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domingo, 22 de mayo de 2011

REPORTAJE AL PINTOR ESTADOUNIDENSE ALEX GREY








El artista, uno de los principales referentes de la psicodelia, vino a Buenos Aires a ofrecer un panorama de su obra y su filosofía. Sus trabajos han ilustrado discos de Nirvana, David Byrne y los Beastie Boys, pero él prefiere hablar de los caminos espirituales del arte.











Por Facundo García

Alex Grey piensa que el arte sirve para comunicarse con Dios. O con los dioses. O con lo que sea que haya por encima de la realidad moldeada por la televisión. Para reafirmarlo, el pintor –uno de los principales referentes de la psicodelia– vino a Buenos Aires a ofrecer un panorama de su obra y su filosofía creativa. Y aunque sus trabajos han ilustrado discos de Nirvana, David Byrne y los Beastie Boys, él prefiere aletear para otro lado cuando se remonta entre palabras.

“Todos somos artistas, desde el momento en que miramos el mundo y nos armamos un cuadro de cómo es”, bosqueja el pelilargo y deja claro que ésta será una entrevista sólo en apariencia. Porque flotará otra cosa, algo así como la sensación de andar descalzo por regiones donde la autopista del lenguaje se convierte primero en huella de tierra y después en campo virgen, con todos los peligros y las posibilidades que eso implica.

–Eligió el arte como camino espiritual. ¿Esa decisión lo benefició o fue más bien un sacrificio?

–Si la intención de uno es aproximarse a Dios, no hay sacrificio que sea grande. Mi esposa Allyson y yo estamos arriesgando nuestras vidas al focalizar completamente nuestra energía en la Chapel of Sacred Mirrors –la “Capilla de los Espejos Sagrados”, su proyecto fundamental–. De todos modos el arte nos ha beneficiado: nos permitió conocer a visionarios de todo el planeta que están en la misma búsqueda y comparten los mismos sueños conscientes que nosotros.

La Capilla de los Espejos Sagrados es una cruza de galería de arte y santuario new age y está diseñada para indagar en las “múltiples capas de la realidad”. Sus veintiún imágenes mapean obsesivamente al cuerpo, la mente y el espíritu humanos. En el centro de las composiciones puede haber hombres, mujeres, deidades o grupos de animales y plantas que remiten a lo que habría pintado El Bosco en caso de tener un improbable contacto con la estética posmoderna. “Tomar al arte como credo significa conectarse con todas las religiones –retoma el místico–. Desde el chamanismo a las civilizaciones antiguas, la escultura, la pintura y la arquitectura fueron un canal para que se produjeran teofanías sobre un soporte material.”

¿Y qué es una “teofanía”? Es la manifestación de una deidad ante los hombres. Grey no se detiene: “Por eso es que haciendo y conociendo al arte somos testigos de las sucesivas oleadas de conciencia y revelaciones que tuvieron las culturas del mundo”. Un respiro antes de continuar. El razonamiento es más o menos así: cada sociedad le quita el velo a una zona de lo real; y en su afán por incorporar enseñanzas de diversas fuentes, la propuesta del norteamericano es alcanzar una perspectiva abarcadora que aluda a los órganos biológicos, las corrientes eléctricas, los lazos emocionales y los efluvios del espíritu. Toda esa información –que podría volver loco a cualquiera– se ordena gracias a vivencias que el psiconauta llama “visiones”.

–Igual que los músicos a veces sienten que la música les “baja”, yo, como pintor, recibo imágenes.

















–¿Imágenes? ¿Y en qué momento tiene usted estas “visiones”?

–Llegan bajo mil formas. La World Soul Sculpture (“Escultura del alma del mundo”), que demandó dos años en ser completada, se gestó a partir de una visión que tuve mientras esperaba el subte. La pintura Gaia vino a mí cuando estaba manejando sobre el puente de Brooklyn, justo el día en que nació nuestra hija. Y algunas de mis obras más queridas, como Theologue (“Teólogo”), Universal Mind Lattice (“El entramado de la mente universal”) y Net of Being (“La red del ser”) se inspiraron en el uso de sacramentos psicodélicos.

Para introducirse en el reino de Grey, una de las opciones es entrar por el puente del rock. El álbum de remixes The Visible Man, de David Byrne, contiene piezas suyas en el arte de tapa. También In Utero –aquel crudo experimento de Nirvana– incluye una reproducción de El sistema muscular (Mujer embarazada). Los Beastie Boys, a su turno, optaron por Vision Crystal (“Cristal de visiones”) junto a la célebre Gaia para el libro de su cuarto CD de estudio, Ill Communication. “Y cada tanto me despierta una voz al amanecer, para dictarme mensajes que yo transcribo como puedo”, suma el pintor. Se refiere a los Art Psalms (“Salmos del Arte”), que se convirtieron en un libro.

En ocasiones, el entrevistado habla de sustancias alucinógenas. No lo hace con frivolidad ni a modo de pose. Lo que se percibe es un esfuerzo por sintonizar con prácticas antiquísimas que –se supone– destrababan áreas de conocimiento. “El contexto para usar enteógenos es un ritual sagrado que se realiza tal vez desde el inicio de la humanidad –advierte–. Es más, las teorías actuales sobre el arte de las cavernas consideran que las pinturas rupestres eran un espacio para observar e ‘inspirarse’ durante las experiencias psicodélicas.”

Puesto el rumbo en esa dirección, la primera curva peligrosa es la de la política. Esto es: cómo el capitalismo puede ser capaz de apropiarse del pensamiento alternativo, el uso de las drogas y las tradiciones ancestrales para convertirlos en una Disneylandia de la mente.

–¿No cree que el movimiento psicodélico ha sido atrapado por el sistema?

–Esto viene de muy lejos. Desde la cuna de las civilizaciones occidental y oriental encontramos el uso de sacramentos alteradores de la mente que permitían a los aspirantes ponerse en contacto con la divinidad. El Rig-Veda (un texto sagrado hindú) describe a Soma, una planta que permitía acceder a los dioses. Y entre los griegos, el culto Eleusino usaba el Kykeon, un brebaje que permitía visitar a las deidades...














–O sea que estamos ante un fenómeno extendido. Una constante.

–Actualmente, las sustancias psicodélicas han sido demonizadas, ilegalizadas y metidas en el saco de los químicos adictivos y dañinos. Pero si son sabiamente utilizados, los componentes psicodélicos no son ni adictivos ni tóxicos. Esto ya se está demostrando en algunos departamentos académicos de primer nivel y en universidades donde se estudia medicina: Harvard, New York University, Stanford y otras. De hecho, un estudio sobre los hongos psilocybin –que se había hecho en los sesenta y ahora se repitió en la Universidad John Hopkins– halló que más del 65 por ciento de los sujetos con “inclinaciones espirituales”, si se los ubicaba en un ambiente adecuado, reportaban una experiencia mística intensa: unidad con Dios, trascendencia respecto del tiempo y del espacio, etcétera. Todo después de un solo “viaje”. Y yo me pregunto, ¿qué religión garantiza un 65 por ciento de posibilidades de sentirte en contacto con Dios después del primer ritual?

En The Books of Magic (Los libros de magia), el historietista Neil Gainman escribió que “la ciencia es una manera de hablar de lo que existe en palabras que nos amarren a una realidad común”; en tanto que la magia sería “un método para comunicarse con el Universo de tal modo que él no pueda ignorarnos”. “Uno y otro lenguaje –sostiene el guionista– son raramente compatibles.” Sin embargo, en el caso de Grey sí parece darse la intersección de ambos registros. La rigurosidad anatómica se cita con las intuiciones metafísicas; y hay una invitación a servirse de lo mostrado a la manera en que se utilizan los mandalas en algunas regiones de Oriente, es decir, como mapas para guiarse por los laberintos de la propia identidad. El despertar, entonces, se inicia con lo corporal para pasar a lo sociopolítico y al plano espiritual.

–Sus obras transmiten la idea de que existe una conexión entre todos los seres. Las “líneas” afectivas y energéticas salen de una persona y se tocan con las de otra en un tejido muy íntimo. ¿Le parece que en la vida real estos contactos son frecuentes, o están disminuyendo?

–Mire, la evolución no es ilusoria. La tecnología ya entró en una fase de desarrollo acelerado y vemos asomar un crecimiento exponencial. Esto trae consecuencias positivas y negativas. A medida que la humanidad avance hacia una civilización global entraremos en una encrucijada crítica, dándonos cuenta de que estamos todos interconectados y somos, a la vez, cómplices de la destrucción de la red vital. Si pretendemos que los inventos que vendrán nos ayuden a reparar la naturaleza, deberemos focalizarnos en lo creativo. El de-sarrollo tecnológico guiado por los principios clásicos de la bondad, la verdad y la belleza nos van a facilitar la supervivencia.








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