aprendiendo como pudo, pero nunca como para destacarse. Incluso en En el 2000... (también), disco en el que los acompañaron Alejandro Medina, Black Amaya y Alberto Abuelo, figura en los créditos como voz “y alguna guitarra por ahí”, pero lo suplía bien sabiéndose catalizador: agrupando gente como, por caso, hizo con esa especie de súper grupo del rock criollo (Moris + Osvaldo “Bocón” Frascino + Oscar Moro + Litto Nebbia + Alejandro Medina) que le grabó su primer simple solista con los temas “Un diablito” y “Navidad espacial”. O cuando, durante las eternas zapadas bluseras en el Samovar de Rasputín –otro de sus antros preferidos– bastaba su presencia para aglutinar a la flor y nata del género en Argentina. “Toda la vida fui un bohemio. Un johnleninista, anarquista y pacifista, que ama irse a dormir sin tener que levantarse a tal hora. El hombre civiliza y corrompe: vamos a terminar todos con máscaras de oxígeno y yo quiero evitarlo.” Esas fueron, en efecto, algunas de sus últimas –y pocas– palabras a la prensa escrita. El resto lo vivió.

 

Una audición frustrada para El Club del Clan lo convirtió accidentalmente en el héroe tapado de La Cueva y el legendario bar La Perla del Once; la historia oculta de un pionero del blues y el rock barrial por Boom Boom Kid

Pajarito, el pionero


Es febrero. Suena jazz de fondo y el que tengo enfrente es el tipo que le puso rock al rock nacional. Pajarito Zaguri, cofundador de Los Beatniks junto con Moris, construyó su leyenda siempre desde los márgenes, como una estrella suburbana. Fue el mago de los vagos junto a Tanguito, que era el rey, y ahora es el más divino de los náufragos. Un sobreviviente.

Son las... Mejor digamos que es tarde: ya se hizo de noche y seguimos hablando de música. El final del día llega mientras bebemos algo fresco en un bar del centro de la ciudad. Es la última parada de una gira por bares y restoranes que comenzó hace varias horas. Y así empieza la historia.

Pajarito, capaz que esto que te pregunto es un poco un vuelo personal mío sobre vos pero, para mí, aún tenés ese espíritu de "náufrago", de "divagante"...
Totalmente, sí. ¡Sigo fiel a los beatniks!

¿Cómo definirías lo que era ser un náufrago en los años 60?
Y... Un náufrago era alguien que salía a la calle sin saber adónde iba. Yo salía y hacía lo que pintara. Y aún estoy en ésa. O sea, si salgo de acá y primero pasa el 115, me tomo el 115. Y si pasa primero el 92, me tomo el 92. Una cosa así era ser un náufrago, un divagante. También nos decían "los jóvenes viejos".

¡Ah, como la película de Rodolfo Kuhn!
Sí, ese film es de unos pibes que andan en la nada. Como la juventud de hoy en día, que está en la nada. Por eso también Miguel [Abuelo] le puso a su banda Los Abuelos de la Nada. Y Kuhn fue el que me bautizó Zaguri a mí, porque yo estaba enamorado de Brigitte Bardot y Zaguri era el apellido del que estaba de novio con ella en esa época. Bob Zaguri.

¿Cómo conociste a Kuhn, entonces?
Yo aparezco en la película Los inconstantes de Kuhn. Esta película habla justamente de los primeros años de Gesell, y yo hago de mí mismo. Porque la mano viene así. yo estaba laburando de lavacopas en Gesell mientras él filmaba Los jóvenes viejos en Mar del Plata, y un día viene con [la actriz] Elsa Daniel a pasear por el fin de semana y yo, en el boliche, donde también hacía de mozo, tenía pegado en la puerta un póster importado gigante de Brigitte Bardot arriba de un caballo, con unos bluejeans ajustados. Era la primera vez que se veía a una mina usando unos jeans así, bien marcados, y yo estaba enamorado de ese culito. Y Rodolfo me empezó a decir: "Che, Zaguri, traeme un sánguche de milanesa". "Che Zaguri, traeme esto y lo otro". Y yo le dije: "¿Por qué me decís Zaguri?". Y cuando me dijo que Bardot estaba de novia dije: "Nooo. ¡qué cagada!". Y ahí me quedó el apellido, y de ahí también nos hicimos amigos y por eso aparecí en Los inconstantes. Fijate que, en esa película, por primera vez aparece en el cine que las minas también van al frente. O sea, por primera vez se muestra que viene la mina y le dice a los chabones: "Yo quiero hacer el amor con vos, vamos a la cama". Y era muy loco, eso, en aquellos tiempos.

¿Y aún seguís enamorado de la Bardot?
Todavía sí. Pero como me dijeron que era re fascista la chabona, ya no tanto.

Hay una especie de mito urbano y rockero que dice que vos en esa época mataste a Jesús. ¿Es verdad?
Ah, eso. Sí, es verdad. Resulta que la policía me echa de Villa Gesell por exhibición obscena, porque fui de los primeros que se bañaron en bolas. Eramos cuatro o cinco los que hacíamos eso, una "elite de locos", como nos decían. Nos pusimos en bolas, vino la cana, nos llevó presos y se corrió tanto el rumor de que ahí los jóvenes se bañaban desnudos que después iban todos a Gesell para ver cómo se bañaba en bolas la gente. Por eso, la policía la tenía conmigo. Y yo ya tenía antecedentes.

¿Por qué?
Porque me había robado un auto en San Isidro, viste, fue algo que se dio así, ocasional. Estaba caminando con una piba y me quería mandar la parte; vi un auto estacionado con las llaves puestas y le dije: "Vení, vamos en mi coche". Y chocamos frente al Zoológico, por avenida Del Libertador. Entonces, cuando en Gesell se pudre todo por lo del exhibicionismo, me tenía que rajar sí o sí. Y voy y le digo a la piba que estaba conmigo en ese momento: "¡Tenemos que huir de acá porque estoy hasta las manos!". Y la mina me dice: "Bueno, yo también me quiero ir. Vamos a Mar del Plata. Robale el auto a mi papá, está allá en el garaje". Y acelero. Agarramos la 3 de Gesell, que en aquellos tiempos era todo arena, y viene la policía y yo me como la película de que nos perseguían, y de que ella y yo éramos Bonnie & Clyde. Hago una maniobra y me llevo por delante una iglesia. Chocamos la cruz con Jesús de la entrada de la capilla, y salgo corriendo y me escapo por los médanos. Yo conocía Gesell tanto o más que el mismísimo Carlos Gesell. Y me escapo.

¿Y la chica?
La mina pobrecita no me pudo seguir, y la agarró la cana. Yo me tomé un bondi que justo pasaba por ahí, porque en aquellos tiempos se podía parar el colectivo en cualquier lado. En ese momento quería volver a Buenos Aires, pero el bondi iba a Mar del Plata, así que cuando llegué me fui al boliche El 51, en Playa Grande, a tocar blues, rock y canciones de protesta.

¿Cuáles canciones?
Las de Los Beatniks, que en ese momento era mi grupo, con Moris. Y ahí es donde luego nos hacen la primera nota, para el diario El Mundo, en una página de la sección Turismo. Y ahí sale eso de: "Hoy conocimos a un tal Pajarito Zaguri, que canta canciones contra el establishment, a favor del amor libre...".

La leí. Remarca que no querés dar tu nombre real.
Eso se dio porque me venía escapando. Escuchame, estaba re loco. ¡Exhibición obscena! Cuatro años después lo hizo el de los Doors y nos cagábamos de risa. Me decían: "Pajarito, le ganaste de mano". Igual que salir a cantar en una camioneta por la calle. Los Rolling Stones lo hicieron en Manhattan y se armó un quilombo terrible. Pero con Los Beatniks lo habíamos hecho mucho tiempo antes, sólo que en Buenos Aires y en calle Corrientes.

¡Y eso está filmado! ¿Quién lo filmó?
El hermano de Moris, Osvaldo Birabent.

Después también actuaste en otras películas...
Sí, estuve en Dar la cara también.

Y con La Barra de Chocolate, otra de tus bandas, también tocás en un film, ¿no?
¡Sí, muy bien! Con La Barra estuve en Con alma y vida. Ahí tocamos en un boliche, pero no fue nada. La historia pasaba por otro lado.

Pero en Dar la cara sí actuás varias escenas.
Sí. En esa yo me hice muy amigo de Leonardo Favio, que era protagonista de la película, un film de [José] Martínez Suárez, con guión de David Viñas. Un guión de la puta madre, de protesta, grosso. En fin, fue muy divertida esa filmación. Ahí conocí a María Vaner, Héctor Pellegrini, a todos los actores que en esa época estaban en boga. Y con Favio nos hicimos muy amigos. Seguimos amigos hasta hoy y, de hecho, también soy muy amigo de su hijo, Nicolás. Favio y yo hacíamos de colimbas en esa película. Yo tenía 20 años, y me acuerdo que tuvimos que filmar en el destacamento de Palermo y para entrar había que dejar los documentos. Y Leonardo se negó. En un momento, le preguntan por qué, y Leonardo dice: "Lo que pasa es que soy desertor".

No, un grosso... ¿Y entonces?
Y el tipo no sé cómo hizo, pero nos dejó pasar. Nos dijo: "Ustedes entren y no digan nada".


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