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miércoles, 5 de diciembre de 2012

AMELITA BALTAR Y SU NUEVO DISCO: NUEVOS RUMBOS.





Spinetta, Raúl Carnota, Fito Páez, Luis Salinas y Pedro Aznar fueron algunos de los convocados. “Junto a los que grabé con Piazzolla, es de los discos que más amo en mi vida”, dice Baltar.



 Por Cristian Vitale

“Esto es todo muy loco y maravilloso.” Amelita Baltar –72 años biológicos, 50 de cantante, 30 de espíritu– apoya fuerte un vaso en la mesa y da algunas indicaciones para el gran asado gran que dará en su casa de la calle Austria. “Vienen los Catupecu, va a estar buenísimo... Y a Fer le tengo que hacer un buen guiso porque el pibe es vegetariano”, ríe ella, y detona en emociones. Sea cual fuere el plato, los motivos para festejar son varios. El principal es, claro, la flamante edición de un disco que no sólo contiene el aporte de Fernando Ruiz Díaz sino el de buena parte de la flor y nata del rock argentino (Luis Spinetta, Fito Páez, Pedro Aznar) más el de algunos “extras” que la Baltar adora: Luis Salinas, Raúl Carnota, Pablo Mainetti y Leopoldo Federico, entre ellos. Un disco que se llama Nuevos Rumbos y que la experimentada voz femenina que Astor Piazzolla prefirió para sus giros setentosos, presentará hoy a las 21 en Notorious (Callao 966). “Un disco que, junto a los que grabé con Astor, es de los que más amo en mi vida”, sentencia ella.

Un disco ecléctico, nutrido y participado, al cabo, que la cantante divide entre los que fueron a ella y viceversa. “Hice venir a muchos a mis temas, sí. Sebastián Barbui –el productor– que sabe leer mi subconsciente como nadie me sugirió que lo haga así, pero hubo dos excepciones: Spinetta y Carnota, los más grandes artistas que tenemos en nuestra música, ¿no? De Luis, y con él, hicimos ‘Laura Va’ y de Raúl, y con él, ‘La rosa perenne’, un vals peruano que me puede”, cuenta Amelita.

Excepciones al margen, el resto de los músicos que intervienen en el disco “vinieron” hacia Amelita. Páez hizo todo por lograr una muy buena versión de “Chiquilín de Bachín” en portugués; Aznar modificó al piano la sustancia sonora de un tema nacido de la pluma de la cantante (“Sería fácil decir”); Mainetti grabó bandoneón en una pieza reducida de “Madame Ivonne” y Leopoldo Federico metió bandoneón en el final del primer vals de “Balada para un loco”. “A la Balada la aggiornamos bastante. Le metimos también teclados rhodes y una batería que te vuela la cabeza. La verdad es que el disco se fue haciendo de una manera bastante artesanal. Tenía pensado hacer algo folklórico, como lo que hacía antes de conocer a Astor, pero después se fue nutriendo de otras cosas y, bueno, quedó un rompecabezas”, se ríe.

 

Un rompecabezas de identidades, estéticas y músicos que, además de los nombrados, incorpora a la banda estable de Amelita (Barbui en bajo y guitarra; Aldo Saralegui en piano y Demián González en batería) y a Hernán Jacinto, el Flaco Bustos, y Leo Genovese, entre los convidados. “También llamé a Eduardo Falú, pero me dijo ‘gracias Amelita, ya no puedo tocar la guitarra, no puedo cantar, estoy viejo’. Por suerte una noche entré a un restaurante de San Telmo y vi a Luis Salinas sentado ‘chau, dije, me lo puso Dios’. Y vino a grabar esa cosa hermosa que es ‘La zamba de Lozano’. Los encuentros fueron así, azarosos. A los Catupecu, bueno, los conocí viniendo del sur en un avión, charlamos dos minutos con Fernando mientras llegaban las maletas y me dijo ‘si hacen algo no dejen de llamarme’ y terminó cantando nada menos que ‘La milonga de la anunciación’. Todo se fue armando así. Hay una juventud que tiene una capacidad impresionante, como hay otra que no le da ni para el arrorró”, se ríe. “Pero a mí me encanta estar rodeada de jóvenes y de rock, porque me hicieron sacar la mentalidad tanguera de encima.”

–Amelita rocker...

–¡Totalmente! Sí, también me encantan los Divididos. Ricardo Mollo tiene una voz impresionante y toca la viola como los dioses; Arnedo es un bajista increíble. Sí, me encanta el rock.

–¿Y qué pensaba Astor del rock argentino, usted que lo tuvo tan cerca?

–En los años setenta, todas las compañías le mandaban los discos de música progresiva a Astor, él los escuchaba y un día me dijo: “Mirá, Negra, los tangueros ya hace rato que se terminaron. En estos chicos de la progresiva está naciendo la poesía de la Buenos Aires del futuro”. Después sale un Charly García y, bueno, tenía razón. Largamente la tenía. La poesía de Charly es enorme, Fito es un gran letrista, y Spinetta, el de las imágenes mágicas, es lo más grande que hemos tenido.

–¿Le motiva alguna sensación especial cumplir 50 años con la música?

–La verdad, no sé cómo merda llegué tan bien a los 72 años. ¿Y lo de los 50 años de carrera? ¡Qué sé yo!... Yo no tengo edad, soy feliz y disfruto como un caballo de la vida, del escenario, de todo.

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