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domingo, 1 de agosto de 2010

ENTREVISTA A ERNESTO SNAJER




" Soy fana de la música"

Ernesto Snajer es, sin dudas, uno de los guitarristas más interesantes de la actualidad. Rock, Jazz, Tango, Folklore, Música Clásica: todo esto junto se escucha en sus proyectos. Su disco en dúo Con Palle Windfeldt: Guitarreros (ECM/Carmo) estuvo producido por Egberto Gismonti. Recorrió el mundo junto a Semblanza, tocó con Lito Vitale y sus Argentinos, participa del trío de Verónica Condomí, tiene a su cuarteto tocando siempre que se puede y está, en estas horas, presentando el último de sus Cds "Ernesto Snajer y Grupo". Con ustedes, Ernesto Snajer.









¿Cómo fueron tus comienzos?

Empecé a tocar en la escuela primaria; mi viejo me regaló una guitarra y enseguida me enganché con la música: primero yendo a un conservatorio de barrio “Conservatorio Grasi”, en Paternal, y después de más grande, diez u once años, empecé a estudiar con un profesor particular. Todo esto hizo que se despertara en mí un mayor interés en la música y empecé a tocar la guitarra eléctrica. Mi padre me había comprado una guitarra Kuc, que era horrible pero bueh, y a los once años aproximadamente , no sé cómo, convencí a mi vieja para que me comprara otra guitarra, ”una Telecaster”, que por cierto la uso hasta el día de hoy. Por esa época había empezado a estudiar piano, que es mi segundo instrumento. En el secundario tocaba en grupos de barrio, además de tener un dúo de guitarras españolas, que era bastante raro para la época , ya que hacíamos temas de Gismonti, de Corea, etc.
Un poco antes de terminar el colegio, formé ” Semblanza”, junto al excelente pianista Hernán Lugano y Quique Condomí en violín (hermano de Verónica). Ese fue mi primer grupo profesional, y nos fue muy bien, desde Cosquín hasta en festivales de Jazz. Fuimos a Alemania (yo con veinte años) y tocamos en festivales muy importantes como el de Copenaghe... Luego nos contrataron , nos hicieron grabar e hicimos giras por doce países en Europa, compartiendo escenarios con Stan Getz, John Scofield, etc. En uno de esos viajes conocí al guitarrista dinamarqués Palle Windfeldt, con el cual empezamos a tocar juntos. Palle me convenció de ir a vivir a Dinamarca, y todo el año 1991 viví allí...

¿Y vivías exclusivamente de la música?

Sí, tocando cosas hermosas y a veces porquerías... Como te decía, empecé a tocar en dúo con Palle, y él consiguió que la Secretaría de Cultura de Dinamarca nos banque un disco, y así fue como grabamos el primer Guitarreros, que es el que más me gusta, y con el que nos fuimos de gira por allí... En el medio tenía otros laburos; tocaba en una banda de salsa, hacía sesiones, etc. En 1992 decido volver ya que estaba un poco cansado de girar por todos lados y hasta 1993 toqué en Semblanza. En 1994 me entero que Lito Vitale estaba haciendo audiciones para armar un grupo que se llamo Los Argentinos donde tocaban, entre otros, Javier Malosetti y Marcelo Novati. Ese grupo era tremendo... Con esa banda recorrí toda la Argentina. Esto duró hasta 1996, cuando Lito decide disolver la agrupación. Después de esto, hicimos un grupo con Verónica Condomí, y Facundo Guevara con el cual grabamos un disco en vivo y tocamos en muchos lugares de Argentina y en Italia. En el ´99 grabamos otro CD de Guitarreros y lo produjo Egberto Gismonti. Aparte de todo esto, yo tengo mi propio grupo desde 1998, por el cual pasaron grandes músicos como Guillermo Romero, Oscar Giunta, Guillermo Delgado, Pipi Piazzolla, etc. El año pasado decidí darle un color más argentino y entraron Facundo Guevara y Guido Martínez.

En tu nuevo CD se nota más la integración de los músicos: todos tocan, participan de la
música...

Sí, la idea era tener un lenguaje, trabajar las canciones; no es una banda hecha para que me luzca yo, es laburar entre todos la idea y las composiciones. Que la banda se destaque por su música.

Contame un poco de la Semana de Música Argentina que se hizo en Dinamarca el año pasado.

Bueno, fue un sueño hecho realidad; mi compañero de dúo Palle se contactó con la dirección del Conservatorio de Copenaghe y pudimos hacer La Semana de Música Argentina en Dinamarca. Fuimos quince músicos argentinos, yo organicé la cosa desde acá y Palle desde allá... El Conservatorio tiene la costumbre de armar una semana extra con música de distintos países, se arman "combos" de alumnos y tocan la música de ése país. La primera inquietud que tuvieron los alumnos del Conservatorio fue la del tango... Yo les dije " Bueno, fantástico, pero también hay muchas otras músicas en Argentina, y estaría bueno que no se las pierdan..." Y los convencí. El plantel de músicos argentinos de Tango que viajó a Dinamarca estuvo buenísimo: el Quinteto de Suárez Paz, Aníbal Arias con Osvaldo Montes, un dúo alucinante... Y de la parte de Folklore fuimos con mi grupo, también el Negro Aguirre, Omar Moreno Palacios y Verónica Condomí..., estuvimos allí durante una semana dando clases en esa escuela que es increíble.

Sabemos que das clínicas de guitarra. ¿Cuál es el enfoque que le das?

El enfoque depende de la situación; en general, las clínicas son en lugares y con gente que probablemente no vea más, entonces trato de hacer algo más general; un compendio de armonía, ritmos e improvisación... Distinto es si me contratan para hacer un curso... Igualmente lo que más me importa es incentivar a los alumnos para que progresen, entusiasmarlos, y darle un enfoque más humano a la enseñanza.

¿Tus influencias?

A mí en realidad me gusta todo; no le hago asco a ningún estilo... Yo soy fana de la música. Siempre fui así, desde chico, pero los que me despertaron el interés por este asunto fueron Los Beatles, era realmente fanático de ellos... Pero por otro lado también me gustaba el folklore y el tango. Mi abuelo ponía los discos de Gardel y me encantaban... Más adelante, en la adolescencia, descubrí el jazz... Pero si me preguntas por mis mayores influencias te puedo decir que son: Los Beatles, Bach, Wes Montgomery, Bill Evans, Miles Davis, John Coltrane, Ralph Towner... y en cuanto a la música de Latinoamérica me encanta Piazzolla, Gismonti, Hermeto Pascoal, Spinetta, Yupanqui; sería una lista interminable... No tengo prejuicios para escuchar música... Si está bueno, me gusta.

¿Y Maestros?

Con los Maestros siempre tuve buena suerte; estudié con Aníbal Arias; guitarra clásica con Svetan Sarev, un músico búlgaro que vive en la Argentina; jazz e improvisación con Francisco Rivero; estudié piano clásico con una profesora que se llama Laura Abade que además me enseñó contrapunto y orquestación y esta es una de las cosas que tengo que retomar éste año para estudiar... Me encanta investigar cosas que no conozco.

¿Y con el folklore?

Con el folklore soy básicamente autodidacta.

¿Qué equipos y guitarras usás?

Bueno, en realidad tengo un montón de guitarras, pero para simplificar te cuento: para el dúo tengo una guitarra clásica hecha por un luthier holandés, y otra de diez cuerdas hecha por Tressini y que tiene la afinación diseñada por mí... Para el cuarteto tengo una Godín que le compré a Francisco Rivero, es súper cómoda, y por el diseño que tiene en vivo te despreocupas por los acoples. Desde esta disparo sonidos con el GR-1 o a veces con una computadora... A nivel eléctrico estoy tocando con una guitarra Ibanez, que tiene un selector para que suene como eléctrica o con el mic piezo. A nivel audio, para tocar en vivo llevo una pequeña consola de cuatro canales, mezclo el midi con el sonido de la viola, una reverb Lexicon y todo eso a la mesa... Trato de simplificar el asunto y llevar pocas cosas.

En cuanto a las composiciones, ¿cómo surgen?

Varía según el caso, pero generalmente empiezo todo con una melodía o una idea melódica... Después viene el laburo armónico y recién después vienen los arreglos.

Para ir cerrando, Ernesto... ¿podés darle algún consejo a los músicos que recién comienzan?

¿Consejos? No, mejor ideas... Ideas que pienso para mí: no importa lo que uno haga, lo que realmente importa es el convencimiento y el entusiasmo que uno le ponga a eso. A todo lo que hagan pónganle alegría, al estudiar, practicar, y tocar la música que realmente quieran, y haciendo lo que los emociona. Eso es lo más importante. En otro nivel les podría decir que practiquen mucho y que no se quemen la cabeza cuando las cosas no salen. En estos tiempos de inmediatez, de Internet banda ancha y fast food, la música no es un camino rápido; formarte como músico, entender de armonía, de ritmo y aprender a tocar bien un instrumento lleva mucho tiempo.
Para simplificar: tengan paciencia y vivan ese proceso con alegría.

Entrevista del año 2004

ERNESTO SNAJER Y LA VERSION DE LILIANA HERRERO DE “LA CASA DE AL LADO”, DE FERNANDO CABRERA





QUE NADIE ME MIDA EL CORAZON








Por Ernesto Snajer

Cuando era chico y escuchaba algo que me gustaba, creo que entraba en trance. Empecé a escuchar música de muy chico: es algo con lo que tuvieron mucho que ver mi mamá y mi tía, pero especialmente un abuelo muy melómano, que era colectivero y cuando él volvía de trabajar se ponía con el combinado. Yo lo miraba a escondidas, pero de ahí adquirí el hábito. Luego escuché Sgt Pepper’s y me volvió loco, y a los 11 años ya tenía la colección completa de Los Beatles. Si una canción me gustaba mucho yo entraba en un estado de beatlemanía: de pronto estaba en Liverpool tocando con ellos.

Ahora, por lo general, siempre estoy tratando de recuperar ese sentimiento de cuando alguna canción me transportaba a otro lugar. A mí me pasó que a medida que iba juntando más experiencia como músico, cambió mi manera de escuchar y de relacionarme con la música. Siempre existen cosas para descubrir o redescubrir, pero son pocas las cosas que me conmueven profundamente como al principio. Hoy tengo una escucha más quirúrgica de la música, aunque aquella otra experiencia de mi infancia no se perdió del todo. Sigo buscando. Y eso es lo que me sucedió con “La casa de al lado” de Fernando Cabrera, en especial con la versión de Liliana Herrero.

Conocí esta canción cuando Liliana estaba armando el repertorio de Igual a mi corazón, y me la cantó a capella. Ella arrancó con: “No hay tiempo, no hay horas, no hay reloj” y yo ya estaba otra vez en Sarandí con Pablo Ramos y los pibes, en verano y sin hacer nada. Tardes enteras en cueros, muertos de calor, en patas en la vereda, con el tocadiscos fuerte en la casa de mis abuelos. No nos aburríamos de hacer eso. Ese tema que hizo acordar de aquello. Una de las cosas sensacionales de la letra es que describe algo del barrio, pero aunque puede parecer costumbrista no lo es demasiado: el costumbrismo mucho no me gusta, tiene que tener algo psicodélico en el medio, y esto lo tiene. Es la clase de temas que uno conoce aunque no lo haya escuchado antes, parece que siempre hubiera estado ahí, como “Muchacha”, “Yesterday” o “Lately”, de Stevie Wonder. La melodía es hermosa y los acordes iban sonando en mi cabeza, a pesar de que Liliana cantaba a capella.

Creo que el mérito mayor de Fernando, es que es imposible imaginar otra melodía para esa letra (y viceversa). Son geniales las dos cosas e inseparables. Y es muy lindo cómo llega el estribillo después de las estrofas, parece un desahogo. Me gusta mucho que si bien hay un tono melancólico, no es un bajón. En general no me gustan los temas tristes, y a éste no lo siento exactamente triste. La letra parece decir que, bueno, las cosas eran así; está buenísimo que fueran así pero ya han pasado, y el mejor momento es ahora. “Se pasa el año, se pasa volando”, dice la canción, y el verso me resulta impactante: el momento es ahora, es importante, no hay que dejar que se nos escape. Al menos eso es lo que yo interpreto, lo que me llega.

La manera de Liliana de cantarla es conmovedora, muy profunda y tiene todos los matices posibles. Matías Arriazu en la guitarra y Mariano Cantero en la percusión tocan como los dioses, son dos tipos que juntos se potencian y parecen un grupo más numeroso. También tiene un rol importante en la grabación Marcelo Moguilevsky. Sus frases de clarinete parecen las voces de las personas que vivían en ese universo que pinta Cabrera en la canción, ecos de gente que uno conoció –los vecinos del barrio tal vez– y que no está más.















La casa de al lado

Letra y música de Fernando Cabrera (Versión adaptada por Liliana Herrero para su interpretación)

No hay tiempo no hay hora no hay reloj
no hay antes ni luego ni tal vez
no hay lejos ni viejos ni jamás
en esta olvidada invalidez.
Si todos se ponen a pensar
la vida es más larga cada vez
te apuesto mi vida una vez más
aquí no hay durante ni después.
Dejá no me lo repitas más
nosotros y ellos vos y yo
que nadie se ponga en mi lugar
que nadie me mida el corazón.
La calle se empieza a incomodar
el baile del año terminó
los carros se encargan de cargar
los restos del roto corazón.
Acá no hay tango
no hay tongo ni engaño
aquí no hay daño
que dure cien años
por fin buen tiempo
aunque no hay un mango
estoy llorando
toy me acostumbrando
Acá en esta cuadra viven mil
clavamos el tiempo en un cartel
somos como brujos del reloj
ninguno parece envejecer.
Mi abuelo me dijo la otra vez
me dijo mi abuelo que tal vez
su abuelo le sepa responder
si el tiempo es más largo cada vez.
Se pasa el año
se pasa volando
ya no hay más nadie
que pueda alcanzarlo
y yo mirando
sentada en el campo
como se pasa
el año volando.
No pasa el tiempo
no pasan los años
inventa cosas
con cosas de antaño
a nadie espera
la casa de al lado
se va acordando
se acuerda soñando.

Fernando Cabrera (1956, Montevideo)

Guitarrista y cantautor, docente de música y poeta. La primera agrupación musical que integró fue el trío MonTRESvideo junto a Gustavo “Pacho” Martínez y Daniel Magnone, hasta 1977. En 1982 formó el grupo Baldío junto a Andrés Recagno, Gustavo Etchenique y Andres Bedó, y luego Bernardo Aguerre; con ellos grabó un único disco. En 1984 empezó su carrera solista con el álbum El viento en la cara y ya lleva grabados quince discos. Destacado como productor, cumplió esa función para el disco Litoral, de Liliana Herrero.










Liliana Herrero (1948, Villaguay, Entre Ríos)


Intérprete de folklore y profesora universitaria de filosofía, se inició como cantante en los ‘60. En sus interpretaciones busca fusionar temas de raíz folklórica con sonidos y tratamientos contemporáneos, e influencias del rock y el jazz. Compartió escenarios y grabaciones con músicos como Juan Falú, Gerardo Gandini, Adrián Iaies, Hugo Fattoruso, Raúl Barboza, Arismar do Espirito Santo o Hermeto Pascoal. Sus tres primeros discos fueron producidos por Fito Páez, quien también la acompaña en el disco El Tiempo, Quizás, al igual que Luis Alberto Spinetta. Herrero grabó la versión de “La casa de al lado”, de Cabrera, para su disco Igual a mi corazón, en 2008.