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miércoles, 7 de marzo de 2012

GRAN CONCIERTO DE MORRISEY EN BUENOS AIRES ARGENTINA.



En la obra del cantante inglés conviven la esencia pop y la movilización política, el postulado ecológico y la apelación amorosa: todo eso se combinó para una velada que dejó ampliamente satisfechas a 20 mil personas que se acercaron a Jorge Newbery.


Por Luis Paz

MORRISSEY

Músicos: Morrissey (voz),
Boz Boorer y Jesse Tobias (guitarras), Solomon Walker (bajo),
Matt Walker (batería) y
Gustavo Manzur (teclados).
Duración: 90 minutos.
Público: 20 mil personas.
Domingo 4, Estadio GEBA.

El 16 de junio es toda una institución para la cultura pop: fue la fecha en la que James Joyce ubicó los hechos narrados en Ulises, en ese día de 1903 se fundó la Ford, en 1960 se estrenó Psicosis y, en 1978, Grease llegó a las salas de cine. Y en esa jornada de 1986 el gran grupo británico The Smiths, que en sólo cinco años de existencia removería una vez más las bases del pop cancionero inglés, publicó el brillante disco The Queen is Dead. Junto a canciones emblemáticas de la banda, su época y su lugar, como la epónima, “Bigmouth Strikes Again” o “The Boy with the Thorn in his Side”, el álbum incluía la perenne “There is a Light that Never Goes out”. En ella, el cantante Morrissey reflejaba un pedido de paseo en coche hacia un lugar con música y gente joven y vital. Sobre el final, aseguraba: “Si un autobús de dos pisos chocara contra nosotros, morir a tu lado sería hacerlo de una forma celestial. Si un camión de diez toneladas nos mata a los dos, morir a tu lado... bueno, el placer y el privilegio serán míos”. El 4 de marzo no tiene tanta historia, pero tendrá su sitio cuando 2012 acabe y se multipliquen los balances: anteanoche, Morrissey dio en uno de los estadios del club GEBA uno de los shows más notables, emocionantes, sólidos y, pese a algunas de sus líricas, también alegres en un buen tramo del calendario musical local; y esa épica canción de amor y juventud fue la gloria en la insigne voz de un cancionista pop de los más refinados.

Las canciones de Morrissey, tanto como letrista y cantante de The Smiths como en su trabajo como solista, son un posible esbozo para una felicidad real de la autoindulgencia, unas oberturas para el consuelo, siluetas de fina belleza para las partes de un corazón roto. Y también una plataforma para exponerles un contrasentido: si algunos errores pueden ser mostrados de una forma tan esbelta, cuán gloriosos serán, entonces, los aciertos. El propio Morrissey lo había avisado luego de “You’re the One for me, Fatty”: luego de salir a una discreta escena (que apenas necesitó de unos cuantos focos y soportes de espejitos y una pantalla para conjugar elegancia, entretenimiento y decoración) asegurándole a “Buenos Airis” que era una estrella, una vez terminado aquel tema contó que esos eran los pedazos de su corazón y confirmó que había “muchos más”. No llegaron a la veintena, pero sí a las grietas de los reductos cardíacos de 20 mil espectadores.

Sí: por lo común en música se los llama “público”, pero con Moz delante inevitablemente se acaba en la expectación: magnético, erótico, sencillo, saludable y parsimonioso, pero a la vez osado, álgido y bien parado para pedir e imponer respeto, Morrissey pasea el escenario como un torero que esquiva las embestidas de la osamenta del dolor. Celebra la música, el amor, la vida. Hasta silencia a todos ante el vuelo rasante de un avión, y posiblemente haya sido el primer artista internacional que tocó en GEBA sin dar lugar a un comentario fofo sobre el tren que pasa por su costado.

También uno de los pocos visitantes que en la historia del espectáculo musical estornudó en un escenario local. Claro, de espaldas al público: cortésmente inglés. Igual, para él no hay ni olvido ni perdón para la realeza británica: los miembros de su banda, vegetarianos como él, vistieron remeras con la leyenda Odiamos a William y Kate, protagonistas de la Boda Real, el último gran opio del pueblo inglés. El cantante lleva a cabo su propia guerra a favor de la naturaleza (“Meat is Murder” vale para la guerra tanto como para el consumo desenfrenado y contra natura sobre las demás especies) y contra los dominios leviatánicos: realeza, informadores hegemónicos de cualquier campo (en su show en Rosario usó una remera con la inscripción “NME is Shit”, por el semanario New Musical Express) y políticas, como en su mención al público de que en Estados Unidos se vive con las ideas del ’52, cuando Eisenhower se impuso en las elecciones y comenzó su doctrina de la Represalia Masiva, las invasiones a territorios donde veía o fabulaba influencias soviéticas y puso al país en Medio Oriente; o en su aclaración de que “las Malvinas son argentinas”.

A diferencia de lo de Micky Vainilla, el personaje de Peter Capusotto y sus videos, las de The Smiths y Morrissey fueron y son músicas pop “para divertirse”, pero también para ampliarse, para besarse y participar de una danza política que pisotea los límites predispuestos por las autoridades. Con The Smiths, Morrissey se atrincheró (¿sin saber?, ¿sin querer?) en la educación sentimental para disparar contra un pueblo desconsolado, un gran hormiguero inglés que debajo de las flores del jardín real seguía en tren de derrumbe ético, estético y romántico. A la desesperanza del punk y el desconcierto del post-punk, el bardo de Manchester los sobrepasó con cierta aspereza, apuntando a una épica del sentimiento: “Cada día es como un domingo, cada día es gris y silencioso. Ven, Armagedón”, reclamaba en su canción “Everyday is like Sunday” (casualmente, un domingo del “año del fin del mundo”), aquella a la que los espectadores le revierten el sentido desde 1988, del tedio original que comprime, para quedarse con el canto glorioso, orgulloso y pasional de que cada día sea domingo, pues en ellos todo es amor o familia o amigos, comida y siesta, el zaguán de una semana plena de posibilidades a la que ya el lunes se le acortarán las piernas.

Como ocurre en “Ouija Board, Ouija Board”, volver a tener a Morrissey (al frente de una banda impecable, en este caso) es poder volver a decirle “hola” a un viejo amigo de esos que saben un poquito más, porque sufrieron una exposición anterior o más prolongada a los dramas que uno atraviesa. Esos que saben pacificar y hacer ver que el clamor de “Please, Please, Please, Let me Get what I Want” no es necesariamente hacia otro, sino que quizá deba hacerse hacia adentro, tal vez haya que pedirse a uno mismo ese favor de dejarse conseguir lo que quiere. Morrissey es ese amigo del alma, de las almas. Cuando uno va a un recital, se supone que quiere escuchar linda música, claro. Pero si el recital es de canciones, se busca también alguna esperanza, una invitación al cambio o a la defensa de una elección, la revelación de alguna verdad, la denuncia de una mentira, provocaciones a lo que se cree y supone, alegría, movimiento y, si se puede, algún gran estribillo para cantar, todos juntos. Y Morrissey lo provee grácilmente.




Lo que sé

 

Por Morrissey

Soy capaz de ver el lado bueno. Sólo que no lo hago con mucha frecuencia.
Estoy en el negocio de la música porque implica comunicarse con la gente sin necesidad de llamar a nadie por teléfono.
Pienso que es peligroso intentar darle al público lo que quiere. Creo que es más interesante darle a la gente algo que no quiere.
Es importante para los artistas, músicos y cantantes de mi generación hacer algo diferente. Y no hacerse fotografiar en un backstage con Yoko Ono y Art Garfunkel. Cosas así. Es muy importante que no caigan en las trampas usuales del rock n’ roll.
El reggae para mí es la música más racista del mundo. Es la absoluta glorificación de la supremacía negra.
Cuando empecé con The Smiths era muy importante que yo dejara de ser ese horrible, estúpido y torpe Steven. Mi nombre verdadero, mi identidad previa. Steven tenía que ser encerrado en una caja y puesto sobre un armario. Necesitaba sentirme diferente y en vez de adoptar un nombre de estrella pop, erradiqué a Steven lo que me parecía que tenía sentido. Y de repente fui una persona muy diferente. Ahora, cuando me encuentro con gente que conozco desde antes de The Smiths que me llama Steven me siento y me pregunto de qué están hablando. Siempre odié el nombre Steven, aunque que se escribiera con “v” y no con “ph” lo hacía apenas más tolerable. Pero era muy importante que Steven fuera ahogado de todas maneras.
La vida podría ser colorida si tuviera un problema con la bebida.

Lo más de sentido común que podemos hacer por el futuro es intentar preservar el pasado hasta donde sea posible.
No soy especialmente paranoico pero la gente severamente normal me pone paranoico. Porque pueden ejercer ese poder. Es difícil salir porque incluso si no le gustás a la gente o no quiere hablar con vos, igual te miran con curiosidad desvergonzada. Que te miren fijo constantemente es una gran carga. No soy una persona increíblemente glamorosa que valga la pena mirar.
Sufro mucha intolerancia. Mucha gente me tiene celos –muchos artistas están celosos de mí. Porque aunque no soy tolerado por los grandes medios, a los otros artistas justamente les molesta eso.

Comer carne está al mismo nivel que el abuso infantil. Es lo mismo. Los animales son como niños, nos buscan para que les demos su protección y deberíamos protegerlos. Creo que los animales necesitan toda la ayuda que puedan tener porque no tienen derechos. No tienen protección. Buscan a los humanos para protección y son llevados a mataderos, que para mí es igual a la idea de llevar niños a un matadero. No hay diferencia. Es un mundo muy cruel.

Creo que todo se fue a la mierda el momento en que McDonalds obtuvo la licencia para invadir Inglaterra. Para mí fue una acción de guerra y no entiendo por qué no se usaron las tropas. La americanización de Inglaterra es una enfermedad terminal. Creo que Inglaterra debe ser inglesa y los norteamericanos deberían arruinar su propio país.
Para mí la familia real no es Inglaterra, no es la bandera. La reina es la epítome del dictador. Y es una dictadura. El pueblo británico está obligado a aceptarla. Y si el pueblo británico decide mañana que la reina se debe ir, la reina no dudaría en pasarle por encima con sus tanques. Sucedería de verdad. Porque la policía tiene el deber de proteger a la reina en contra del pueblo inglés. Esa es su misión. Yo encuentro esto absolutamente absurdo.

No soy un anarquista, soy una persona muy callada y compuesta. Pero la verdad, ¿no es llamativo que nadie en la música pop se atreva a hacer una declaración social? Y hay una masiva estupidización en Inglaterra ahora, que imita a la que sufrió Estados Unidos en los ’90, donde todo quedaba intelectualmente reducido. Es prevalente en la televisión, donde sólo pueden expresarse puntos de vista convencionales. Todo el que tenga otro punto de vista es censurado.
El pelo largo es una ofensa que debería ser penalizada con la muerte.

Tengo una gran capacidad de encontrarme vagamente ridículo. No pretendo ser un profeta, por Dios. Creo que todos tenemos que sentarnos, mirarnos al espejo y pensar, ¿qué es esta monstruosidad absurda?
Me siento muy cómodo en tres o cuatro lugares. Cuando el mundo era un lugar más pequeño, Manchester era mi límite. Pero es un alivio sentirse relajado en más lugares. Conozco Los Angeles muy bien, pero es un estado policial. Frecuento Roma y cierta parte de Suiza. Y conozco Londres muy bien.

Creo que soy realista. Mucha gente que no me entiende me considera pesimista. Pero no es pesimismo para nada. Si fuera un pesimista no me levantaría, no me afeitaría, no vería Batman a las 7 de la mañana. Los pesimistas no hacen cosas como esas.
Es difícil ser un hombre. No sé por qué. Creo que es más fácil ser una mujer. El movimiento de mujeres ha sido tan exitoso, el movimiento de hombres nunca ha sido aceptado. Creo que nadie lo quiere, que es rechazado. Creo que la expectativa de que los hombres sean estoicos y fuertes es tan enorme que finalmente deciden que esa es la manera atractiva de ser. Hay mucho más en la vida que ser macho, una palabra tan horrible, algo de lo que di cuenta desde muy chico.
No tengo relaciones. Está fuera de cuestión. En parte porque siempre me sentí atraído por hombres y mujeres que nunca se sintieron atraídos por mí. Y nunca me sentí atraído por hombres o mujeres que gustaran de mí. Eso es un problema. Nunca encontré a la persona adecuada.

Siempre pensé que mis genitales eran el resultado de una broma cruel.
Stephen Patrick Morrissey, ex líder de The Smiths, finaliza esta noche en Buenos Aires una gira por Argentina, que incluyó Mendoza, Córdoba y Rosario. Estas declaraciones fueron extraídas de diversas entrevistas.

viernes, 22 de mayo de 2009

MORRISEY_50 años...


MORRISEY, medio siglo jugando con la provocación


temperamental cantante británico cumple su 50º aniversario embarcado en la gira mundial con 'Years of refusal'

El medio siglo que cumplirá el cantante británico Morrissey este viernes coincide con su gira mundial pero también con el sinfín de conjeturas sobre la salud del superviviente de The Smiths. Es imposible hablar de Steven Morrissey sin la referencia obligada al grupo de culto de los 80, The Smiths. La peculiar e inconfundible personalidad del cantante definió a esta formación de Manchester. Por su vanidad, su excentricidades, sus manías y sus aires, a veces, caprichosos. Pero sobre todo por una voz magnética y el surrealismo de unas letras que han creado escuela y han tratado de imitar, no siempre con éxito, tantas bandas actuales. A Mozzer le toca soplar velas sumergido en plena vorágine laboral y, a la vez, ante una legión de fieles en vilo a causa de los "motivos de salud" no revelados que han provocado el aplazamiento de varios de sus conciertos.

Siguiendo consejos médicos, Morrissey debe, ahora, guardar "reposo"; y para ello ha tenido que cancelar varias fechas del programa de conciertos que iba a celebrar en Londres. La hinchada de fieles que todavía sueña con una hipotética reunión de los Smiths -que no ocurrirá, según aclaraba no hace tanto y por enésima vez este artista- aguarda noticias.

En EE UU, el cantante inglés ya tuvo que anular los primeros shows de su gira en febrero tras caer indispuesto. Al parecer, Morrissey tenía algún problema en las cuerdas vocales. Se recuperó, eso sí, para desatar los elogios de la crítica al poner en escena actuaciones de nota. La organización tuvo que anular dos citas más antes de que la gira se trasladara a Europa donde miles de seguidores se quedaron con entrada y sin espectáculo en el Royal Albert Hall de Londres tan sólo horas antes de que Morrissey tuviera que salir al escenario.

Pero no sólo las indisposiciones físicas han hecho que Morrissey sea noticia los últimos meses. El artista, confeso vegetariano, dejó a un público boquiabierto al abandonar de estampida un escenario en Coachella porque le molestó el olor a hamburguesa procedente de un chiringuito cercano. Los mismos admiradores que aguardan cualquier novedad relativa a la salud del cantante recibían con reacciones contrapuestas su último trabajo -el noveno en solitario-, que se estrenó hace unos meses.

Un nuevo álbum elogiado y criticado por igual

Desde la crítica más despiadada a un CD plagado de sus habituales seísmos emocionales, amores no correspondidos, algún guiño a The Smiths y más acordes guitarreros de lo habitual hasta los elogios más abrumadores que se refieren a Years Of Refusal (el título del álbum) como de uno de los mejores trabajos producidos por el de Manchester. Vuelven a sus letras las habituales turbulencias sentimentales, la tristeza más apabullante pero también se cuela en este disco un sonido más rock and roll.

No es nuevo que además surjan, como ocurre siempre, las comparaciones con los acordes de los álbumes que grabó con los Smiths en un trabajo en el que ha contado con el malogrado Jerry Finn -recientemente fallecido-, productor de You Are The Quarry (2004) y donde colabora con la voz de The Pretenders, Chrissie Hynde, en el tema Shame is the name. Si a Madonna, la reina del pop, los 50 le caían hace poco más joven que nunca con shorts cortísimos y haciendo cabriolas sobre un escenario, a Morrissey el medio siglo le pilla con algún achaque pero tan provocador como siempre.