John Lennon, NYC 1974
“Fue un día típico en la terraza de su edificio. John me pidió fotos
para un disco, Walls & Bridges. Tenía la idea específica en mente:
quería primeros planos de su cara, todos del mismo tamaño, para poder
cortar las fotos en tres tiras y mezclarlas, hacer diferentes
expresiones. Sacamos media hora de fotos haciendo caras y él me dijo
‘Saquemos algunas más, para usar como publicidad’. Desde la terraza se
veían los edificios, se veía el horizonte de Nueva York, y me acordé de
la remera. Yo tenía una remera así, que usaba todo el tiempo. No se
vendían en negocios, las vendían manteros, en la calle, las hacían ellos
mismos. Siempre que veía alguna la compraba y compraba para mis amigos.
El año anterior a que sacáramos la foto, le di una a John Lennon. Ese
día le pregunté si todavía tenía esa remera y me dijo que sí. Sabía
dónde estaba y la fue a buscar. Se la puso y eso fue todo.”
ROCK’N’ROLL CIRCUS
Desde que empezó, a mediados de los ’60, en la
escena folk de Nueva York, estuvo siempre en el momento y en el lugar
indicados: capturó la electrificación de Bob Dylan, los años de oro de
John & Yoko, la naciente escena punk neoyorquina y la explosión del
punk inglés, a bandas como Zeppelin y los Stones en la cima, postales
que capturaban la esencia la intimidad, el poder y la gloria de una
música que parecía conquistar y denunciar al mundo al mismo tiempo. Con
70 fotos de aquellas, Bob Gruen inaugura Rock Seen, una muestra en el
Centro Cultural Borges que condensa más de cuarenta años de vida, muerte
y sobrevida del rock. En esta entrevista, recorre sus mejores escenas,
desde los baños del CBGB hasta la terraza del Dakota.
Por Mariana Enriquez
Algunas
fotos tienen destino de poster, remera, postal; se convierten en la
imagen más reconocible, más popular y casi congelada del personaje, del
ídolo. La del Che tomada por Alberto Korda. La de Einstein sacando la
lengua, de Arthur Sasse. La de Freud con cigarro de 1920, de autor
desconocido. La de Julio Cortázar con cigarrillo, de Sara Facio. La de
Jim Morrison con los brazos extendidos y el collar de canutillos, de
Joel Brodsky. Y la de John Lennon cruzado de brazos en una terraza, con
la remera blanca que dice New York City en letras negras. “No sé por qué
se volvió la foto oficial de John –dice Bob Gruen, neoyorquino, 66
años, el hombre que tomó esa foto en 1974–. Es misterioso por qué
ciertas imágenes acaban siendo icónicas. Cuando la sacamos ni nos
imaginamos que iba a ser tan conocida en el mundo entero. Hay millones
de fotos de John Lennon: que la mía haya sido singularizada es como si
hubiera ganado un premio. Tuve mucha suerte.”
Iggy Pop & Debbie Harry. Toronto, Canadá, 1977
“Para
hacer esta foto hoy deberíamos rogarle a un montón de publicistas y
managers durante meses y además montar un estudio y cruzar los dedos. En
aquel entonces, fue natural. Yo fui a Toronto con Blondie porque iban a
tocar con Iggy, que en ese momento tenía nada menos que a David Bowie
en el piano. Era una gran noticia, Bowie en un segundo plano, eso me
llevó hasta Canadá. En el camarín, antes de salir, Iggy vino a saludar a
Blondie. Y yo les pedí una foto juntos, a él y a Debbie. La hicieron en
el baño. Iggy empezó a treparse a Debbie y a tocarle las tetas y yo no
lo pude creer. Iggy era así: nadie más se hubiera atrevido a tocar de
esa manera a Debbie. Ella reaccionó lamiéndole el pecho. Fue muy
erótico, muy excitante, pero duró segundos: sacamos nada más que seis
fotos. Y ésta se volvió famosa porque es casi un imposible momento
íntimo entre dos íconos.”
Bob Gruen no lo dice, pero es probable que una parte del aura de esa
foto tenga que ver con la paradoja o la premonición. John Lennon lleva
sobre el pecho el nombre de la ciudad donde sería asesinado y su
expresión es inescrutable, con la mirada oculta detrás de los anteojos
oscuros. Además, Gruen la dio a conocer en 1980, poco después de la
muerte de Lennon, para un homenaje público en Central Park. Gruen se da
cuenta de que muchos, muchos de sus mejores retratados están muertos.
Joe Strummer, de The Clash, muerto en 2002 de un ataque cardíaco. Sid
Vicious, muerto de una sobredosis de heroína a los 21 años. Joey, Dee
Dee y Johnny Ramone, que murieron uno tras otro entre 2001 y 2004, como
en un contagio. Jerry Nolan, Johnny Thunders y Arthur Kane, de New York
Dolls. John Lennon, asesinado en 1980. “A veces mi vida es como en Sexto
sentido –dice–. Hace unos meses, en mi estudio, estaba preparando un
trabajo y vi a mi alrededor las fotos de Lennon, Strummer, Joey Ramone,
Sid Vicious... Me di vuelta y le dije a mi asistente: ‘I See Dead
People’.”
Bob Gruen se ríe de su chiste con una carcajada seca y un brillo en
los ojos azules. “¿Qué puedo hacer? Es extraño que tanta gente que
conocí en mi vida esté muerta. Trato de tomármelo con humor y con cierta
filosofía: no sabemos lo que es la vida, por qué estamos vivos o
muertos... No me paso el día pensando en por qué sobreviví.”
¿Siente alguna responsabilidad hacia ellos?
–Mucha, porque la mayoría eran mis amigos. Trato de mantener su
memoria viva y mostrar sus imágenes de una manera positiva. Los retraté
en su mejor momento, jóvenes, creativos, hermosos. Yo también viví una
vida rockera, de excesos, una vida peligrosa. Pero por suerte sobreviví.
Pude haber sido yo el muerto, pero no fue así, sigo vivo. Jim Keltner,
el baterista de Plastic Ono Band, me dijo una vez que soy el testigo.
Que tuve que sobrevivir para contarle al mundo lo que pasó. Y siento esa
responsabilidad.
EL MEJOR LUGAR Y EL MEJOR MOMENTO
Mick Jagger de rodillas, Record Plant, Nueva York, 1972
Bob Gruen nació, creció y vive en Nueva York. A los 4 años, su
madre, fotógrafa aficionada, le mostró la extraña magia de un cuarto de
revelado y a los 8 años recibió su primera cámara de regalo. Pero
durante años la fotografía fue algo casual. Tomaba instantáneas de su
familia, de amigos, de la ciudad; como adolescente que vivía en el
Greenwich Village de la explosión folk de la primera mitad de los ‘60
tenía mucho material para retratar pero poca conciencia de estar
viviendo un momento histórico, así que sobre todo se dedicaba a sacarle
fotos a la banda con la que vivía, The Glitterhouse. Pero Bob Gruen
tenía una obsesión: ver en vivo, y retratar, a su ídolo, Bob Dylan. Se
había perdido sus míticos shows en el Newport Folk Festival de 1963 y
1964, aquellos con Joan Baez, y estaba determinado a ser parte de
Newport ‘65. Llegó, molestó y consiguió que le dieran un pase oficial de
fotógrafo. Bob Gruen no sabía, claro, que Bob Dylan iba a tocar aquel
mítico show eléctrico que sería leyenda. Su debut como fotógrafo de rock
fue retratar uno de los cinco conciertos más célebres de la historia.
“Eso me pasa mucho –dice ahora, con inocultable satisfacción–. Suelo
estar en el lugar adecuado en el momento adecuado. No sé por qué y por
suerte nunca lo analicé; de haberlo hecho quizás hubiera perdido ese
extraño don.” Lo cierto es que allí estuvo y se acuerda de la reacción
de los atribulados folkistas: “Fue un escándalo, pero no todos lo
abucheaban. Algunos sí, otros aplaudían, otros se gritaban entre ellos,
fue un caos, debatían durante el show el significado de tocar enchufado,
era puro miedo al cambio, a algo diferente. Lo que Bob quiso decir,
creo, era que, ahora, la música folk de los Estados Unidos era el
rocanrol. Y tenía razón, por supuesto, el rocanrol es mucho más popular
que cualquier otro tipo de música americana, es la música de la gente”.
Keith Richards y Tina Turner, Hotel Ritz Nueva York, 1983
¿Dylan es fácil de fotografiar?
–No. Es muy difícil. No le gusta. Pero debo admitir que a él nunca
lo conocí del todo. Es una de las pocas personas con las que trabajé y
con las que nunca realmente hablé. Dylan me habló solamente una vez y
estaba enojado conmigo. Cuando hizo el Rolling Thunder Tour, en los ‘70,
no quería fotos, incluso hacía revisar a la gente por si entraba
cámaras. Yo escondí la mía, en mi saco, y tomé fotos: sentía que era mi
deber como periodista hacerlo, que no era justo no permitir fotos; como
un hombre de los medios sentía que era importante. Saqué muchas fotos y
las vendí a revistas. Tres meses después me encontré con Bob en la
calle, en Berlín. Me señaló con su bastón: creí que me iba a pegar. Y me
dijo que, en efecto, hacía tiempo que pensaba en romperme la cara si me
veía. “Te metiste en mi concierto y sacaste fotos sin permiso”, me
dijo, rabioso. Yo estaba shockeado, primero porque me reconociera,
porque supiera que era yo quien había tomado esas fotos. Y también me
impactó que estuviera tan enojado. Para mí, que soy fan, fue como
conocer a Dios y que quisiera matarme.
¿Quién más es complicado de fotografiar?
–Los Rolling Stones tienen muchas restricciones. Es agotador. Tienen
demasiados abogados y managers. Personalmente son gente muy agradable,
pero conseguir fotos o pases es muy difícil, no se les puede sacar fotos
sin permiso. En los conciertos sólo permiten cinco minutos en dos
canciones y luego hay que irse. Los fotografié por primera vez en 1972,
el 1997 hice el libro Crossfire Hurricane, 25 Years of the Rolling
Stones y desde entonces acceder a ellos se ha vuelto tan restrictivo que
voy a los conciertos a pasarla bien pero ya no les saco fotos.
Joe Strummer & Gaby - Kiss On Car’, NYC 1981
“Los Clash estaban en Nueva York por un mes en junio de ‘81 cuando
tocaron en Times Square y Don Letts estaba haciendo una película sobre
ellos. Fuimos a Battery Park, en el sur de Manhattan, para filmar. Yo
los llevé en mi auto: ese auto de la foto es mío, un Buick Special de
1954, un auto viejo que conseguí casi nuevo porque alguien lo había
tenido en un garage por treinta años y me lo vendió por 300 dólares. Yo
paseaba a los Clash en él todo el tiempo. De repente Joe se acostó sobre
el auto con Gaby, su novia, y se vio tan rocanrol, tan años ‘50, un
momento casi cinematográfico, que tomé la foto. Fue un segundo.”
El sentido de la oportunidad –o cierto destino de oportunidad, Gruen
se inclina por esto último– lo acompañó en los años ‘70. Como jefe de
fotografía de Rock Scene Magazine retrataba a Led Zeppelin junto a su
avión privado pero también a la escena del seminal punk neoyorquino, que
con el tiempo se convertiría en la edad de oro de la rebeldía artie y
juvenil. Gruen se pasaba las madrugadas en CBGB y en Max Kansas City
haciéndose amigo de los New York Dolls, Patti Smith, The Ramones,
Television, Talking Heads, The Heartbreakers, Blondie. Los cándidos
backstage de esa era son testimonio del deslumbrante underground
neoyorquino, tan precario, tóxico y fabuloso, al mismo tiempo.
“Nos parecía normal estar aislados. Nadie esperaba que esa escena
fuera un éxito, no era mainstream, no era para la cultura popular. Era
para artistas y para gente que quería pasarla bien. La expresión más
común para las bandas que tocaban en CBGB era ‘no commercial potential’.
Querían decir que podían ser divertidas pero que no iban a hacer
dinero. Por eso es tan extraño que muchos de ellos se hicieran famosos
mundialmente, como Blondie o Patti Smith; nadie esperaba que salieran de
Nueva York. Y, además, no eran muy buenos al principio. Nadie sabía
cómo tocar, la verdad. Era para expresarse y divertirse: tampoco había
dinero. Si una chica te compraba una cerveza era una buena noche y si la
chica se iba con vos a tu casa era una noche fantástica. Que terminaran
con tanto dinero es una especie de chiste. De buen chiste.”
Sex Pistols, noviembre de 1977, en un bar cerca de Bruselas, camino a una entrevista con Radio Luxemburgo
¿Por qué los Ramones nunca lograron el éxito comercial en Estados Unidos?
–Fue difícil para ellos en mi país porque eran demasiado excitantes
para que los pasaran en la radio. Eran más excitantes que las
publicidades y que los DJ... daban miedo. Así que nunca los pasaron
mucho por la radio y estar en la radio es esencial en Estados Unidos
para que la gente te conozca. Aún no los pasan mucho. Además, cuando
empezaron eran muy punk y nadie pensaba que irían a ningún lado, tocaban
tan rápido que no se entendía lo que decían. En los discos eran muy pop
pero en vivo eran un poder total, una velocidad que te dejaba sin
aliento, dando vueltas en el aire. Un amigo mío, Legs McNeil, me dijo,
la primera vez que vio a los Ramones: “No sé que pasó, pero me gustó”.
Yo también me sentía así. Solamente sabía que quería volver a verlos.
Tuve suerte de ser amigo de todos y de sacarles esa foto en el subte, en
la que tienen los instrumentos sin fundas porque no tenían plata para
pagarlas. Una foto que define esos años, ese entusiasmo, creo.
Es increíble que la mayoría de los Ramones hayan muerto....
–Bueno, Tommy y Marky siguen vivos. Yo siento mucha satisfacción y
gratitud con Argentina, porque ellos pudieron conocer el éxito y la
adoración en este país, cosa que los sorprendía sobremanera. La semana
pasada comí con Linda, la mujer de Johnny; ella y el hermano de Joey son
los dueños de The Ramones. Y conservo en casa una pintura de Dee Dee,
donde él se retrató con su doble personalidad. Porque, bueno, había un
Dee Dee bueno y un Dee Dee malo. Podía ser dulcísismo o podía darte
muchísimo miedo. Tenía mucha calle. Y era fuerte. Uno no quería verlo de
malhumor. Yo, por lo menos, no quería.
Elton John, sobre el escenario y con las piernas en el aire, Fillmore East, 1970
También retrató la escena punk de Londres, heredera de la neoyorquina... ¿Fue a buscarla?
–No fui a buscar nada. No sabía que había una escena punk en
Inglaterra. Conocí a Malcolm McLaren porque le había vendido ropa a los
New York Dolls. En realidad fui a Europa porque mi hijo de dos años
estaba ahí con mi suegra francesa, que vivía en París, y yo lo extrañaba
y lo quería ver. Había hecho un poco de dinero con los Bay City
Rollers, había vendido algunas fotos de Kiss a una revista japonesa y
tenía plata, la suficiente para un avión. Vi a mi hijo, la pasé bien,
fui a Alemania a visitar a los editores de una revista para la que había
trabajado y fui a Inglaterra porque estaba en el camino de vuelta a
casa. Llamé a Malcolm porque era la única persona que conocía y me
consiguió una habitación donde estar. Pero antes me llevó a un lugar
llamado Club Louise, donde conocí a los Sex Pistols, The Clash, Billy
Idol, Siouxsie, a todos. En una semana conocí a todos los que serían la
base del punk en Inglaterra.
¿Y qué banda le gustó más?
–The Clash. Me parecieron fantásticos. Después de un show en
Edimburgo empecé a hablar con Joe Strummer y nos hicimos amigos. En 1978
vinieron a Nueva York y yo era una de las pocas personas que conocían
en la ciudad, así que estuve con ellos, los fotografié, los llevaba para
todos lados con mi auto. Strummer era terriblemente cálido y sumamente
inteligente. Un tipo fuera de serie.
¿Y los Sex Pistols?
–Con los Pistols me llevaba bien, eran graciosos. Johnny Rotten, eso
sí, era desagradable: yo no podía creer que alguien fuera tan
desagradable a propósito y disfrutarlo. Pero los demás eran muy decentes
y agradables. En uno de los ensayos, recuerdo, me ofrecieron una taza
de té, como abuelitas británicas.
Sid Vicious fue uno de sus retratados favoritos...
Ramones en el subte, 1977, camino a un show en CBGB. Los instrumentos no tienen fundas porque no tenían dinero para pagarlas
–Sid era un gran modelo y un mal bajista. También era un chico muy
agradable. Lo llamaban Vicious por oposición, como si a un flaco
desnutrido le dijeran El Gordo. En realidad era un dulce. Era un nenito
cuando murió, tenía 21 años, no tuvo tiempo de experimentar la vida, no
estaba completo, no sabía nada. Cuando empezó a tomar heroína se fue del
mundo. Yo lo conocí bastante limpio, porque cuando estaba de gira en el
bus no tomaba drogas: mantenían a su novia Nancy lejos y por ende las
drogas estaban lejos. El la amaba, hablaba de Nancy constantemente.
¿Se encontró con él después del asesinato de Nancy?
–Poco después del crimen, cuando salió de la cárcel, donde estuvo
dos meses, Sid vino a un concierto de Blondie y yo lo hice pasar al
backstage. Estaba limpio, feliz, tan agradable. Pero en ese backstage
estaban todos aterrorizados porque no sabían si Sid era un asesino o no.
Todos conocían a Nancy de Nueva York, era parte del entorno de los New
York Dolls y de la escena en general. Yo no creo que él haya matado a
Nancy. No sé quién lo hizo: mi teoría, y la de muchos, es que alguien
entró a robarles, porque la puerta de su habitación en el hotel Chelsea
estaba siempre abierta, tenían mucho dinero ahí dentro y estaban siempre
dados vuelta. Le pregunté personalmente qué había sucedido y Sid me
dijo que él se había quedado dormido y, cuando despertó, Nancy estaba
muerta, asesinada. Yo le creí, le creo. Nunca la hubiera lastimado. La
amaba.
EL AMIGO AMERICANO
La primera vez que Bob Gruen vio a John Lennon y Yoko Ono fuera de
un escenario fue en el Apollo Theatre en 1972. La pareja más famosa del
mundo estaba esperando un auto para irse y Gruen les tomaba fotos.
Lennon le dijo, medio en chiste medio en queja, “la gente siempre nos
está sacando fotos y nunca las vemos”. Gruen le dijo que él se las
mostraba, se las llevaba a su casa si quería. Que se las pasaba por
debajo de la puerta, porque vivían muy cerca. “No se las pasé por debajo
de la puerta, les toqué timbre –cuenta–. Me abrió Jerry Rubin, el
activista, cosa que me sorprendió: esperaba a un secretario. Jerry me
preguntó si John y Yoko me estaban esperando y le dije que no. Y dejé
las fotos y me fui. Años después Yoko me dijo que eso los impresionó:
todos los que venían a su casa querían conocerlos, todos querían algo de
John y Yoko. Yo también quería conocerlos, claro, pero no forcé la
situación, traté de no ser molesto. Les di algo y me fui. No necesitaban
mis fotos, obviamente, pero se las quería dar.”
Led Zeppelin frente a su avión privado, 1973
Poco después, Gruen volvió a verlos durante una entrevista con la
Elephant’s Memory Band. La nota era en un hotel, pero Gruen pidió hacer
las fotos en el estudio, para tener imágenes de John y Yoko con la
banda. Yoko le dijo que podía acompañarlos al estudio, pero que debía
esperar hasta el final de la noche, porque no iban a posar. Gruen
esperó: estar toda la noche en un estudio con John y Yoko no era
exactamente un mal programa. “Al final sacamos fotos de la banda y tres
semanas después me encontré con el baterista: me dijo que estaban
tratando de encontrarme porque yo era el único que tenía fotos de la
banda completa, y que las querían ver. Fue él quien me llevó a la casa
de John y Yoko el día siguiente. A ellos les gustaron las fotos y
querían usarlas para el disco Sometime in New York City. Les mostré
otras fotos y nos quedamos charlando y tomando, normalmente, como hace
la gente, y después de unas horas me dijeron que la habían pasado bien
conmigo. Yoko dijo: ‘Queremos que seas nuestro amigo, que estés en
contacto con nosotros. Tenemos guardias cuyo trabajo es mantener a la
gente lejos, pero no te dejes intimidar por ellos’. Me dijo que si
alguien me decía que no podía verlos, yo tenía que volver a llamarlos
más tarde. Quedé contento y sorprendido. Así me transformé en el
fotógrafo personal de John y Yoko, y en su amigo.”
¿Sigue en contacto con Yoko?
–Claro. Hablamos una vez por semana. También tengo una relación
increíble con Sean, que es un chico muy cool. Siempre compartí música
con él y con mi hijo, les pasaba discos de Serge Gainsbourg, de hip
hop... El me presenta como su tío, cosa que me emociona mucho.
¿Era fácil fotografiar a Lennon?
–Muy fácil. Cuando lo conocí ya había sido un Beatle y era una de
las personas más fotografiadas del mundo. Se sentía muy cómodo ante la
cámara, no estaba harto de ser fotografiado para nada, como puede
pasarle a otra gente. Era un modelo natural, sabía cómo iba a verse,
tenía ideas, y era un tipo muy lindo, muy atractivo. Yo no tenía que
trabajar mucho.
Bob Gruen se enteró del asesinato de Lennon por teléfono. Cuando
recibió el llamado, estaba revelando fotos de John y Yoko en su
laboratorio. Esa noche debía encontrarse con ellos, pero estaba llegando
tarde. “Estaba destrozado. Pero enseguida me di cuenta de que el mundo
estaba mirando y de que no se trataba de un amigo mío: era John Lennon. Y
mi trabajo era encontrar la mejor de sus fotos para que los diarios
publicaran la noticia de su muerte. Así que me puse a buscar entre mis
negativos.”
Así apareció la foto con la remera de New York City.
Tina Turner en vivo, Nueva York, 1970
EL FIN DE UNA ERA
Bob Gruen fotografió a tantos rockers que la lista podría ser
interminable; él mismo asegura que no le falta ninguno, salvo Otis
Redding, que murió en 1967, cuando él recién empezaba a trabajar
profesionalmente. Ni entonces ni ahora es un entusiasta de la técnica.
Sin ningún apego por los viejos equipos, usa cámara digital sin
nostalgia: “Es más fácil, sabés lo que pasa, es automática, no tenés que
revelar... En fin, no soy un romántico. Hace treinta años había que
saber cualquier cantidad de matemática para encontrar la exposición
necesaria o ideal, para hacer foco, y yo no era muy bueno para eso, así
que no extraño esos días. Mis fotos no son técnicamente perfectas,
muchas no son siquiera buenas. Lo que yo siempre traté de captar es la
actitud, el sentimiento, la emoción, la atmósfera. Eso suele estar
reñido con la perfección técnica”.
Sin embargo, aunque encuentra las cámaras digitales más amigables,
Gruen saca muchas menos fotos por estos días. Por muchos motivos. Pero,
sobre todo, por saturación. “Yo solía sentir que tenía un deber, que con
este oficio tenía la responsabilidad de llevar un archivo histórico,
pero ahora lo hace cualquiera. Todo el mundo tienen una cámara en el
bolsillo. Hay demasiadas fotos en el mundo hoy.”
¿Y hay demasiadas bandas?
–Sí, pero sobre todo, no hay íconos. Cualquier chico en su
habitación tiene acceso a grabar y a la distribución. Estoy seguro de
que hay buenos grupos, pero es como encontrar una aguja en un pajar. Hay
cientos de miles de músicos haciendo pública su música, y mucha de esa
música es mediocre. En aquellos días tenías que ser muy cabeza dura, muy
determinado, para conseguir el dinero para una guitarra y un
amplificador. Tenías que desearlo de verdad, tenías que tener realmente
algo urgente para decir y tocar y tocar hasta que alguien te descubriera
y te pagara un disco. Era muy difícil y muy poca gente lo hacía.
¿Quién es interesante hoy?
–Estuve de gira con Green Day y me gustan mucho, me gusta su
actitud, su mensaje. Además, son divertidísimos. Ryan Adams es muy cool,
muy talentoso, está totalmente loco, puede retener la atención durante
medio segundo nada más. Estaba muy orgulloso de ser incluido en mi libro
Rock Seen, parecía un chico. Le dije que se lo merecía y se emocionó,
fue muy conmovedor. Courtney Love tiene algo especial. No sé de mucho
más.
¿Ya no busca nueva música, nuevos grupos?
–No. Pero no solamente porque es tan difícil hoy en día. En
realidad, nunca lo hice. Yo siempre busqué pasarla bien. Y todavía ando
buscando diversión.