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viernes, 4 de septiembre de 2009

Brian Jones no descansa en paz


Nuevos documentos obligan a la policía a reexaminar las circunstancias de la muerte de uno de los fundadores de los Rolling Stones.

Por: Esteban Lines

AÑOS FELICES. Una imagen tomada en los 60´, cuando los Rolling Stones cimentabansu estatus y su fama: Brian Jones, Keith Richards, Mick Jagger y Bill Wyman, sin Charlie Watts.

Cuarenta años después del fallecimiento del músico Brian jones, cofundador de los Rolling Stones, la policía británica reabrirá el caso sobre las circuntsnacias de su muerte, según anunció el pasado domingo el rotativo Mail on Sunday. La decisión oficial está basada en la aparición de numerosa documentación en torno a las circunstancias de la muerte del stone suministradas por el periodista Christopher Leake tras cuatro años de investigación.

El guitarrista y compositor, que fue hallado muerto en la piscina de su granja de Hartfield (East Sussex) el 3 de julio de 1969, a los 27 años, podría haber sido asesinado por el empresario Frank Thorogood. Las investigaciones policiales habían determinado en su día como causa de la muerte de Jones - asmático-un accidente ocasionado por la ingestión de drogas y alcohol. Sin embargo, un análisis post mórtem no descubrió ninguna sustancia tóxica en su cuerpo, sólo el equivalente a tres pintas y media de cerveza, sostiene Leake.

Un portavoz de la policía de Sussex indicó ayer que los nuevos documentos obligan a revisar el caso. "Estos papeles serán evaluados, pero es prematuro hacer un comentario sobre cuál será el resultado", puntualizó la fuente. Jones fue uno de los miembros fundadores de los Rolling Stones, junto a Mick Jagger, Keith Richards o Ian Stewart, y murió poco después de marcharse de la banda, una marcha que levantó muchas dudas: la abandonó por decisión propia o fue expulsado por sus compañeros dado su precario equilibrio emocional.

Las especulaciones sobre un caso criminal ya habían surgido en el 2004, cuando un cineasta acusó tras diez años de investigación a Frank Thorogood como posible asesino de Brian Jones. Ambos habrían peleado por los costes de las reformas en la vivienda de Jones en Londres. Thorogood habría confesado el hecho en 1993 en su lecho de muerte.

viernes, 20 de febrero de 2009

LENNIE TRISTANO




LENNIE TRISTANO, LA INFLUENCIA MAS INVISIBLE DEL JAZZ

El factor Tristano

Tocó con Charlie Parker y Dizzy Gillespie, aunque ésa estuvo lejos de ser la parte más importante de su brevísima carrera. Grabó apenas unos pocos discos. Durante casi veinte años se dedicó sólo a la enseñanza. Casi nadie, fuera del jazz, conoce su nombre. Y, sin embargo, Lennie Tristano, además de dejar tres álbumes extraordinarios e irrepetibles, fue quien más influyó en los estilos futuros del género. Que el argentino Ernesto Jodos le haya dedicado un disco, como antes lo había hecho el estadounidense Anthony Braxton, y que acabe de editarse en Argentina, por primera vez en CD, el histórico Tristano, de 1955, pone en escena, nuevamente, la vieja pregunta: ¿Quién fue ese pianista ciego al que tan pocos escucharon y sin el cual el jazz jamás habría sido lo que fue?

Por Diego Fischerman

Entre 1954 y 1955, el pianista Lennie Tristano hizo algo levemente distinto que lo habitual: grabó, en el estudio que tenía en su propia casa, varias sesiones con su trío, del que formaban parte el contrabajista Peter Ind y el baterista Jeff Morton. Y, el 11 de junio de 1955, también registró su actuación en el Sing Song Room del Restaurante Confucius de Nueva York, con Gene Ramey en contrabajo, Art Taylor en batería y uno de sus discípulos, Lee Konitz, en saxo alto. Había unas grabaciones ya famosas en el mundo del jazz, o, mejor dicho, en el de los músicos de jazz, que había realizado con un sexteto, en 1949. Estaban, de unos años antes, sus participaciones en la orquesta Metronome All Stars, con Charlie Parker y Dizzy Gillespie. Y, más tarde, llegarían sus solos de piano registrados nuevamente en su casa, entre 1960 y 1961. Después sólo daría clases, hasta su muerte en 1978. Pero Tristano, ciego desde la niñez y recibido en el American Conservatory de Chicago a los 24 años, ya era un músico secreto –el más influyente de todos ellos–, y una leyenda, aún antes de su prematuro retiro.

En 1949 había inventado lo que mucho después se llamaría free jazz, al encarar dos temas, “Intuition” y “Digression” sin ninguna pauta acórdica ni temática previa. En 1955 alteró las velocidades de las cintas porque “de esa manera sonaban mejor”, utilizó sobregrabaciones, para lograr un nivel de polirritmia aparentemente imposible de conseguir en una sola toma y, a partir de las críticas que llegaron a decir que eso no era jazz, cinco años después grabó solo, consiguiendo precisamente eso que había parecido imposible: superponer, en vivo y por un solo intérprete, patrones rítmicos absolutamente diferentes entre sí. Y, lo mejor de todo, lo hizo con swing. Había nacido en 1919 y el último 11 de noviembre se cumplieron treinta años de su muerte, a los 59. De su vida privada no se sabe casi nada. Y de la parte pública, más allá de que haya sido el creador de la primera academia de jazz y que no haya músico actual que no se considere su discípulo, haya o no estudiado allí, tampoco es mucho lo que ha quedado: tres discos, los homenajes más dispares, entre ellos los del saxofonista Anthony Braxton y el pianista argentino Ernesto Jodos, que le dedicó un disco en el que, más que sus piezas, lo que es recordado es su espíritu y una concepción abierta del jazz, y una estilística que encarnó en sus seguidores más directos, los saxofonistas Lee Konitz y Warne Marsh, el arreglador Bill Russo –que fue orquestador de la Stan Kenton entre otros–, el guitarrista Billy Bauer, el baterista Kenny Clarke (uno de los pocos que podía seguirlo, según Marsh) y el pianista Sal Mosca y que, como esas corrientes submarinas que cada tanto llegan a la superficie e incluso a las playas, puede detectarse en Charlie Mingus, Bill Evans, Bill Frisell, Keith Jarrett o Pat Metheny.

Como muchos otros discos fundamentales, el histórico Tristano, con sus grabaciones de 1954 y 1955, nunca había sido editado localmente en CD. Había una publicación anterior, aunque importada, en la que se lo juntaba con The New Tristano, una solución más económica pero con un grave problema. Por razones de espacio se omitía el que tal vez sea el tema más importante de esos geniales solos de piano, “C Minor Complex”. La elección de la división argentina de Warner, el sello propietario de los derechos de estas grabaciones producidas para Atlantic por Nesuhi Ertegun y por Tristano, según el caso, es sin duda mejor: respetar los dos discos tal como salieron a la venta originalmente (The New Tristano será publicado próximamente). El CD incluye cuatro temas grabados con trío, “Line Up”, “Requiem”, “Turkish Mambo” –con las controvertidas e intrincadísimas sobregrabaciones– y “East Thirty-Second”, y cinco en vivo y con el agragado de Lee Konitz en saxo alto, “These Foolish Things”, “You Go To My Head”, “If I Had You”, “Ghost Of A Chance” y “All The Things You Are”. Y Konitz, en realidad, mucho más que como un invitado aparece como un hermano un poco díscolo pero, al fin y al cabo, de la misma sangre. Las subdivisiones rítmicas, aunque igualmente osadas, siguen rumbos distintos en el saxofonista y en Tristano. El despliegue melódico del primero sobre los complejos acordes del segundo tienen un lirismo distinto, menos contenido, en Konitz que en Tristano. Pero, claramente, cada uno de ellos comienza a pensar –y a tocar– a partir de lo que piensa –y toca– el otro. Hay por otra parte, una línea que une “Line Up”, “Requiem” y, ya en The New Tristano, “C Minor Complex”. Esos temas, como las últimas sonatas para piano de Beethoven aunque por otros medios, dibujan una esencia que está por detrás de la particularidad de cada obra. Allí aparece, descarnado, el estilo de Tristano. Ni más ni menos que el que, aunque pocos lo sepan, sostiene, todavía, el lado más rico, más libre, más osado y creativo del jazz.

sábado, 14 de febrero de 2009

ORFEO: DESDE LA MITOLOGÍA HASTA LA MÚSICA: ORFEO







Orfeo es un personaje de la mitología griega, hijo de Apolo y la musa Calíope. Hereda de ellos el don de la música y la poesía. Según los relatos, cuando tocaba su lira, los hombres se reunían para oírlo y hacer descansar su alma. Por ello enamoró a la bella Eurídice y logró dormir al terrible Cerbero, cuando bajó al inframundo a intentar resucitarla.
El mito de Eurídice


Orfeo y Eurídice por Federico Cervelli

La historia más conocida sobre Orfeo es la que se refiere a su esposa Eurídice que a veces es conocida como Agriope. Algunas versiones cuentan que mientras huía de Aristeo, u otras que mientras paseaba con Orfeo, fue mordida por una serpiente y murió. En las orillas del río Estrimón Orfeo se lamentaba amargamente por la pérdida de Eurídice. Consternado, Orfeo tocó canciones tan tristes y cantó tan lastimeramente, que todas las ninfas y dioses lloraron y le aconsejaron que descendiera al inframundo (catábasis). Camino de las profundidades del inframundo, tuvo que sortear muchos peligros, para los cuales usó su música, ablandó el corazón de los demonios, e hizo llorar a los tormentos (por primera y única vez). Llegado el momento, con su música ablandó también el corazón de Hades y Perséfone, los cuales permitieron a Eurídice retornar con él a la tierra; pero sólo bajo la condición de que debía caminar delante de ella, y que no debía mirar hacia atrás hasta que ambos hubieran alcanzado el mundo superior y los rayos de sol bañasen a Eurídice. A pesar de sus ansias, Orfeo no volvió la cabeza en todo el trayecto, incluso cuando pasaban junto a algún peligro o demonio, no se volvía para asegurarse de que Eurídice estuviera bien. Llegaron finalmente a la superficie y, por la desesperación, Orfeo volvió la cabeza para verla; pero ella todavía no había sido completamente bañada por el sol, todavía tenía un pie en el camino al inframundo: Eurídice se desvaneció en el aire, y ahora para siempre. Esta historia procede del tiempo de Virgilio, que fue el que introdujo el nombre de Aristeo. Sin embargo, otros autores también hablan de la visita de Orfeo al submundo; de acuerdo con Platón los dioses del infierno sólo le "presentaron una aparición" de Eurídice. También según Platón, los dioses no le entregaron a su amante, porque les parecía que se mostraba cobarde, como buen citaredo, y no tuvo el arrojo de morir por amor, sino que buscóse el medio de penetrar con vida en el Hades.

La muerte de Orfeo

Orfeo por Gustave Moreau (1865)

De acuerdo a un resumen de la antigüedad tardía de la obra perdida de Esquilo Las Basárides, Orfeo al final de su vida desdeñó el culto a todos los dioses excepto al sol, a quien llamó Apolo. Según cuenta Ovidio en el libro X de las Metamorfosis, Orfeo, quejándose de la crueldad de los dioses, se retiró al alto Ródope y al Hemo. Una mañana temprano, ascendió el monte Pangeo (donde había un oráculo de Dioniso) para saludar a su dios al amanecer, pero fue despedazado por las ménades tracias por no honrar a su anterior patrón, Dioniso. Es significativo que su muerte sea análoga a la muerte de Dioniso, para quien, por lo tanto, ha ejercido la función de sacerdote o avatar. Según Platón, los dioses le impusieron a Orfeo el castigo de morir a manos de mujeres por no haber tenido el arrojo de morir por amor como Alcestis, hija de Pelias, que murió en lugar de su marido.

Otras versiones dicen que Orfeo regresó destrozado a su pueblo, donde los habitantes le pidieron que tocara sus hermosas melodías; Orfeo deprimido como estaba, empezó a golpear su lira con una piedra, provocando un ruido tan horrendo que todo alrededor se marchitaba; así que el pueblo lo asesinó con el fin de parar ese ruido.

Orfeo en el arte

Las representaciones plásticas del mito de Orfeo son muy abundantes.

En música, es especialmente importante la obra L'Orfeo, favola in musica (1607) de Claudio Monteverdi, considerada la primera ópera de la historia. Otros importantes compositores recrearon el mito: entre otros, Christoph Willibald Gluck (Orfeo y Eurídice) o Jacques Offenbach (en su paródica ópera bufa Orphée aux Enfers).

Francisco de Quevedo le dedicó el poema Un Orfeo Burlesco.