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sábado, 23 de mayo de 2009

LUIS EDUARDO AUTE_PRESENTA MEMORABLE CUERPO



“Sólo sigo haciendo canciones

En cada visita, el legendario cantautor español verifica que la pasión de sus seguidores argentinos no se diluye, aunque no sea un habitué de la radio: “Será que hay una especie de circuito paralelo donde sí se escuchan canciones mías y de muchos otros”.

Tiene más de cuarenta años de canciones y una relación especial con el público de este lado del mar, que él mismo dice no poder explicar del todo. El filipino nacionalizado español Luis Eduardo Aute es un visitante asiduo de la Argentina, una tierra en la que son recordados sus viejos éxitos, aquellos que sonaban en contextos muy diferentes, pero también son conocidas por un público fiel sus canciones más nuevas, aun cuando no suenen en la radio entre visita y visita. Hoy y mañana el cantautor presentará Memorable cuerpo en el teatro ND Ateneo, como parte de una extensa gira que realizará por el interior del país.

La compañía discográfica y los encargados de la prensa se esmeran en anunciar que se cumplen cuarenta años de la edición de su primer CD, mientras se publica (por ahora sólo en Europa) una edición especial de lujo limitada y numerada, con siete CD’s que recorren su obra, y que incluyen material inédito y descatalogado. Y también parte de su obra de fotos y pinturas, tratándose de un artista que también ha incursionado en la plástica como forma de expresión. Pero Aute se encarga de aclarar que no hay ningún aniversario redondo que festejar o, en todo caso, que él no necesita de esa excusa para presentar un concierto.

“En verdad, son cuarenta y tres años desde el primer disco, y en España salió un compendio donde se recogen 115 canciones mías, con un libro de reproducciones de pinturas. Es una edición muy bonita y trabajada, se hizo una edición limitada que no sé si va a poder llegar a la Argentina. Por ahora, esperamos la tercera parte de los Auterretratos, que son en total seis discos donde también repaso mi carrera. Es eso, simplemente. Por lo demás, no creo que tenga ningún sentido celebrar nada a medida que se van cumpliendo años de trabajo. Yo sólo sigo haciendo canciones, nada más”, dice Aute a Página/12, mientras busca algún lugar en el hotel que le permita fumarse un cigarrillo.

–Pero el aniversario redondo siempre es una excusa para mirar hacia atrás y hacer un balance. ¿No lo es en su caso?

–Intento mirar hacia atrás lo menos posible. En verdad... ¡Me produce vértigo mirar atrás! Y el vértigo me sienta muy mal. Sólo existe lo que ha de suceder, lo que sucedió no existe. Somos el tiempo que nos queda, como dice mi amigo el poeta José Manuel Caballero Bonald.

–No es muy nostalgiosa su postura.

–No extraño el pasado. Bueno, sí lo extraño: me encantaría volver a tener quince o dieciocho años, de eso no le quepa duda. Pero para extrañar eso un poco menos, trato de hacer todo como si fuera la primera vez que lo hiciera.

–En la Argentina mantiene un público fiel que lo espera y, sin embargo, sus canciones no suenan en las radios. ¿A qué cree que se debe?

–Bueno, por lo que se me ha difundido en los medios no es, evidentemente. No le encuentro del todo una explicación, a mí me sorprende mucho cuando llego aquí y veo que la gente conoce mis canciones y las canta conmigo. Será que hay una especie de circuito paralelo donde sí se escuchan canciones no solamente mías, sino de otros muchos compositores que no están en los cuarenta principales y, sin embargo, tienen mucho público que se interesa por su trabajo. En verdad es un fenómeno muy extraño, que me cuesta mucho racionalizar.

–¿Existe la misma conexión con su trabajo en otros países de América latina?

–Por suerte, en América latina en general existe esa misma intensidad, pero tal vez en Argentina la relación es algo más sentimental, y para eso sí tengo una explicación. Muchos amigos argentinos han caído en mi casa, sobre todo en la época de la dictadura, desde entonces he trabado amistades duraderas que hacen que venir aquí tenga otro significado para mí. Ahora que lo pienso... ¿No serán ellos los que han estado haciendo difusión de mis canciones? ¡No veo que sean otros! (Risas.)

–Llegan noticias de una España en crisis, que cierra las puertas a la inmigración del Tercer Mundo. ¿Es un tema de debate allí?

–No, más bien hay una sensación de sálvese quien pueda, no hay mucho tiempo para el debate. El llamado primer mundo está empezando a ser tercer mundo, es un barco que se hunde y al que hay que ponerle parches, pero irremediablemente se va a hundir. Mientras tanto, ustedes están con proyectos, hay un rumbo y una conducción. Cuando llegué vi en la televisión a Cristina Fernández recibiendo al presidente Chávez. ¡Qué gusto! En América latina es la primera vez en la historia en que la mayor parte de los gobiernos son democráticos y con un rumbo en general de izquierda. Unos menos, otros más radicales, pero hay una visión de que hay que conquistar es un continente gigantesco, y hacia allí va vuestro barco. Me gusta la presidenta que tienen ustedes.

–¿En qué sentido?

–Bueno, prefiero una presidenta que un presidente. ¡Y además esta presidenta es felizmente una mujer muy guapa! Pero evidentemente me siento cercano al rumbo que ha tomado este gobierno, no por cuestión de partidismo, pero sí en el sentido de que me ubico en un ámbito de ideología de izquierda, y a mí me representa este gobierno. Hace unos años tuve la suerte de ser convocado a participar de la celebración por el día de la Patria, en la Plaza de Mayo, y entonces pude dialogar con la Presidenta, y con Néstor Kirchner, que entonces era el presidente. Otro dato que me alegra: Sé que la Presidenta conoce mis canciones, no sé hasta qué punto llega su condición de fan, pero me han dicho que ella tiene en cuenta algunas canciones mías. Por todas estas razones... ¿Cómo no va a gustarme la Presidenta?

sábado, 16 de mayo de 2009

LUIS EDUARDO AUTE_ENTREVISTA




"Detesto la palabra cantautor"
El filipino-español acaba de sacar una lujosa antología de su obra.
Habla de sus diferentes pasiones,
reflexiona sobre su carrera y confiesa miedos.






Por: Mariano del Mazo

La primavera madrileña es hoy un baldazo de sol y la cacareada crisis financiera mundial parece ser apenas un asunto de diarios y noticieros: por aquí los españoles beben, comen, se ríen, hablan de Messi, Iniesta y Raúl y devastan las ofertas de El Corte Inglés como si nada. "Es un poco el a follar que se acaba el mundo", dice uno en un bar. En el elegante Barrio de la Salamanca (una especie de San Isidro: arbolado, aristocrático) la escena se repite. Por ahí vive Luis Eduardo Aute. Y vive bien: una laberíntica casa de varias plantas, superpoblada de objetos: pinturas, ceniceros, una colección de elefantes de la suerte, libros, discos. Desde otras habitaciones se escuchan voces. En un recoveco, bajando una escalera, a la derecha, hay un sitio que es un escritorio pero que también funciona como la pieza de la adolescencia eterna. Un corcho repleto de fotos de mujeres desnudas prendidas con alfileres delata obsesiones: Sophia Loren, varias Marilyn Monroe poco conocidas, la Bardot y otros íconos. También hay una foto de Robert Bresson, pero vestido.

Aute atiende, amable. Café y mucho cigarrillo. Tiene motivos para conversar: se cumplen 40 años de su primer disco y acaba de lanzar una edición de lujo que contiene siete CDs., dos DVDs. inéditos y un libro de 84 páginas con reproducciones de fotos y de parte de su obra plástica; además sigue sacando la serie de CDs. Auterretratos y lanzó uno de canciones nuevas titulado A día de hoy.



Tanto plan de recopilación y antología... ¿no está marcando un ego exacerbado?

Los artistas tenemos un ego importante. O de lo contrario, tenemos terror a no tener ningún ego. La edición de lujo fue una idea pura y exclusiva de la compañía discográfica; la serie de Auterretratos, que son nuevas versiones de viejos temas, la hago para recuperar los derechos de las canciones. El ordenamiento del material fue movilizador. Tengo más de 400 canciones y llegué a una conclusión que no sé si me alegra o me entristece: siempre escribo de lo mismo.

¿Hay canciones que envejecen mal?

Sí, las circunstanciales, las de coyuntura, las periodísticas.



Ediciones tan caras te deben alejar de la gente común...

Sí, es cierto. No es apta para quien no tenga una buena cantidad de euros. Y tampoco es apta para piratas.



Tener una posición holgada, ¿hace que puedas llegar perder el eje sobre a qué cantarle? A que se pierda la calle, por decirlo de alguna manera...

Yo no he sido muy callejero. La llamada canción urbana nunca me interesó demasiado. Es más: detesto la palabra cantautor, me resulta insoportable. Mis canciones intentan ser más reflexivas, más introspectivas, más existenciales, de amor, conceptuales. Son viajes al interior, no al exterior. La calle está porque vivo en una ciudad. Pero mis bares son interiores. Por eso me gusta el tango, que incorpora muchas veces genialmente los dos universos, la calle y la reflexión.

Nacido en Manila, Filipinas, el 13 de septiembre de 1943, hijo de un catalán empleado de una compañía tabaquera, la familia se afincó en Madrid en 1954. Temprano, Aute diversificó sus intereses: de adolescente incursionaría en la pintura, la música y el cine, actividades que desarrolló profesionalmente y de un modo simultáneo. De las tres pasiones, parece primerear la pintura. Muestra su taller con orgullo, el pucho en la boca, la mirada buscando aprobación. Habla de sus tres hijos y, en un zapping furioso, de Obama, Lula, los '60, el vino español, el presidente de Ecuador y los faisanes y los pavos reales del parque del barrio.

Enumera el top five de su olimpo musical, y jura que no es demagogia que destaque a dos argentinos: "En este orden: Atahualpa Yupanqui, John Lennon, Jacques Brel, Enrique Santos Discépolo y Bob Dylan". "Estoy de acuerdo con aquello que dijo Chico Buarque en cuanto a que la canción es un fenómeno del siglo 20. La canción popular está muy hecha, demasiado hecha. Pero se puede deshacer. Igual yo creo que mientras alguien cante bajo la ducha la canción va a seguir existiendo", dice Aute.

Después pregunta: "¿Almorzaste?". Apura el fin de la entrevista, invita a un buen restaurante y con el grabador apagado, empieza lo mejor de la charla. Despotrica, se suelta y confiesa delicias inconfesables. Suele ocurrir.

Luis Eduardo Aute





















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