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domingo, 6 de junio de 2010

QUIQUE SINESI Y SU DISCO HOMENAJE A CUCHI LEGUIZAMON






Improvisaciones sobre la obra de un adelantado






Por Cristian Vitale

“Fue obra del azar.” Quique Sinesi blande un tenedor con su mano derecha y lo encamina hacia la albóndiga más cercana, antes de que se enfríe. El plato, acompañado por unos sugestivos fideos con tuco, despide sus últimos humitos mientras el maestro de la guitarra de siete cuerdas trata de explicar el porqué de Cuchichiando. En principio, como su nombre permite sospechar, es un disco homenaje a Cuchi Leguizamón. Se nutre de trece piezas, algunas de ellas poco difundidas (“Amores de la vendimia” y la hasta ahora inédita “Chacarera del holgado”), atravesadas por la libertaria impronta del intérprete. Riesgosa y personal. “Digo que fue obra del azar porque jamás se me había ocurrido hacer un disco entero con temas de Cuchi”, sigue él, sin esquivar la causa. Año y medio atrás, cuenta, lo convocaron para revivir en vivo al compositor salteño –muerto hace diez años– en el Festival de Folklore de Buenos Aires y, casi de un soplo, arregló seis temas. “Fue apenas un comienzo y a la vez un desafío. Pienso que todas las cosas que me pasan son como señales relacionadas con anhelos.”

Al festival le siguieron un pedido concreto del productor Nicolás Falcoff, la aceptación de Sinesi y un manos a la obra que incluyó agregar siete temas más del Cuchi a la lista inicial y ensamblar ideas con el plantel de invitados: Marcelo Moguilevsky –su viejo compañero de Alfombra Mágica–, Matías González, Horacio López, Nora Sarmoria, Juan Falú, Franco Luciani, Luciana Jury y Santiago Vázquez. La mayoría lo acompañará en la presentación del disco, el próximo viernes en el Teatro IFT (Boulogne Sur Mer 549). “Cuando Falcoff me propuso la idea le pregunté si estaba seguro, porque yo me tomo la música con bastante libertad y, bueno, la obra del Cuchi es ideal para esto. Creo que abrió una ventana nueva para que muchos músicos entren y creen a partir de ahí”, señala. Cuchichiando, sucesor de Cuentos de un pueblo escondido (2005), es el primer disco de Sinesi como intérprete. La mayoría de las versiones, incluso “Maturana”, son instrumentales. Sólo aparece la voz al piano de Sarmoria en “Amores de la vendimia” y “Chacarera del holgado”, y la de Jury acompañando los sutiles arreglos de “Lavanderas del Río Chico”. “Lo que primó a la hora de seleccionar el repertorio fue la intención guitarrística. Elegí lo que más me gustaba hacer en guitarra”, explica Sinesi.












–Es casi una obviedad plantear un trabajo sobre la obra de Leguizamón como un de-safío, pero ¿en qué sentido la toma usted? Porque hay varias formas de interpretarlo...

–En el de pensar un disco con toda música de él y partir de un lugar creativo en piezas que tienen armonías tan ricas. Igual, siempre sentí que su música daba para explorar, para crear climas e improvisar. Al Cuchi lo comparo con Jobim, porque te genera un margen de acción, ¿no? No es como la de Piazzolla que, si bien es maravillosa, no permite que te salgas de la estructura.

Sinesi cuenta que la primera vez que vio tocar a Leguizamón fue a principios de los ’80, en Cafayate. “Lo vi tocando un piano Fender Rhodes solo –se entusiasma y retoma–. Para esa época era alucinante hacer un instrumental de piano solo. Creo que casi nadie lo entendió, pero yo veía que el hombre estaba rompiendo algo. Más tarde escuché lo que grabó el Dúo Salteño, y me pasó lo mismo con las voces. Eran novedosas y la sensación fue parecida a la que me pasó con Piazzolla cuando lo escuché las primeras veces. No lo entendía mucho, y ahora cada vez me gusta más. Y a los dos les pasó lo mismo: no fueron reconocidos por sus contemporáneos.”

Sinesi pica los temas del disco en abstracto –en el aire– y admite que pensó en Alfombra Mágica para encarar los arreglos de “La arenosa” y “Carnavalito del duende” –“me imaginé cómo hubieran quedado si los hacía con el grupo”, sostiene–, define a la “Zamba de Lozano” como “una melodía simple que no deja de ser una maravilla”, y admite que “Santa Mariana” entró por recomendación de Luciani, que terminó aportando su armónica cromática.

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