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miércoles, 21 de noviembre de 2012

ENTREVISTA A "JACK EL DESTRIPADOR": JACK BRUCE, LA CREMA DEL BAJO.






La crema del blues

En los ’60 fue uno de los pioneros del blues inglés, fundador del Ealing Club y nombre fundamental de una escena propiciada por el mítico Alexis Korner, de la que salieron The Animals, The Yardbirds y The Rolling Stones. Su propia banda, nacida de aquel nido de blues, es un mito: Cream, con Eric Clapton en la guitarra y Ginger Baker en la batería, el primer power trío superexitoso. Cream duró poco, pero Jack Bruce, bajista fundamental, gran cantante, siguió con su carrera sin parar. Y ahora, a los 70 años, viene por primera vez a tocar a la Argentina con su Big Blues Band, su grupo de músicos jóvenes que mantiene viva la mística y la leyenda.

 Por Sergio Marchi

Poco tiempo atrás, en el mes de julio de 2012, se celebraron los cincuenta años de la creación del blues inglés. El festejo se realizó en el mismo lugar donde todo nació: el Ealing Club, que abrió sus puertas oficialmente el 17 de marzo de 1962, cuando Alexis Korner y Cyril Davies debutaron con la primera banda de rhythm and blues británica que utilizaba amplificación eléctrica, Blues Incorporated. Era toda una rareza que entusiasmaba a un selecto grupo de no más de doscientas personas en todo Londres. Jack Bruce, hoy con un pie en el avión que lo traerá a Sudamérica, estuvo en la celebración del medio siglo; no podía faltar: fue uno de los miembros fundadores de aquel club tocando el bajo en Blues Incorporated, el grupo de Korner y Davis, que de a poco fue atrayendo a lo que sería la crema de la crema de la música británica. Jack Bruce ya era un residente, mientras Mick Jagger, Keith Richards, Brian Jones, Rod Stewart, Eric Clapton y muchos otros eran apenas unos aspirantes.

Medio siglo más tarde, pisando los 70 años, pero con el mismo entusiasmo, Jack Bruce se apresta a visitar Buenos Aires. Su historia no es solamente la de un pionero que estuvo primero en el lugar adecuado sino la de un músico que transformó la historia del bajo eléctrico y que se constituyó en referencia ineludible para instrumentistas como Jaco Pastorius, Bootsy Collins, Flea y Sting, por nombrar sólo algunos. Esto se puso de manifiesto sobre la pulcra pantalla de la BBC en el documental que la señal estrenó a comienzos de 2012: Jack Bruce: The Man Behind The Bass. Se trata del mismo músico que habla con Radar por teléfono desde su casa en Inglaterra y se muestra un tanto escéptico con tanta alabanza filmada. “Sí, vi ese documental, de hecho participé mucho en él, me hicieron un reportaje muy largo y muy completo. Es muy lindo saber que tanta gente reconoce tu trabajo y tu influencia, pero tampoco me tomo muy en serio todo lo que se dice allí. Porque todos hablan bien, lo cual es lógico si aceptan participar en un documental sobre alguien; no vas a aceptar si esa persona te desagrada. Pero, dentro mío, yo sé qué es verdad y qué no es verdad de todo lo que se dice. Es una verdad personal. Sin embargo, me parece que todos los testimonios son honestos y sinceros, y eso me gusta mucho. Aunque no sea para tanto.”




Reducir a Jack Bruce al papel de bajista es olvidarse de que también ha sido muy importante su desempeño como cantante, utilizando un modo novedoso, inédito para los británicos hasta mediados de los ’60, cuando Bruce conformó Cream con Eric Clapton y Ginger Baker. La voz, la intensidad y el tono de Jack Bruce hicieron que Clapton prefiriera cantar solamente unas pocas canciones, pese a que ya se decía que era Dios. Era un estilo completamente nuevo y libre de frasear, alternando rugidos y falsetes de un volumen notable. Un estilo que quedó plasmado en canciones como “White Room” de Cream, en donde muestra una versatilidad vocal asombrosa. “Sí, es verdad que yo cantaba de un modo diferente del que se cantaba en aquel tiempo, pero tiene que ver con mi formación. Comencé a cantar cuando era niño en el coro de la iglesia, donde teníamos un repertorio de lo más variado con hits muy particulares del momento, antes de que apareciera el rock and roll. En ese coro tuve un gran entrenamiento y pude desarrollarme, pero después mi voz cambió, a los 13 o 14 años, así que tuve que cantar de otra manera, con el consiguiente reaprendizaje. Concretamente tuve un entrenamiento bueno en música clásica cuando estudié el cello, con un poco de canto. Entonces, cuando comencé a cantar en Cream, pude encontrar mi voz muy rápidamente por todo el conocimiento adquirido en la música clásica. Sin embargo, lo que salió fue el blues.”

Jack Bruce se ligó con la escena del Ealing Club porque su carrera musical se inició cuando era poco más que un niño. Sus habilidades como instrumentista se pusieron de manifiesto cuando explotaba el jazz en los años ’50 en Gran Bretaña, y había mucha demanda de bajistas. Así que, muy pronto, Jack Bruce comenzó a ser requerido y a ganar más dinero que su padre, lo que no era mal visto en la familia, pero sí en su escuela secundaria. “Yo aprendí a tocar el cello en la secundaria –recuerda Bruce–, tuve una formación clásica y después pasé al bajo. Pero eso duró poco tiempo porque no me gustaba practicar mucho y yo tenía ganas de tocar otras clases de música. Si te fijás en algunas biografías mías que están circulando por Internet, va a aparecer que me echaron del colegio por querer tocar jazz, pero desde ya te digo que eso es una mentira: yo soy el que se fue. Eso sí, me dieron a elegir: ‘Abandonás el jazz o te vas’. Y me fui.”



Lo habitual es que un músico de blues evolucione hacia el jazz, que es una música más sofisticada, pero Jack Bruce realizó el camino contrario y se zambulló de cabeza en el blues, que no dejaba de ser una novedad en Gran Bretaña. “Sí, el blues, pese a ser más simple, era algo más sofisticado. El primer contacto que tuve con algo que genuinamente pudiésemos llamar blues fue con los discos de Ray Charles, que tampoco era blues tradicional sino una mezcla más sofisticada aun de blues, jazz y otras cosas que estaban surgiendo. Y así es como descubrí esa música, ese sentimiento musical. Yo grabé un disco de jazz con un saxofonista británico llamado Dick Heckstall-Smith, que estaba también en una banda llamada The Alexis Korner Blues Incorporated, y me invitó a probarme para tocar con ellos. Así descubrí no solamente a Alexis Korner, que era todo un personaje, sino también que había una escena de blues en Gran Bretaña, lo que me llamó mucho la atención, porque el blues era una clase de música prácticamente desconocida, salvo para aquellos que tocaban jazz, como yo, que teníamos una idea. Pero no había bandas de blues puro. Fue una gran oportunidad tocar con Alexis Korner.”

De esa escena para pocos surgieron grupos para multitudes como The Rolling Stones, The Animals, The Yardbirds y la Graham Bond Organization, que fue el siguiente grupo en el que Jack Bruce participó y donde comenzó a conocerse con el baterista Ginger Baker, que había entrado a Blues Incorporated cuando Charlie Watts dejó ese grupo para sumarse a los incipientes Rolling Stones. La relación Bruce-Baker sería un vínculo de amor/odio; por un lado conformaron una de las bases rítmicas más poderosas de todos los tiempos, pero por el otro siempre tuvieron un enfrentamiento que solían trasladar al escenario, a los discos y a la convivencia dentro de una banda. De hecho, Bruce fue despedido de la Graham Bond Organization (a instancias de Baker) y consiguió trabajo en una banda pop muy exitosa: Manfred Mann, que gozaba de una segunda oleada de popularidad gracias a “Pretty Flamingo” en 1966, cuando Jack Bruce ya era su bajista... a regañadientes. “No fue una buena experiencia la de Manfred Mann porque eran un grupo muy pop. Yo no estaba muy feliz ahí adentro; la música no ofrecía ningún tipo de desafío, pero así eran esos tiempos. Yo tenía ganas de experimentar, tratar de encontrar una dirección poderosa para mi música, y estaba claro que eso no iba a suceder con Manfred Mann. Pero tengo que reconocer que con ellos hice un buen dinero. ¡Y vaya si lo necesitaba! No era mi idea musical, simplemente. Y reconozco que lo hice por la plata.”

John Mayall, otro patriarca del blues inglés, gozaba de un enorme prestigio que ponía a su alcance a lo más exquisito de la escena musical inglesa. Fue allí donde Eric Clapton se cruzó en algún show esporádico con Jack Bruce y tomó nota de sus habilidades musicales; también allí conoció a Ginger Baker, y después de dejar registrado el insuperable Bluesbreaker with Eric Clapton, disco que lo puso en primer plano, Clapton le propuso seriamente a Ginger Baker formar una banda. Pero la condición era que Jack Bruce fuese el bajista, a lo que Baker se rehusó desde el comienzo, pero que terminó aceptando. Ese fue el nacimiento de Cream, un parto inducido por Clapton, que cambió el sonido del rock británico. “Yo diría que mi relación con Ginger Baker no siempre ha sido mala –equilibra Bruce hoy–. Es una cuestión de disciplina; a veces uno estaba más disciplinado que el otro. Y el que estaba más disciplinado a veces tenía el rol del policía malo. Digamos que no nos llevábamos muy bien.”

En 1966, Cream marcó una nueva dirección en el rock inglés, inaugurando el formato de power trío, con excesiva amplificación (para aquel tiempo) y extraordinaria capacidad instrumental, condimentada con especias psicodélicas que llegaban desde Estados Unidos. Sabor que hoy Jack Bruce no reconoce. “En el comienzo de Cream, el espíritu que reinaba era el de hacer algo que fuera realmente bueno. En los primeros tiempos tocábamos blues, lo que estaba muy bien, pero yo quería escribir música que partiera del blues y que se extendiera por fuera del género. Nunca pensé que la música de Cream fuera particularmente psicodélica, ni siquiera ahora sé que es lo que significa la ‘música psicodélica’. Podría nombrarte drogas psicodélicas, ropas psicodélicas, pero no podría decir que nuestra música era psicodélica. Bah, a lo mejor sí, pero no lo sé. Lo que sí creo es que nuestra música era trascendental.”



Pese al impacto que hizo que Cream vendiera millones de álbumes y brindara shows memorables, su vida fue breve debido al conflicto eterno entre Bruce y Baker, que siempre ganaba el primero por disponer de un enorme equipo de amplificación. Baker acostumbraba a hacer un larguísimo solo de batería, y cuando Bruce lo consideraba excesivo, lo interrumpía. Clapton no pudo arbitrar esa querella y el grupo se disolvió. Jack Bruce inició entonces una carrera solista con suerte dispar, que arrancó con un gran disco, Songs for a Taylor, que tuvo mucha repercusión. Pero el espíritu nómade de Bruce lo llevó a formar un grupo de jazz, Lifetime, con el baterista Tony Williams y el guitarrista John McLaughlin, lo que no ayudó a que Bruce pudiera tener una carrera solista estable. Sin embargo, Bruce lo ve de otra manera: “Creo que mi carrera solista ha sido muy feliz porque he podido hacer muchas cosas y tocar con toda clase de gente”. Una de las experiencias más notables fue el haber compartido una grabación con Frank Zappa y el baterista Jim Gordon que terminó convirtiéndose en el clásico Apostrophe. Pero ninguno de los dos la recuerda como memorable. Zappa dijo que le resultaba complicado tocar con Bruce porque metía muchas notas. Bruce dice hoy: “Frank originalmente quería que yo grabase cello en ‘Apostrophe’, pero como no tenía uno utilicé el bajo e improvisamos toda la canción. Yo sabía que Frank tocaba la guitarra, pero pienso que era mejor como compositor”.





Jack Bruce tuvo una larga y fecunda carrera durante los ’80 y los ’90, esporádicamente interrumpida por problemas de salud, algunos de ellos derivados de excesos químicos que finalmente pudo controlar. Pese al castigo que sufrió su cuerpo, hoy, a los 70 años, transmite la misma pasión que en sus años juveniles sin que su habilidad musical haya sufrido en ese largo tránsito. “Tuve buenos y malos momentos –reconoce Bruce–; por ejemplo, la pasé muy bien cuando me sumé a la banda de Ringo Starr, a fines de los ’90. Fue un placer porque primero tocábamos canciones de Los Beatles, después algunas de Ringo, y por último cada uno de los músicos podía tocar tres o cuatro de las suyas. Era como una gran fiesta. Lo disfruté mucho y aprendí bastante trabajando con Ringo, sobre todo a la hora de armar un show.”

Contra todos los pronósticos, Cream volvió a reunirse en 2005 para tocar en el Royal Albert Hall (donde se despidieron en 1968) y en el Madison Square Garden. Los tres miembros consideraron la experiencia como positiva, aunque Bruce ponga alguna distancia. “La reunión de Cream estuvo bastante bien, aunque a la vez creo que tendríamos que haber seguido tocando juntos para llegar al verdadero grado de desarrollo que ameritaba una reunión de Cream. Pero creo que es más una cosa mía, dejémoslo ahí. Podríamos haberlo hecho mucho mejor. Yo prefiero seguir trabajando por mi cuenta, más que seguir pensando en otra reunión de Cream.”

Hoy, al frente de la Big Blues Band, Jack Bruce confiesa haber pasado por Ezeiza, pero siempre en conexión de vuelo. “Esta vez quiero pisar tierra firme –asegura–. Tengo una gran banda, son músicos mucho más chicos que yo, pero muy cuidadosos con lo que tocan, muy entusiastas, y sobre todo son muy divertidos.” Antes de la despedida, una última pregunta lo hace reflexionar a larga distancia. Jack Bruce sobrevivió al éxito, al fracaso, a las adicciones, a un cáncer que lo llevó a requerir de un trasplante de hígado. ¿De donde sacó las fuerzas? “Creo que es amar lo que hacés. Es todo lo que te puedo decir. Dejá atrás todo lo que te haga mal y seguí adelante, hasta que no puedas más. Yo no sé cómo lo hice, pero me di patadas en el culo hasta que arranqué.”
 
 


JACK BRUCE entrevistado por Gloria Guerrero.


 “Amo reencontrarme con mis viejas canciones”


Aunque su fama se estableció durante sus años con Cream, el trío que compartía con Eric Clapton y Ginger Baker, el bajista hizo música con medio mundo, desde Frank Zappa y Lou Reed hasta Ringo Starr y Mick Taylor. “Yo no toco jazz, yo toco Jack”, afirma.

Por Gloria Guerrero

Jack Bruce no había salido aún de la adolescencia cuando ya tocaba con los pioneros del rhythm & blues inglés: Alexis Korner y Graham Bond. A poco de cumplir la mayoría de edad formaba Cream con Eric Clapton y Ginger Baker, el power trío que en lo poquísimo que duró –sólo tres años– vendió 16 millones de discos y terminó inventando una nueva manera de hacer música en serio. Desde entonces, el cantante, compositor y bajista escocés (también guitarrista, tecladista, armoniquista y chelista) ha conseguido una carrera brillante; trabajó con los instrumentistas más respetados y dejó –y sigue dejando– algunas de las canciones más recordadas de la historia. Y también algunas de las zapadas más intensas de la historia: “Sweet Wine”, del primer disco de Cream (Fresh Cream, 1966), cuya duración original era de 3,27 minutos, a lo largo de los años fue estirándose y estirándose hasta alcanzar versiones de 6,40... 7,17... 9,25... ¡y 14,12!, a puro vapor. Hoy muchos críticos prefieren dejar de lado la palabra “rock” y consideran a Bruce “un músico de jazz y blues”. ¿Pero a él qué le parece? “Yo no toco jazz, yo toco Jack”, se ríe el hombre que en mayo próximo cumplirá 70 y que dentro de pocas horas dará un concierto en el teatro Gran Rex de Buenos Aires. Resulta inexplicable, si se habla de un país que ha recibido a prácticamente todo bicho cantor que camine o se arrastre por el orbe, que sea ésta la primera vez que Bruce toca en la Argentina.
Se sabe que detrás de todo gran bajista hay un gran baterista, pero a la hora de preferir a algunos, a Bruce le cuesta: “No me gusta tener que elegir”, admite. “Pero tengo recuerdos maravillosos de cuando toqué con Tony Williams, y con Ringo Starr...” Bruce giró con la All-Starr Band entre 1997 y 2000; con Tony Williams (ya fallecido, ex baterista del gran Miles Davis cuando tenía sólo 17) compartió a comienzos de los ’70 el Tony Williams Lifetime, cuarteto que se completaba con John McLaughlin en guitarra y Larry Young en órgano. Luego de la disolución de Cream, y antes de Williams, Bruce había formado una banda con Larry Coryell y el ex baterista de Jimi Hendrix: Mitch Mitchell. Luego, y hasta ahora, ha seguido siendo el líder de sus propios grupos, que incluyeron valiosos instrumentistas como Mick Taylor, Billy Cobham, Simon Phillips, Carla Bley, David Sancious o Gary Moore. Su discografía propia es apabullante, al igual que sus trabajos en colaboración: entre otros, estuvo con Lou Reed (en Berlin) y Frank Zappa (juntos compusieron las canciones de Apostrophe). Pero cuando se le pide que elija a sus dos guitarristas preferidos, es escueto: “John McLaughlin y Eric Clapton”, dice. Pero hubo otros, claro.

–En 1981, usted editó dos trabajos junto con Robin Trower: B.L.T. y Truce. En 2008, más de un cuarto de siglo después, los temas de ambos discos fueron compilados en 7 Moons, más algunas canciones nuevas. ¿Cómo surgió la idea de este reencuentro y qué tan natural le resulta componer junto al “Hendrix blanco”? –Bueno, Robin quería reeditar nuestros primeros álbumes en CD y le sugerí que compusiéramos un par de temas nuevos. Siempre es un placer trabajar con grandes músicos, y Robin es uno de los artistas más honestos y dedicados que he conocido en toda mi vida; también es un placer tocar junto con el finísimo baterista que participó en 7 Moons, mi gran amigo Gary Husband. El proyecto surgió de un modo tan sencillo y tan natural que decidimos hacer el álbum completo. De paso, Robin muere por las tostaditas de queso que hace mi mujer, Margrit, así que eso terminó de sellar nuestro pacto y escribimos 7 Moons en mi propia casa.

–Hace un par de años, luego de la reunión de Led Zeppelin, las redes sociales y YouTube intentaron hacer un escándalo con una declaración suya: “Cream es una banda diez veces mejor que Led Zeppelin”, dicen que dijo. ¿Lo dijo? Más aún: ¿lo piensa? –No, no... Hice una pequeña broma acerca de Zep y la prensa lo convirtió en una bola de nieve. De hecho, Jimmy Page es un antiguo gran amigo mío, y en las viejas épocas solíamos tocar juntos todo el tiempo. Por cierto, Jimmy vino a mi más reciente concierto en Londres, sólo para saludarme.

–Y, además de admirarlo como guitarrista, ¿qué tal se lleva con Eric Clapton (“God”)? La mayoría cree que el título de su precioso álbum de 2003, More Jack Than God (Más Jack que Dios), es una cargada a Clapton, por aquel “divino apodo” de las épocas de Cream. –Se dijo eso, y es momento de aclararlo... El título More Jack Than God viene de una sesión para aquel disco, donde yo tocaba la guitarra acústica junto con el guitarrista Godfrey Townsend. El ingeniero de grabación quería definir los volúmenes relativos de las dos guitarras y me preguntó si yo prefería “Más Jack que God” (por Godfrey)... ¡y ahí supe que ya tenía el título!

 

–Cream se separó inesperadamente, en su mejor momento; ¡llegó a decirse que Ginger Baker lo corrió a usted con un cuchillo! El trío se ha reunido más de una vez, pero después de los conciertos de 2005 se lo citó declarando: “Cream se terminó”. ¿De verdad cree que se terminó? –Primero, lamento desmentir lo del cuchillo: eso nunca pasó... Cream se separó porque Eric y yo queríamos hacer cosas diferentes. En cuanto a si Cream se acabó, mire: teníamos planes para reunirnos en 2013, pero creo que Ginger dijo o hizo algo que puso furioso a Eric... ¡y entonces ahora no sé qué va a pasar!
–Por más que el público se lo siga pidiendo y no pueda evitarlo, ¿le da placer tocar canciones de Cream en sus shows? –Me encanta hacer algunos de mis viejos temas. Son como mis hijos: ya tienen sus propias vidas en el mundo, pero me gusta encontrarme con ellos y saludarlos, una y otra vez.
–¿Qué música viene escuchando estos días? –Ah, Louis Armstrong Hot Five, el trío folk escocés Lau, Radiohead, Blind Willie Johnson, Nusrat Fateh Ali Khan, el nuevo álbum de Bobby Dylan: Tempest, Astor Piazzolla, las sonatas de piano de Prokofiev y Nikolai Kapuskin.

–La banda que lo acompaña en esta visita (His Big Blues Band) está formada por siete músicos muy jóvenes. ¿Cómo los eligió? –Yo no los elegí, ellos me eligieron a mí, y el destino nos juntó. Son los músicos más maravillosos de la nueva generación inglesa y los adoro. Y me parece que ustedes los van a adorar también.



Jack Bruce: “Soy un gran fan de Piazzolla”

En los ‘60, este bajista escocés conformó el power trío blusero Cream, con Eric Clapton y Ginger Baker. Hoy toca por primera vez en la Argentina y confiesa su amor por el tango.
Por Alfredo Rosso

Jack Bruce lleva más de medio siglo tocando rock, blues, jazz, avant-garde y hasta ritmos latinos. Bajista virtuoso y cantante de voz educada, fue pilar del legendario trío Cream, junto a Eric Clapton y Ginger Baker (de hecho, Clapton optó por dejarle la voz principal de la banda), y compuso clásicos como Sunshine of your Love y White Room . Antes de su debut en la Argentina - hoy por la noche, en el teatro Gran Rex-, el destacado músico escocés habló por telefóno con Clarín . Una verdadera leyenda del rock inglés, cuyo modelo de power trío, con base en el blues, inspiró incluso a nuestro Manal.

Hace cincuenta años entrabas en la Blues Incorporated de Alexis Korner, de donde salieron los propios Rolling Stones. ¿Qué recuerdos tenés de tus días con Jagger y Richards?

Tenía diecinueve años cuando toqué con Korner y fue fantástico hallarme en el centro de la escena musical londinense. Ese período -de 1960 al ‘63- fue un período muy excitante, porque el país todavía estaba bajo la sombra de la Segunda Guerra Mundial, de modo que ser parte del surgimiento de toda esa música fue como salir del blanco y negro hacia el color. Y yo tuve la enorme suerte de pulir mi arte y mi oficio con grandes músicos a mi alrededor.

De allí pasaste a la Graham Bond Organization...

Sí, y fue como ir a la universidad. Tuve una educación formal, en un conservatorio escocés, pero en un momento lo dejé para “salir al camino”. Allí comenzó mi verdadero aprendizaje. Con Graham Bond (un músico con raíces en el jazz que impuso el órgano Hammond en el Rhythm & Blues Inglés), fui acopiando ideas que luego se convertirían en canciones de Cream y de mis discos solistas. Fue una época muy creativa e intensa. ¡Llegamos a tocar trescientos recitales en un año!

Cream eran dos grupos: en vivo abundaban las improvisaciones virtuosas, pero en estudio exploraban nuevas posibilidades musicales. ¿Cómo hicieron todo eso en apenas dos años?

¡Trabajamos muy duro! (risas) Me gustaba estar en el estudio con Cream, porque fue la primera vez que tuvimos la chance de experimentar con sonidos, instrumentos, texturas. Antes simplemente entrabas, grababas y te ibas.

The Sound of ‘65 de la Graham Bond Organization se hizo en apenas tres horas… ¿Como viviste la reunión de Cream del 2005?

Llenó mis expectativas, hasta cierto punto, porque no estaba muy bien de salud. Estaba convalesciente de una operación muy seria y hubiera preferido esperar un poco más para recuperar del todo mis fuerzas, pero los tiempos de los músicos son así. Y aunque quizás no tuvimos la misma intensidad de 1967 o ‘68, fue realmente genial volver a tocar con Eric y con Ginger.

En años recientes tu música incorporó ritmos latinos. Hasta tenés un tema llamado “Milonga” en tu álbum “Shadows in the Air”.

He tocado con grandes músicos cubanos y portorriqueños, como Horacio “El Negro” Hernández y Milton Cardona, de quienes aprendí mucho sobre ritmos latinos. Y soy un gran fan de Astor Piazzolla.
Milonga fue improvisado en el estudio y aunque no sea una milonga, estrictamente hablando, es un homenaje a Astor y también un tributo a la música de la Argentina. Siempre fue mi ambición viajar a Sudamérica y, por una razón u otra, nunca se me había dado, así que estoy entusiasmado con esta visita. Es un sueño hecho realidad.

Has tocado en todos los formatos imaginarios: power tríos, cuartetos de jazz-rock, grandes orquestas. ¿Qué podés decirnos de la Big Blues Band con la que tocarás aquí?

Estamos juntos desde hace dos años, tocando mucho en Europa. Pienso que están entre los mejores músicos jóvenes que ha dado Gran Bretaña en los últimos tiempos. Además de grandes instrumentistas tienen un gran entusiasmo. Debo decir que hacemos un buen ruido juntos...


JACK BRUCE EL MÍTICO BAJISTA DE CREAM PASÓ POR BUENOS AIRES.


 

29 octubre, 2012

 

 Por: Alfredo Rosso

 


Jack Bruce pasó por el escenario del Gran Rex y fue una lección de música superlativa, sin etiquetas. Porque el legendario exCream tiene una base musical asentada sobre tres soportes bien definidos: el blues, el jazz y el rock, pero el repertorio que paseó por Buenos Aires también tiene un rincón especial para “Theme from an imaginary western”, una exquisita, sensible balada que forma parte de su canon musical desde que integrara su primer álbum solista, Songs for a Tailor, en 1969.

 
La estructura de la Big Blues Band permite ese ir y venir pendular cuyos extremos están firmemente asentados en la fusión de jazz y blues: la interacción más común se da entre las ráfagas que dispara el bajo de Jack y los dibujos de la experta guitarra de Tony Remy, pero hubo asimismo salpicadas interjecciones de percusión a cargo del baterista Frank Tontoh, una base poco conspicua pero efectiva en la construcción del sonido global en los teclados de Paddy Milner, y un significativo protagonismo  del trío de vientos –trompeta, saxo y el destacado trombón de Winston Rollins- a la hora de rubricar los arreglos y de trenzarse en el ir y venir de las improvisaciones instrumentales. Que están a la orden del día para dar una nueva dimensión a clásicos marcados a fuego en el ADN musical de Bruce, como “Politician”, “White room”, “We’re going wrong”, “Deserted cities of the heart” y “Sunshine of your love”, baluartes de la era Cream a los que podríamos agregar el blues “Spoonful” de Willie Dixon, hecho famoso por Howlin’ Wolf, y “Born under a bad sign” que popularizó en primer término Albert King. Podemos agregarlos sin dudarlo, porque el famoso trío que completaban Eric Clapton y Ginger Baker supo hacerlos suyos durante los escasos veintinueve meses que duró su arrollador embate de blues eléctrico y psicodelia. Que Jack Bruce aún pueda recrearlos con energía y autoridad, y hacer que conserven la relevancia de su mensaje intacta habla a las claras de que nos encontramos ante un músico verdaderamente excepcional.

 
Aunque el sonido de sala tuvo altibajos, es admirable comprobar que Bruce –además de su virtuosa maestría al comando del bajo fretless- conserva buena parte de su voz intacta en el umbral de los setenta años. Y no es una voz cualquiera: es un registro que puede acomodar la sutileza épica del citado “Theme for an imaginary western”, la intriga de “Ticket to the waterfalls”, la ironía sarcástica de “Politician” y el fatalismo de “Born under a bad sign”, dosificando la potencia y la tonalidad que requiere cada uno de esos temas. Vuelvo sobre el tema del repertorio porque se me antoja que este recital fue, en miniatura, un compendio apretado de la historia musical del gran músico escocés: pasó por sus influencias primales, y aquí a las citadas debo añadir la de Buddy Guy, que estuvo presente en el tema de largada, “First time I met the blues”. Luego Jack honró su pasaje por la Graham Bond Organization haciendo uno de los favoritos de aquella banda pionera de la fusion jazz/blues: “Neighbour neighbour”.
El final fue con otro tema de Willie Dixon, “Mellow down easy” y antes que de que ese estándar cerrase la cortina del Gran Rex, apareció otra muestra del Jack Bruce multidimensional: “The consul at sunset”, la rumba basada en la obra “Under the volcano”, del escritor Malcolm Lowry, que Jack grabara en otro de sus álbumes imprescindibles, Harmony Row, allá por 1971. Uno de los grandes, de todos los tiempos, pasó por Buenos Aires, y fue una noche inolvidable.


Jack Bruce en el Gran Rex 

 

 

Pocas bandas tuvieron una influencia tan notable en los músicos fundadores del rock nacional como Cream. Manal, Pappo’s blues, Pescado Rabioso y tantos otros tomaron muchas cosas del power trío integrado por Eric Clapton, Jack Bruce y Ginger Baker, poco después de que hubiera revolucionado el mundo del rock con una combinación letal de blues y psicodelia. Hoy, a 45 años de la irrupción de la banda inglesa, el 33 por ciento de esa formación, Jack Bruce, se presentó en vivo en el Teatro Gran Rex acompañado por media docena de músicos que conforman la Big Blues Band.

Baltasar Comotto
Baltasar Comotto, guitarrista del Indio Solari y del fallecido Luis Alberto Spinetta fue el telonero del legendario bajista escocés. Abrió con Sacude tu mente y siguió agitando las cuerdas de su Gibson Les Paul dorada con temas como Milestones y Blindado. Fueron seis canciones en media hora y Comotto y su banda se llevaron un discreto aplauso del público.

Jack Bruce –campera de cuero, camisa y jeans- apareció en escena dando unos pasos cortos, con su bajo a cuestas, mostrando algunas dificultades para caminar. Sólo lo acompañaban el guitarrista Tony Remy y el baterista Frank Tontoh. Comenzaron con First time I met the blues, un tema de Buddy Guy que no sonó para nada bien. La guitarra estaba muy arriba, la voz de Bruce casi no se escuchaba y la batería retumbaba sin piedad. Para el segundo tema -Neighbor, neighbor- subió la sección de vientos y el tecladista Paddy Milner. Aquí sonaron un poco mejor, pero la voz de Bruce seguía perdida, un poco porque el micrófono estaba bajo y otro poco porque los años hicieron mella en sus cuerdas vocales.

Paddy Milner y Jack Bruce
El primer tema que tocaron de Cream fue Politician. Claro que los vientos y el hammond le dieron un marco muy distinto a la versión que estamos acostumbrados a escuchar en Wheels of fire. Born under a bad sign, el clásico de Albert King, fue la siguiente canción que encaró la banda, con la guitarra poco ortodoxa de Remy desafiando a los solos del bajo. Cuando terminó, Bruce se sentó al piano. “Estoy contento de poder sentarme. Estoy algo cansado”, dijo mientras tocaba los primeros acordes de Theme for an imaginary western, ya con Nick Cohen cubriéndolo en el bajo.

Spoonful, de Howlin’ Wolf, fue el siguiente blues de la noche. Aquí el sonido había mejorado un poco y se pudo disfrutar el exquisito solo de trombón de Winston Rollins. Después, para el cierre, vinieron cuatro temas de Cream concatenados: la balada épica We're going wrong, Deserted cities of the heart –con dos bajos en escena- y los clásicos White room, que derivó con un enérgico solo de batería, y Sunshine of your love.

Jack Bruce decidió hacer uno de los bises sentado al piano. Cuando todos esperaban algún tema conocido él optó por The Consul at sunset, editado en su disco solista de 1971, Harmony row. Dejó el piano, volvió a tomar el bajo eléctrico y se acercó al micrófono. Desde la platea le pidieron Strange brew, I’m so glad y otros. Por un segundo pareció que él les iba a dar el gusto pero finalmente eligió Mellow down easy, de Willie Dixon. Y así se fue un show dispar, en el que Bruce hizo lo mejor que pudo y con onda, pese a que el sonido no estuvo a la altura de su leyenda. Pero al público pareció gustarle y él prometió regresar.


 En la noche del jueves 25 de octubre, Jack Bruce & Big Blues Band brindó un excelso recital en el teatro Gran Rex. Marcha te cuenta aquí la primera vez en Buenos Aires de este viejo blusero de ley.





 
 

Por Ariel Hendler. 


Lo mejor, como decía Kafka, es empezar por el medio. Pues bien, ahí al borde del escenario el setentón Jack Bruce machaca el eterno “spoonful, spoonful, spoonful” con voz algo cascada. Como lo hacía 45 años atrás en el primer long play de Cream, el power trío que compartió con Eric Clapton y el baterista Ginger Baker, y al que le debe el 99 por ciento de su fama y su leyenda. Fue su bajista, compositor, motor creativo, hombre orquesta y cantante en los dos o tres años que duró (´66/´68), tiempos vertiginosos y frenéticos. “Spoonful, spoonful, spoonful”, nos martilla ahora directo a los oídos y al corazón, en su primera visita a la Argentina.
La Big Blues Band que lo secunda tiene poco de las dos primeras “B”. Más bien, es un típico cuarteto de rock elaborado con una modesta sección de tres bronces. Recuerda sobre todo a un fugaz grupo que formó a mediados de los 70, que incluía también a Mick Taylor (dejó a los Stones para sumarse), sin nombre y que ni siquiera llegó a grabar, aunque se puede encontrar algo en youtube.
Un rock maduro, bien macerado, casi progresivo. Tal vez, un poco menos crudo que este, el que suena ahora en el Gran Rex,  35 años más tarde, apenas tamizado por el sonido envolvente de un órgano. Y con los bronces en clave asordinada, disonante, para poner unos acentos dark en el momento justo.

En el medio del escenario, con su bajo fretless a alto volumen y bien saturado como protagonista excluyente de la masa sonora, JB lleva la melodía, hace yeite, ordena y distribuye como un director de orquesta, ataca y contrapuntea. Y aparece en toda su dimensión cuando se bate con el guitarrista Tony Remy en unos duelos de cuerdas sin vencedores ni vencidos. Vestido como para ir a hacer las compras, canta, improvisa una especie de scat, bromea y hace gestos de Joe Pesci en Buenos Muchachos. Pega una vueltita canchera por el escenario “como si fuera Bryan Ferry” y se ríe solo de su poca gracia. Sale mucho mejor parado cuando posa de perfil haciendo pata ancha: casi un logotipo de sí mismo.

Antes de JB, el bajo solía recaer en seres oscuros como Bill Wyman (RS) y John Entwistle (Who), o poco dotados como Stu Stucliffe en los proto Beatles. Más tarde, a fines de los 70, lo puso de moda el jazz-rockero Jaco Pastorius. Nadie recordaba entonces que Jack Bruce había inventado todo mucho antes, en Cream cuando se animó a meter su bajo a la misma altura que la viola de Clapton. Porque él es el hombre del bajo por excelencia en la historia del rock, el “Bajo-Man”, aunque su baja estatura de antihéroe, su falta de vocación para el estrellato y su nulo instinto marketinero hayan conspirado contra su beatificación.

Hasta se abstuvo, y se lo agradecemos, de haberse subido al tren del boom tardío del blues entre fines de los 80 y principios de los 90, años vacíos en los que endiosó a los Blues Brothers, Buddy Guy, Stevie Ray Vaughan: una moda retro. Esos años en que un B.B. King reinventado por U2 venía a Buenos Aires a tirarle púas al público en shows que daban vergüenza ajena. Puro circo, puro curro. Pero la historia de Jack Bruce pasa por otro lado, como se va notando a medida que transcurre el concierto, porque acá no hay nada de show.

En esta Big Blues Band, no están las letanías y nostalgias casi for export del blues ortodoxo, más allá de un sentido homenaje al género con “La primera vez que conocí el blues” (First time I Met the Blues), tema que viene de sus inicios en el under londinense con el grupo de Graham Bond. Tampoco nos somete a esa “solomanía” rutinaria que muchas veces se agota ya al segundo tema. Hasta la versión de Spoonful es “oscurísima”, con todo el protagonismo para el trombón. Sin demagogia. Como si no le interesara contarnos el mismo cuento que ya sabemos.

Porque lo de Jack Bruce es otra cosa, como se va notando a medida que transcurre el concierto. Una muralla maciza y compacta de sonido en la que el bajo, siempre en el registro más grave, funciona como al mismo tiempo como la columna vertebral  y la amalgama que llena todos los huecos. Una perfomance demoledora, por citar un lugar común –aunque adecuado en este caso. Pero también hay un descanso cuando el multi instrumentista JB se sienta al piano (y el interés decae), y un gran final a puro Cream, con hits White Room y Sunshine of Your Love atendidos por su propio dueño.
La respuesta es un cantito futbolero, de los más jóvenes, para pedir los bises: “Olé, olé, olé, olé/Jack Bruce, Jack Bruce”. Los cincuentones, amplia mayoría, satisfechos por haberse cobrado una vieja deuda pendiente.

Jack Bruce & Big Blues Band está compuesto por Jack Bruce - Voz, bajo, piano-, Tony Remy - Guitarrra-, Frank Tontoh - Batería-, Paddy Milner - Piano, órgano-, Nick Cohen - Bajo (suplente)-, Winston Rollins -Trombón-, Derek Nash - Saxo Tenor- y Paul Newton - Trompeta-.

sábado, 3 de diciembre de 2011

JACK BRUCE, EL MEJOR BAJISTA DE LOS ¨60 Y SU INSOLITO BAJO: EL FENDER BASS VI.


     
Uno de los instrumentos más peculiares creados por Fender fue el Bass VI, un bajo de 6 cuerdas, escala corta, cuerdas de calibre ligero, y afinado una octava más grave que una guitarra. Pocos fueron los músicos que adoptaron este instrumento, que se puso a la venta en 1961 y fue retirado de la circulación en 1975 a causa de su escaso éxito comercial.
Pero si por algo merece ser recordado este modelo es porque uno de los pocos instrumentistas que lo usó regularmente fue Jack Bruce: probablemente el mejor bajista de los años 60.
A principios de la década de los 60, la casa Fender ya había creado instrumentos tan extendidos como las guitarras Stratocaster y Telecaster o los bajos Precision y Jazz Bass, perfectas combinaciones de diseño, funcionalidad y robustez. Sin embargo, para la creación del Bass VI, Fender no partió de una idea original, sino que copió el concepto del bajo de 6 cuerdas de la empresa Danelectro, que ya había comercializado un modelo de estas características en 1956. El modelo de Danelectro hizo fortuna entre los músicos country, que lo utilizaban como “tic tac bass”: doblaban el bajo normal con el de seis cuerdas, más agudo que aquel, obteniendo un sonido especial.

El modelo de seis cuerdas de Fender no tuvo la misma suerte. Hasta su retirada del mercado en 1975 se fabricaron menos de 800 unidades. Quizá el motivo de su fracaso fuera que el Bass VI pretendía ser un modelo intermedio entre bajo y guitarra, con características de uno y otra, resultando demasiado ambiguo para encontrar un nicho de mercado lo suficientemente amplio.

Las peculiaridades del Bass VI

 

  

Las características del Bass VI que lo acercaban a una guitarra eran las siguientes:
  • El cuerpo se asemejaba al de la guitarra Fender Jazzmaster, y era idéntico al de la Fender Jaguar que se comercializaría posteriormente, a partir de 1962.
  • Disponía de tres pastillas, lo que le daba enormes posibilidades sonoras frente a las dos pastillas del Jazz Bass o las dos “medias pastillas” del Precision Bass.
  • Era posible seleccionar las pastillas individualmente mediante tres interruptores.
  • Contaba con una palanca de vibrato, algo impensable hasta entonces en un bajo.
Pero además, se diferenciaba de los bajos ordinarios en:
  • La escala, es decir, la longitud desde la cejilla hasta el puente: 30″ frente a las 34″ de los bajos normales.
  • El calibre de las cuerdas, que eran más delgadas, produciendo un sonido más agudo. El bordón (la cuerda más gruesa) tenía una medida de 0.95, frente a la medida standard de 1.05. En esto se diferenciaba del modelo de 6 cuerdas de Danelectro, que usaba un calibre aún más ligero (0.84 el bordón).
No obstante, las peculiares características del Fender Bass VI también ofrecían ciertas ventajas: la escala corta y el calibre de las cuerdas facilitaban la velocidad en la ejecución, especialmente para tocar solos. Sin embargo, para aprovechar esta característica era preciso acostumbrarse a las medidas del instrumento, dado que las cuerdas y los trastes estaban menos separados entre sí que en un bajo ordinario. En la práctica, eran pocos los bajistas dispuestos a cambiar sus hábitos para aprovechar las características del Bass VI.


 

Jack Bruce

 

Pero Jack Bruce no era un bajista cualquiera. En su juventud había recibido formación musical clásica, y tocaba contrabajo, cello, piano y armónica. Sus gustos musicales le inclinaban hacia el Jazz, lo que le hizo abandonar sus estudios de música clásica. Tras establecerse en Londres a principios de los 60, se incorporó a Blues Incorporated, el grupo de Alexis Korner, pionero del Rhythm’n'Blues británico. En esta época, Bruce tocaba el contrabajo.
En 1963, Graham Bond, miembro de Blues Incorporated, abandona a Alexis Korner y se lleva con él a Jack Bruce y al batería Ginger Baker, futuro compañero de Bruce en Cream. Con el grupo de Graham Bond, además de seguir tocando Rhythm’n'Blues con raices en el Jazz, Bruce y compañía empiezan a participar en sesiones de grabación para otros artistas, con lo que obtienen unos ingresos adicionales. Es entonces, alrededor de 1964, cuando Jack adquiere el Bass VI, un modelo sunburst (como el mostrado en la imagen) mucho más manejable que el contrabajo, y más versátil para las sesiones de grabación.
¿Por qué se decidió Jack Bruce por este insólito modelo de bajo?
Probablemente influyeron en la decisión la posibilidad de tocar solos (más habituales en el Jazz que en el Pop) y las posibilidades que ofrecían las tres pastillas, lo que le permitiría cambiar el sonido para tocar Jazz y Rhythm’n'Blues o sesiones para otros artistas. En cuanto a la necesidad de adaptarse a las medidas del instrumento, no debía ser un gran problema, pues Bruce ya había pasado del cello al contrabajo con anterioridad.

Jack Bruce con Graham Bond

 

Durante 1965, Jack Bruce graba dos álbumes con el grupo de Graham Bond, la Graham Bond Organization: The Sound Of ’65 y There’s A Bond Between Us. En ambos alterna el contrabajo con el Bass VI, y en ellos puede apreciarse su sonido, algo más apagado que el de un bajo ordinario. Obviamente, también puede apreciarse la técnica de Bruce, cuyo modo de tocar era calificado por su compañero Ginger Baker como “too busy” (demasiado ocupado, demasiado activo)1. En realidad , la banda de Graham Bond carecía de guitarrista, y esta carencia era suplida por el bajo de 6 cuerdas de Bruce. Así lo contaba el propio Graham Bond en la revista musical Melody Maker en marzo de 1965: “Hablando de sonidos, decidimos romper con la guitarra solista. Jack Bruce, con su guitarra baja de seis cuerdas, consigue un sonido que es virtualmente una guitarra. Toca solos inverosímiles y también es un fabuloso contrabajista. Su modo de tocar la harmónica y cantar también son de lo mejor”

El origen de Cream

 

Con su Bass VI como instrumento principal, Bruce toca también durante un tiempo con los Bluesbreakers de John Mayall tras ser apartado del grupo de Graham Bond por sus continuas discusiones con Ginger Baker. En los Bluesbreakers coincide con el guitarrista Eric Clapton, que no olvidará la forma de tocar de Bruce. Esto ocurre a finales de 1965. Pero durante los primeros meses de 1966, Jack Bruce cambia su puesto en los Bluesbreakers por los más comerciales Manfred Mann. Con ellos graba el single Pretty Flamingo, nº 1 en las listas inglesas y en el que toca el Bass VI. Se cuenta que en las sesiones con Manfred Mann Bruce apenas ensayaba previamente, pero tampoco fallaba una nota.
En el verano de 1966, la suerte cambia radicalmente para Jack Bruce, que pasará de secundario de lujo a figura de primera fila. Ginger Baker convence a Eric Clapton para formar un grupo juntos, y este insiste en contar con Jack Bruce en el bajo. Así nace Cream, el primer supergrupo de la historia, tres virtuosos compenetrados magistralmente en lo musical, a pesar de que Baker y Bruce apenas se soportaban mutuamente.

En Cream, Bruce goza de cierta libertad creativa, y en directo los tres músicos realizarán largas improvisaciones que les permiten experimentar con su instrumento. Bruce empleará su viejo Fender Bass VI, que para entonces ya muestra bastantes señales de uso, pero sigue siendo el instrumento principal de Jack, con el que graba el primer album del grupo, Fresh Cream (1966).

Pintura psicodélica

 

 


En marzo de 1967, Cream se encuentra en plena ascensión. Para promocionarse en América, se embarcan en una serie de conciertos organizados por el Disc Jockey norteamericano Murray The K. Para la ocasión, los instrumentos del grupo son decorados por el equipo artístico The Fool (Simon & Marijke). La Gibson SG de Eric Clapton y el Fender Bass VI de Jack Bruce son pintados a la moda psicodélica.
Pero esta renovación del viejo Bass VI de Bruce, en vez de darle nueva vida, va a suponer su retirada de la circulación. La pintura se cuela en los circuitos electrónicos del instrumento y Bruce toma la decisión de sustituirlo. Pese a todo, en algunas actuaciones televisivas sigue utilizándolo durante un tiempo por simple cuestión de imagen.
Para entonces, Jack Bruce ya es considerado el mejor bajista pop del mundo, y de ello dan fe tanto el álbum Fresh Cream como las actuaciones en directo del trío. Pero el viejo Bass VI ya no verá los días de mayor gloria de Cream. Su sustituto será durante unos meses un Danelectro Longhorn de 4 cuerdas y escala corta comprado en Nueva York. Pronto será reemplazado a su vez por un Gibson EB-3 de 4 cuerdas y escala corta con el que Bruce terminará de definir su sonido más característico a lo largo de 1968.