Apoya mis publicaciones con un ME GUSTA!

Mostrando las entradas con la etiqueta LUIS SALINAS. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta LUIS SALINAS. Mostrar todas las entradas

sábado, 13 de noviembre de 2010

LUIS SALINAS Y SIN TIEMPO SU NUEVO DISCO.





Ser uno mismo para ser libre

El notable guitarrista grabó temas de distintas épocas, propios y de otros, hasta que se dio cuenta de que tenía en las manos un disco triple, en el que pasa de la acústica a la eléctrica, y canta a su modo personal.








Por Cristian Vitale

Luis Salinas toca casi dos horas y no habla. Apenas canta dos canciones (una suya, otra no) y lo demás es una mezcla de inspiración, virtuosismo y generosidad instrumental. Los músicos (Javier Lozano, Martín Ibarburu y Christian Gálvez) “son” junto a él. Incluso Juan, su hijo de 11 años, juega para el equipo. “Ser objetivo con el hijo de uno es muy difícil... Sólo digo que tenerlo acá es un acto de amor”, soltará, consumado el recital, sobre el pequeño percusionista en ciernes. El marco, al que se agrega Lucho González para un final festivo y caliente (“6 por 8”), es la presentación parcial de su primer disco en cuatro años: Sin tiempo, tríptico que sucede al quíntuple de música argentina que le valió, en su tiempo, un Gardel y una nominación al Grammy. Parcial porque lo que se escuchó en el ND Ateneo (Paraguay 918) el viernes pasado fue la parte acústica de un trabajo que el guitarrista decidió dividir en dos: unplugged y plugged. El set eléctrico lo mostrará hoy a las 21, en el mismo lugar. “No fue algo preconcebido... Fue dándose así en el estudio. Me gusta tocar las dos violas por igual y me expongo entero”, afirma ante Página/12.

–¿Por qué no habla durante sus recitales, ni siquiera para mencionar el nombre de temas nuevos, que la mayoría desconoce?

–Es cierto (ríe), soy mal vendedor de mis temas. Voy a tocar y no los anuncio, y la gente muchas veces cree que son de otros. Los doce discos que hice, exceptuando el de música argentina, tienen temas míos, pero no salgo a hablar de eso. Me considero un guitarrista que compone y toca, listo. Es lindo ser uno, y cuando se es uno, se es libre.

Sin tiempo, grabado en el estudio de Lito Vitale y mezclado en La Diosa Salvaje –el búnker de Spinetta–, opera como un mosaico de géneros, una especie de suma acotada de lo que Salinas –excepción hecha del período de música argentina– abrevó y pasó al acto desde los idílicos tiempos de Oliverio hasta el presente: bolero, salsa, funk, blues, rock y jazz. Un triple que, además del péndulo acústico-eléctrico, incorpora una tercera pata bajo el nombre de Bonus con “Para el Churry y el Tomate”, una gemita compuesta para Tomatito y Diego Amador –con la participación de ambos– que es de las que más brillan entre las 25. “Fue volver a grabar otras cosas que me gustan... Tenía temas ya compuestos, otros más nuevos, y cerró redondo, porque lo grabé en el estudio de Lito y lo mezclé en lo de Luis. Siempre fui un gran admirador del trío Vitale-Baraj-González, lo seguí desde los boliches hasta el Luna Park... Y lo de Spinetta fue una de las cosas más lindas que me pasó en mi carrera, porque él es como si fuera Miguel Angel, qué sé yo, un tipo que está en otra cosa. Llegábamos al estudio, nos recibía, compraba medialunas y no se llevaba ninguna... ¡se la teníamos que dar nosotros! Entraba al estudio y le daba luz a todo. Cuando tuvimos que dejar, me agarró un vacío tan grande que no sabía cómo seguir. Fue increíble. Conocí bien de cerca al artista único que es él, y a la persona, su sencillez y grandeza. No sé, un nuevo amigo.”

–El disco trae un tema con la firma de ambos: “Y aparece tu piel”.

–Nació así: estaba viendo el DVD de Mercedes Sosa con mi hijo y, cuando terminó, le pregunté qué era lo que más le había gustado. Me dijo “Spinetta” (“Barro tal vez”) y fue un disparador. Lo llamé a Luis para presentarle a Juan, le mostré una música, le gustó y me dijo “si es aceptado, podemos mejorarlo”. Me metí en la cabina y cuando terminamos de grabar le dije: “Luis, gracias por hacerme escuchar un sueño”. Le puso una letra impecable.

–¿Por qué Sin tiempo?

–Muy gracioso: estábamos volviendo de Córdoba con la Trafic, escuchando uno de los temas eléctricos, y le digo a Lozano: “¿Viste? Está tocado como si fuera ahora o nunca”. Y él me contestó: “Claro, porque no había tiempo”. La toma era ésa porque no había tiempo. Además, musicalmente tiene cosas de diferentes momentos, cosas que son de hace mucho, otras de hoy y hasta un rock and roll que tocaba cuando escuchaba a Jan Hammer y Jeff Beck. También homenajes como “Dejame ir”, de Mike Ribas y Chico Novarro. Conocí a Mike y me pareció un tipo muy maravilloso. Cuando me enteré de que había fallecido de una manera horrible me pegó muy mal, y lo grabé como tributo.

–“Encontrarte y elegirte” es suyo, pero comparte un rasgo con el tema de Ribas y Chico: ambos son boleros y están cantados por usted. ¿Se siente más cómodo cantando ese género o es aleatorio?

–En realidad, mi manera de cantar es loca: cuando canto un tango me sale medio abolerado y cuando canto un bolero me sale medio tangueado (risas). Hace un par de días me compré un disco de José Feliciano, de cuando andaba con el perro, y recordé que empecé a cantar boleros cuando lo escuché a él. Esa cosa del tipo tocando la viola y cantando boleros me pegó mucho. Después, con el tiempo me vino la onda de cantar.

–Le costó mucho, dijo una vez.

–Claro, me costó. Después de vivirla, de estar, empecé a cantar alguna zamba o algún tango. El mejor elogio que tuve fue uno de Mercedes Sosa: cuando hice lo de Música argentina, ella me dijo “Cuando cantás, no querés ser el santiagueño o un tucumano, querés ser vos”. Y todo lo que hago es así. Jamás podría decir que canto bolero como los boleristas, o tango como un tanguero... Canto como me sale.

viernes, 11 de junio de 2010

REPORTAJE A LUIS SALINAS

Con la improvisación como hilo conductor, el virtuoso guitarrista inició una serie de conciertos en los que, en tres noches por semana, visitará el tango, el folclore y los ritmos latinos en clave jazzera.. "No toco de todo. Si uno no siente un género no puede tocarlo".








Por Guillermo dos Santos Coelho

“Me estoy dando unos gustos”, es lo primero que dice Luis Salinas sobre sus nuevos pasos. Y lo repite varias veces, para que no queden dudas. El eximio guitarrista inició anoche una serie de shows en el Torquato Tasso que se prolongará todo el mes y que muestra su versatilidad: los jueves, una serie de improvisaciones con base tanguera; los viernes, lo mismo pero con sedimento folclórico. Y los sábados, de vuelta al latin jazz, y al eclecticismo de los boleros, la salsa, el candombe.

“Yo siempre cada cosa que abordé la hice con amor y al sentir lo que tenía que hacer en ese momento. No toco de todo. Yo entro a los géneros porque necesito tocarlos. No para demostrar. Y el público y artistas que admiro mucho han comprendido eso”, explicó Salinas en diálogo con Clarín.com. En esta serie de recitales, además de su compadre Javier Lozano en el piano, y una banda “de amigos”, Salinas se acompañó de tangueros de renombre. Ayer, el bandoneonista Julio Pane y el guitarrista Hugo Rivas (“dos músicos maravillosos”). En los próximos jueves, nada menos que con Leopoldo Federico.

- El hilo conductor de las tres noches es la improvisación…

- A mí siempre me gustó el concepto del jazz de frasear la melodía. Darle movimiento, no tocarla todos los días igual e improvisar sobre los temas. Uno de mis ídolos máximos es Hugo Díaz. Si vos escuchás distintas versiones, el tipo hace la melodía diferente. Son las mismas notas, pero las frasea diferente. Tipos como Dino Saluzzi, como Rubén (Juárez), ni que hablar como Oscar Alemán…eso es donde yo me siento más cómodo, donde me siento más yo.

Con un disco a la vuelta de la esquina, en el que retomará la senda jazzera, los recitales marcan en Salinas una continuidad con sus discos “Música argentina” y el monumental quíntuple “Clásicos de la música argentina y algo más”, donde mostró composiciones propias y revisitó el cancionero tanguero y folclórico nacional. Pero también el final de una etapa. “Esos discos me pudieron dar un poco más de aire para poder hacer lo que sentía, porque cuando empecé con eso la gente me tenía mucho con el latin jazz. Cuando entendieron que yo había empezado tocando música argentina, me permitió después hacer un homenaje a los compositores y a los lugares a los que fui, y lo hice con mucho amor y mucho respeto. Me pude dar esos gustos”, sostuvo el guitarrista.

- Hay una idea instalada de que Salinas dejó el jazz y se acercó al folclore y al tango, pero en realidad sería una vuelta a los orígenes…

- Exacto, pero eso siempre está en mi manera de improvisar. Cuando yo estoy tocando jazz o latin jazz siempre hay una cita al tango o al folclore. No me doy cuenta pero me sale. Va conmigo y eso me hace en algún lugar diferente a un jazzero de EE.UU.

- ¿Y por qué cree que ocurre?

- Eso está adentro de uno. Yo nunca toqué especulando con nada. Cuando mejor toco es cuando no pienso. Cuando pienso se nota lo que no sé (risas). Como soy un músico intuitivo, cuando fluye es cuando mejor toco. Y ahí sale la historia de uno, cuando está improvisando y está totalmente expuesto.

- Entonces estos recitales son una suerte de “hasta luego” al folclore y al tango…

- Así es, muy bien. ¡Lo decís como me gustaría decirlo a mí! Es así de simple. No me gusta la especulación y mucho menos en la música. Siempre he hecho lo que yo sentía. El público puede que no entienda de armonía, de melodía o de ritmo, pero sabe cuándo un artista es sincero o no. Podés oir algún comentario del tipo “Yo no entiendo lo que toca Paco de Lucía, pero me gusta”. Y es tan verdad…Admiro y respeto a todo músico que haga lo que sienta

- ¿El tecnicismo no está completo o no sirve si no hay sentimiento atrás?

- Tiene que estar siempre al servicio de lo que sentís. Es como cuando uno usa la cabeza para hacer lo que siente y pone lo que siente como cosa primaria. Gracias a dios tengo amistades y respeto de gente de diferentes ondas. Entendieron que yo siempre cada cosa que abordé la hice con amor y al sentir lo que tenía que hacer en ese momento. No toco de todo. Soy amigo de Tomatito y de Raimundo (Amador) pero nunca me pondría a tocar una bulería porque después de escucharlos a ellos…O por ejemplo un carnavalito…Me merece tanto respeto que si uno no lo siente no puede tocarlo. Decir “Como tengo condiciones hago cualquier cosa”, eso sí está cerca de la falta de respeto.

- ¿Cuánto influyen los estados de ánimo?

- Cuando armo los shows les digo a los muchachos: “Miren que si me pasa algo cambiamos, eh…”. Ningún músico del mundo te puede decir “Mañana a las 11 voy a estar inspirado”. Por eso los más grandes músicos que conocí son gente muy humilde. Pueden manejar la técnica, pero hay una cosa superior. No podés tener la soberbia de decir “Hoy compuse ‘Adiós Nonino’, mañana voy a componer otra igual”. Son cosas que pasan. Es muy importante la actitud y vivir ese momento como único y dar todo lo que uno tiene para decir. Y eso no se sabe hasta el momento en que estás tocando.

viernes, 10 de julio de 2009

LUIS SALINAS_ENTREVISTA


“Lo importante es el camino”

El músico dice que no se propone alcanzar ninguna meta en particular, “porque entonces cuando llegaste se termina todo”. Sin disco nuevo bajo el brazo, Salinas tocará este fin de semana material de otros CDs de su cosecha: Ahí va y Muchas cosas.

Por Cristian Vitale

La guitarra de Luis Salinas está colgada. Pero no en el ropero, como dice el tango, sino muy cerca de él, por si le agarra un arrebato de rutina. Por lo pronto, mira –en diferido– la paliza que Omar Narváez, el supercampeón mosca, le está dando al mexicano Soto. Es en diferido. “Cómo pelea este tipo, me gusta el estilo”, dice el gordo. Puede que algún cross de izquierda le esté repasando en el recuerdo bravuconadas infantiles, de esas que sobraban mientras se criaba en Villa Diamante o en Villa Jardín. En Lanús. El Luna Park estalla –diez mil personas– y su mirada se clava en el monitor hasta el undécimo round: Narváez noquea y Salinas lo admira. Apaga la TV. “Estoy tranquilo y disfrutando –cambia el chip–; como no estoy sacando ningún disco, por ahora, estoy concentrado en volver a presentar otros. Son gustos que te podés dar en estos momentos.” Del boxeo a la música, entonces. El eximio guitarrista está hablando, en principio, de Ahí va y Muchas cosas, dos discos de su cosecha personal que volverá a presentar en el Teatro IFT (Boulogne Sur Mer 555) el viernes y sábado próximos, uno cada día. “Está bueno porque la banda se consolidó. Algo que a veces es difícil porque los músicos andan de acá para allá, pero estoy con suerte. Hasta incluso puedo hacer un concierto sin lista, y salir tocando cualquier cosa”, proyecta.

–¿No da para ponerle un nombre a la banda, a esta altura?

–Es que Oliverio me curó de espanto (risas). Me acuerdo de que, cuando tocaba ahí, solían acompañarme Javier Malosetti, Guille Vadalá o Daniel Maza, y yo ponía el nombre de todos... una onda Emerson, Lake & Palmer, ¿viste? Entonces el dueño anunciaba las presencias y resulta que a Javier le aparecía un laburo con Spinetta, o a Vadalá con Páez, y no venían. Era un papelón, porque la gente preguntaba y entonces lo resolví fácil: le dije al dueño: “Poné Luis Salinas que yo vengo seguro”. Listo.

Nada hace prever un “desplante” esta vez. Salinas saldrá a escena con Jota Morelli en batería, el joven Matías Méndez en bajo, Oscar Vega en percusión y el tecladista Javier Lozano. La misma, casi, que lo viene secundando en un año discográficamente sabático, pero con mucho agite recitalero. El hombre nacido en Monte Grande hace 52 años se cargó tres grandes festivales tierra adentro y uno en Costanera Sur. Además de abrir la penúltima noche del último Cosquín, digitó sus cuerdas en el Festival de la Salamanca, en Santiago del Estero, en el del Chamamé, en Corrientes, y en otras plazas de la Argentina profunda. “En todos lados hago lo mismo: antes de subir al escenario le pido a Dios que la gente se lleve lo que fue a buscar, y tratar de vivir el momento como único. Puede pasar que tengas una noche inspirada o no, pero la actitud tiene que ser que se viva el momento como único e irrepetible. Yo trato de vivirlo así y con la mayor naturalidad posible, si no, te podés confundir un poco, ¿no?”

–¿Confundir en qué sentido?

–Bueno, el tema no es llegar a algún lado sino encontrar el camino y disfrutar del trayecto... no esa cosa de la meta, porque entonces cuando llegaste se termina todo. No es fácil encontrar el camino, por eso se trata de encontrarlo y recorrerlo hasta donde dé. Si uno pierde eso, se pierde a sí mismo: no se reconoce. Un viejo amigo músico me dijo: “Seguís teniendo el mismo entusiasmo”. Para mí fue un gran elogio.

Las giras por el país dan otro color al temple universal de Salinas. Sí, él y su famoso latin jazz ya han aprobado materias en ciertas partes del globo musical: grabó en Estados Unidos bajo la producción de Tommy LiPuma, el mismo de Al Jarreau, George Benson y Miles Davis. Tocó y/o grabó con Larry Corryel, Tomatito, Jordi Bonell, Perico Sambeat o Birelli, se presentó en más de 20 países, pero la Argentina es otra cosa. “No hay caso, es algo nuestro. Viajé mucho y todo muy lindo, pero en el lugar de uno hay una complicidad que en otro lado no tenés. Estás tocando algo y se te ocurre una cita musical de algún tema y la gente tuya se da cuenta, mientras que en otros lados no. De golpe mandás Piazzolla en el medio de otra canción y hay una complicidad que en otros lados no captan.”

–¿Y qué captan, entonces?

–La emoción, ¿no? Y la sinceridad. Yo pienso que la gente no tiene por qué entender de melodías, armonías o ritmos, pero sí de sensibilidad. Entonces, cuando tocás de verdad, sintiendo, al que te escucha le pasa lo mismo. Eso es así en todos lados... en tu país o en Japón. Uno, cuando agarra la guitarra, tiene que hacer lo mejor que puede para dos personas o para miles. En teoría es así; ahora, cuando subís al escenario ante situaciones fuertes hay que pasar ese primer momento de nerviosismo y responsabilidad para tocar como siempre. Cuando toqué con Saluzzi en el Colón estaba nervioso: me acordaba de mi vieja, que me dijo que iba a tocar alguna vez ahí, y esas cosas. En la segunda ya estaba más tranquilo.

–Una experiencia que también tiene que ver con trabajar los sentidos, si se quiere. Con matar la ansiedad. ¿Se adquiere o se tiene?

–Hay una condición natural, lo que uno tiene que hacer es trabajarla, desarrollarla. Si no, lo natural se queda en lo natural. Yo trato de ser el mejor Salinas posible. No compito con nadie... sólo me escucho y analizo qué pasaba con mi música antes y qué pasa ahora.

Del folklore al tango, del tango al jazz y del jazz al folklore –así de cíclico– trasunta el presente de Salinas. Luego del quíntuple disco editado hace tres años bajo el nombre de Música Argentina, el otrora héroe de las noches de Oliverio puede hoy caer parado entre los mitos y leyendas de la Salamanca, los sapucay de la Mesopotamia o la seducción noctámbula del tango. “Tocar en la Fiesta de la Salamanca es como estar dentro del folklore... como ir a Sevilla donde están los gitanos, es muy fuerte lo que pasa con las chacareras. O con el tango aquí.”

–¿Qué género le tira más, hoy?

–No puedo hacer una distinción precisa. Ya hablé del folklore, pero el tango también está dentro de uno. Por más que haya nacido en Monte Grande y me haya criado en Villa Diamante, a los 14 años empecé a mirar la calle Corrientes todo el tiempo y el tango precisamente tiene que ver con lo que uno camina... aunque toque jazz u otras cosas, siempre me salen cosas tangueras en medio de las improvisaciones... es algo muy argentino. Y es muy divertido poder cambiar el cuento.