Apoya mis publicaciones con un ME GUSTA!

Mostrando las entradas con la etiqueta ANIVERSARIO. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta ANIVERSARIO. Mostrar todas las entradas

viernes, 28 de septiembre de 2012

Miles Davis, 21 años sin uno de los músicos más importante del Siglo XX.

 


   


El 28 de septiembre de 1991 desaparecía en Nueva York, el músico más importante del Siglo XX, alguien que siempre fue por delante de los demás, abrió múltiples caminos para la música y nunca se quedó en ellos, siempre en busca de una nueva dirección, capaz de volver a despertar su capacidad de excitación. Etiquetado como músico de jazz, Miles fue músico a secas. Alguien que siempre huyó de etiquetas y calificaciones. Para él la música no tenía nombre y ponérselo tendía a reducirla.


Por:Sergio Ariza Lázaro

Contar la historia de Miles es contar la historia del jazz desde los años 40. Un género del que fue la máxima estrella y el faro que guiaba su evolución. Primero al lado de sus ídolos Charlie Parker y Dizzy Gillespie, junto a los que estuvo en primera línea de la revolución bop, después como líder de sus propias bandas y epicentro de todos sus movimientos.

Miles Davis nació el 26 de mayo de 1926, su infancia y primera juventud las pasó donde East St. Louis donde aprendió a tocar la trompeta. Su familia era de clase acomodada pero eso no lo libró de algunos incidentes racistas que le marcarían profundamente. Claro que no tanto como la primera vez que pudo escuchar a Charlie Parker. Tanto es así que cuando la orquesta de Billy Eckstine, en la que tocaba Parker, pasó por su ciudad a tocar, Miles fue el primero en aparecer por la sala. Allí se le presentó la oportunidad soñada. Alguien se le acercó para pedirle que subiera a tocar con ellos. Era Dizzy Gillespie. Aunque no dejó una gran impresión, Miles supo lo que tenía que hacer. Unos meses después se embarcaba hacia Nueva York.

Una vez en la "ciudad que nunca duerme" Miles se gastó todo el dinero que le dieron sus padres en buscar, y encontrar, a Bird. Su reencuentro con Parker fue propicio, el saxofonista, por sus crónicos problemas con la heroína, no tenía ningún sitio donde quedarse y se fue a vivir con Miles, al que su padre pagaba todos los gastos, además de sus estudios en la prestigiosa escuela de música Julliard. Pero no fue en Julliard donde Davis aprendió a tocar, sino con la fuente de la revolución musical que supuso el Be Bop. Parker le presentó a Thelonious Monk y éste y Dizzy le daban clases particulares. Así cuando Charlie Parker entró en un estudio de grabación para la que sería su primera sesión como líder, el joven Miles con 19 años estuvo presente. Aquello pasó a ser conocido como"la sesión más importante de la historia del jazz" y dejó dos piezas inolvidables 'Now´s the time' y 'Koko'. Miles sólo tocó en la primera pues le fue imposible tocar el difícil motivo de la segunda, Dizzy tuvo que hacerse cargo de la trompeta. El alumno todavía no estaba a la altura de los maestros.

Esto no duraría, tras una época en la banda de Parker, Davis comenzó a volar en solitario. Su paso junto a Bird le había dado el reconocimiento del mundillo del jazz y algo más importante, no contentarse con hacer siempre lo mismo, como el propio Miles apuntó "Bird tocaba en cuarenta estilos diferentes". Parker sería siempre su ídolo e inspiración. Como en el relato de Cortázar sobre Parker, Miles seguiría buscando como un incansable "perseguidor" la música que escuchaba en su cerebro.




El nacimiento del 'cool'

En 1949 se produjo un encuentro fundamental en su carrera cuando conoció a Gil Evans. Juntos crearían una manera de salir de lo que se había convertido en norma, el be bop. Miles buscó en el lado más lírico de Parker y encontró la influencia de la manera relajada de tocar de Lester Young. Junto a un noneto de músicos, entre los que se encontraban Gerry Mulligan o Lee Konitz, sacaron al mercado las canciones que darían "nacimiento al cool". Un estilo lírico y relajado que anteponía  la simplicidad de la melodía a las pirotecnias del bop.

A pesar de recibir grandes críticas, canciones como 'Boplicity' o 'Godchild' no consiguieron grandes ventas y Miles se vio en apuros económicos. Tras una vida burguesa, la frustración de no verse valorado en lo que merecía empujó a Davis a seguir a Parker en lo único en que no lo había hecho, su adicción a las drogas. Su descenso a los infiernos fue desastroso, llegó a robar y a actuar de chulo, y su música se vio afectada. Nuevos trompetistas aparecieron que eclipsaban su fama. En California, estaba el "Miles Davis blanco", Chet Baker, al frente de la escuela 'cool'. En Nueva York apareció el tono perfecto de Clifford Brown al frente del 'hard bop'. Miles corría el riesgo de ser olvidado.

Tras ser recogido por su padre, Miles decidió acabar su dependencia de las drogas de forma radical. Encerrado en su cuarto durante tres semanas, luchando con el 'mono', Davis salió victorioso. Corría el año 1954 y Miles quería recuperar el tiempo perdido. Ese año dejó su huella con 'Walkin´' y la mítica grabación de la víspera de Navidad que lo reunía con Monk. Pese a las discusiones, y al hecho de que Miles prohibiese a Thelonious tocar durante sus solos, la sesión dejó perlas como 'Bemsha Swing', 'Bag´s groove' o 'The man I love'. Miles había vuelto a lo grande, la belleza de sus interpretaciones, el sonido de la sordina y su tono único entusiasmaron a todos.

 




Al año siguiente, el 12 de marzo, se produjo la muerte de Charlie Parker. El rey había muerto, su sucesor ya tenía nombre. En 1955 Miles Davis estaba preparado para recoger la corona. Los músicos que habían grabado con él el año pasado, como Sonny Rollins u Horace Silver, se habían hecho un nombre propio, así que decidió formar una banda fija para sus grabaciones y sus presentaciones en directo. Fue el nacimiento de su primer gran quinteto. Red Garland al piano, Paul Chambers al bajo, Philly Joe Jones a la batería y un desconocido saxofonista de 29 años (la misma edad que Miles) llamado John Coltrane. Juntos cambiarían la historia del jazz.

Tras un primer trabajo titulado simplemente 'The New Miles Davis Quintet', el momento de esplendor del quinteto llegaría en 1956. Ese año Miles Davis fichó por la potente discográfica Columbia donde entregaría el clásico 'Round about midnight', pero además para terminar su contrato con su anterior discográfica, el quinteto grabó en dos maratonianas sesiones cuatro discos fundamentales: Workin´, Cookin´, Relaxin´ y Steamin´. El resultado puso a Miles al frente del mundo del jazz e hizo de sus músicos verdaderas celebridades. Pero por encima de todo estaba el sonido de su trompeta, algo tan único y personal que hacía que con solo una nota fuese reconocible.





Millas por delante

Cuando todo parecía propicio Miles volvió a dar una vuelta de tuerca. En 1957 rompió el quinteto y grabó junto a Gil Evans un disco con un título de lo más profético, 'Miles Ahead'. Un disco en el que Miles a la trompeta y al fiscornio ejercía de solista de las partituras orquestales de Evans. Un proyecto ambicioso que pudieron realizar gracias a la confianza de Columbia en el músico. El resultado dejó asombrado a público y crítica. Claro que lo mejor estaba por llegar en 1958, la pareja se embarcó en otro proyecto, la realización de la ópera popular de George Gershwin 'Porgy & Bess'. A su lado 'Miles Ahead' parecía un disco de probaturas. Sin lugar a dudas, habían dado a luz uno de los mejores discos de la carrera del trompetista.

Su popularidad era mayor que nunca, ese mismo año apareció en la revista Time, y sus pasos eran seguidos internacionalmente. A finales de 1957 le llamó el director de cine francés Louis Malle para realizar la banda sonora de su película 'Ascensor para el cadalso'. Miles volvió a entregar un disco revolucionario en el que comenzaba a jugar con lo que sería su siguiente paso, la música modal. Su encuentro definitivo con ella se produjo con 'Milestones' canción que daba nombre a su nuevo disco. Miles había vuelto a contratar a su antiguo quinteto y además le sumaba el saxofón alto de Cannonball Adderley. Coltrane había pasado algún tiempo a las órdenes de Thelonious Monk y ahora encontraba a su jefe en una nueva fase, "ahora utilizaba cada vez menos progresiones de acordes. La música de Miles me daba mucha libertad. Era un enfoque hermoso".

Coltrane supo aplicar este nuevo enfoque y creó una superposición de acordes con mucha libertad a la que se aplicó el nombre de "sábanas de sonido". La contraposición del furioso ataque del saxofonista con el lírico timbre de la trompeta de Miles daría como resultado la que es considerada la obra maestra del jazz, 'A kind of blue'.

 


KIND OF BLUE


Este disco se realizó en 1959, con Jimmy Cobb a la batería, Paul Chambers al bajo, Coltrane al saxo tenor, Cannonball Adderley al saxo alto y Bill Evans al piano. Este último fue otro de los elementos fundamentales a la hora del éxito del disco. El pianista trajo consigo su aprecio por la música impresionista. Tocó en todas las canciones menos en 'Freddie Freeloader' donde lo hizo Wynton Kelly. Pistas como 'So what' o 'All blues' pasaron a convertirse en fijos dentro del repertorio en directo de Miles.

Su siguiente paso fue más allá. Una vez más junto a Gil Evans, Miles buceó en la música española. Su 'Sketches of Spain' es un disco que escandalizó a los más puristas dentro del jazz. Su mezcla de música clásica contemporánea, de Rodrigo y Falla, con la música popular de los gitanos, con los que  Miles se veía emparentado, fue un nuevo logro artístico e hizo del 'Concierto de Aranjuez' del maestro Rodrigo una pieza estándar del repertorio jazzístico.

Si los años 60 comenzaron bien, esto no duró. Coltrane y Adderley abandonaron la banda para formar sus propios grupos y a Miles le costó reemplazarlos. Por si fuera poco, la corriente del free jazz, encabezada por Ornette Coleman, amenazaba con dejar obsoleto al artista. Coleman y el propio Coltrane eran ahora la punta de lanza del jazz y, a pesar de conservar su popularidad, hacían que Miles no estuviese al frente por primera vez desde los 40.

Esto duro hasta 1965 cuando se formó su segundo gran quinteto. Esta vez sus componentes eran Wayne Shorter al saxofón, Herbie Hancock al piano, Ron Carter al bajo y el joven Tony Williams a la batería. Tanto Shorter como Hancock ya habían grabado algunos discos en solitario pero fue su paso por la banda de Miles lo que les catapultó a la fama. Juntos llevaron el hard bop a su máxima expresión, llevando a su música por caminos todavía no transitados. Su máxima expresión era en los directos donde los cinco músicos interactuaban telepáticamente. Discos como 'Miles smiles' o 'Nefertiti' devolvieron a Miles su posición como guía. Pero a mediados de los 60 Davis estaba empezando a escuchar otro tipo de música.


 

De un modo silencioso

En 1967 Miles descubrió a Jimi Hendrix y comenzó a interesarse por la música rock. Demostrando una saludable falta de prejuicios Davis declaró: "En cuanto a la música pop, debe de ser algo básico en la escucha de todos". En 1968 su dieta musical se basaba en Beatles, James Brown, Sly & The Family Stone o los Byrds. Ese mismo año en una escucha a ciegas para el crítico Leonard Feather, Miles expuso la máxima por la que siempre se guió: "Hay que ubicar a un tipo en un punto en que tenga que hacer otra cosa, aparte de lo que ya sabe". El jazz más convencional no le aportaba ya nada y sobre la corriente más avant garde lo tenía claro, "la gente es tan crédula, acepta eso, acepta algo de lo que no sabe nada, porque siente que no es moderno aceptarlo".

Era evidente que algo se avecinaba, 'Filles de Killimanjaro' dio algunas pistas al ver la introducción de instrumentos eléctricos en la banda, pero la nueva dirección encontró su forma plenamente con 'In a silent way' publicado en 1969. Este disco veía a un Miles que comenzaba a utilizar el estudio de grabación como un instrumento más. Primero venían las jam sessions en el estudio de grabación y después, junto a su productor Teo Macero, Miles las editaba a su gusto. Para esta nueva etapa, el trompetista se rodeó de una nueva generación de músicos, gente como Chick Corea y Joe Zawinul a los teclados o John McLaughlin a la guitarra eléctrica.

Muchos le acusaron de venderse al rock pero la música de Miles Davis seguía siendo única e inimitable, 'Bitches brew' editado en 1970 era un disco doble donde Miles exploró su fusión sin importarle equivocarse. Es un disco lleno de aciertos y errores donde Miles se adentra por sendas nunca exploradas, pero desde luego no es una obra fácil. Aun así su presencia en festivales de rock, su nuevo look con ropa llamativa y su acercamiento a los instrumentos eléctricos hicieron del disco el más vendido en la carrera de Davis. Pero Miles no estaba del todo contento, quería conectar con la juventud negra más que con los hippies blancos. Para ello se acercó al funk, aunque siempre desde su particular óptica y entregó alguno de los discos más callejeros de los setenta como 'A tribute to Jack Johnson' o 'On the corner'. Después sus directos se volvieron caóticos, su empleo de la trompeta fue decreciendo y su música tendió hacia la abstracción.

En 1975 dejó de tocar, problemas de salud y, posiblemente, cierta sensación de no saber hacia donde ir le mantuvieron apartado de la escena hasta su vuelta a principios de los 80. Como siempre ésta estuvo marcada por un nuevo enfoque y una nueva polémica.

Ian Carr lo explica con brillantez en su biografía sobre Miles, la actividad creativa para éste se basa en tres etapas, se empieza con lo que se conoce; luego se ingresa en nuevas áreas, menos familiares y, por último, se absorbe esa nueva área y se convierte en familiar. Así cuando muchos llegaban, Miles ya no estaba allí. Su última etapa, coqueteando con sonidos más pop, con Prince como nueva referencia y versiones de Michael Jackson o Cindy Lauper volvió a escandalizar a los autodenominados "guardianes de la esencia" del jazz. El joven Wynton Marsalis atacaba a Miles cuando su propia música no era sino una recreación de la del segundo gran quinteto de Miles.

Miles siempre prefirió equivocarse a repetirse y eso es algo verdaderamente loable. Tras pasar por cientos de reencarnaciones y periodos por encima de todos ellos destacaba el sonido de su trompeta. El 28 de septiembre de 1991 Miles Davis falleció en Santa Mónica. Nos dejaba un legado de seis décadas de música y una huella indeleble en la historia de la música, posiblemente la más profunda de todo el Siglo XX.


 


¿ES JAZZ?

"¿Es jazz?" se preguntaban muchos críticos y seguidores de Miles Davis cada vez que este rompía con los moldes establecidos y le daba una nueva dirección a su música. Probablemente lo fuera, probablemente no; los grandes artistas superan los conceptos y los encasillamientos para hacer lo que mejor saben, y de eso hablamos hoy: música, y punto.

La carrera musical de Miles comenzó a los 18 años cuando se mudó a Nueva York, asistiendo a una prestigiosa academia musical, aunque su interés y probablemente su verdadero aprendizaje se haya dado en los antros de la calle 52, donde se gestaba el bebop. Allí se encontró con Charlie "Bird" Parker e inmediatamente se transformó en miembro estable de sus grupos durante el período 1946-1948. Para ese entonces comenzó a dirigir sus propios grupos, alcanzando el punto culmine con la creación del noneto, en colaboración con el arreglista Gil Evans, que sentaría las bases para la denominada escuela "cool" del jazz, con el disco Birth of the Cool. A comienzos de la década del 50 sufrió un período de profunda adicción a la heroína, de la que pudo recuperarse pero que le dejó secuelas permanentes en su cuerpo y en su personalidad. Formó luego su primer quinteto, devenido luego en sexteto, del cual formaba parte el enorme John Coltrane. Con este grupo grabó en un período de doce meses seis influyentes discos (entre ellos Cookin', Relaxin', Workin', Steamin' with the Miles Davis Quintet, Round About Midnight), culminando con dos obras fundamentales, Milestones y Kind of Blue, este último quizá el mas importante y apreciado de la historia del jazz. Alejado luego temporariamente del formato grupo registró junto con Gil Evans importantes piezas de música orquestal: Porgy and Bess, Miles Ahead y Sketches Of Spain.







Entrada la década del 60, Miles volvió a formar un quinteto de jóvenes y brillantes músicos, que como esos famosos equipos de fútbol se recitan de memoria: Wayne Shorter (saxo), Herbie Hancock (piano), Ron Carter (contrabajo) y Tony Williams (batería). Este grupo es considerado por muchos como el mejor de la historia del jazz, llevando la improvisación a límites de insuperable excelencia. Se puede apreciar el magma de este quinteto en diversas grabaciones en vivo y en un impecable legado de discos de estudio: E.S.P., Sorcerer, Nefertiti, Miles In The Sky. Hacia fines de ésta década comenzó a interesarse por composiciones musicales más largas sin una estructura definida, permitiendo la inclusión de instrumentos provenientes del rock ciertamente novedosos para el jazz como teclados electrónicos, guitarras eléctricas y percusiones. Nuevamente convocó a jóvenes talentos de la escena, como Keith Jarret, Chick Corea, John McLaughlin, Jack DeJohnette y Dave Holland. En un período de intensa actividad, entre los años 1969 y 1970, registró una enorme cantidad de temas, los cuales sentarían las bases del incipiente movimiento de jazz fusión o jazz rock: In A Silent Way, Bitches Brew, A Tribute To Jack Johnson y Live Evil. Fundamentalmente el disco Bitches Brew generó un quiebre en su momento, provocando que muchos de los fanáticos tradicionales de Miles se alejaran. A este intenso período de exploración, le siguió otro de alejamiento de la escena musical y pública (1975-1980), debido a un agotamiento físico y creativo, y a problemas de salud derivados de su antigua adicción a las drogas duras.

Su regreso se dio en 1980, recuperado físicamente y volviendo a sus mejores registros de trompeta. Ingresaría en una etapa totalmente novedosa, introduciendo en su música sintetizadores y bases programadas (y claro, estamos en los 80). Muchos de los discos registrados en esta etapa (Star People, You're Under Arrest, Decoy) tienen una complejidad de arreglos y detalles notable, aunque quizá suenan un poco estructurados. El pico probablemente sea Tutu, ejecutado únicamente por la trompeta de Miles sobre bases programadas, dándole una independencia de la banda para la grabación de la música y nuevas posibilidades en el estudio. En ésta década Miles se reencontró también con las grandes masas, dando conciertos alrededor del mundo, revisitando varias de sus viejas obras y recibiendo el reconocimiento masivo por tantos años de tan gloriosa música; murió finalmente en el año 1991.




El legado de Miles es tan vasto y original que resulta inacabable. Han existido otros grandes trompetistas en la historia del jazz, pero ninguno con la versatilidad y la innovación del propio Miles. Un artista que no deseaba repetirse y que solo grababa cuando tenia algo que decir, retirándose de la escena luego de períodos de gran creatividad para buscar nuevas inspiraciones; un artista ávido de buscar siempre nuevas aristas para su música, muy confiado de sus visiones y con una gran percepción para rodearse de notables músicos; en la humilde opinión del que escribe, el artista mas grande del siglo XX (y queda abierta la discusión por supuesto). Basta de palabras, los dejo con la música total: una lista que resume cronológicamente la historia musical de Miles.


viernes, 11 de marzo de 2011

A 90 AÑOS DE SU NACIMIENTO, ASTOR PIAZZOLLA: EL HOMBRE QUE CAMBIO LA HISTORIA DEL TANGO.









NACIO UN 11 DE MARZO COMO HOY, EN MAR DEL PLATA, PERO FUE EN 1953, EN PARIS, DONDE NACIO COMO MUSICO Y DEFINIO SU ESTILO.
I diota, eso es Piazzolla. Como el ¡¡¡Eureka!!! de Arquímedes o tal vez como el imperativo griego Conócete a ti mismo escrito en la puerta del templo de Apolo en Delfos, la compositora francesa Nadia Boulanger (1887-1979) gritó su gran descubrimiento en la cara del propio Astor. El lo cuenta así en una entrevista concedida en Chile en 1999: "'Usted me dice que no es pianista, ¿qué instrumento toca, entonces?'" Y yo no quería decirle que tocaba el bandoneón, porque pensaba 'Ahí ésta me tira por la ventana del cuarto piso con bandoneón y todo'. Finalmente se lo confesé y me hizo que le tocara unos compases de un tango mío.
De repente abre los ojos, me toma la mano y me dice: 'Pedazo de idiota, ¡esto es Piazzolla!'. Y agarré toda la música que había compuesto, diez años de mi vida, la tiré al diablo en dos segundos".
Sí, en toda vida hay un instante de revelación cuando uno comienza a creer en sí mismo. "Ella me enseñó a creer en Astor Piazzolla, a creer que mi música no era tan mala como yo pensaba. Pensé que era algo así como un pedazo de mierda porque tocaba tangos en un cabaret, pero yo tenía algo llamado estilo.
Sentí una especie de liberación del tanguero-vergüenza que era yo".
Por eso, tal vez no importe citar su fecha biológica de nacimiento, el 11 de marzo de 1921 en la ciudad de Mar del Plata, porque Piazzolla, el genio que revolucionó la música popular de Buenos Aires, nació aquel día de 1953 en París, después que Nadia pronunciara sus mágicas palabras.
Desde entonces, la música de Astor comenzó a provocar al sensible mundo del tango. La verdadera causa de ese desorden fue su identidad estética que rompió con la tradición tanguera apostada en el territorio rioplatense, al incorporar a su música complejidades rítmicas de otros géneros y de otras territorialidades aunque sin perder
"Hoy se respira más perfume de rock o de punk. El tango de ahora es sólo una imitación nostálgica y aburrida de aquella época".
la esencia urbana que está en la naturaleza misma del tango. En síntesis, Piazzolla logró crear un nuevo territorio para expresar la música tradicional de Buenos Aires, mucho antes de que Martin Stokes -etnomusicólogo de la Universidad de Oxford- enunciara que el hecho musical evoca y organiza las memorias colectivas y presenta las experiencias de un lugar, con una intensidad, un poder y una simplicidad no igualada por ninguna otra actividad social. En ese sentido, Astor creó una nueva relación de identidad entre su música y el espacio urbano de la ciudad.
"Mi música es una música de cámara popular que viene del tango". Tal es la concepción textual de cómo Piazzolla definía su estilo. El secreto estaba en la audacia puesta en las armonías, en los ritmos, en los tempos, en los contrapuntos y en modo especial en la construcción musical fugada, proveniente del barroco, consistente en el desarrollo estructurado de temas superpuestos. "Mi audacia está en la armonía, en los ritmos, en los contratiempos, en el contrapunto de dos o tres instrumentos, que es hermoso, y buscar que no siempre sea tonal, buscar la atonalidad".
¡Qué lejano parecía entonces el tango tradicional que Buenos Aires veía languidecer en la década de 1950! Y cómo no iba despertar enconos y polémicas la música y las opiniones de Piazzolla. Qué porteño aceptaría dócilmente que sentenciara, como lo hizo en 1989: "El tango ya no existe. Existió hace muchos años atrás, hasta el '55, cuando Buenos Aires era una ciudad en que se vestía el tango, se caminaba el tango, se respiraba un perfume de tango en el aire. Pero hoy no. Hoy se respira más perfume de rock o de punk. El tango de ahora es sólo una imitación nostálgica y aburrida de aquella época".
Este contrapunto de opiniones desafiantes, terminó por darle trascendencia y repercusión en todo el mundo a la música de Astor y produjo el nacimiento de una generación de nuevos tangueros que producirían el milagro de la resurrección cuanto todo anunciaba la muerte del tango.
Pero la historia de Astor Piazzolla no podría comprenderse de modo cabal, sin una mirada biográfica porque su vida no fue la de un muchacho porteño, aquerenciado en alguna barriada marginal oyendo tangos desde la cuna. Astor creció oyendo otra música, el jazz, en un barrio pobre de Manhattan, en la calle St. Marks Place cuyos habitantes y costumbres en nada se parecían a los arrabales porteños.














Astor había nacido en Mar del Plata, el 11 de marzo de 1921, hijo de Vicente y Asunta Manetti. Su otro nombre, Pantaleón, lo recibió por su abuelo paterno, Pantaleone Piazzolla, marinero y pescador que había emigrado a la Argentina desde su Trani natal, una pequeña ciudad situada en la región de la Apulia, a orillas del Adriático.
La niñez de Astor transcurrió en Nueva York, donde su familia se radicara en busca de mejores horizontes cuando él tenía sólo 4 años.
Y en esa gran ciudad, tan lejos de su tierra, descubrió el lenguaje de la música, su amor eterno, como él mismo dijera: "La música es más que una mujer, porque de la mujer te podés divorciar, pero de la música, no. Una vez que te casás, es tu amor eterno, para toda la vida y te vas a la tumba con ella encima".
La música le llegó desde las misteriosas entrañas del bandoneón que le regalara su padre y que Astor aprendió a ejecutar tomando clases con Andrés D'Aquila, un músico argentino que fuera también maestro de Gabriel "Chula" Claussi. A los diez años realizó su primera grabación, Marionete Spagnol, un acetato no comercial, tomado en los estudios de Radio Recording de Nueva York el 30 de noviembre de 1931.
Dos años después inició estudios de piano con el maestro húngaro Bela Wilda, discípulo de Rachmaninoff, con quien descubrió a Bach, al mismo tiempo que conoció a Carlos Gardel, amigo de su familia, quien lo incluyó en el reparto de la película El día que me quieras en un breve papel de "canillita".
Me he preguntado muchas veces cuánto influyó la presencia de Gardel en la vida de Piazzolla. Aunque el mismo Astor confesara que su contacto con Gardel fue muy pasajero no eludió mencionar "el placer que tuve fue filmar con él algunas escenas de El día que me quieras y acompañarlo, en ciertas oportunidades, con el bandoneón que yo recién empezaba a estudiar.












Pero también acepta que para entender y amar a Gardel, uno tiene que haber pasado por Buenos Aires, conocer el mercado de Abasto, y yo sólo era un chico de trece años que vivía en New York".
Hasta aquí, esta historia neoyorquina no pareciera ser presagio de lo que ocurriría después, porque vuelta la familia a la Argentina en 1936, Astor y su bandoneón comenzaron a frecuentar el tango.
Piazzolla se deslumbró al escuchar, una tarde-noche en Mar del Plata, al Sexteto de Elvino Vardaro, el mejor violinista de toda la historia del tango pese a que fue "un artista casi secreto", según el acertado cuño del crítico Jorge Andrés.
En 1938, con sólo 18 años de edad, Astor se radicó en Buenos Aires y al año siguiente ingresó a la orquesta de Aníbal Troilo, su otro gran maestro. Pero Astor sigue ávido de encontrar otra música y ya en 1941 comenzó sus estudios musicales con Alberto Ginastera.
Son los años donde la goma de borrar de Pichuco quitó las audacias piazzollianas de los arreglos que Astor hacía para la orquesta, la que dejó finalmente en 1944, para seguir al cantor Francisco Fiorentino como director de la formación que lo acompañaría.
En 1946, Astor crea su primera formación no muy distinta de las convencionales de ese tiempo aunque sus orquestaciones y el desarrollo armónico que confiere a los temas, ya dan cuenta de un talento innovador. Ese mismo año compone El desbande. Durante tres años mantuvo esta orquesta que disolvió en 1949, casi apartándose del tango y del bandoneón.
Es allí donde comienza su búsqueda obsesiva de un nuevo estilo que aún no pudo definir. Sus obras despiertan perplejidad y rechazo; la presentación de Buenos Aires, Tres movimientos sinfónicos en la Facultad de Derecho tiene un escandaloso final. Pero al año siguiente viaja a París beneficiado por una beca del gobierno francés y ahí se produce su encuentro con Nadia Boulanger.
Nadia le abre su corazón y proclama, después de oírle ejecutar Triunfal, su gran descubrimiento:

SU VIGENCIA

FERNANDO TARRES Y SU VISION JAZZERA DEL TANGUERO.

















El guitarrista Fernando Tarrés es tal vez el músico más adecuado para hablar sobre el impacto que aún hoy sigue produciendo la música de Piazzolla. Comisionado por el Buenos Aires Jazz, Tarrés trabajó sobre la música de Piazzolla. Su producción, en formación de noneto y sexteto fue plasmada en el disco que editó BAU Records.
¿Qué significó Piazzolla para el jazz y qué significa para el jazz actual? Primero hay que establecer una diferencia clara entre la lectura que un músico de jazz hacía de Piazzolla en Argentina y la que pudiera hacer un músico de jazz en otro lugar del mundo. Piazzolla es un artista cuya obra tiene una doble lectura, porque habla un idioma universal, pero construido a partir de códigos esencialmente locales.
En ese sentido, Piazzolla significó para muchos artistas locales la muestra tangible de que había una manera de hacer música argentina sin ceñirse al código del tango o del folklore. Como además escuchaba a Bartok y Stravisnky, y tomaba de ellos algunos gestos, su música mostraba cómo esos gestos podían resignificarse en la música popular. Y eso es muy importante. Piazzolla supo ver una puerta de escape donde el resto no había visto nada. Seguramente su música no significó mayormente nada para el jazz, aunque algunos músicos importantes de jazz se maravillaron con su música y con la manera en que su grupo tocaba.
Además, hay que tener en cuenta que el músico de jazz ha sido y sigue siendo binario: toma lo que le sirve y desecha lo que no.
¿Y en cuanto al presente? El camino es más o menos inverso.
En vez de representar una salida del tango, para muchos artistas jóvenes Piazzolla es la puerta de entrada al tango. Quizás porque su concepción rítmica y formal es más parecida a lo que los músicos de jazz estamos acostumbrados a escuchar. La manera en la que edifica su música a partir de patrones melódicos y rítmicos que se van deformando y transfigurando lentamente es algo con lo que el músico de jazz sintoniza de inmediato, porque son procesos que conoce.
Entonces entra al tango por la puerta Piazzolla; luego algunos sienten la necesidad de ahondar en el género.
Los giros piazzollianos son una marca demasiado ostensible, ¿cómo se homenajea su lenguaje sin transformarlos en caricatura? ¿Se puede tributar a Piazzolla sin confirmar su estilo? No confirmar su estilo es el único camino interesante. Él transitó su música una y otra vez hasta depurarla. Consecuentemente, resulta inútil tomar su mismo camino.
Ahora recuerdo una película en la que Godard comienza diciendo: "No muestres cada costado de las cosas. Reservate un margen de indefinición." Todo artista hace eso y, consecuentemente, en las ideas musicales de Piazzolla hay costados que no fueron mostrados. Ese es el camino por donde hay que entrar, por las posibilidades que Piazzolla no mostró de sus propias ideas. Para esto, uno cuenta con una ventaja maravillosa: la perspectiva. Mirar cualquier obra del pasado a la luz del presente constituye un buen punto de partida.











Sólo es cuestión de mirar atentamente.
¿Qué significó la música de Piazzolla para su propio entorno? Probablemente una denuncia que evidenciaba las ausencias de ciertas cosas en el género, o el exceso de lo local y lo pintoresco. Un recordatorio de lo burdo que se estaba volviendo el estereotipo. Por otro lado, no hay que olvidar que, aunque en el mercado actual el tango es una música no masiva -si se la compara con el rock o el pop, en la primera época de Piazzolla el tango era un género muy popular donde la aceptación masiva del público era una parte importante del juego, y Piazzolla vino y pateó el tablero. Desafió los patrones establecidos y hasta se jactó de ello.
Y eso no pasó inadvertido. Ante algo tan radical, nadie podía mantenerse en posición neutral. Por eso los amores y las broncas. Fuerzas que, aunque antagónicas, hacían una misma cosa: resaltar su figura.
¿Qué tomaste de su obra? Antes que nada, traté de rescatar su actitud, ese rasgo prepotente que tiene su música. En segundo término, su costumbre de desdibujar límites. Así como él dejó entrar otras músicas al tango, yo dejé entrar otras músicas a Piazzolla. Algo así como honrar su sano desprejuicio con el mío. Por último, aproveché el hecho de que sus melodías están -en menor o mayor medidainstauradas en el inconsciente de quien va a escuchar mi trabajo. Esto me permite hacer algo que es muy interesante: al escribir música, uno normalmente establece un centro del cual luego se aleja y se acerca generando tensión y distensión. Como aquí el punto de partida es conocido, uno puede dejarlo tácito y alejarse de un centro que nunca fue claramente expresado.
Así, por momentos su música está en al aire y, extrañamente, nadie la está tocando.

Maestro, músico y compañero

PABLO ZIEGLER, PIANISTA DEL ULTIMO QUINTETO PIAZZOLLIANO, HOY HOMENAJEA AL MUSICO.















Por Pablo S. Alonso
Pianista del último quinteto (1978-1988) de Piazzolla, Pablo Ziegler vino a la Argentina -desde 1997 reside en Nueva York- para realizar seis presentaciones a modo de homenaje. En ellas, Ziegler revisita la música de su mentor (además de interpretar en su memoria algunas obras propias) con la sensibilidad y creatividad necesarias para que la ausencia del compositor no empañe los resultados artísticos.
Para cuando, a los 33 años, fue convocado al Quinteto por recomendación del guitarrista Oscar López Ruiz, Ziegler,ya tenía una considerable carrera.
En una ocasión, su trío de jazz había abierto un show de una de las anteriores encarnaciones del Quinteto. Horacio Malvicino -el otro guitarrista principal del grupo- vio tocar a Ziegler en esa ocasión y tomó nota de su ductilidad. "Para el segundo octeto electrónico (1977) me buscaron y por suerte no me encontraron, porque duró poquito", recuerda Ziegler hoy.
El primer encuentro con Piazzolla fue para confirmar que era el músico indicado. "Me tiró unas partituras y yo le digo. 'Mirá, hay una cadencia tuya que me encanta', de un arreglo maravilloso que hizo de Los mareados. La toqué y me dijo 'Ah, bueh, tomá las partituras, en veinte días empezamos a ensayar. Chau' Y a los tres o cuatro días apareció con una cadencia sobre Adiós Nonino que escribió para mí porque no encontraba la otra (risas). Era una cosa tras otra." La propuesta era la mejor alternativa artística para Ziegler, pero no la más rentable. "En ese momento Astor era un tipo muy discutido. Al mismo tiempo me había llamado el manager de Alberto Cortez ofreciéndome ir a España para ser el director musical, una guita que estaba muy bien. Y me quedé con Astor, me jugué por lo que creí." Eventualmente, el talento del Quinteto fue debidamente remunerado en escenarios de todo el mundo.
Ziegler y los guitarristas tenían algunas licencias para improvisar, pero dentro del lenguaje piazzolleano. "No lo hagás tan jazzero, hacelo más tanguero", le decía el bandoneonista a Ziegler, a quien, de los pianistas anteriores del Quinteto, le interesaba Osvaldo Tarantino, el único que solía improvisar.














De todas formas, Ziegler considera que la clave de esta música yace en la concepción camaristica.
"Astor era un compositor de música de cámara con orientación al tango. Todos los arreglos suenan perfecto, porque tenía un training clásico muy bueno. El Quinteto era como una sola voz, el ensamble perfecto. En los jazzistas siempre hay un tipo adelante y tres que acompañan, pero en esto no." Además, Ziegler fue el único músico de ese Quinteto que nunca tuvo un cortocircuito con Piazzolla, siempre proclive a los golpes de timón y a las declaraciones polémicas. "A veces le pedíamos que se calle la boca. 'Bueno, es mi opinión...' (risas). Yo no prestaba mucha atención a esas cosas, porque el Tano conmigo siempre era muy amiguero: íbamos a pescar juntos, me llamaba y me decía 'Vení que te quiero mostrar una parte de piano', o me invitaba a sus reuniones donde estaban Tato Bores o (Pipo) Mancera. Yo era el más pibe; tuve una relación paternal desde el lado de la música, pero (Astor) también era un tipo que cuando te quería, te quería" En Piazzolla convivían el bromista con el mecha corta ("Le gustaba joder, pero no que lo jodan") y peculiaridades como su costumbre de lanzar objetos como si fuesen pelotas; incluso si el esférico en cuestión, arrojado sorpresivamente a Ziegler en un hotel en San Francisco, era un paquete grasiento que envolvía un pato que a Piazzolla se le había ocurrido comprar para que el pianista lo preparase a la pekinesa.
Piazzolla siempre alentó a Ziegler a desarrollar su propia música.
"Estoy escribiendo esto ¿qué te parece?", preguntaba Pablo. "Me encantó", respondía Astor. "Y después me miraba, se cagaba de risa y lo tocaba en el bandoneón (risas). Me aconsejaba 'Dale con el contrapunto. Estudíá mucho eso'.
Cuando el Quinteto no existía más, yo hago la música (institucional) para FM Tango; él la escuchó y me dijo 'Está bueno. Bien piazzolleano' '¿Y qué querés? ¡De ahí viene!' (risas)".

Un Astor de entrecasa

PESCAR Y MANEJAR ERAN SUS HOBBIES. HABLAN SU EX PAREJA, AMELITA BALTAR, Y SU HIJO, DANIEL.
















Por Lucila Olivera
Una fuerte dupla profesional y personal formaron durante los años 1968 y 1975 Astor Piazzolla y Amelita Baltar.
¿Cómo privarse, entonces, del recuerdo lleno de humor y de cariño de la diva del tango? "Astor tenía muy buen humor y, por momentos, también un carácter bastante bravo. Se la pasaba haciendo chistes a todo el mundo.
A mí, por ejemplo, me asustaba en la oscuridad. ¡Pero que nadie viniera a hacerle un chiste a él!", recuerda la Baltar. Y sigue: "Eso sí: al momento de ensayar no se jugaba.
Eso era bien serio". Según cuenta la artistas, la rutina de trabajo del músico arrancaba bien temprano.
"Recién a eso de las 11, yo le acercaba a su piano un café o un té, y él seguía hasta tarde".
¿Dos cosas que Astor amaba? Manejar y pescar, en cualquier orden, y como un gran recurso para despejarse y poner la mente en blanco. "A Piazzolla le gustaba hacer viajes de un momento para otro. Por ejemplo, me decía: "Prepará el bolso que en dos horas salimos a Mar del Plata", y así partíamos a visitarla a Nonina (la mamá del músico). O me decía: En un rato nos vamos a almorzar a San Antonio de Areco", y así nos íbamos".
La rubia recuerda, en especial, un Volkswagen coloradito que tenían en la época en que vivían en Europa. "No teníamos un mango. Lo compramos en Suiza, aunque vivíamos en Roma. Pero gracias a ese autito pudimos disfrutar mucho de todos los paisajes que se nos presentaban en el camino", dice.
En cuanto a la pesca, Piazzolla solía ir con ella o con amigos a San Blas. "Recuerdo que allá por el 71, yo lo ayudé a sacar su primer tiburón. En realidad, fueron dos, ¡con una diferencia de 45 minutos! Un delirio. Jamás pensó que iba a pescar semejantes bichos, así que no estaba preparado. Eran inmensos.
Me pidió que agarrara el bichero para ayudarlo y yo, como una inconciente, le hice caso. ¡Al día siguiente uno de los tiburones seguía moviéndose! El estaba que no podía más de la alegría", relata Baltar.
Y profundiza esa postal. "A ese lugar fuimos, además, con su mamá, con la mía y con mi hijo. De hecho, hemos pasado alguna fiesta allí.
Todo era muy austero. Sólo había un hotel súper sencillo, con un baño en la esquina que tenía una ducha a kerosene. A Astor le gustaba lo rústico; a mí, también. La gente de ahí le cocinaba lo que pescaba y comíamos pescado a morir. Astor le enseñó a pescar a mi hijo, que de grande lo sigue haciendo.
¡Todo por culpa de Piazzolla! Eran iguales: el chico tenía unos 6 o 7 años, y él más o menos. Es que era un chico grande, como un adolescente, o como casi todos los hombres".
¿Los gustos culinarios del autor de Adiós Nonino? También muy sencillos. "Un día vino a comer Atahualpa Yupanqui y le pidió a Helena, que ya a esta altura la trataba como a una prima, que preparara ñoquis con salsa. Astor era muy de la pasta. Y le gustaba hacer él mismo las salsas: eso sí, quedaba la cocina con los azulejos todos colorados, parecía que habían asesinado a alguien! También le gustaba preparar conservas, en especial, berenjenas en escabeche, que le encantaban".
Y las mujeres, ¿se le acercaban mucho? "Como le pasa a la mayoría de los famosos y de las famosas. Entonces, cuando salíamos de uno de sus conciertos y alguna empezaba a acercarse con sonrisitas y a hacer jajajajiji, yo le decía desde atrás con mi peor voz de villera: ¡Piiiiiichiiiii! Ellas ponían cara de ay, qué ordinaria esta. Pero, al final, se terrminaban yendo" (se ríe).
Se hace tarde. Un remise la espera para ir a grabar su próximo disco, que incluye una versión de Chiquilín de Bachín con unos arreglos especiales que "a él le encantarían" y en el que también está trabajando con Sebastián Barbui.
¿Tiene algún recuerdo de la noche que estrenaron en el Luna Park "Balada para un loco"? Me acuerdo que fuimos con mi mamá y un amigo. Yo me había mandado a hacer un vestido divino, que lo terminé rompiendo porque no me entraba el aire, así que saludé sin dar la espalda, como una geisha, para que no se viera. Después, cuánto nos destrozó la crítica es tema conocido. Lo que me contó hace poco Marikena (Monti) es que unos días después Astor, que había quedado muy mal con todo el episodio, le dijo que él ya estaba acostumbrado a las críticas, pero que lo lamentaba profundamente por mí, porque era muy chica para soportarlo.
Ahora sí se despide: "Que te quede linda la nota".

Cronología en hitos: 1925-1992




















1) Infancia en Manhattan 1925. A los cuatro años, parte junto con su familia.
1930. Regreso breve a Buenos Aires. Toma clases de bandoneón con Homero Pauloni.
1934. Conoce a Carlos Gardel.
Comparte con él caminatas por Manhattan, recorre las mejores tiendas neoyorquinas y le enseña inglés.
1935. Gardel lo incluye como canillita en "El día que me quieras".
2) Bandoneón cadenero 1937. Regresa a Mar del Plata.
Su padre instala un bar y construye un escenario para que Astor toque tango en trío.
1938. Escucha al sexteto de Elvino Vardaro. Forma un cuarteto para hacer "una exacta imitación del estilo Vardaro".
1939. Viaja a Buenos Aires por consejo de Miguel Caló. Ingresa a la orquesta de Troilo gracias a la gestión de Hugo Baralis.
1940. Conoce a Dedé Wolf, su primera mujer.
1941. Conoce a Arthur Rubinstein. El encuentro deriva en una preparación académica con Ginastera. Hace su primer arreglo para la orquesta de Troilo: "Azabache".
1942. Se casa con Dedé.
1943. Estudia piano. Nace su hija Diana.
1944. Nace su hijo Daniel. Se desvincula de la orquesta de Troilo. Empieza a colaborar con la de Goñi y Florentino.
1946. Forma su primera orquesta, la Típica de Astor Piazzolla.
1950. Disuelve su primera orquesta. "¡Ya no quiero saber nada con el bandoneón!" 3)Anclar en París 1953. Gana el premio Fabián Sevitzky por sus "Tres movimientos sinfónicos".

1954. Parte a París con Dedé.

Estudia con Nadia Boulanger.

1955. Firma contrato con tres compañías discográficas francesas para componer y grabar.

4) Tangos para improvisar 1955. Escucha al octeto del saxofonista Gerry Mulligan y planea armar su grupo más osado, el Octeto, incomprendido por el público y la crítica.

1958. Vuelve a Nueva York.

1959. Crea un Quinteto Jazz Tango. Muere su padre. Compone "Adiós Nonino", su obra más famosa. "En este tema quedaron todos los recuerdos que tenía de mi papá".

5) Volver a Buenos Aires 1960. Evalúa que su apuesta a ganar el público neoyorquino había fracasado.

6) Abanderado de la vanguardia 1960. Regresa y forma su primer quinteto.

1961. Se presenta en Canal 11 y Canal 7. Su música alcanza difusión. Escribe "Decarísimo".

Compone su primera fuga para "Calambre".

1962. Pelea en pantalla abierta con Jorge Vidal. Guerra entre piazzollistas y antipiazzollistas.

1963. Escribe "Buenos Aires Hora Cero".

1965. El quinteto viaja a Estados Unidos como parte de la delegación de Arturo Illia. Con la Philarmonic Hall Orchestra edita su primer disco con sus composiciones.

1966. Se separa de Dedé.

7)Las palabras y el canto 1968. Escribe "María de Buenos Aires".