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sábado, 1 de marzo de 2014

25 de febrero de 2014 LA DESPEDIDA A PACO DE LUCIA, FIGURA IRREPETIBLE DE LA GUITARRA

Paco de Lucía



 El músico que prefirió ser salvaje antes que intelectual

Un infarto lo sorprendió en México, donde vivía la mayor parte del año. Desde sus inicios con Sabicas, Francisco Sánchez Gómez creció y produjo cruces memorables, dándole al flamenco una dimensión que cautivó a públicos de todo el mundo.

Por Diego Fischerman

 Francisco Sánchez Gómez (Algeciras, Cádiz, España, 21 de diciembre de 1947 - Playa del Carmen, Quintana Roo, México, 25 de febrero de 2014),1 de nombre artístico Paco de Lucía, fue un compositor y guitarrista español de flamenco.
Recibió, entre otros muchos galardones, el Premio Nacional de Guitarra de Arte Flamenco, la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes (1992), la Distinción Honorífica de los Premios de la Música (2002) y el Premio Príncipe de Asturias de las Artes (2004). Fue Doctor Honoris Causa por la Universidad de Cádiz y por el Berklee College of Music, distinción concedida en mayo de 2010.

Aunque casi toda su obra se desarrolla en el flamenco, grabó algunos trabajos en otros estilos, como la música clásica, la fusión del flamenco con el jazz y otros estilos musicales.

Paco de Lucía


La muerte nunca es recibida de buen grado. Y siempre es un poco sorpresiva. Pero, a veces, mucho más. Paco de Lucía había estado en Buenos Aires en noviembre pasado, después de dieciséis años de ausencia. Sus conciertos en esta ciudad fueron magistrales. Paco de Lucía, apenas este martes, estaba jugando con sus nietos en la playa de Tulum, donde vivía la mayor parte del año. Un fuerte dolor en el pecho hizo que lo llevaran al hospital Hospitem, en la ciudad de Playa del Carmen. Y falleció allí, en la sala de urgencias. Un infarto acabó, a los 66 años, con el músico que les había dado un nuevo estatuto a la guitarra y al flamenco. Con el que se había animado a releer la tradición y con el que fue capaz de juntarse con guitarristas de jazz para inventar otras músicas. O, en realidad, a flamenquizarlos. A llevar a John McLaughlin y Al Di Meola a su propio terreno para, desde allí, buscar algo nuevo. A aquel que, siendo infiel al flamenco, volvió a crearlo.
Rechazado por los fundamentalistas –que mucho más tarde aprendieron a reconocerlo como uno de los suyos–, Paco de Lucía conoció como nadie los mandatos del género, pero no se ciñó ni a las costumbres ni a los moldes más rígidos de eso que se enseñaba de padres a hijos. Usó el lenguaje en lugar de ser usado por él. Fue, más que un filologista, un creador. Revolucionó una música caracterizada por su lealtad a viejos arcanos. Y esa libertad fue la que, paradójicamente, le dio nueva vida al flamenco. Y es que, más allá de las críticas de los puristas más cerriles, no hubo música en la que ese género pudiera sentirse más a gusto –y más soberano– que en la suya. Tanto cuando se movía en los formatos más asimilables a la tradición –dos guitarras, una percusión– como cuando integró grupos como su ejemplar sexteto, con el flautista y saxofonista Jorge Pardo, Paco de Lucía siempre fue renovador y, al mismo tiempo, flamenco en el lado más esencial y profundo de esa música. En sus frenos repentinos y sus arranques furibundos. En el juego entre la inmovilidad –y la tensión extrema– y la sensualidad.

Paco de Lucía y Camarón de la Isla.


Hace casi treinta años, en 1986, en una entrevista realizada por Diego Caballero y publicada por el periódico Puerta de Sevilla, el guitarrista hablaba sobre la opinión que tenía Sabicas, uno de sus grandes maestros, acerca de sus experiencias junto a músicos de otros géneros. “Tú no los necesitas para ser grande”, había dicho su mentor. “Es una opinión que respeto como si viniera de mi mismo padre, porque ante Sabicas hay que quitarse el sombrero, pero no deja de ser una opinión”, decía De Lucía. “Los flamencos no sabemos de acordes, ni hemos dispuesto de la capacidad de ir a la escuela para aprender música. Y es que el flamenco está en un momento especial, que necesita aportaciones de todos lados para que aprendamos también de lo que no es usual en nuestra música. A mí sí me han servido estas uniones. La guitarra está cambiando y yo tengo una obligación con la gente que me sigue, de abrir nuevos campos.”

Paco de Lucía


Allí también decía que “en cualquier sitio es más fácil tocar que en Sevilla. Hay mucha gente que sabe de verdad y oyen de otra manera. Aquí se fijan en si tienes aire o no, si eres flamenco en definitiva, pero por otras partes no, allí te oyen tocar como músico, que es precisamente donde me siento más relajado y con menos miedo. En Sevilla estás pensando en tocar cosas más sencillitas y flamencas, por ahí tienes más libertad. Y también pasa, hay que decirlo, que en Sevilla hay críticos de flamenco que no tienen ni puta idea de lo que es el flamenco. Los que saben de flamenco son los gitanos, pero los gitanos no escriben en los diarios. El tema de la renovación musical implica, por una parte, ceder algo de lo de uno. Pero, también, reivindicar a un pueblo. Cuando he tocado con músicos de jazz, tuve que olvidarme un poco del flamenco, por lo menos del más purista, por eso lo pasaba a veces bastante mal, pero por otro lado mereció la pena por lo que tuvo de aprendizaje. Y además, allí se escuchaba la música de una raza que son los flamencos, marginados durante siglos hasta que llegaron Manuel de Falla y Federico García Lorca, que iniciaron su dignificación. Antes era una deshonra ser flamenco. Tenemos que agradecer mucho a Manuel de Falla y a todos los músicos que nos traigan savia nueva. Nosotros somos músicos y flamencos, es nuestro lugar. No me iré de las raíces y trataré de hacer cosas nuevas sin que se pierda el olor y el sabor del flamenco. En mis actuaciones hay mucho de rabia reivindicativa a cuenta de esta marginación, que todavía queda, pero en menor medida, porque afortunadamente las cosas van cambiando”.

Paco de Lucía


El flamenco es, tal vez, una de las músicas más antiguas y, a la vez, más cargadas de la posibilidad de modernidad. Es posible que allí se centre parte del misterio y de la fascinación que Chick Corea o John McLaughlin sintieron por el flamenco. O, más precisamente, por uno de sus músicos más virtuosos, por alguien que fue discutido por los fundamentalistas del género y que logró la doble hazaña de convertirse en el máximo renovador que el lenguaje había tenido en mucho tiempo y, a la vez, en el mejor guardián de su tradición. Paco de Lucía, llamado en realidad Francisco Sánchez Gómez, hijo de Lucía y nacido en Algeciras, Cádiz, en 1947, apocado hasta el improbable paroxismo de la timidez y parco hasta el propio límite del silencio, bromeó alguna vez con Página/12 asegurando que “lo de la modernidad y la tradición tendrá que ver con que soy mitad payo y mitad gitano”. En realidad, esa herencia casi dolorosa que habita el flamenco, aparece, más bien, en la conciencia acerca de la naturaleza conflictiva de la creación. “No es fácil”, decía hace quince años el guitarrista, en una entrevista con este diario. “Yo sufro cuando tengo que hacer un disco, aunque ese sufrimiento tenga que ver, también, con el placer de hacer la música que amo.”

Paco de Lucía


Parte de esa especie de incomodidad tiene que ver con sus propias inseguridades. “Cuando tocaba con McLaughlin y Di Meola, por ejemplo, sentía que no sabía improvisar y que ellos se reían de mí. Siempre que subía al escenario pensaba que iba a hacer un verdadero papelón”, explicaba, refiriéndose al famoso trío de guitarristas que se convirtió en un impensado fenómeno de ventas. “Un músico de éxito está obligado a hacer un disco cada año, y uno no tiene esa capacidad, sobre todo si es compositor de su obra. Otra cosa sucede si uno es cantante y quiere hacer un disco. Le mandan 40 compositores con otras tantas canciones para que elija y luego un arreglista para que haga la orquestación. Pero para el creador cada disco es un parto y la demanda discográfica no le da tiempo a sentir y vivir lo suficiente para renovarse y hacer una obra nueva. La composición es neurótica y la actuación en vivo es extrovertida y comunicativa. Uno se cura tocando en vivo. En cambio los que viven sólo de la composición dan miedo: miran con cara de locos.”

Paco de Lucía


Cantaor frustrado y reacio a escuchar su propios discos (“nunca los escucho, son puntos dolorosos; cuando intenté hacerlo no lo disfruté”), Paco de Lucía vivía además la contradicción del intérprete de una tradición popular que las formas de circulación de la cultura del siglo XX convirtieron en otra cosa. Por un lado, decía reivindicar el sentimiento sobre la razón (“es mejor ser un salvaje que un intelectual”) pero, por otro, se sentía disminuido por no haber realizado un aprendizaje de música sistemático y académico: “A medida que pasa el tiempo siento cada vez más la necesidad de eso de lo que carezco. Con la edad se tiene menos energía, menos estímulos, menos ganas de encerrarse ocho horas para descubrir una melodía. En esas ocasiones se echa de menos poder manipular la música sin tener que buscar con tanto trabajo cosas que luego resulta que ya estaban descubiertas”. No obstante, Paco de Lucía jamás paró de estudiar. Otros cuentan que de niño jamás dejaba de tocar. El decía: “Es cierto, sobre todo en la primera época, entre los 8 y los 12 o los 15 años. Nací en una familia con problemas económicos. Mi padre lo pasaba muy mal tratando de encontrar dinero para comer cada día y yo de chiquitito tenía la idea de que debía aprender rápido a tocar la guitarra para ganar plata y ayudar cuanto antes en mi casa. Efectivamente, a los doce años ya estaba ganando dinero. Me fui a Estados Unidos y me pagaban cien dólares a la semana. Yo era muy feliz entonces. En vez de ir a la escuela, con doce años estaba viajando y ganando dinero. A esa edad uno no sufre; uno sufre cuando se va haciendo viejo”. Su primer disco, Los chiquitos de Algeciras, grabado en 1963, a los 18 años y junto a su hermano Pepe, da cuenta de esa osadía y del virtuosismo todavía tan cercanos a la alegría infantil.

Galardonado con el Premio Príncipe de Asturias de las Artes, discípulo de Niño Ricardo además de Sabicas, ganador del Grammy al mejor álbum flamenco en 2004, del Premio Nacional de Guitarra de Arte Flamenco, de la Medalla de Oro al Mérito de las Bellas Artes en 1992, del Premio Pastora Pavón La Niña de los Peines 2002, y del Gran Premio de Honor en los Premios de la Música 2002, De Lucía había comenzado su carrera profesional en 1960, contratado por el bailarín José Greco en 1960 como tercer guitarrista de la Compañía del Ballet Clásico Español. A los 17 años, patrocinado por los productores alemanes Horst Lippmann y Fritz Rau, se integró al Festival Flamenco Gitano, con el que recorrió Europa junto a Camarón, El Lebrijano, El Farruco y Juan Moya. Acompañado en el cante, con frecuencia, por sus hermanos Ramón de Algeciras y Pepe de Lucía, sus discos consagratorios como solista llegaron al final de esa década: La Fabulosa Guitarra de Paco de Lucía, de 1967, y Fantasía Flamenca, de 1969. Junto a Camarón grabó más de diez discos de estudio, entre ellos El Duende Flamenco (1972) y Fuente y Caudal (1973). Y en 1976 ganó un disco de oro por el single con la notable rumba “Entre dos aguas”. Zyryab, Siroco y Lucía, o el más reciente Cositas buenas, donde participa quien tal vez sea su principal heredero, Tomatito, son como parte de su legado. El ayuntamiento de Algeciras, su ciudad natal, decretó tres días de luto por la pérdida del “más grande guitarrista de todos los tiempos”. Tomatito, en Twitter, decía “hoy no hay palabras”. Y es cierto. Queda, nada menos, su música.
 
Paco de Lucía

El recuerdo de los colegas

* Javier Malosetti: “Triste noticia la de la muerte de Paco de Lucía. El año pasado pasamos por pérdidas muy fuertes en el ámbito de la música, y desgraciadamente, este 2014 ha empezado también de manera triste. De Lucía fue un creador bestial, los que pudimos verlo en vivo las veces que vino a la Argentina lo comprobamos también entonces. Tuve la suerte además de conocer a Carles Benavent, su bajista histórico, otro virtuoso, pude compartir con él ese toque flamenco único. Soy fan del arte de Paco, lo vamos a extrañar”.

* Esteban Morgado: “La primera sensación ante esta noticia es de tristeza y estupor. Aunque no lo conocía personalmente es como si se fuera un amigo, uno tiene esa sensación con los grandes artistas, los que nos han acompañado a lo largo de nuestras vidas. Paco de Lucía fue el tipo que nos enseñó a apreciar un flamenco de vanguardia, con mucho de improvisación, de pasión y de sutileza. Fue un ser de un virtuosismo guitarrístico increíble, al que siempre uno trató de imitar, sin llegarle ni a los talones. Tuve la suerte de verlo muchísimas veces, una de ellas en el Colón tocando “Aranjuez”. Cuentan que lo aprendió de memoria, porque no sabía leer música. Más allá de que esto haya sido verdad o leyenda, lo cierto es que escuché una versión única de “Aranjuez”, por supuesto, pasada por un flamenco también único”.

* Diego El Cigala: “No se ha ido parte de la historia, se ha ido el flamenco mismo. Nadie tocará la guitarra como el maestro Paco de Lucía. Estoy hecho polvo, destrozado. La muerte de Paco deja mudo al flamenco, ya sin él, no hay nada”.

* Tomatito: “Paco ha dignificado el arte flamenco y ha convertido la guitarra flamenca en instrumento de entendimiento universal. Gracias a su genialidad y su compromiso, muchos intérpretes, entre ellos yo, hemos podido compartir nuestra música, nuestro cante y baile, con públicos de todo el Globo”.

* Niña Pastori: “El entendido del flamenco, al que le gusta el flamenco y lo admira, sabe que Camarón y Paco de Lucía han sido los dos pilares más importantes”.

Paco de Lucía

martes, 14 de diciembre de 2010

EL CANTAOR ENRIQUE MORENTE FALLECIO AYER A LOS 67 AñOS.



El flamenco perdió a uno de sus iconos

Pasará a la historia de la música popular española por haber sido uno de los máximos exponentes de la renovación del cante. Fue, además, el mejor adaptador al flamenco de poetas como Miguel Hernández, García Lorca, los Machado, Lope de Vega, Guillén y Rafael Alberti.





Por Karina Micheletto

Será recordado como un renovador del cante jondo, aunque muchas de las bases de la ortodoxia hayan pasado también por su garganta. Ejerció lo más riesgoso de su arte en contra de la corriente de esa tradición que a veces, de tan bien custodiada, corre el riesgo de quedar presa. Ganó un nombre propio –era “Enrique el granadino”, y era también un sello con su nombre y apellido– por marcar siempre pasos hacia adelante, que a veces fueron quijotescos, sin dejar de ser flamenco de pura cepa. El cantaor Enrique Morente falleció ayer a los 67 años, a causa de un infarto cerebral, luego de ser operado de cáncer de esófago en una clínica de Madrid, donde estaba internado desde hacía más de una semana.

Al momento de su muerte seguía siendo una de las voces clave del flamenco, y seguía transitando un alto momento creativo de su carrera. Había trabajado en un disco que pensaba publicar con el nombre de El barbero de Picasso, un homenaje al pintor malagueño que marcaba una continuidad con su trabajo anterior, Pablo de Málaga, grabado en 2008. Y ya tenía ideado el disco siguiente, y una serie de conciertos que quedaron truncos. En febrero del año pasado los argentinos pudieron apreciar la vitalidad de su cante: fue cuando actuó por última vez en Buenos Aires, en la Bienal Flamenca, ante unas 7000 personas y en el marco de un exitoso emprendimiento que mostró tablaos repletos en una ciudad que se declaraba seguidora fiel de las artes y costumbres españolas.

Morente había nacido en 1942 en el granadino barrio del Albaicín, y siendo todavía un chico despertó el interés de Pepe de la Matrona, un cantaor octogenario que había sido alumno de don Antonio Chacón, aquel prócer del flamenco al que la historia del género señala como “el Papa del flamenco”. En esa escuela se moldeó el genio de Antonio, que dejó a su vez descendencia artística: casado con la bailaora Aurora Carbonell, fue padre de tres hijos artistas, entre ellos Estrella Morente, una de las grandes cantaoras surgidas en los últimos años.

Morente pasará a la historia de la música popular española no sólo por haber sido uno de los máximos exponentes de la renovación del cante. Fue, además, el mejor adaptador al flamenco de poetas como Miguel Hernández, García Lorca, los Machado, Lope de Vega, Guillén y Rafael Alberti. Una de sus experiencias artísticas más originales fue el estreno en Granada en 1988 del espectáculo El loco romántico, basado en Don Quijote de la Mancha, que de alguna manera sintetizaba la trayectoria del maestro de Granada.

“Nunca he pretendido innovar, sino crear y expresarme”, había definido su arte en alguna ocasión. “Cuando se intentan nuevas cosas, no todo va a salir perfecto, todo no va a salir bien. Para mí sería mucho más cómodo estar cantando siempre la malagueña de ‘El Canario’, pero me aburre cantar siempre igual”, sintetizaba. En la presentación de su página web oficial, explicaba la apertura de este medio digital como una decisión ligada de algún modo a su misma concepción del flamenco, entre la ortodoxia y la renovación: “Afortunadamente los tiempos cambian... Y tanto cambio se acaba reflejando en nuestra forma de entender las cosas, en la forma de transmitirlo; y como es lógico, nos surgen nuevos anhelos e incluso nuestra nostalgia acaba sometida a una constante evolución”, decía allí.

En el momento de su muerte, además de la familia estaban junto a él dos de sus grandes amigos, el cantautor Joaquín Sabina y el productor Javier Limón. La pérdida del cantaor sacudió al mundo de la cultura en España. Es “un mazazo de dimensiones descomunales para el mundo del flamenco”, dijo la ministra de Cultura española, Angeles González-Sinde. “Deja un vacío tan grande como el que dejó Antonio Gades en el baile flamenco.” “Era un artista único, un genio”, manifestó la cantaora Carmen Linares, gran amiga suya. El cineasta Carlos Saura, que lo dirigió en su película Flamenco, estaba “tan afectado” que no pudo hacer declaraciones.

domingo, 18 de abril de 2010

Diego Amador: "El flamenco no se explica"


El artista sevillano, de 36 años, introdujo el piano como instrumento de la música gitana. Al principio fue resistido. Ahora, ovacionado. A fin de mes viajará por cuarta vez a la Argentina. Dice que su arte "no se cuenta... se siente".

Por: Silvina Lamazares

Diego Amador, Israel Varela, Pat Metheny y Javier Colina en su presentación en el Vitoria Gasteiz Jazz Fest 2009.

El punto de encuentro, junto al monumento del torero Curro Romero en la Plaza de Toros, lo fijó ella. Las callecitas de trazado antojadizo donde se harían las fotos, en una ciudad envuelta por el aroma de los naranjos, las eligió ella. La información turística durante la recorrida en plena primavera española la aporta ella. El, Diego Amador, exquisito artista flamenco, nacido en esa tierra que ahora se rinde a sus pies, la sigue. Pero de pronto se detiene frente a la imponente Catedral gótica -la más grande de Europa en su estilo- y dice: "Mira -sin acento en la a- lo que es eso, jamás la había mirado tan a fondo, es bellísima. Preciosa arquitectura, no se puede creer... Siempre paso de largo por muchos lugares que merecen ser apreciados y yo, sin darme cuenta, me los pierdo. Por suerte María conoce cada rincón como si fuera de aquí y me sabe llevar". María es argentina, pero parece más sevillana que el sevillano de su marido. Y él, caprichos del destino, soñaba con vivir en Buenos Aires mucho antes de conocerla.

Están juntos desde hace 12 años, desde aquella primera visita suya a la Argentina. Y en unos días irá por la cuarta, cuando sea una de las figuras más convocantes de la Primera Feria Flamenca en Buenos Aires, que se realizará entre el jueves 29 de este mes y el domingo 2 de mayo (ver Cuatro días...). "Una vez, en un reportaje, hace mucho tiempo, dije que si alguna vez me fuera de Sevilla me iría para allá. Cuando llegué a la ciudad sentí ese vientito en la cara, esa sensación de bienestar, como una señal de los sitios que te reciben bien. Y en ese viaje conocí a María, nos enamoramos y me la robé", cuenta el artista que descubrió a la Argentina a través de uno de sus máximos referentes.


"Un día estaba viendo televisión y pasaban un show de Astor Piazzolla maravilloso y no me pude despegar. En ese momento tenía una cinta en la video con algo mío, pero la borré para grabar ese concierto. Y apenas llegué a la Argentina me quise empapar de tango. Tuve la suerte de ir con el maestro Luis Salinas, ya casi un hermano para mí, y me enseñó su tierra. También estuve de gira junto a Tomatito -guitarrista español- y Salinas y conocí lugares mágicos y gente entrañable. Me gusta mucho esa manera de hablar de ustedes, esa alegría", dice Amador, con su inocultable decir andaluz, poblado de zetas.


Gitano de pura cepa, integra una de las familias de artistas más reconocidas de España. Hermano de los músicos Raimundo y Rafael Amador, Diego debutó sobre un escenario junto a la emblemática banda de ellos, Pata negra: "Yo tenía 8 años, el pelo largo y era todo un espectáculo, porque tocaba la batería en algunos temas, pero no llegaba a los pedales y la gente pedía 'que pongan al niño'. Igual, mi primer instrumento fue la guitarra. Después también toqué el bajo y finalmente me decidí por el piano".


Decisión que le costó la aceptación ajena. "Cuando empecé, iba a los festivales de flamenco buscando un lugar. Llegaba con mi teclado portátil y de muchos me han echado. Más de una vez me he ido llorando a mi casa porque decían que ese instrumento no era flamenco... Y ahora se habla del 'piano flamenco' con una naturalidad que sorprende. Me hace gracia eso, ese esfuerzo por clasificar las cosas. Lo que existe es el flamenco y punto. Y el flamenco no se explica, no se cuenta... se siente. El público lo puede captar viendo al artista cantando, bailando, tocando. Siempre he dicho que si quieren que hable de lo que hago que me pongan un piano", aclara el español, nacido en el gitano barrio de Las tres mil viviendas.


Considerado uno de los rupturistas más atrevidos del género, reconoce que no entiende "cuando por ahí dicen que hago música fusión o algo así. El flamenco que yo hago es puro, aunque es cierto que he estirado los límites y me muevo también con la música contemporánea. Pero la falta de conocimiento de algunos hace que lo que no se puede encasillar sea visto como 'diferente'. Por la familia en la que me he criado, por la música que he escuchado, no creo que sea menos puro que otro que haga flamenco tradicional con la corbata puesta".


Padre de Diego (ver El otro Churri) y de María -la niña que sueña con las princesas de Disney y quiere ser astronauta-, a los 36 años siente que "la vida del músico es dura y más cuando quieres hacer la música que te gusta y no la que pretende el mercado. Pero he encontrado recompensas: no me he traicionado, puedo vivir de esto y me considero un privilegiado... Me siento libre y si bien no soy popular, soy reconocido por el público y respetado por los músicos".
Criado en una familia humilde, sus hermanos mayores le hicieron escuchar algunos acordes de jazz y blues cuando su camino inequívoco lo llevaba hacia el flamenco. "A mí me marcó mucho la música de Miles Davis, que era lo que ellos llevaban a casa. Pero luego descubrí a Jaco Pastorius y a Chick Corea. Y así, en vez de tocar en la guitarra los temas tradicionales españoles, empecé por las canciones de Bill Evans y Duke Ellington, que me gustaban, me inspiraban y me ayudaron a encontrarme. Tanto, que en un momento creía que me estaba olvidando del flamenco... pero eso era lo que yo creía, porque en realidad nunca me olvidé de él, sino que lo enriquecí o eso intenté".


De aquellos tiempos, con poco más de 10 años, cuando descubrió el jazz como musa inspiradora, recuerda los esfuerzos que hizo para comprar sus primeros discos: "Mis padres vendían ropa en el mercado, yo los ayudaba todo el día, y ellos me daban lo que podían porque éramos ocho hermanos. Capaz estaba meses y meses ahorrando para poder comprar un disco, pero cuando lo tenía lo escuchaba todo el día". Su primer sueldo como músico lo cobró integrando la compañía de La Susi -artista española-, con 13 años. "Cobré como 15 mil pesetas, que hoy podrían ser poco menos de 100 euros, muy bien para un comienzo", se sincera, agradecido.


No olvida Diego Amador. Ni a quienes lo formaron, ni a quienes lo ayudaron, ni tampoco -aunque sin resentimiento- a aquellos que lo echaban de los festivales por tocar el teclado. Qué dirán ahora cuando sus finos dedos largos parecen robarle al piano sonidos de clásicas guitarras flamencas. Magia que, como su música, no se explica.



miércoles, 24 de junio de 2009

ENTREVISTA AL CANTAOR GITANO DIEGO EL CIGALA



“Siento mi voz más añejada, sin perder la flamencura

A siete años del éxito conseguido con Lágrimas negras, el músico redobló la apuesta en el CD Dos lágrimas. Dice que andaba buscando “olor a ron añejo”, lo que lo llevó a volver a cruzarse con excelentes y veteranos músicos cubanos. “Cada vez descubro más cosas”, reconoce.

Por Karina Micheletto

Diego Ramón Jiménez Salazar, El Cigala, es un hombre capaz de revolear el teléfono –literalmente– por causa de una pregunta que no le gusta. Su opinión sobre Alejandro Sanz y el llamado “flamenco pop”, por caso. Otro día puede extenderse en una charla telefónica deshaciéndose en gentilezas, provocando una entrevista de lo más amena –la otra había quedado trunca en forma abrupta, como imaginará el lector–. Es un gitano calentón, como se le dice en medio de lo ameno de la charla, un calificativo cuyo significado no entiende del todo, pero comparte una vez que se le explica. El Cigala parece cumplir con todo el estereotipo del gitano, desde los anillos de oro cargándole los dedos hasta ese modo “apasionado” de encarar la vida.

El mundo conoció a El Cigala, más allá del ambiente restringido del flamenco, después de Lágrimas negras, aquella maravilla que grabó en 2003 junto al pianista Bebo Valdés, uno de los discos más vendidos y más premiados de las últimas décadas. Si aquel encuentro entre la cultura flamenca y la cubana rindió sus frutos, ahora el cantaor fue por más. Lo logró con Dos lágrimas, editado en la Argentina por el sello Universal. No lo acompaña Bebo Valdés esta vez –“A los 90 años, no quiere andarse de gira de aquí para allá, teniendo que salir a defender un disco. Busca estar tranquilo y yo lo entiendo”, explica–. Están, en cambio, otras glorias de la música cubana de las décadas del ’40 y ’50: el pianista Guillermo Rubalcaba –pilar fundamental de este disco–, los percusionistas Changuito y Tata Güines –“El rey del tambor”, fallecido tras esta grabación–, el cantante Reinaldo Creagh, uno de los fundadores de la Vieja Trova santiaguera, que a los 90 años sigue poniéndole voz al bolero.

El Cigala dice que andaba buscando gente como ésa; andaba buscando “olor a ron añejo”. “Necesitaba gente como Tata Güines, como Changuito –dice, desde el sofá de su casa del barrio de El Rastro, en Madrid, según describe–. Quería un piano añejo, como el de Guillermo Rubalcaba, que tiene ese sentido de los viejos soneros. Un pedazo de pianista. Además del piano fresco y gitano de Jumitos, que es también un conocedor, pero catalán. Quería mezclar esos pianos. Pero creo que no me salí mucho de la línea, incluso con alguna sorpresa que otra con la copla, que es algo que uno siempre trae de la tradición, pero la expresa en este tiempo.”

Para El Cigala lo flamenco es una suerte de carta de identidad: es hijo de un cantaor que trabajó con el mismísimo Camarón de la Isla en los tablados madrileños; es sobrino de Rafael Farina, uno de los mayores cantantes de copla de España. De niño le gustaban la pelota y la calle, recuerda, pero cuando escuchaba una guitarra, enseguida dejaba todo y seguía la dirección de la música. También aparece entre sus recuerdos el patio de la casa, por las mañanas. Era entonces cuando su padre llegaba del tablao y seguía la farra con Camarón, Huguito y otras figuras de entonces. “Yo los miraba y pensaba: ‘De grande quiero ser así’”, cuenta.

Unos años después, él también empezaría a recorrer los tablados, “haciéndose los huesos” en los palos del cante. Y, como corresponde a un artista del flamenco, se ganaría un sobrenombre curioso. “Al nombre me lo pusieron los hermanos Losada, tres guitarristas que tocaban conmigo en la compañía de Paco Peña. Decían que era flaco y me movía más que el desprecio”, cuenta.

–¿En qué sentido este Dos lágrimas marca una continuidad con el famoso Lágrimas negras?

–Más que una continuidad, yo diría que marca un progreso. Aquí están todas las cosas que aprendí en estos años, desde Lágrimas negras hasta acá. Yo creo que eso es notorio. Mi manera de cantar es siempre la misma, desde luego, pero encuentro que ahora está más... añejada, podría decir. Hombre, con más avances, con más sabiduría. La voz tiene el mismo proceso que los buenos vinos, el tiempo le aporta cuerpo, color, sabor. Con el tiempo también uno va cogiendo sabiduría, y sobre todo tranquilidad. Por eso digo que siento mi voz más añejada, pero sin perder la flamencura, incluso cantando un bolero.

–¿En cuánto ayudó el haberse cruzado con Bebo Valdés en este crecimiento?

–¡Por favor! ¿Qué puedo decir de semejante pianista? ¿Qué puedo decir de un artista que ha estado junto a los grandes, como Bernabé, como Celia Cruz, como Nat King Cole, como Frank Sinatra...? Bebo fue quien me hizo cantar con el piano, de otra manera nunca lo habría logrado, no lo habría intentado siquiera. El me dijo: “Canta como el gitano que eres, que yo tocaré como el cubano que soy”. Así de simple. Me pasa lo mismo con la música de Jerry González, que ahora saca su disco y me invitó a cantar. Cada vez voy descubriendo músicas nuevas dentro de lo afrocubano y lo latino. Siempre encuentro cosas muy interesantes, me gusta investigar, hurgar, eso es lo que me anima a seguir probando, porque si no me aburro con facilidad. Soy muy inquieto y vivo buscando cosas que me gusten mucho, pero mucho, porque si no las canto cuatro veces y paso a otra cosa, me aburro. Deben ser cosas que me emocionen profundamente, sólo así las empiezo a considerar para mi repertorio.

–¿Esa es la fórmula para probar una canción?

–Claro, si yo me emociono la gente se emociona, es así.

–Dice que necesitó ir a buscar a las glorias de la música cubana para hacer este disco. ¿Qué era, específicamente, lo que buscaba de ellos?

–Necesitaba ese sonido y esa sabiduría. Necesitaba que me hablaran y me contaran y me cantaran cosas, ese contacto con ellos que va más allá de la música. Fíjese que Tata Güines fue el que me cantó “Sevilla tuvo que ser con su lunita plateada” (canta el tema “Dos cruces”, incluido en el disco). Es un cuplé que cantaba Marifé de Triana, y que después Carmelo Larrea usa para el bolero “Dos cruces”. Para mí es un lujazo, es un gran placer compartir mi música con ellos. Me quedará en mi historia y en mi vida el haber hecho las últimas grabaciones y los últimos conciertos con Tata Güines.

–¿Cómo fue la forma de trabajo, cómo les explicó el concepto al que quería llegar?

–Muy fácil. Yo les decía: “A ‘Dos gardenias’ la quiero de guaguancó”. Buscábamos una clave de guaguancó y ahí rápidamente nos sentábamos a probar. Nos encerrábamos con unas copas y venga: el que más sabe, que más ponga. Ellos son los genios en ese sentido. Yo cantaba en clave de guaguancó pero en flamenco. Les daba pequeñas instrucciones, pero enseguida ellos demostraban que saben más que uno de esas cosas. Lo que más me gustó de Dos Lágrimas es que logramos formar un grupo en el que cada uno puso sus ideas. No todas fueron ideas mías. Siempre consulté con los músicos sobre algunas cosas y siempre les di las chances para que pudieran opinar y tener sus planos y sus glorias cada uno. Y eso se nota.

–En sus comienzos se destacó como cantaor de bailarines. ¿En qué momento decidió saltar adelante del escenario?

–Cuando cantaba para bailar había momentos en los que destacaba y salía adelante, solito. La gente me pedía que me quedase adelante cantando, y los bailarines se enojaban conmigo. Un buen día me aburrí y decidí largarme solo y buscar mi camino. Pero debo decir que ésa fue una gran escuela. Cantando para bailar se aprende muchísimo y tuve la gran suerte de estar en muchos tablaos, con muchas compañías. Ahí es donde se fragua el artista. El mismo Camarón, cuando llegó a Madrid, trabajó en Torre Bermeja. Yo estuve en todos: Torre Bermeja, Los Canasteros, Corral de la Morería, en tantos tablaos, y en cada uno los bailarines tenían sus exigencias. A algunos había que cantarles de la cintura para arriba, otros eran más eléctricos, otros bailaban más pausados, otros más técnicos... A cada uno había que cantarle de distintas maneras, con diferentes palos y diferentes cantes. Para mí ese aprendizaje fue fundamental.

–¿Qué ideas traía respecto de una actualización del flamenco?

–Traía eso, lo que yo era. Me gustaba coger una soleá y traerla hasta nuestros días, pero con frescura. Eso ya se ha hecho y los grandes y los genios nos han dejado muchos ejemplos de eso. Pasa que todavía hay mucho de donde se puede coger. Ahora mismo, hay muchos cantes que ya no se cantan y que es bueno traer hasta el día de hoy, como la colombiana, o el martinete.

–¿Hasta dónde resiste el flamenco ese tipo de fusiones?

–Mi música son vibraciones del alma, encuentros. No puedo hablar de fusión, y menos de flamenco chill out, flamenco electrónico... ¡Por favor! Esos son inventos sin sentido. El flamenco es flamenco, joder.

–Pero existen tensiones dentro del flamenco entre conservadores y renovadores...

–Siempre. De todas maneras a mí me respetan mucho, porque saben de dónde vengo. Ahora mismo dejo el piano y los boleros y me voy a cantar con la guitarra y puedo estar horas cantando por soleá. Y eso es lo que ve el público, que puedo hacer las dos cosas...

–Para usted “el flamenco es flamenco”, pero, ¿cómo se reconoce ese verdadero flamenco?

–Cantándolo muy bien.

–Eso para el que lo interpreta. ¿Cómo lo reconoce un turista, por ejemplo?

–Uh, eso sí que es difícil, ¿eh? Yo agarraría a ese turista y le diría: “Hágame usted un palo de bulerías”. Si lo hace bien, es porque lo puede apreciar. Pero déjeme decirle una cosa: haría exactamente lo mismo con los flamencólogos.

sábado, 16 de mayo de 2009

ENTREVISTA: VICENTE AMIGO




"Cuando te conviertes en tu enemigo no te perdonas nada"




Vicente Amigo llevaba una temporada peleando contra Vicente Amigo. Durante un tiempo ganó el segundo. El guitarrista que había reconciliado a la ortodoxia flamenca con la industria pisó terreno movedizo y se tambaleó. Uno puede entusiasmar en el Cante de las Minas de La Unión y en los Grammy Latinos; uno puede tejer cinco discos sutiles; uno puede ser nombrado príncipe heredero de Paco de Lucía, y uno se puede venir abajo. "En el fondo", reflexiona mientras rasguea su guitarra, "uno se puede convertir en su propio enemigo, llega un momento en que no te perdonas nada".





Videoclip de la canción que da título al nuevo trabajo del guitarrista cordobés - SONY BMG



"Los artistas somos un poco depresivos, por lo menos los artistas como yo"

Amigo compuso a partir de su bajón 'Autorretrato'. La voz es de Morente

Mientras conversa, Amigo (Guadalcanal, Sevilla, 1967) no suelta la guitarra. La acaricia, la toquetea, la deja reposar, la mira, le arranca acordes. Una guitarra-escudo. Desde que, a los siete años, recibió la primera, jamás se había alejado más de una semana de las cuerdas, ni cuando se larga a la playa. Hasta ahora. Ha tenido que renunciar a ella durante 15 días, tras una operación de hernia, que se podría considerar el peaje que ha pagado por horas y horas de rutinas musicales durante años. La convalecencia promete dureza. La gira prevista para promocionar su nuevo disco, Paseo de Gracia (Sony Music), le llevará a Bélgica, Francia, Túnez y Polonia, entre otros destinos. Los primeros conciertos en España serán en Bilbao (hoy), Madrid (18 de mayo) y Barcelona (18 de junio).

Así que el bajón físico se sumó al anímico, a ese estado al que se refiere vagamente como estar "de aquella manera". "Los artistas somos un poco depresivos, por lo menos los artistas como yo", sostiene. A él le fueron minando las expectativas y la presión, la autoexigencia de estar al cien por cien en cada concierto, el afán de no defraudar. Porque, por más que tenga cinco discos a sus espaldas, giras por todo el mundo y el reconocimiento de unos y otros, sigue atenazado antes de cada actuación. "Dicen que te acostumbras, pero a mí no me pasa. Acostumbrarte sería como estar en tu casa, encontrar esa libertad, pero te impones estar al mismo nivel y eso te frustra", expone.

Esos días en los que iba perdiendo la guerra contra sí mismo se reflejan en Autorretrato, el tema alma de su nuevo disco, en el que se describe como "un barco de papel perdido", como "una playa sin mar". "Érase una vez que me miré al espejo, hundido", canta en el álbum Enrique Morente, agrandando la poesía de las arenas movedizas que amenazaron con tragarse al guitarrista.

Enrique Morente es uno de los invitados en este trabajo, en el que también participan Niña Pastori, Estrella Morente, Alejandro Sanz, Tino di Geraldo y Paquito González. Unos en versiones muy flamencas como La estrella (tangos), otros en composiciones con guiños pop como Y será verdad (rumba). Al principio el guitarrista había pensado en bautizar este álbum como Vicente y amigos, pero una noche, mientras caminaba por el paseo de Gracia, en Barcelona, decidió traicionarse a sí mismo: "Había ido a ver a José Tomás, me brindaba un toro. La noche antes, mientras paseaba, me sentía comprometido con el torero y pensé que sería un título bonito, es como el estado en el que queremos entrar todos".

Desde que se conocen, el torero y el guitarrista se intercambian brindis y melodías. "Tenemos muchas cosas en común en los sentimientos y en la forma de entender la vida", afirma Amigo. "En cada disco le haría un tema, él me ha enganchado al mundo de los toros y de otros toreros", añade. En Paseo de Gracia hay un homenaje a otro diestro: la bulería Azules y corinto, dedicada a Manzanares hijo. Y un sorprendente coqueteo con la guitarra eléctrica. "Una pequeña aventura, que me perdonen los guitarristas eléctricos, pero era también un cachito de libertad", confiesa.

Ya no sueña con Camarón, que se le aparecía de noche de forma recurrente mientras trabajaban en temas que se desvanecían cuando el guitarrista despertaba. Ni fantasea con éxitos. "Busco serenidad, estar en paz y poder ser cada día más buena gente".

viernes, 3 de abril de 2009

Kiko Veneno_Figueras, Gerona,España 3 de abril de 1952











Kiko Veneno


José María López Sanfeliu (Figueras, Gerona, 3 de abril de 1952), más conocido como Kiko Veneno, es un músico español.


Biografía

Hijo de militar y ama de casa, nació en Figueras, creció en Cádiz y reside desde hace muchos años en Sevilla. Estudió Filosofía y Letras y viajó por Europa y Estados Unidos, donde asistió a conciertos de artistas que le han infludo como Frank Zappa y Bob Dylan, pero, curiosamente, también allí descubrió (o redescubrió) el flamenco. En 1975, en un encuentro que cambiaría su vida, conoció a los hermanos Rafael y Raimundo Amador, con los que forma el grupo Veneno. En 1977 publicaron un disco titulado con el nombre del grupo y producido por Ricardo Pachón. Aunque no tuvo gran repercusión en su momento, es considerado en la actualidad un disco fundamental de la música española.

En 1979 colaboró en el mítico disco La leyenda del tiempo de Camarón de la Isla. La aportación de los jóvenes Veneno en el resultado final de este disco fue vital. Eran momentos de cambio. Paco de Lucía recorría el mundo en solitario y Camarón fichó a Tomatito, jovencísimo, y hasta ese momento, desconocido. Ricardo empieza a darle vueltas al asunto, y Kiko le dice: "¿Porqué no cogemos estrofas de Lorca, aunque sean de diferentes poemas y le damos a su poesía la música flamenca que está pidiendo a gritos?". Y así se empezó a trabajar. Kiko es reconocido sobre todo por ser el autor de "Volando voy", aunque también participó en otros temas del disco: "Mi niña se fue a la mar" (letra: F.G. Lorca / música: R. Pachón y Kiko Veneno), "Viejo Mundo" (letra: Omar Kayan / música: Kiko Veneno) y "Homenaje a Federico" (letra: F.G. Lorca / música: R. Pachón y Kiko Veneno). En 1982 publicó su primer elepé en solitario, Seré mecánico por ti, producido por José Luis de Carlos, tras el que seguirían otros, sin obtener gran repercusión comercial. Durante los 80 hizo canciones para Martirio, a la que también le produjo su primer disco, y realizó varias colaboraciones con el programa de televisión La bola de cristal como compositor y cantante. Sin embargo, no conseguía vivir profesionalmente de la música y compaginaba sus labores artísticas con un puesto de programador cultural en la Diputación de Sevilla.
En 1992 pasó a formar parte de la plantilla de BMG-Ariola y comenzó una nueva etapa en su carrera, quizá la de mayor éxito comercial, con la publicación de los álbumes Échate un cantecito (1992) y Está muy bien eso del cariño (1995), ambos producidos por Joe Dworniak. El primero de ellos, con el apoyo decisivo de Santiago Auserón, sacó a Kiko del malditismo gracias a canciones como "Echo de menos", "Lobo López", "Joselito" o "En un Mercedes blanco", que se convirtieron en éxitos y le permitieron dedicarse en exclusiva a la música. Para presentar este disco realizó la gira "Kiko Veneno y Juan Perro vienen dando el cante", donde también participaron, entre otros, Raimundo Amador y Luis Auserón. En cuanto al disco Está muy bien eso del cariño de 1995, destaca el diseño de la cubierta, realizado por Javier Mariscal y la presencia de la guitarra flamenca del gran Raimundo Amador, que, junto con la producción de Dworniak, confiere al disco un sonido totalmente único. Temas a destacar son: "Viento de poniente", "Memphis blues", "Casa cuartel" o "Lince Ramón".
En 1992 Kiko apadrinó el nacimiento de un grupo que iba a llamarse Mártires del Compás, formado por Chico Ocaña, Raúl Rodríguez y José Caraoscura. Desacuerdos entre Ocaña y Kiko provocaron, sin embargo, que el grupo se separará en dos: Ocaña se apropió el nombre del grupo y continuó en solitario, y Raúl Rodríguez y José Caraoscura (con Kiko en la sombra) formaron Caraoscura. Éstos publicaron un disco en 1995 titulado ¿Qué es lo que quieres de mí?.
En 1999 visitó la Argentina para dar una serie de tres conciertos en La Trastienda, con un singular éxito de crítica y de público. Pese a eso, la compañía para la que trabajaba no satisfacacía al artista, que pedía inútilmente que su música se editase también en otros países de Hispanoamérica y Europa.
Tras otros tres discos de larga duración, Kiko precipitó el final de su contrato con Ariola (afirmaría más tarde que el poco apoyo de la disquera fue lo que impidió que hiciera más álbumes de la calidad de Échate un cantecito y Está muy bien eso del cariño) y decidió que a partir de ese momento todos sus discos serían editados y comercializados por él mismo, tanto por medio de la distribución tradicional, como aprovechando las oportunidades que ofrece internet, a través de su sello Elemúsica. El primer disco de ese proyecto musical y empresarial fue Gira mundial, grabado junto a Pepe Begines (de No Me Pises Que Llevo Chanclas). Después realizará la producción, junto con Charlie Cepeda —productor de 'Las Niñas' y músico habitual de Kiko—, del primer disco en solitario de Pepe Begines: Mi propia película.
También co-produjo un disco junto a Cathy Claret y adaptó su canción "Esperanza" en su disco La familla Pollo.
En septiembre del 2005 publicó El hombre invisible, después de casi dos años de proceso. En este álbum destacan las participaciones de Jackson Browne en "Hoy no", canción homenaje a Lennon y al pacifismo; Jorge Drexler en "Inspiración", plegaria en busca de belleza, y la guitarra de Raimundo Amador en "Satisfacción".
En 2006 formó junto con Los Delinqüentes, Tomasito y Muchachito Bombo Infierno el grupo G5. Su primer disco fue haciéndose en sesiones dispersas pero concentradas. Según los miembros del grupo, las canciones son hijas de todos, son concebidas sobre la marcha, y salen solas. Tucaratupapi, contiene el sencillo "40 forajidos". También cabe destacar "Calla", la aportación más clara de Kiko a este disco.

En diciembre su grupo, la Banda del Retumbe, se trasladó hasta Vilna (Lituania). Y el año 2007 lo iniciaron en Nueva York, donde Kiko tocó en el mítico The Knitting Factory, gracias a su colega Jonathan Richman, que lo invitó a compartir su show.

A finales del 2007 Kiko comenzó un pequeño periplo internacional de conciertos. Fue primero a México, donde a veces coincidió con los Delinqüentes. Allí tocó en Guadalajara, León y México DF. Después viajó a California, donde su amigo Jackson Browne le brindó la oprotunidad de compartir escenario con él. Tocaron juntos en Santa Barbara, en el Lobero Theatre y en el Temple Bar.
Curiosidades

* Es un reconocido bético. En la canción "Dime A" introduce, sin venir a cuento, el verso "Mucho Betis, mucho Betis es".
Discografía

Veneno

* Veneno (CBS, 1977).
* El pueblo guapeao (Twins, 1989).

Kiko Veneno

* Seré mecánico por ti (Epic, 1981).
* "Si tú, si yo" (Epic, 1984) - maxisingle.
* Pequeño salvaje (Nuevos Medios, 1987).
* Échate un cantecito (BMG Ariola, 1992).
* Está muy bien eso del cariño (BMG, 1995).
* Punta Paloma (BMG, 1997).
* Puro veneno (BMG, 1998) - recopilación de sus éxitos grabados de nuevo, algunos de ellos interpretados a dúo con otros artistas. También incluye dos canciones escritas por él pero que nunca antes había grabado con su nombre: "Volando voy" y "Los mánagers".
* La familia Pollo (BMG, 2000).
* El hombre invisible (Elemúsica, 2005) - reeditado en 2006 por Virgin con un DVD con una canción nueva, los video clips y un documental sobre la grabación del disco.
Kiko Veneno y Pepe Begines

* Gira mundial (Elemúsica, 2002).

G5

* Tucaratupapi (Elemúsica/Virgin, 2007), junto a Los Delinqüentes, Muchachito y Tomasito.

Recopilaciones
* Un ratito de gloria (BMG, 2001) - incluye una canción que no aparece en ninguno de sus otros álbumes: "Torrente".

miércoles, 25 de marzo de 2009

VICENTE AMIGO: NACIO el 25/03/1967













Vicente Amigo




Vicente Amigo (1967) guitarrista flamenco nacido en Guadalcanal (Sevilla, España) y criado en Córdoba. Empezó en el flamenco trabajando con artistas como Juan Muñoz (El Tomate), Merengue de Córdoba o Manolo Sanlúcar. Colaboró en el disco de Camarón de la Isla "Soy Gitano" de 1989. Compuso e interpretó a la guitarra el disco de José Mercé "Del Amanecer...".
Obtuvo el premio de guitarra de concierto en el Concurso Nacional de Córdoba en 1989. Con sus trabajos en solitario ha obtenido diversos reconocimientos, como el galardón flamenco de los 'Premios de la música'.

La música de Vicente Amigo, siempre inspirada en la poesía andaluza, autores tales como Rafael Alberti, o Federico García Lorca, junto a su manera de captar todo el sabor mediterráneo oriental del sur de España, es lo de mejor que en guitarra flamenca se produce. No es de extrañar que su éxito haya sido rotundo, sus colaboraciones dentro y fuera del flamenco, unido a su capacidad de composición exquisita y excepcional, hacen de Vicente Amigo un artista completísimo y de un carácter en sus melodías que imprime calma y arrebato en una perfecta armonía.


Discografía

* "De mi corazón al aire" (1991)
* "Vivencias imaginadas" (1995)
* "Poeta" (con la orquesta de cordoba orquestación Leo Brower)

(Originalmente llamado, "Concierto flamenco para un marinero en Tierra" inspirado en la obra de Rafael Alberti "Un marinero en tierra") (1997)

* "Ciudad de las ideas" (2000)
* "Vicente Amigo en concierto desde Córdoba. Ciudad de las ideas" (2004, DVD)
* "Un momento en el sonido" (2005)

Discografía: Colaboraciones con El Pele

* "La fuente de lo jondo" (1986)
* "Poeta de Esquinas Blandas" (1991)
* "Canto" (2003)

ENTREVISTA:

Vicente Amigo
por Javier Primo
(Enero 2001)

El guitarrista Vicente Amigo acaba de editar su cuarto disco en solitario, "Ciudad de las Ideas", ocho temas con ecos de jazz, aires árabes y, cómo no, flamenco de todas las edades y procedencias. Vicente nos recibe con los ojos un poco cansados y huidizos. Somos los últimos en una de esas rondas de entrevistas que las casas discográficas organizan para los medios en épocas de promoción. Bajamos al sótano del café, en las entrañas de un Madrid de épocas remotas.

Tu anterior disco, Vicente, estaba basado en tu "Concierto flamenco para un marinero en tierra" y lo llamaste "Poeta" en homenaje a Rafael Alberti. ¿Consideras ese disco algo aparte de los demás?

Es un disco como los demás. Es música mía. Lo que pasa es que es distinto porque este último va más en lo que siempre he hecho, guitarra esencialmente. Yo creo que es un disco tan flamenco como el primero, sino más, lo que pasa es que tiene algunos colores, de percusión, batería, esas cosas, que a lo mejor hay gente que pueda pensar que es menos flamenco o algo de eso. Pero yo lo digo por experiencia (risas), esto es flamenco porque a la hora de los ensayos... ehhh... me doy cuenta que es un disco de guitarra y tan flamenco como el primero. Yo creo que... hay... momentos (Vicente medita sus respuestas) donde puedes respirar el flamenco más mío y hay otros momentos en que... bueno... no tienen nada que ver el flamenco. El bolero, por ejemplo, es una composición que no tiene nada que ver con el flamenco... pero es música y tan mía como cualquier otro momento del disco.

Eres un músico flamenco, al menos por educación, pero no atado a este...

Exactamente. Mi música es como una especie de fusión sin etiquetas... y es porque mi forma de sentir es así. Yo salgo a la calle y me pueden interesar cosas de muy diferentes sitios y de muy diferentes estilos y gente muy diferente. Así es mi música. Lo que sí es verdad es que no me gusta llamarle flamenco a lo que no lo es. Pero también es verdad que en mi música hay cosas que son muy flamencas y cosas que no. Y no tengo que ponerle barreras a mi imaginación.

La etiqueta de flamenco levanta a veces muchas susceptibilidades. Tú lo sabes mejor que nadie.

Claro. Esa es otra. Porque yo no soy quien para decir lo que es y lo que no es flamenco. Mucho menos los que no saben

Te he oído decir que a ti no te gusta moverte en ambientes puramente flamencos. No te gustan esas voces críticas que parecen no estar nunca contentas...

Bueno, cuando yo me quiero mover en un ambiente flamenco me voy con los cuatro amigos y no voy a tener problema ninguno. Vamos a echar un rato y ya está. Pero no me gusta ir a tertulias de flamenco y esas cosas. No tengo tiempo para eso.

Un nuevo disco, algo diferente que contar...

Esto es como cuando se hace un guión para el cine. Ahora me ha tocado hacer otro. Yo creo que el argumento es diferente, la película es otra. Y también es verdad que es una continuación, un peldaño más que espero estar subiendo en mi vida como músico.

¿Sigue un tema central o es una colección de temas compuestos en un período de tiempo?

Quiero seguir dando lo mejor que tenga. Este disco está cargado de melodías como toda mi música. El tema "Ciudad de las ideas" es una mezcla de cosas que hay dentro de mí y que me parecen muy interesantes. Hay unos coros que parecen salir del fondo de la Tierra y canta Montse Cortés muy bonito y lo que se desarrolla en medio es un tema flamenco, flamenco, flamenco. Es el tema "Tres notas para decir te quiero", busco la melodía, la naturalidad y el ritmo. Y hay unos tangos ("Compare Manuel"), inspirados en el mundo de las celebraciones gitanas, de las bodas y todo eso. Luego, hay un tema, "Tatá", que es una rumba pero no es una rumba, tiene que ver con el merengue, es un juego, algo divertido que trata de buscar una formula rítmica. Y hay una soleá ("Córdoba") que es una de las cosas que puedo decir que he aportado, que es una cosa mía".

La soleá de Vicente Amigo.

Sí, yo creo que es mi soleá. Todos los artistas tienen que tener una búsqueda interior y yo creo que he encontrado ahí algo que había dentro de mí.

Está dedicada a Córdoba, tu ciudad.

Sí. Pero es Córdoba y es Andalucía. Cuando escuchas eso estás escuchando Andalucía.

A sus 33 años Vicente Amigo se ha construido una carrera sólida. Y ha ayudado a arrancar o consolidar la de otros artistas. Una ojeada a su lista de colaboraciones como músico, compositor o productor: El Pele, Vicente Soto, Potito, Carmen Linares, Remedios Amaya, José Mercé, Luis de Córdoba, Dieguito el Cigala y otros que se quedan en el tintero. En muchos casos, estas colaboraciones han producido unos logros artísticos y comerciales más que destacables.

Vicente, todo lo que tocas últimamente se convierte en oro, las producciones...

Pues me voy a tocar el bolsillo también (risas).

¿Es cuestión de olfato o de trabajo?

Yo creo que se juntan unas pocas cosas. Lo primero es el amor, si le pones amor a lo que haces no tienes nada que perder. Es saludable y te hace sentir bien. Luego, lo que venga. Y si después funciona... supongo que te refieres a la grabación de Mercé y a la de Remedios, a eso... pues lo hice con todo el amor del mundo. Lo del disco de Mercé fue muy especial porque es un disco íntegro mío, un disco hecho a mi forma. Y siempre que me llaman para que ponga mi personalidad y digo que sí, pues me entrego. Pero también es verdad que la gente se ha entregado y... la suerte también cuenta.

Sí, pero cuando la suerte se repite varias veces...

No sé. Es mucha suerte (risas). O que le gustas a la gente porque transmites. Yo, desde luego, no me compro un disco que no me guste.

¿Has llegado hasta al punto de sentirte agobiado, comprometido, con otros artistas que te piden que les hagas cosas?

Uffff. Sí. Mucho, mucho. Muchas veces tienes que decir que no puedes, y yo no sé decir que no. Y muchas veces te llaman y no puedes, no puedes estar todos los días grabando con todo el mundo. No hay tiempo físico, ni cuerpo, ni energía para eso. Y dices que no puedes y a lo mejor te creas un enemigo porque se piensa que te has subido a la parra. Yo soy muy aficionado y me gusta el cante pero ahora no puedo porque tengo que estar dedicado a lo mío, a mi disco, a mi compañía que apuesta por mí.

De hecho, has llegado al punto de colaborar contigo mismo, con las voces.

Sí, pero es anecdótico. A mí me gusta cantar pero no para demostrar que canto. A veces hay mensajes, por cuestión del carácter que le quieras dar, de tu forma de ver y si resulta que lo puedes hacer, ¿Por qué no?

Te he oído decir que el arte es lo divino y la guitarra sólo un instrumento para expresarlo. Tienes el instrumento ¿Y lo divino?

Yo creo que poseo...(duda), que me perdone quien crea que no, yo creo que sí (risas), para que voy a decirte que soy un instrumento. Mira, el arte es divino pero no existiría si no están aquellos que lo perciben y se emocionan con él. Y el gusto se puede desarrollar y hay mucha gente que se emociona con música con la que yo no me emociono. De todas maneras, lo que me hace emocionar yo considero que tiene arte. Y nada más por el hecho de que me pueda emocionar con el arte ya estoy teniendo algo de divino. Y eso es un privilegio. Pero eso depende mucho del que escucha. A mí me encanta Pat Metheny y hay gente que le pone peros pero a mí me da igual.

Sí, es una influencia clara y no sólo en ti sino en otros guitarristas como Cañizares.

Bueno, ahora se están pidiendo colaboraciones de flamencos o cosas que tengan connotaciones flamencas en todo tipo de discos. El flamenco bebe de otras fuentes lo mismo. Y a lo mejor es para hacerlo un poco más abierto o por mera necesidad del artista porque él pertenece a esa música o la música a él.

Eso puede hacer que la gente se acerque más al flamenco pero también puede hacer que la gente crea que el flamenco es otra cosa.

Sí, desde luego. Si yo dijera que eso está mal estaría hablando en mi contra. No porque estemos hablando de flamenco sino de creatividad y si un músico decide que quiere poner algo de flamenco en su disco hay que escuchar el resultado a ver si te gusta. A priori, yo veo todo perfecto, que la gente tenga libertad para abrirse a otras músicas o para cerrarse. Que cada artista tenga su criterio.

¿Te consideras buque insignia de la nueva generación de guitarristas? Mucha gente te ve así.

Yo me considero un guitarrista más de los de mi generación. Y me considero un artista. Que es por lo que me muevo, no soy un hombre pegado a una guitarra, me gusta disfrutar de muchas cosas y plasmarlo después en mi guitarra que es el medio en que me expreso mejor pero... vamos... yo trato de dar arte, no sólo guitarra.

El filtro de tu guitarra.

Por supuesto. Todo lo que me emociona lo quiero hacer mío. Eso es muy común en los artistas y yo soy un poco místico para esto del arte, a lo mejor no hay que serlo, pero yo lo soy. Este momento de la vida me ha pillado un poco así.

No te ha dado por el budismo o algo así.

No, he leído algunas cosas y me interesan mucho. Pero a ratos. Soy así, disfruto del momento. Me interesa una cosa y me deja de interesar. Pero siempre trato de que haya algo que me interese. Un aliciente.

¿Qué te interesa últimamente?

Pues Kavafis, el poeta. Mi disco se llama "Ciudad de las ideas" por un poema suyo que se llama "El primer peldaño". Es el poeta que más me ha dolido y el que más me ha curado. Es increíble como este poeta puede ayudar al alma de las personas.

¿Te gusta la poesía?

Me interesa todo. Pero no tengo tiempo para leer lo que quisiera, igual que no tengo tiempo para escuchar todo lo que quisiera, ni ver las películas que quiero ver. Ni a lo mejor para tocar la guitarra todo lo que quisiera.

Está el lado místico, pero tocar, componer, es cuestión de trabajo.

Es trabajo. Pero yo le doy mucha importancia a lo místico, a la hora de percibir el arte. Yo no soy del mundo de los toros pero voy a ver a algunos toreros por razones de arte. Mi abuelo me llevaba a los toros y me aburría porque no entendía muy bien... pero hay artistas del toreo que te dejan enganchaos para siempre. Y hay flamencos que hacen a la gente venirse de otros países porque les ha llenado. No es que digan "voy a ir porque he visto el flamenco". No, han escuchado a algún artista que ha cambiado sus vidas. El arte es eso.

¿A ti quién te enganchó en el flamenco?

Paco de Lucía, cuando tenía 3 años. Por su culpa toco la guitarra. (Risas). Si no os gusta, le echáis la culpa a Paco (más risas).

Recuerdo esa letra, "me gusta fumar la yerba, la hierbabuena". ¿La había donde la compusiste?

Fue en Córdoba. Decía, "me gusta saborear", no digo (risas) "fumar". Eso lo has dicho tú. Yo ya no fumo. Fumaba hace 10 años, pero fumaba tres paquetes de tabaco, rubio, cualquiera, Fortuna, Chester, Lucky, Marlboro, como un carretero.

¿Ha sido un parto fácil, este último disco?

Hombre, me ha costado algo. Pero yo creo que cuesta más trabajo meterse en una mina y no ver el sol. O subirse a un andamio. Yo a lo que concedo valor es al resultado, hacer algo muy mío y dárselo a la gente que le guste la música.

No se lo dais, se lo cobráis.

(Risas) Hombre, claro, lo cobramos. ¡Y lo que me cobran a mí por poner los azulejos en el cuarto de baño!

Javier Primo.
Publicada en la revista de flamenco "alma100". Enero, 2001.