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domingo, 4 de julio de 2010

GRAN MARTELL: ENTREVISTA


“El marketing maneja la artística”

Tito Fargo y Jorge Araujo (+ Gustavo Jamardo = el trío que presenta Un volcán) no tienen pelos en la lengua para analizar a su propia banda, ese proyecto en constante reinvención que ya lleva seis años y tres discos, pero tampoco para hacerlo con el rock, lo que es del rock y lo que los ajenos pusieron entre medio. “Gran Martell era una rareza hasta para nosotros mismos”, concede el ex Divididos. “Aunque ahora intentamos un concepto de canción, pero sin tanto tópico”, completa el ex Redondos.


Por Cristian Vitale

“En otras épocas era muy jodido tocar esta música”, empieza a recordar Jorge Araujo. “El rock era que te caguen a palos, tomarte el tren colgado o que tu viejo te cague a puteadas. Hoy, no sólo que los empresarios te llaman sino que te condicionan la artística. Una vez nos convocaron a un festival para tocar a las cinco de la tarde y yo les dije: ‘Tengo un doble senior de tenis con Fargo a esa hora’.” Tito Fargo y Jorge Araujo (+ Gustavo Jamardo = Gran Martell) demarcan terreno crítico en el momento justo. Ni tan viejos como para hacer de la nostalgia un axioma, ni tan jóvenes como para tornar invisible una tradición. Uno, el guitarrista, lleva kilómetros de rock, con un mojón cero que lo ubica, previas juntadas con Luca Prodan, como guitarrista de Los Redondos de Ricota en la época que va de Gulp! a Oktubre –después, Skay nunca permitió un par a su lado–- y 17 años de trote en España, donde formó bandas cuyas grabaciones caseras harían caer los calzones a más de uno, Baobads o Los Románticos de Artane, entre ellas. El otro, baterista, lo acompaña en generación y lleva detrás un pasado inquieto con un sello que le quema la espalda: Divididos. Fue la tercera pata cuando el trío alcanzó su cenit horizontal entre Otroletravaladna y Vengo del placard de otro. En suma, ninguno de ambos se transformó en una estrella con anteojeras que le impidieran ver más allá del ombligo. Y ninguno, a la vez, pretendió un ostracismo heroico de loser incomprendido. “Gran Martell es un grupo que no se escucha en la radio”, despeja Araujo. “A nivel convocatoria, ojalá llenemos Niceto –donde el trío presentará Un volcán el 6 de agosto–, pero no somos una banda de cinco Obras. Estamos juntos porque somos amigos, porque somos una banda de verdad.” Suma Fargo: “Tres tipos, cuatro instrumentos y micros de línea por todo el país, eso somos. Parece raro que tipos como nosotros lo hagan, porque ya lo hemos pasado. Pero hay que salir a tocar y es la que nos va”.

Sobra, si a la opción por ser auténticos se le anexa una formidable intención musical de seis años y tres discos (el debut homónimo, 2 huecos y Un volcán), para que se los considere como una de las mejores bandas del alicaído rock argentino. Una suma de partes –la guitarra hurgadora y lacerante de Fargo + el toque sutil, poderoso y exacto de Araujo + más el contundente bajo de Jamardo– que conforman un todo explosivo y riesgoso, psicodélico y con el cuchillo entre los dientes. Una apuesta que no niega a la canción –ama y señora del mainstream actual–, pero sí la subsume en un más allá inesperado. Un plafón de sonidos que resignifica –sin copiar–- lo que era el rock cuando el rock era. Otra Era, claramente. “Hoy es al revés –reengancha Araujo–. El rock tiene que ver con lo seductor que te ofrece el medio. Es como Internet: estás pelotudeando una hora y no viste nada, por la cantidad de información que hay... El cerebro no puede detenerse a hilvanar una idea. Es algo medio engañoso. A los pibes se los llena de ilusiones y después no pasa nada... Es como una picadora de carne, ¿no? A nosotros nos gusta ser como somos.”

–¿Cómo son?

Araujo: –Ni tipos establecidos como banda, ni tipos que estamos en la lona.

Fargo: –Todo el mundo quiere llevarte por el canal que va todo el mundo, y la verdad es que por ahí no queremos ir. No es nuestro canal, porque no lo disfrutamos, no tiene que ver con la raíz de esto que es hacer música lo mejor que se pueda con lo que tengamos a mano.

–Una opción que tal vez los autorice a dar testimonio sin ponerse el casete. ¿Hay un hartazgo con el rock? ¿Hay desencanto?

Fargo: –Nosotros estamos en una situación intermedia... pasamos nuestra adolescencia en el rock, pero todavía no llegamos a la vejez. Estamos tirando de las dos puntas y eso te permite ver con más claridad que lo que antes era contestatario se dio vuelta. Y hoy no le contesta a nada. Ya no se puede hablar de un estilo que tiene 80 años... ¡80 años!

Araujo: –Yo me siento más identificado con Lisandro Aristimuño, que no debe ser visto como un artista de rock, por lo que dice y compone, que con algunas bandas que llaman “el nuevo rock”. ¿Qué es el nuevo rock?

Fargo: –Es que si se le pone el rótulo de rock a una situación que es netamente comercial... bueno, no da. El rótulo de rock les queda grande a ciertas expresiones.

Araujo: –Ponele que te la venden tipo “la nueva forma de hacer rock”. Y vos escuchás y decís: ¿qué?, ¿esto es? El tema es quién le da entidad a esos rótulos. Está bueno que el riesgo no sólo tengamos que asumirlo nosotros sino también quienes difunden. Para mí, una banda de rock es una banda que transgrede en algo... Por lo menos las que yo escuché: Beatles, Zeppelin. Incluso algunas de hoy como Mars Volta o Los Natas. La otra vez toqué con ellos y fue un viaje.

Fargo: –Igual, tendrá que aparecer una música con otro nombre. Cuando arrancó el rock, era el rock. Después aparecieron un montón de cosas: el pop rock, el new metal, el heavy... todas reinvenciones del estilo dadas por el concepto sonoro o una manera tal de tocar. Hoy por hoy me parece que esa reinvención no puede ser. Lo más nuevo capaz que es lo más viejo. Está todo bien con Mars Volta, Jorge. Pero ponés un vinilo de Yes y te rompe la cabeza.

–O escuchás Nursery Crime de Genesis después de estar tres años encajonado y te pegás un viaje de aquéllos...

Fargo: –Impresionante. Lo que pasa es que hay gente de generaciones más nuevas que capaz no conocen eso, pero sí a Smashing Pumpkins, por ejemplo, que en su momento fue una banda transgresora.

Araujo: –Yo no sé, comparando con ese Genesis de Gabriel, si la noción de irle bien a un grupo tiene que ver con la cantidad de gente que iba a ver el espectáculo o con lo que se llevaba, más allá de la cantidad. Eso es lo que nosotros estamos abordando hoy. Yo cuando voy a ver a Los Natas veo lo que se lleva la gente, no cuánta gente lleva.

Fargo: –Yo iba a ver a Invisible y me llevaba un viaje tremendo. Ibamos con Diego Arnedo a aprender cómo se tocaba rock.

Araujo: –Increíble. La otra vez vi una clasificación o calificación de cuál era el grupo que más gente había hecho saltar en el festival de la gaseosa, donde los tipos ponían un pogómetro. La verdad es que no sé qué tenía que ver eso con Zeppelin o Los Beatles. ¡Pogómetro! ¿Qué es eso?

Marketing ¿del palo?

Tal vez el pogómetro sea un producto de la inercia del business, que hizo aparecer dentro del género a gente que no tiene nada que ver ni con su historia, ni con su impronta. Productores, vendedores o promotores que, en varios casos, han tomado ciertos medios de difusión y que desconocen por completo un devenir histórico, que incluso han cambiado un lenguaje, una forma de transmitir. “El marketing maneja la artística”, entrega Fargo. “Pero yo pienso que no va a quedar nada de eso, porque no es auténtico. Un video, un tema, un producto comercial y ya fue. Hay un marketing del refrito de la nada.” Araujo cree que ese tipo de situaciones “no van a repercutir en un legado artístico”.

–Fargo, ¿en qué sentido la desaparición de Los Redondos configuró este estado de situación?

–El movimiento de Los Redondos tiene que ver con algo que pasó hace muchos años, y no es para nada actual. Tiene que ver con un lineamiento casi social que no condice con estos tiempos. Un lugar social desde el que aparecieron miles de bandas imitando, a las que les ha ido bien en lo comercial y nada más. Son bandas que han convocado mucho manejándose desde un lugar independiente, como La Renga o Los Piojos, pero está relacionado con el momento en que una banda genera y el entorno en el que lo genera. Este es un país en que el entorno se mueve todo el tiempo y en el que uno tiene la facultad de moverse todo el tiempo con el entorno... Si sos medianamente pícaro y la embocaste, tendrás un poco más de resto que otros. Por eso, una banda como Redondos no ha podido pasar fronteras. Siempre fue una banda muy local.

–¿Te sentís más cercano de Skay o del Indio?

–De ninguno. Skay es un clásico y lo hace bien. El Indio es precursor de cierta vanguardia, pero yo no me siento identificado con ninguna de las dos situaciones. Skay hace simples canciones de rock nacional, con un sonido particular, que es el de su guitarra después de haber tenido una experiencia compositiva de 20 años y que es muy buena en ese aspecto. No lo veo como innovador sino como un músico que ha desarrollado ese concepto al máximo y lo domina. Como un clásico, como Pappo, típico guitarrista de rock y blues en la Argentina... Hemos aprendido a tocar la guitarra gracias a él.

–¿Y vos de Divididos, Araujo?

–Divididos es una banda auténtica. Yo no escuché el último disco, escuché uno o dos temas por Internet y otro en la prueba de sonido del Parque Roca, cuando tocamos con ellos. Pasó con AC/DC cuando sacó el disco... Son grupos que la gente ve como auténticos. Hoy día, para que una banda logre lo que logró Divididos, tiene que hacer que la gente le crea de verdad. Hay gente que está detrás de una cosa superficial, y que las inflan con un inflador, y no de hacer música como Diego y Ricardo.

Descargado el contexto en que Gran Martell produce –escéptico, por cierto–, erosiona Un volcán, tercer disco del trío, que saldrá partido en dos: uno recién horneado en forma de EP, con un perfil electroacústico traducido en cuatro temas (Un volcán, El amigo del rey, Perro por bozal y Ojos desiertos); y otro power, similar “en parte” a las producciones anteriores. “Poné comillas porque no somos reiterativos entre disco y disco”, se ríe Fargo. Ir a lo seguro es, entonces, agregar a las comillas un rasgo de la banda que quedó claro en los discos anteriores: la noción de reinventarse a sí misma. “Hay un cambio porque es la primera vez que trabajamos con un técnico-productor (César Silva) que ve lo que nosotros no vemos; y porque en vez de tomarnos un año para grabar doce temas, tocarlos en vivo en ese proceso y verlos subidos a YouTube, preferimos ser más cautos y partirlo en dos. Darle velocidad. Para nosotros es una experiencia nueva”, señala el guitarrista.

–¿En qué sentido Un volcán implica una ruptura y en cuál una continuidad con los discos anteriores?

Fargo: –La sustancia de los seis años que llevamos como banda terminó comulgando con un concepto y un sonido que se puede entender. Y es representativo. Yo creo que hoy cualquiera lo escucha y, si tiene un poco de conocimiento de la banda, sabe que es Gran Martell, cuando antes era una rareza hasta para nosotros mismos.

–El primer disco, sí. Cuando salió, nadie entendía nada. Era como una ruptura que, a su vez, podía ser vista como una fuga hacia atrás.

Araujo: –Por concepto sí, pero ya para el segundo tuvimos la necesidad de buscar la canción, porque se hizo una reiteración desde afuera para adentro, de gente que nos rodea y nos quiere mucho, que nos decía: “Che, Negro, ¿no estarán cayendo en esa de hacer música para músicos, no?”. La verdad es que durante mucho tiempo yo toqué música instrumental. En casa escucho dos horas de Joe Zawinul o Miles Davis, tanto como cualquier otra expresión rockera. Si decidí hablar con Diego y con Ricardo para tomar otro camino, tuvo que ver con el hecho de salir a tocar otra música en la que pudiera cantar. Entonces, si yo no me hago cargo de que la melodía tiene que estar en un lugar... bueno. Digamos que en el primer disco me hice un poco el boludo, no me hice cargo de que estaba cantando.

–Otro rasgo de Gran Martell es esa tensión que aparece entre la canción, la estructura melódica, y ese dispare sonoro que la confunde, la mete en otra dimensión.

Fargo: –Sí, pero si sos un tipo que hace música popular, podés viajar; pero al final te tenés que encontrar con el concepto más básico de la canción. Gran Martell ha intentado un concepto de canción, pero sin tanto tópico. El primer disco es un disco de canciones, aunque no con la misma estructura que trabajamos ahora.

Araujo: –Y en el segundo pasó al revés: por una necesidad de buscar la melodía y la canción, de decir “che, si la estamos tirando, que se escuche”, quedamos en un lugar demasiado tradicional. Bueno, son etapas: arrancamos para un lado, fuimos para otro y ahora hay un balance. Capaz que hay una melodía muy al frente y de repente aparece una cosa de viola re loca. Somos tipos rebuscados desde lo artístico. Y cuando sos rebuscado te tornás atemporal... Lo nuestro, más que nada, es el legado.

–Y el riesgo, o lo que implica “reinventarse a sí mismos”.

Araujo: –El riesgo lo veo en la música. Como músico siento la necesidad de abordar ese riesgo, si no, no estaríamos en un proyecto así, en un carro ultrapasado. No es joda mantener durante seis años una banda así, pero nos gusta asumir ese riesgo, porque nunca sabemos hacia dónde va el carro.

Fargo: –El grupo nos pasó por encima. Y nos sigue pasando por encima. Todo el tiempo estamos haciendo cosas que no sabemos bien dónde desembocan y de esa manera, sea cual fuere el resultado, te convierte en auténtico.

–¿Le ven alguna veta internacional a Gran Martell? ¿Puede cruzar fronteras? ¿Londres, tal vez? Ustedes tienen un encare muy inglés...

Fargo: –No creo. Si vos ponés a Gran Martell en Inglaterra, tenés que competir contra el mundo. La única diferencia es que cantás en otro idioma, lo único que te puede salvar. Pero ellos inventaron el estilo, lo hicieron sonar, armaron el negocio y vos no tenés esa experiencia. No podés competir nunca. Vos lo decís porque el estilo que nosotros tenemos viene de esa fuente, pero capaz que una banda de este estilo tenga más vigencia en Brasil o incluso en México.

–¿México? Ahí triunfaron los Enanitos Verdes y Los Redondos jamás pudieron entrar...

Araujo: –Bueno, Brasil (risas).

MACACO: ENTREVISTA



El músico barcelonés curtido en la calle y el mestizaje pisa los talones de U2 en los charts, gana Europa con heavy rotation y... ¡tiene la receta para el buen sueño! Ah, y dice que esta vez sí viene a la Argentina.













Por Daniel Jimenez

Se suele decir que el camino más largo es el que más se disfruta. La espera al menos valió la pena para un artista de corazón callejero como Macaco, que se crió entre pillos, poetas y moros en la cosmopolita Barcelona, y tiene hoy una canción apenas por debajo de U2 en los charts españoles, históricamente dominados por insulsa música pop. “Lo importante no es llegar, ni adónde, sino el viaje. Tengo más de diez años de carrera comenzando en la calle, donde me fui haciendo músico, y de repente estoy tocando para 100 mil personas o participando de festivales con artistas que son número uno... es todo un mogollón de golpe”, dice desde su casa en la ciudad de Lio Messi el señor que responde, como su banda, al nombre de Macaco. Un momento. ¿Cien mil personas, dijo? “Es muy loco, pero repentinamente escucho Moving, el primer corte del disco, en cualquier lugar adonde voy; y no estoy hablando de un debutante sino de alguien como yo, que vengo haciendo música hace rato, ignorado por la industria.”

Para quien recién se desayuna, Macaco (la criatura del cantante e instrumentista Dani Carbonell, quien misteriosamente se hace llamar “Mono Loco”), comenzó su carrera en España allá por 1996 con una base de músicos mestizos de Venezuela, Cuba, Brasil y Africa. Ese cóctel de ritmos latinos y afroamericanos de beat multirracial y políglota terminó en la explosión de El Mono en el Ojo del Tigre, su debut de 1999. Español, italiano, catalán, portugués, francés; colores, texturas, sabores. La mezcla es la esencia de esta búsqueda. Y ahora, cuatro discos después, todo está en heavy rotation y él tocando por toda Europa: “Tengo un público que me sigue cada vez más y que cada día es más numeroso. No vivo de la venta de discos sino de lo que pasa en el vivo. Recién ahora los medios me están empezando a apoyar después de ignorarme durante años”, apunta con la seguridad de quien sabe que ríe último y se ha convertido en un artista inesperadamente... inevitable. “Nunca tuve un hit en la radio, pero siempre tuve canciones; es decir, siempre estuve allí. Ahora parece que todos se dieron cuenta de eso, que ya no se podía evitar, porque la gente cada vez más quería escuchar Macaco. Nos convertimos en populares.”

Con giras pendientes por Europa y una verdadera fiebre de ventas en su tierra de Puerto Presente, su álbum de 2009, Macaco asegura que “si las canciones no cierran” en su corazón jamás podrían grabarse. Casualmente este trabajo, producido por la dupla Jules Bikôkô y Roger Rodes, fue el que lo expuso de manera cruda en toda España y el que definitivamente se metió en la gente de la calle. Al fin y al cabo, su casa. “Siento que éste es un disco de canciones como me gustan, porque las buenas canciones nunca pasan de moda. Pueden ir desde la rumba más cerrada al reggae de Marley, y perdón por la desubicada comparación, pero lo que quiero decir es que no importa el género. Quiero que las canciones brillen y que salgan del corazón, después van envueltas como tú quieras.”

Además de artista itinerante y marca registrada de los deambulantes del Barrio Gótico y la Barcelonesa –como Manu Chao, Amparo Sánchez, Sargento García, Muchachito Bombo Infierno y otros hijos del mestizaje–, Macaco nunca escondió su faceta de defensor de la naturaleza (“Y no la llamo medio ambiente ni ecología porque no soy político ni científico”). Es más: desde su aparición con Jambito Loco, su primer demo, se encargó de hacerla visible. Su cruzada se encontraría con un destino que no deja de sorprenderlo: Moving fue elegida para acompañar un especial de National Geographic sobre el Día de la Tierra que se emitió en todo el mundo. “Mira, llevo haciendo canciones sobre la naturaleza muchos años y ya había colaborado con ellos en otra campaña con Mamá Tierra, así que siempre estuvo la relación. Ahora estaba haciendo Moving y les gustó. Y mira cómo se han portado todos los artistas que aparecen en el video que ninguno me ha cobrado un duro por estar, ni siquiera Javier Bardem, que es fan mío y a quien considero uno de los mejores actores del mundo. Además tiene una voz medio marinera que calzó con lo que tenía pensado”, dice.

Aunque parezca difícil de creer en estos tiempos globalizados, Macaco, que ha girado por Europa, Asia y Africa, por ahora no tiene el plan concreto de venir a la Argentina. Aunque, confiesa, se muere de ganas: “No sé porque nunca fuimos, pero te juro que siempre que pienso en salir de gira, algo que hago al menos ocho meses al año, quiero que la Argentina esté en el itinerario, pero hasta ahora no pudimos. Este es buen momento, porque las cosas parecen haber tomado otra dimensión”.

Con amenaza de próxima visita y un álbum de dúos (que contaría con la presencia nacional de Fidel Nadal) pensado para antes de fin de año, algunos elementos a tener en cuenta: un show de Macaco incluye sobre el escenario nueve músicos, un equipo de más de quince personas que se mueven de un lado a otro y pantallas interactivas. Sí, un concierto a la altura de un festival para un tipo que tiene el cuerpo en casa y el corazón en el viento: “Como músico de calle, reivindico la autogestión, porque supone controlar todo el proceso creativo hasta el final. Yo tengo libertad artística total, pero para distribuir mis discos en todo el mundo necesito una multinacional, por eso conviven Mundo Zurdo y EMI. Y también hay grandes artistas, por supuesto no voy a dar nombres, que han criticado a las multinacionales cuando siempre han estado trabajando con ellas. Mientras tú sepas qué estás haciendo, puedes dormir tranquilo”.

ROCK NACIONAL DISCOS: EXISTE DEL GRUPO NARANJOS



“La Iglesia ha convertido el misterio en terror”

Lo que iba a ser una entrevista acerca del tercer disco de la pujante banda del Oeste se convirtió en un curso práctico sobre las nuevas mañas de la hegemonía económica y cultural. En plan clase de Sociología, entrevistamos al baterista Eche y el Arabe Ramil.







Una embarazada cruza la calle y es atropellada por un automovilista que se fuga. La madre y el vientre mueren. Esa es la sinopsis de la historia que el hijo mayor de Damián “Arabe” Ramil escribió en un trabajo propuesto por su maestra de segundo grado. Ramil, ése en el que se originan no sólo la voz de la banda Naranjos, también las del Machuca, el Magú y el Payaso Peroncho de Apagá la tele (el programa de FM Rock & Pop), no aguantó y pidió cita con la profesora. Así se enteró de que, en verdad, se trató de un trabajo colectivo en el que, entre todos los del grado, pibitos de siete u ocho años habían armado “la historia del día” en función de lo que vieron en el noticiero la noche anterior. Así, del Arabe se fue la sorpresa y apareció la indignación: “Esto maman los pibes, así les están cultivando el inconsciente y me asusta”, se sincera frente al NO. Y enseguida se pregunta cómo es que nadie ha cuestionado la tarea de Adrián Suar como programador de Canal 13. “Desde el multimedio no espero que le digan algo, pero en Policías en acción estuvieron en un recital de Viejas Locas y en posproducción pusieron sonido de monos durante el pogo. Sin el mínimo reparo en que unas semanas antes, en un recital de Viejas Locas en Vélez, a uno de esos monitos lo había matado la policía en acción. Entonces, ¿qué te queda? ¿Que está bien que los maten porque son todos monitos?”

Esa lectura no aparece por la ignorancia o el desinterés intrínseco de las personas, señala el Arabe, con quien el NO se había reunido con la intención de charlar sobre Existe, el superador tercer disco de Naranjos. “Lo que pasa es que dentro del paradigma que nos han impuesto no están las herramientas para decodificar el mensaje. Por eso es tan bueno que la educación sea gratuita, pero tan malo que la manejen quienes la manejan”, pone en duda, regenerando un debate que se lleva una hora, una cerveza y un cortadito, pero que por intenso permite intentar soluciones. Fernando “Eche” Echevarría, baterista del quinteto, propone “darle a la gente todas las opciones y las miradas”. “¡Claro!”, marca el Arabe. “El sistema del mensaje hegemónico no te deja esa oportunidad”, pone en claro la oposición el cantante y actor. Y vuelve Eche con un golpe fuerte y claro como las apoyaturas que mete sobre el redoblante: “Lo más peligroso para la hegemonía es que la gente genere una economía, un circuito cultural y un pensamiento propios”.

–Desde la propia resistencia a esa hegemonía que plantean, aparecen separados dos momentos. Primero, la generación de una economía social, y recién luego la revolución cultural. Ustedes las quieren juntas.

Eche: –Si no, estamos hablando de un engorde en lugar de nutrición. De pollos con comida, pero adormecidos mirando televisión todo el día.

Arabe: –Los gobernantes te pueden asegurar el libre comercio, que cambies el celular cada semestre y que puedas comprar en 50 cuotas un televisor LCD, pero no te quieren facilitar el libre pensamiento.

–Escuela y Estado, nos falta la Iglesia y Althusser estará contento.

Arabe: –La Iglesia es una máquina para oprimir y juzgar que convirtió el misterio en terror. Respeto la fe de las personas, pero una iglesia para mí es como un supermercado. Un supermercado al que no voy.

–Momento, ¿no era un lugar donde resolver las dudas existenciales?

Arabe: –Las preguntas existenciales no son tantas y fueron respuestas por el arte: Unamuno, Pizarnik, Kafka, Chejov, Lord Byron. Si vas a lo profundo de cada ser, todos nos hacemos las mismas preguntas. En un tema de Naranjos, pregunto: “¿Cuánto de canalla hay en vos?”. Que en realidad es: “¿Cuánto de canalla hay en mí, en vos y en todos?”. Pero es incómodo preguntarse a uno mismo, necesitamos apuntar contra otro. Hay una necesidad muy grande en esta sociedad de encontrar un salvador y un chivo expiatorio. Mirá el slogan de De Narváez: “Tengo un plan”. No es “Tenemos un plan, organicémonos a ver si podemos entre todos”.

La descripción de esta sociedad, nuestra sociedad, no aparece en la música de Naranjos como en la publicidad del canal deportivo del cable en el que en un bar de acá se celebra la civilización francesa y desde uno irlandés envidian nuestros bárbaros festejos pasionales. No es el lugar del separatista sentido común desde el que critica sino desde el espacio inclusivo de los valores. “El menemismo terminó de destruir a la familia y ahora la propaganda determina nuestra escala de valores”, diagnostica Ramil. Y en esa escala, ¿cuánto vale el artista, cuánto el arte? Para Eche, el músico es “un desocupado” para la sociedad y es el mismo sistema el que no habilita ser productivo haciendo lo que te gusta. No hay casos de ningún ser humano al que un Estado le haya dicho: “¿Querés ser guitarrista? Tomá esta guitarra, sé el mejor”. Y esa ausencia es la que viene a llenar, según lee el baterista, la empresa privada: “Ahí viene tal festival y te dice ‘estos artistas son míos’, o tal sello lo mismo. De cada lugar donde el Estado se retiró, la empresa encontró el modo de chuparle la sangre a la gente”, ilustra con estilo fauvista.

¿Cómo se dice monólogo en árabe? Así: “Hay gente que vive de la música y gente que vive de los músicos. Y nosotros, en Naranjos, vivimos gracias a la música, que nos mantiene vivos. No vivimos de la música, ni dejamos que vivan de nosotros. Me encantaría poder alimentar a mis hijos con mis canciones, pero no lo puedo hacer porque las cosas están mal planteadas desde arriba, no hay oxígeno, no hay espacio, te oprimen. Esta sociedad oprime con censura directa o adormecimiento masivo. Pero hay gente que se revela y somos parte de esa camada rebelde, de personas que hacen cosas y sobrepasan al opresor. Por más que digan que las revoluciones y las ideologías murieron, no es así. Las pusieron a dormir y nos han dado zanahorias”. Imposible más claras las palabras del Arabe, que como matiza su expresividad en las once canciones del introspectivo y rockero Existe, mientras habla te mete en un carrusel dialéctico y teatral y, guiándote con la musicalidad de las palabras, te lleva a la inevitable hamaca de la reflexión. Y no para de empujar: “¿Por qué no se fomenta una multimuestra mediática a las nueve de la noche en un centro cultural municipal?”.

–Sobre la interdisciplinaridad, sus recitales son plenos en drama, en un sentido teatral, y tocaron con folkloristas, jazzeros, en el IMPA, para los pacientes del Borda, en festivales y en Brasil. ¿Qué buscan?

Arabe: –Tenemos el concepto artístico de la totalidad, la idea de que entres al recital y te mantenga, con altos y bajos, en una tensión estética. En vivo tenemos una energía bestial, tomá lo de bestial con cariño. Cada vez que tocamos, bajan los duendes y llenan de magia el tablado. O es la forma que tengo de convencerme para que el segundo me dure más que un segundo, donde todo no sea ni tan efímero ni tan leve, donde podamos encontrar respuestas. Eso es lo que se ha licuado, la investigación artística está ahora en función de intereses egoístas.

Cómo se para Naranjos frente a esa situación, tampoco está librado al azar. “Sobreviviendo. Sobrevivir es quedar y seguir creciendo, yendo, haciendo y profesionalizándote, buscando plasmar mejor lo que querés proponer”, empieza a definir Eche. Y el cantante pega la vuelta porque “más allá de la mirada crítica de la banda”, más allá de la agudeza mental para analizar la programación del 13 y la emocional que desarrollaron con lecturas de Houellebecq y visiones de La Zona de Tarkovsky, tienen el mismo miedo que todos: “Tenemos dudas y nos esperanzamos, y nos rompen el culo. Y a veces metemos goles. Somos protagonistas de este momento, y a veces ganamos y otras perdemos”, anticipa sin resignación aparente.

Y concluye: “He crecido escuchando un montón de versos cantados por gente que me ha prometido miles de cosas en versos. Me pregunto dónde ha quedado todo ese mundo de promesas de amor. Y espero que al que va a ver a Naranjos no le pase lo mismo con nosotros. Pero más espero que con solidaridad, respeto y amor, recuperemos nuestra verdadera red social”.

sábado, 3 de julio de 2010

CARLOS GARDEL O LA EDUCACION SENTIMENTAL




A 75 años de la muerte del Zorzal, la autora indaga en su experiencia como especialista en la obra del cantor. "Gardel no es cuestión de modas", dice mientras confiesa que, ahora, cuando lo escucha, baja el volumen.

















Por: Maria Moreno

SOY LEYENDA. El 11 de diciembre nace en Toulouse, al sur de Francia, con el nombre de Charles Romuald Gardés. El lunes 24 de junio, los diarios argentinos aparecieron con la noticia de que el cantante máximo había muerto en un accidente aéreo, yendo de Bogotá a Medellín.

Gardel me irrita. Si con esta frase se reconoce la intención de un comienzo terrorista, apuro la confesión: soy una conversa. Si pegada a la FM Tango, como suelo estar, bajo el volumen, ante los programas de rigor que se hacen en su nombre, es porque lo amé pero me le di vuelta. A los 14 años, durante una crisis que entonces se llamaba con cierta poesía surmenage, dejé el colegio para pasármela en la cama, sucia y en silencio (las razones no vienen al caso). La única y angustiosa interrupción era el desfiladero terapéutico que una madre moderna consideró necesario, no tanto para curarme como para ponerme de nuevo en la gatera de los normales. ¿Por qué en esas noches culpables en que el insomnio no traía el fantasma de una rebelión a la page –no me volví beat entonces, no mentí mi edad a la puerta de la noche bohemia para darme al alcohol– me hice acompañar por la voz de Gardel? En lugar de hacerlo con trasnoches radiales en donde campeaba Neil Sedaka o Baby Be, ¿por qué lo hice con El bronce que sonríe de Julio Jorge Nelson? Por las mañanas, tenía grabados en las mejillas los agujeritos de la funda de cuero de la Spika, por quedarme dormida antes de apagar. Poco a poco, en esos días desdichados, a riego de convertirme en la viuda de una viuda, creí hacerme experta en Gardel. Me convertí en un Lo sé todo monotemático y autómata, lata de datos irrelevantes como ¿qué dijo Azucena Maizani ante la tumba de Gardel ? o ¿de qué nacionalidad era Mona Maris? Mi bibliografía era módica: viejos ejemplares del El alma que canta, recortes de los aniversarios publicados en Antena o Radiolandia, tradición oral de vecinos del Abasto. Un día anuncié que participaría del programa Odol Pregunta. En el rostro alarmado de mi madre leía el horror a la caída de clase con la participación en un programa de televisión, a un exhibicionismo que unía el desprestigio del tema –Claudio María Domínguez contestaría más tarde y más seriamente sobre mitología– con la perspectiva de que la niña enferma deviniera la niña freak. Se me persuadió. Pero ¿por qué Gardel? Quizás, puesto que yo no era nada precoz y los meneos de pelvis y de Elvis me daban más risa que "ideas", cuando el deseo se dibujaba más con temor que con decisión, encontré en esa figura, que parecía fuera del sexo, un talismán seguro antes de la pasión del cuerpo a cuerpo que, en el futuro, me encontraría dicharachera y dispuesta.

Porque, nadie más vestido que Gardel y no es cuestión de modas o de épocas. ¿Quién no vio a un patriarca en tiradores o los pelitos en el pecho de Francisco Petrone o Floren Delbene? Entre la bordona y la sonrisa de teclado, el rostro de Gardel aspira a lo sublime, a la austeridad, al cielo: el pelo tirante, las narinas abiertas, las cejas alzadas, los ojos contra el techo de los párpados sólo puede encontrar equivalente en Garbo o la Virgen María. Bastardo, es decir, un poco al sesgo de la ley paterna, hijo soltero de madre soltera, al no tener hijos (el genio como un instante único de la sucesión, nada por arriba, nada por abajo) quedó en serie con Borges y Perón. Así los hombres anónimos se consuelan unos a otros: el prodigio surge para reparar carencias profundas, el genio no sólo no genera, sería una degeneración y si un cuerpo degenera en una voz, un poder o una pluma brillante bien puede degenerar en mujer o en asexual.

Pero hay un Borges en malla, que parece capaz de ostentar su carne al borde de la bravata –me lo mostró Nicolás Helft, que se acordó que cuando le tomaron esa foto estaba escribiendo un artículo sobre Nietzsche–. Es que en ese reparto de arquetipos que suelen hacer las parejas de amigos, casi siempre con el dolor de los dos, el donjuanismo de Bioy debe haber arrinconado a Borges en contraparte erótico, tanto como los celos de doña Leonor o su serie de calabazas sucesivas de novias robadas. Y, la carne de Perón, aunque descamisada, marcial, se intuía en su gusto por las cabareteras, las anécdotas gorilas en las que se hacía buscar caramelos en los bolsillos por las chicas de la UES, pero sobre todo a través de ese entrecasa del que fue testigo David Viñas cuando, en su condición de colimba, le tocó alcanzarle la urna a una Evita que ya estaba postrada: antes de retirarse la comitiva, Perón habría dicho "¿ te apago la luz, Negrita?"

En cambio, llamar a Gardel, "el bronce que sonríe" es olvidar que si un bronce fuera capaz de sonreír , su destino sería romperse o situarlo más allá de los hombres . Todo esto, sobre lo que insistí ya otras veces, quizás no tenga importancia. No se piensa lo adorable o es inútil pensarlo. Recordar el lugar que ocupaba Gardel en el momento en que murió, medir su fama con la de Corsini o la de Magaldi, por ejemplo, pasarle el escáner de la historia o la sociología, antes del dorado a la hoja del mito o, al contrario, argumentarlo con el neutro del académico y el experto, parece hacer que las palabras sobren o falten, es decir, nunca se consigue la justa. Como si un mito fuera, entre otras cosas, un convite a lo unánime como condición para disentir –hasta la violencia– en todo lo demás.

¿Era Gardel un parvenue, un colonizado?, ¿lo que va de Tango Bar a El tango en Broadway puede leerse como el caminito de una "canción ciudadana" que debe vaciarse de subjetividad palurda, sublimar la mirada del otro, para calzarse el frac y la galerita en el gran party del Capital? ¡Lo que Gardel no ha hecho para triunfar en Nueva York; usar el vestuario neo mariachi o neo bailaor, protagonizar los argumentos de un Migré psicótico, ser tajeado por montajes a lo Tato (por los brutos, no por la censura).

Digresión: como el público gringo solía no saber tanto el español como su variante lunfarda, nadie le exigió a Carlos Gardel como al tenor mexicano Carlos Mejía que cambiara la letra de "Mi noche triste" y entonces, en lugar de "y si vieras la catrera como se pone cabrera ..." ", tenía que cantar "y si vieras la perrita como llora y como grita...".

Gardel sería el hombre de aldea que se prueba la ropa de la aristocracia europea y descubre que es su segunda piel. Parece que, al nacer, en lugar de tener que cortarle el cordón umbilical, hubo que cortarle el reloj de oro con cadena. Tampoco tiene importancia. Para ser expropiado es preciso tener un cuerpo y Gardel, como me parece, está construido contra la carne .

La voz de Gardel sería como la de las parcas y la de las sirenas, provoca escalofríos que, cuando se está lejos del país, se asimilan al agujero de la Patria ¿Es la Patria? ¿Cómo? ¿Otra vez me estoy dando vuelta?

Una voz y nada más se llama un libro de Mladen Dolar en donde se pasea el objeto voz de la lingüística a la metafísica y de la ética a la política .En un párrafo no menor, Dolar, escribe sobre la voz acusmática, aquella cuya fuente no se ve. Escribe que su efecto oscila entre lo divino y lo siniestro como la voz de la madre de Norman Bates en Psicosis, la del Mago de Hoz –resultó la de un viejito enclenque–, la de Pitágoras que, según Diógenes Laercio, enseñaba a sus discípulos, oculto tras un telón. La voz sola es carismática, omnipotente. ¿Cuánto le deberá Gardel a la radio, el gramófono, el grabador? No en el sentido de mejorar sus inmejorables dones sino de hacerlo brillar en ausencia y esfinge. Pero Dolar termina por concluir que saber de dónde viene una voz, comprobar su dirección con sólo ver unos labios que se mueven hasta que pueda atársela a determinado cuerpo, en nada atenúa el misterio de cómo se hizo voz de uno solo y de ese modo, como si fuera una firma.

Toda voz sería acusmática. Por eso la de Gardel, como alguna vez sugirió Cortázar, hay que escucharla en un gramófono, salir de esa cosa que parece ella misma una boca abierta –cuerno o caracola– y que evoca la succión del precipicio o el fondo de la cueva, y no reanimándola a través de un cd o una imagen de cine, con la que se hace creer que se la ve-oye aparecer en la boca vallada de blancura del Maestro.

¿Cómo se llamará la voz de la que sólo se ve la fuente? ¿No es acaso tan inquietante o más que la acusmática? Dolar no habla de esa voz, la del Comandante Marcos y El Fantasma de la Opera.
Un rumor corrió optimista en tiempos más inocentes: que Gardel había sobrevivido al accidente de avión y andaba de gira por Latinoamérica cantando con una máscara que ocultaba la deformación de su rostro. Algo de ese rumor quiso recuperar el diputado Elvio Vitali, cuando, poco antes de morir, y para hablar y reir al mismo tiempo de la muerte, bautizó a un lugar de tangos El Gardel de Medellín.

En Una voz y nada más, Dolar no se detuvo en el género más que para ubicar la voz del lado de la madre –"¿no es la voz de la madre la primera conexión problemática con el otro"? Entonces, ¿sería Gardel no el que canta a La Vieja, sino la Vieja misma más allá de los géneros y las generaciones?
Esa voz tan clara, tan cristalina, que ensancha las vocales, hace pausas bruscas en la mitad de una palabra, manda erres de suplente aunque se trate de cualquier otra consonante, llega a enrarecer el idioma hasta que el sentido deja de comprenderse para que nada nos distraiga de su efecto. Dolar coteja la asociación entre la voz sin sentido y la femineidad y entre el texto, la significación y la masculinidad, ¿de qué lado estaba la voz de Gardel?
Lo que es yo, cuando era joven y estaba un poco loca, lo que hacía era escuchar lo que Gardel decía. Y decía "aunque busques en tu verba pintores contraflores" o "cuando ve la carta amarillenta,/llena de pasajes de su vida,/ siente que la pena se le aumenta /al ver tan destruida la esperanza que abrigó". Con el sebo de la voz bruja yo entraba en el gusto por la metáfora, puesto que, por añadidura, me marcaba un maestro al que la familiaridad de Cadícamo le quitaba el apellido (Darío): "Al raro conjuro de noche y reseda/temblaban las hojas/del parque también/y tú me pedías/que te recitara/esa sonatina/que soñó Rubén". Y hasta hacía de cuenta que Gardel-Darío me recitaban a mí "¡la princesa está triste! ¿qué tendrá la princesa?"Siguiendo las líneas de Gardel con los oídos y agarrada al tango canción fui a parar a la poesía modernista y a la literatura abarcable.
Ya no soy muy sensible a la música, sino como un fondo de palabras que fueron escritas en español antes de mi nacimiento. Pero mientras me voy volviendo sorda, en un sentido profundo, para hacer el encomio de Gardel –si su voz es intransferible, él transmitía algo más allá de su don– podría decir que con Gardel aprendí a leer.

CARLOS GARDEL: El fantasma en Medellín



La ciudad donde murió Gardel parece homenajearlo en cada rincón, a tal punto que el tango se convirtió en su banda sonora.










Por: Juan Carlos Garay

Gardel en llamas, de la artista plástica Dora Ramírez, la muestra más representativa del pop-art de Medellín, telón de boca del Teatro Pablo Tobón Uribe.

En Medellín se encuentra la silla de barbero donde a Carlos Gardel le hicieron su último corte de pelo. Y también la llave de su casa, ésa que abría originalmente el portón sobre Jean Jaurés, en el Abasto, donde su madre se quedó esperándolo. Pero más allá de estos curiosos souvenirs, Gardel dejó en el ambiente de la ciudad el gusto arrebatado por sus canciones y, en extensión, por todo el lenguaje tanguero. Leonardo Nieto, el fundador de la Casa Gardeliana de Medellín, resume su legado en dos ítems: "Un gran amor y muchas fotos". Está siendo modesto, pues gracias a él la ciudad tuvo la primera de dos estatuas del Zorzal Criollo que hoy adornan la ciudad.

Más expresivo fue el bandoneonista Rodolfo Mederos en su reciente paso por Colombia. Grabó, con la orquesta sinfónica colombiana, unos arreglos de tangos clásicos como "El porteñito" de Angel Villoldo (para un disco que saldrá a finales de este año) y aprovechó para confiarle a este periodista sus remembranzas de Medellín: "Están muy bien ubicados, creo que conocen más de tango que nosotros. Me subo a un taxi y me sacan un repertorio nombrando intérpretes y compositores; hablan de tango con conocimiento verdadero".

Hay un par de diferencias con el entorno porteño, que no son pequeñas. En Medellín el tango no se acompaña con vino tinto sino con aguardiente; la ebriedad es otra. Y el paisaje cambia, también: la ciudad está rodeada de verdes montañas, lo que produce una agradable resolana durante todo el año que le ha valido el mote de "ciudad de la eterna primavera". Esa condición topográfica pareció obligar a que la pista de aterrizaje fuera relativamente corta. Al menos, eso es lo que uno siente cuando desciende en gradual descolgada al Aeropuerto Olaya Herrera, en lugar de utilizar la pista de Rionegro, que permite un aterrizaje más cómodo porque no está enclavada en el valle. Imposible no pensar en Gardel y el miedo que endosa a sus músicos en la última carta que le escribiera a Armando Defino, con fecha 20 de junio de 1935: "Ahora la vamos viajando en avión y ya te imaginarás el fierrito de los guitarristas... elogian la comodidad y la rapidez del avión pero no ven la hora de largar".

Lo que pasó en el Olaya Herrera, hace 75 años, cambió para siempre la banda sonora de toda una ciudad. El abogado Jaime Jaramillo Panesso, presidente honorario de la Academia Colombia del Tango, ha reconstruido ese proceso apoyándose en documentos históricos: "Los tangos de Gardel venían a Medellín más por las películas de la Paramount que por la realidad musical", explica, "pero el tango sí se había promovido mucho por medio de las revistas musicales de España. Por eso el tango que se escuchaba aquí tenía más que ver con el cuplé: Juan Pulido, Imperio Argentina. Pero entonces vino la muerte de Gardel, creó un impacto emocional en la ciudad y ésa es la razón por la que el tango se quedó".

El abogado Jaramillo Panesso es una enciclopedia generosa de referencias tangueras, no todas ligadas a un pasado nostálgico: en su discoteca personal se mezclan desde Aníbal Troilo hasta Andrés Calamaro. Pero, tal vez, los documentos más llamativos son los 466 folios, empastados en dos tomos, que registran la investigación de la Prefectura Judicial de Medellín sobre el accidente. El dictamen, firmado por dos peritos en ingeniería y un aviador militar, es concluyente y no deja lugar a otras hipótesis: "El accidente se debió, única y exclusivamente, a dos causas, íntimamente ligadas entre sí, pero de distinta naturaleza. La primera es de carácter permanente y se debe a las deficiencias topográficas y aerológicas propias del Aeródromo Olaya Herrera de la ciudad de Medellín. La segunda es de carácter ocasional y se debe a un fenómeno aerológico, propio del mencionado Aeródromo, y que consiste en la aparición súbita de una corriente de aire precedida de vientos débiles, corriente que se ha registrado generalmente durante las horas de la tarde y que dura apenas unos pocos minutos, pero cuya dirección no guarda relación con la de los vientos que la preceden o siguen, y cuya intensidad es muy superior a la de éstos. El 24 de junio ese fenómeno se presentó unos diez segundos antes de ocurrir el choque".

La estatua de
"Cuesta abajo"


Pero el impacto emocional fue de ida y vuelta: también Medellín llegó a fraguarse en el inconsciente colectivo de los melómanos del mundo. El compositor puertorriqueño Rafael Hernández tiene unos versos bastante ingenuos que imaginan a Medellín como si fuera un pueblito. Evidentemente no la conocía:

"Entonces voló a Colombia
y allí fue que tuvo fin.
El cantor de bella historia
murió en el pueblo de Medellín"

Medellín se volvió La Meca para afiebrados del tango como Leonardo Nieto, quien llegó a finales de 1959 "por veintiún días, a conocer el lugar donde había muerto Carlos Gardel". Nieto es nacido en Vedia (provincia de Buenos Aires) y tiene sueños tan poderosos que los convierte en realidad. Uno fue quedarse en Medellín y fundar la Casa Gardeliana y otro regalarle a la ciudad la primera estatua del cantor. Se propuso buscar un buen escultor y consiguió a un artista que había conocido a Gardel en el Circo Teatro España, en su presentación del 12 de junio de 1935. La estatua sería fiel a como él lo recordaba: "Bajo y muy en silueta". En cuanto a la sede para su Casa Gardeliana, Nieto la encontró en el barrio Manrique, cerca de una calle a la que llaman, con mucho acierto, Cuesta Abajo.

Los documentos fotográficos de la apertura de la Casa Gardeliana sobre la carrera 45 (hoy Avenida Carlos Gardel) muestran una estatua ligeramente distinta a la que se exhibe hoy. La figura es la misma, pero el monumento de la foto es en granito blanco, no en bronce. Nieto me cuenta que la primera versión fue destruida por accidente en mayo de 1973, en un episodio que, de no ser por la prudencia, hubiese desatado perfectamente un conflicto entre países: "Una noche cualquiera, dos borrachitos se abrazaron a la estatua y la tumbaron y la destruyeron. A las once de la noche recibo yo la llamada en casa de que han destruido la estatua. Cuando llegué, habría pasado una media hora, no había quedado nada: todo el mundo se llevó los pedacitos. Al otro día empiezan las llamadas de Puerto Rico, de Venezuela, todo el mundo preguntando si había sido un atentado. Al siguiente día me llama Lanusse de la Casa de Gobierno, que quería hablar personalmente conmigo: 'Quiero que me diga con toda franqueza qué fue lo que pasó. ¿Fue un atentado?' Y yo: 'No, no pasó nada, simplemente que acá hay pasión por Gardel'. ¡Figurate el lío que yo pude haber armado si fuera fantasioso!".

Cantándole al Mudo

La noche cae y hace un frío incipiente: todo llama a sumar tango con aguardiente. En el centro hay varios lugares para vivir la experiencia, que abarcan todos los estratos. Jaime Jaramillo Panesso afirma que la afición tanguera tiene en Medellín "una variedad social, de conocimiento intelectual pero también pragmático". La cosa puede herir susceptibilidades: un turista se frunció al descubrir que en el sitio al que había ido estaban esas muñecas nocturnas que localmente se conocen como "prepago". ¡Pero el tango que se escucha es bueno! Hay coleccionistas que ponen a sonar sus tesoros discográficos, hay bailarines y cantores y jóvenes bandoneonistas de mucho talento.

El salón Málaga, ubicado en la carrera 51, es uno de los lugares más interesantes porque ha sabido llevar una estética de nostalgia hacia el futuro. Las paredes están repletas de fotos y el aficionado puede quedarse horas reconociendo a sus ídolos: Osvaldo Fresedo, Lucio Demare, Juan de Dios Filiberto..., los mismos que suenan a través de los parlantes para el público local y de Internet para el resto del mundo. El salón ha abierto una página web conectada a la barra, una especie de emisora virtual [www.salonmalaga.com] con programaciones tan arrabaleras como imaginativas. Los lunes, por ejemplo, sólo se oyen discos de 78 revoluciones.

En el subsuelo del Málaga se reúnen semanalmente los cantores de tango de Medellín, que se han asociado para recibir beneficios como clases de perfeccionamiento vocal. Tengo la fortuna de llegar en plena clase y me siento en uno de los pupitres, rodeado por un coro de lo más heterodoxo: voces líricas, voces nasales, voces roncas, voces dramáticas. Cada uno va pasando al lado del piano y tiene que cantar un tango completo. A mi lado, el cantante Hugo Sosa va recitando en voz baja las fichas técnicas de todas las canciones: "Esa es 'Lágrimas de sangre', que cantaba Oscar Larroca con la orquesta de Alfredo De Angelis... Esa es 'Tu corazón', que grabó Carlos Dante, también con la orquesta de Alfredo De Angelis... Esa es 'Las cuarenta'... Esa es 'Mala suerte', que cantaba Ernesto Famá con la orquesta de Francisco Canaro".

Es claro ahora a qué se refería Rodolfo Mederos cuando hablaba del "conocimiento verdadero" de los medellinenses. El 24 de junio de 1935, como sugiere el periodista e historiador Horacio Vázquez-Rial en su libro Las dos muertes de Gardel (2001), el hombre murió para nacer como mito en Medellín. De paso, dejó para los citadinos una marca de fuego que hoy es parte importante de su identidad. Con una radio que pasa al menos tres programas diarios y dos semanales dedicados a la música porteña, el valle cafetero se arrulla en ondas de tango, lo canta como propio, recibe a sus cultores con una generosidad provinciana y sincera, y se preocupa por preservarlo a través de festividades oficiales y constantes conciertos. Sabemos que Aníbal Troilo llenó la Plaza de Toros bajo la lluvia en 1968. Hay otras músicas, claro; de día atacan los parlantes con las canciones de moda, pero en las noches el corazón vuelve a mirar al Sur.

En el subsuelo del salón Málaga continúa la clase de perfeccionamiento vocal. Un alumno pasa, se ubica al lado del piano y se arriesga con "Sus ojos se cerraron". Desde lo alto de una radiola Philips, una foto del Troesma enfundado en su frac pareciera aprobar sonriente la interpretación.


martes, 22 de junio de 2010

LA PERLA IRREGULAR: LA BELLEZA DE LA IMPERFECCION


“Crear es retomar lo ya hecho”

La banda es parte de un proyecto que excede lo musical, en tanto lo interpela desde lo audiovisual, la narrativa y la poesía.



Por Luis Paz

“Perla irregular” es la traducción de la palabra “barroco” del portugués al castellano. El concepto refiere a la belleza de la imperfección, al balance de la sobrecarga y al misterio como elemento de completud. No en vano, el compositor Pablo Vidal eligió ese nombre para sentar las bases de un proyecto principalmente musical, en la senda del pop psicodélico, pero que excede a la disciplina y la interpela desde lo audiovisual, la narrativa y la poesía. La Perla Irregular es un combo multiforme con ancla en los sonidos de finales de los ’60 y comienzos de los ’70, algo que puede sonar a revival, si no se piensa como Vidal: “Uno está atravesado por lo que vive y crear tiene que ver con retomar lo ya hecho. Lo original como novedad, como algo que surge de la nada, es un concepto sin valor. La etimología de lo original es la vuelta al origen y algunas de las mejores obras son revisionistas: Hamlet es la leyenda de un príncipe, ‘Blowing in the Wind’ de Dylan es una canción tradicional”, argumenta el joven músico.

El proyecto nació en 2008 con la grabación de un demo que acabó siendo La Perla Irregular, debut de esta banda porteña. En paralelo, y por pura prepotencia de trabajo, Vidal compuso las canciones para el segundo opus, el reciente y superador La Novena Utopía, y en medio editó el EP El Nadir del Rock. Todo desde su productora independiente como plataforma: De Regreso a la Fantasía es un proyecto aún más inclusivo, en el que participa también el actor, escritor y amigo de la banda Agustín Pisani, autor del recientemente publicado SiMon NeFas, una colección de reflexiones, cuentos y fotografías literarias de escuela cortazariana. Vidal, Pisani y el resto de los miembros más o menos estables de La Perla Irregular apenas promedian unos 25 años. Ninguno oculta sus influencias, pero tampoco calla su voz.

“Hay cuatro o cinco temas que están girando y todas las bandas hablan de lo mismo. Y es porque los problemas que nos atraviesan son los mismos para todos. Lo que varía es el cómo y ahí está el arte para dar esa respuesta”, señala Vidal, y en definitiva, ¿quién dejaría de animarse a hablar sobre el amor, la naturaleza, la amistad, la condición humana y la fantasía? “La construcción ya hecha es innegable, pero desde ella tenemos que trabajar rumbo al espacio no construido. O deconstruir el actual”, completa Pisani, para quien el arte es “memoria futura” y, por lo tanto, tiene el doble efecto de “trasladarte hacia atrás pero proyectándote al futuro”. Y dirá Pablo luego que precisamente ése es el concepto de la banda: “El lugar de la incomodidad, porque el presente es incómodo y el arte también”.

El trabajo desde De Regreso a la Fantasía es autogestionado. Incluso el reciente DVD documental Aquí no es real, un recorrido por la factura de La Novena Utopía (que presentarán el próximo sábado a las 22 en Plasma, Piedras 1836) que no escatima en recursos ficcionales, en humor ni en crossover: en él, la canción “De mi mal” puede ser soundtrack del film Fantasía, de Disney; contar la creación de una obra puede ser crítica al mainstream; y el formato documental puede convertirse en un paseo onírico.

Pero tras dos discos, un EP, un libro y un documental en menos de dos años, no se detienen: “Grabamos ‘Mujer de los mil días’ para un compilado de Litto Nebbia”, revelan. Ya piensan en un tercer disco y segundo libro, de nuevo a partir de ese “laboratorio de objetos artísticos artesanales” que es su productora. “Mi curso de producción fue ver los Anthology de Los Beatles”, admite Vidal. Y su música es a la vieja usanza, es todo lo que se puede hacer con instrumentos tradicionales, pero la sazón particular de La Perla Irregular es un aura de fantasía, una alegría lúdica que Vidal conoce de cerca por ser profe en un jardín de infantes.

“El artista egocéntrico, el separado de los demás, no está bueno. Todos estamos acá, experimentamos los mismos sentimientos y nos morimos igual”, recuerda el cantante y guitarrista del cambiante quinteto, hablando de la muerte con sólo 27 años. En definitiva, dice, su trabajo en el jardín lo mantiene bien cerca de la fantasía, del nacimiento constante de las ideas y obras futuras.

FOLKLORE: DURA TIERRA


Caminos alternativos para ritmos conocidos. En un repertorio que convoca a Juan Falú y Jaime Roos, entre otros, hacen folclore y eligen las sutilezas a las estridencias.

Por: Eduardo Slusarczuk



Como esos manjares que a través del tiempo adquieren nuevos sabores. nuevos olores. Nuevas texturas. Como esos brebajes que se espesan, que aumentan su densidad. Así sabe la música que sale desde esa habitación que corona la vieja casa que sobrevivió al avance de la plaza, en el medio de Villa Ortúzar, y que Duratierra disfruta como lugar de ensayo, prueba y error.

“El grupo arrancó hace unos cinco años, mucho más folclórico. En algún momento apareció Agüita demorada, una chacarera de los hermanos Núñez, y Nico empezó a tocar con una rítmica distinta. Yo comencé a cantar una melodía en una tonalidad rara, y se abrió una puerta hacia un espacio nuevo, que jamás habíamos explorado”, cuenta Micaela Vita, la cantante del cuarteto.

La experiencia se transformó en una señal de alerta. “Esa fue la primera vez que podemos decir que nos fuimos al carajo, y tratamos de entender adónde habíamos llegado”, explica.

“Nico” es Nicolás Arroyo, un inmigrante de Pergamino, que repartió sus fines de semana de infancia y adolescencia entre peñas, guitarreadas y asados. “Eso me permitió conocer a fondo el folclore tradicional”, explica. Pero la información incluyó una referencia que marcó la diferencia.
“Mi vieja me obligaba a sentarme a escuchar al Dúo Salteño. ‘No te muevas y prestá atención’, me decía mi papá”, recuerda el percusionista. Y completa la idea: “Ahora, que siento que desde nuestro grupo estamos proponiendo una sonoridad diferente, entiendo lo que me querían decir.”
Porque de eso se trata Duratierra, según su cantante y su percusionista: de proponer un sonido propio dentro de ese extenso mapa musical que es el folclore. “Hacemos música folclórica de varios lugares de América latina, con un tratamiento, un concepto en los arreglos más arraigado en la urbe”, dice Vita.

Consecuencia de los orígenes diversos de sus integrantes, Duratierra concentra una lista de influencias tan extensa como variada. “Yo soy bien porteña, y empecé cantando jazz, mucho más influenciada por los Beatles que por Atahualpa Yupanqui. Juan Pablo Saraco, nuestro guitarrista, comenzó tocando en bandas de rock, mientras se acercaba cada vez más al folclore. Tomás Pagano, quien reemplazó al bajista original, es de La Pampa”, enumera la cantante.

Y coincide con Arroyo en que esa mezcla, más el abanico de gustos musicales y el deseo de experimentar, dieron sus frutos en Floralia, su primer CD, que tuvo un tiempo de maduración más que generoso.

“Haber tenido un estudio a disposición sin un cronómetro que nos limitara sirvió para que pudiéramos encontrar una identidad”, destaca Vita. Cuidados arreglos de guitarras, voces que eligen las sutilezas a las estridencias, bases rítmicas que sugieren caminos alternativos para ritmos conocidos. Por ahí va la cosa, en torno a un repertorio que convoca a Nicomedes Santa Cruz, Juan Falú, Colacho Brizuela y Jaime Roos, entre otros autores.

¿Se impusieron algún límite a la hora de intervenir sobre las composiciones?

Vita: No. La creatividad no debería tener límites. Los artistas a veces estamos condicionados por esas fronteras. Pero si resguardás la esencia, no hay límites. El tema es no perder el respeto. No porque no se deba cambiar nada, sino porque hay algo ahí, una raíz, que no se puede extirpar.
Arroyo: Lo que tenemos claro es que estamos en contra de las divisiones tajantes entre el folclore, el jazz o lo que sea. Algo que también es un problema para nosotros.

¿Por qué?

Arroyo: Porque a veces no sabemos si ir a una peña o a un lugar roquero. De todos modos, de pronto, donde menos lo esperás, la gente escucha lo que uno hace con mucha atención. Y la que nos va a escuchar, siempre está preparada para la sorpresa, para oír algo nuevo.
Lo nuevo remite a la idea de que en vivo la música no suene tal cual está en el disco. Pero lo nuevo también incluye a los temas que tienen destino de segundo CD que, a diferencia de Floralia, tendrá una mayoría de canciones propias. “En nuestro primer CD la intención fue mostrar cómo sonamos”, señala Arroyo, y cierra: “Ahora, le sumamos un elemento a la propuesta: ‘Nosotros sonamos así, y decimos esto’.”

domingo, 20 de junio de 2010

ENTREVISTA A LA PERUANA EVA AYLLON Y SU DISCO GRABADO EN BUENOS AIRES




“La música criolla tiene mucho valor como símbolo multicultural de mi tierra”, dice la cantante rotulada como “reina del landó”.











Eva Ayllón, peruana, cantante, “reina del landó”, acepta que su origen es difuso. Que creció con su abuela materna y nunca le han dicho mucho, por ejemplo, sobre sus antepasados próximos. Abstraída tempranamente de esa huella pudo arrojarse liviana, sin prejuicios de cuna, a un mundo de posibilidades: pudo, no sin fraguar una voz que naturalmente impacta, utilizarla a favor de la música criolla –la más mestiza, la de Lima, su ciudad– tanto como la afro, también con un arraigo profundo en el Perú. “No he intelectualizado si sirvo como nexo entre ambas vertientes, sí que ambos, yo y mis audiencias, disfrutamos de las dos a plenitud”, se limita a contestar ella sobre el péndulo. Un péndulo que hoy está instalado, cómodo, en una de sus dos referentes mayores: Chabuca Granda. Fruto de dos conciertos dados en el ND Ateneo en mayo del año pasado, acaba de salir un disco en vivo (DVD incluido) con el eje puesto en la poeta de Apurimac: Eva Ayllón canta a Chabuca Granda. “De chica no entendía bien sus metáforas, pero su música y su manera de cantar me embrujaban... Ya como adolescente entendí el significado de sus temas y me terminaron de cautivar para el resto de mi vida”, trata de encauzar con palabras algo que, claro, sólo puede sentirse con música.

El disco consta de 18 piezas que, si no pertenecen directamente a Chabuca (“La flor de la canela”, “Fina estampa”, “José Antonio”, “Vértigo”, “Un barco ciego”), anclan en aquellas versiones que ella, la Granda, disfrutaba hacer: “Nostalgias” o “Alfonsina y el mar”, por caso. “Estos temas quedaron porque, aparte de que a mí me gustan inmensamente, Chabuca los cantaba en sus visitas a la Argentina –ratifica–. A ‘Nostalgias’ le dimos un tratamiento de lamento afroperuano que yo lo sentía como pariente del tango y ‘Alfonsina...’ se convirtió en una zamba argentina. Mis amigos de allí –Laura Albarracín y Franco Luciani– se han encargado de darle el toque de hogar.”

–La versión de “Alfonsina...” la conecta con su otra gran referente, Mercedes Sosa. ¿No ha pensado en hacerle un homenaje a ella, también?

–De hecho fui invitada al Lincoln Center de Nueva York para el tributo a ella con León Gieco, Teresa Parodi y otros músicos. También estaba programada para participar en un homenaje con ella presente antes de que nos dejara físicamente. Pero hacerle un homenaje personal... bueno, lo he pensado mucho. No quise hacer uno sola por ahora, quiero que pase un tiempo porque no me acostumbro todavía a su ausencia. Con ella conversábamos y nos carteábamos y para mí no ha terminado de partir. Con lo comercial que se ha vuelto el mundo de la música, creo que mejor esperaré hasta que sienta que la gente se está olvidando de su legado.

–Ha escrito en el disco que tanto Chabuca como Mercedes “tallaron su corazón para siempre” desde la primera vez que las escuchó, a los 12 años. ¿Podría profundizar en qué las aúna, según su mirada?

–Las dos son mujeres que lucharon mucho por la vida en el tiempo que les tocó vivir, cuando los prejuicios llevaban a la sociedad a mantener apariencias ilusas. Las dos fueron artistas que salieron adelante en un medio dominado por hombres y como madres también pasaron momentos de lucha. A pesar de todo eso, se convirtieron en iconos de sus países. Personalmente, muero cada vez que escucho “El fusil del poeta”, de Chabuca, por su riqueza poética. Y por la versión que hacía Mercedes de “Los mareados”... Me desgarran el alma y el corazón.

Pero Eva es algo más que la retransmisora del legado de dos de las cantantes más amadas del continente. Desde que su voz, versátil, imponente, comenzó a oírse en las peñas limeñas de la década del ’70, no fueron pocos los que fijaron atención en ella: primero fueron Los Kipus –grupo peruano de fuste en los ‘80–, después Los hijos del Sol, banda clave del jazz “a la peruana”, y al final un reconocimiento como solista que la llevó a llenar el Carnegie Hall de Nueva York –instancia sólo alcanzada por su coterránea Yma Sumac, en los cincuenta– y ser nominada tres veces para los premios Grammy. “Yo me formé en unas instituciones de barrio que ya casi desaparecieron. Eran los llamados centros culturales, donde se reunía gente de la comunidad y espontáneamente aparecían artistas que ya brillaban. Cuando empecé a frecuentar las peñas recuerdo que tenían cierta mística como los clubes de jazz en Nueva York. Pero las peñas de mi época ya no existen y las nuevas se han convertido más en centros de esparcimiento que perdieron su misión cultural”, reseña, con cierto dejo de nostalgia.

–¿Qué importancia tiene, para usted, que la mencionen para el Grammy? ¿Le interesa?

–Conozco colegas que dicen que no les interesan los Grammy, pero se molestan cuando no lo ganan y públicamente maldicen el sistema. Por otro lado, hay artistas como Willie Colón que fueron nominados como una docena de veces antes de ganarlo, y en su caso se lo merecía todas las veces que lo nominaron. La nominación en sí representa un triunfo por el reconocimiento que conlleva, pero si me mencionan o no, no me preocupa. En general los promotores de conciertos son los que usan estas referencias como herramientas de marketing.

Eva, nacida en un barrio popular del distrito de Lince –Lima–, tiene 40 años. Vive en Nueva Jersey y se define como un ama de casa dedicada a sus hijos, pero con tiempo para ensayar y estudiar inglés. “Mi ritmo diario sólo cambia cuando estoy de gira... Todo es agitado, de ciudad en ciudad, de aeropuerto a aeropuerto y de un escenario a otro, pero el resto de los días los paso tranquila. ¿Por qué me fui? Originalmente por amor, pero cuando eso falló me quedé porque ofrecía más oportunidades a mis hijos, y la verdad es que me siento a gusto en este país. Al comienzo tuve choques con la cultura, con la adaptación a una nueva vida y con el idioma. Pero poco a poco he vencido estos obstáculos.”

–¿Le incomoda el rótulo “la reina del landó”?

–Creo que fue resultado de una observación a mi canto y una alabanza comercial. Salió sorpresivamente entre unos amigos en una noche de jarana (risas)... No sé, como limeña me identifico con la música criolla y como afrodescendiente me siento orgullosa de interpretar esta vertiente de la música peruana. La música criolla tiene mucho valor como símbolo multicultural de mi tierra, porque incluye el aporte de los descendientes europeos, de los andinos y de los negros. Y yo soy las dos cosas.

CECILIA ROSSETTO: SU VUELTA



Una voz tanguera sin encasillamientos

La cantante y actriz se recuperó de un accidente y el regreso, esta noche en Ushuaia, tendrá el condimento especial del reencuentro con Daniel Binelli y las canciones de Rojotango.












Por Carlos Bevilacqua

“¡Esto es vida pura!”, celebra Cecilia Rossetto al referirse al reencuentro con Daniel Binelli y César Angeleri, para ensayar la actuación de hoy a las 21 en la Casa de la Cultura de Ushuaia (Maipú y 12 de Octubre), en el marco de la Fiesta Nacional de La Noche Más Larga. La función tendrá para ella un sabor especial, porque será la primera luego de varios meses de convalecencia tras un accidente que la llevó dos veces al quirófano. Como para demostrar que no se trata de fechas aisladas, anuncia además otras dos actuaciones: el 27 de junio en el Palais de Glace, como parte del ciclo Música al Atardecer, de la Secretaría de Cultura de la Nación, y en una fecha de agosto a confirmar, como parte del Festival de Tango organizado por el gobierno porteño.

Para detallar en qué consistirá este regreso, Cecilia empieza por referirse a Rojotango, el CD que grabó en el año 2000, también con Binelli al frente de su quinteto. En esa placa registró conmovedoras versiones de tangos clásicos de diversas épocas. “Ahí hay de todo: Celedonio Flores, Discépolo y Virgilio Expósito y hasta el tema que da nombre al disco, grabado recién en la segunda edición del disco, en 2008.” De ese repertorio, Binelli subraya la entrega de Rossetto en “Secreto”, la pieza con que abre el disco. Pero sobre el escenario fueguino habrá más: “Yo tengo predilección por la delicadeza de ciertos valses, así que voy a agregar algunos, como por ejemplo ‘Parece mentira’, que quiero especialmente por la elegancia y la sobriedad con que lo canta Nelly Omar”, adelanta. Además de otros temas cantados, prometen pasajes para el diálogo meramente instrumental entre Binelli y Angeleri a través de piezas como “Papas calientes”. “Queremos mostrar algo de improvisación y no sólo tango, sino también candombe, pero con la estética y las armonías que a mí me gusta imprimirle”, agrega Binelli, quien integró las formaciones de Pugliese y Piazzolla, entre otras.

Si bien la imagen de Rossetto está asociada a la actuación y el canto de variados géneros, ella se declara tanguera de la primera hora. Y argumenta: “Yo empecé a cantar tango a los 7 años para los amigos de mi papá, cuando él se juntaba con ellos a jugar a las cartas o a los dados en los clubes. Mi papá, que fue campeón de ajedrez, era un hombre noctámbulo. Tal vez por eso disfrutaba mucho con los tangos descriptivos de la noche. Después el tango fue para mí un elemento de seducción muy importante con los hombres en las reuniones”, cuenta, antes de citar el llamado del bandoneonista José “Pepe” Libertella, que recibió tras la presentación en vivo de Rojotango. “Me dijo ‘Señora, ¿sabe cuánto hace que la estoy buscando? (imita la voz nasal de Libertella). Es para decirle que yo no sabía que podía existir una mina con tanto tablón, ¿de dónde salió?’ El, como otros artistas del tango, me preguntaba por qué no había empezado antes. Pero para mí era una continuidad porque yo ya venía cantando tango en privado. Lo que no había hecho era cantar en público con músicos tan fabulosos como los de Binelli.”

La relación con el padre, según contó, también es clave para explicar esa diferencia entre la voz disfónica con que habla y esa otra entera, potente con que se expresa al cantar. “El dormía de día, y como a veces tenía a la noche torneos de muchísima responsabilidad, incluso a nivel internacional, mi mamá nos obligaba a hablar con voz áfona, sin que sonaran las cuerdas vocales. Mi mamá también habla así (exagera su tono sigiloso). Mi verdadera voz aparece cuando canto.”

Sin renegar de su rica trayectoria, Rossetto lamenta que la gente tienda a etiquetar a los artistas. “Recién me reconocieron como cantante cuando dejé el humor, porque siendo una humorista eficaz, por más que en la misma obra cantes bárbaro, se impone el recuerdo de la comicidad. Yo siempre fui cambiando. Toda mi vida le escapé a los encasillamientos, pero no por los demás, sino por mí. Empecé haciendo tragedia griega; cuando vino la dictadura, sentí que no podía seguir haciéndola porque la tragedia se había metido en mi vida. Entonces me dediqué al humor; después de ganar un Martín Fierro como humorista en la televisión, me fui de la tele y no aparecí más... Tengo una sola vida por vivir y quiero probarlo todo.”

PETER CETERA LLEGA A BUENOS AIRES







DEL GRUPO A LA SOLEDAD. EN LOS ‘70, FUE LA VOZ LÍDER DE LA BANDA CHICAGO DURANTE 15 AÑOS. LUEGO, SE LANZÓ COMO SOLISTA.














Un día, mi productor, David Foster, me preguntó si podía escribir una canción para Kenny Rogers, que por entonces era una gran estrella. Así, aparecieron la melodía y la letra de You’re the Inspiration . Enseguida me di cuenta de que había hecho una gran canción, pero no la quiso grabar. Entonces, la llevé para Chicago. Peor para él.” Peter Cetera cuenta la anécdota desde Idahao, donde prepara los pasos que dará en los días siguientes. Primero Nashville, después Nueva York, y finalmente, por primera vez en sus más de 40 años de trayectoria, Buenos Aires. Y cierra la idea: “Cuando escribo una canción, siempre le tomo cariño, y creo que es adorable. Pero después, la gente elige algunas y las otras quedan en el camino. Eso es imposible de predecir.” De todos modos, al cantante tan mal no le fue.

Baby, What a Big Surprise , If You Leave Me Now , Hard to Say I’m Sorry , Glory of Love (de la banda de sonido de Karate Kid 2 )son algunos de los muchos eslabones de una cadena de éxitos que tiene su punto de origen a comienzos de los ‘70, cuando, tras algunos proyectos adolescentes, se convirtió en la voz líder del grupo Chicago, banda que abandonó unos quince años después.

“La ruptura fue más fácil para mí que para los fans. Para ellos era algo dramático. Para mí, era la posibilidad de disfrutar de una libertad que no tenés cuando estás en un grupo”, comenta.

Sin embargo, a pesar de haber logrado buena repercusión con sus primeros intentos solistas, entró en conflicto con el peso de su historia. “A mediados de los ‘90, tuve que parar de tocar, de escribir y de hacer giras. Sentía que no tenía un lugar en la música, y no tenía claro qué quería hacer”, cuenta.
























El silencio se cortó con el cambio de milenio. Cetera explica: “El tiempo me permitió entender que amo cantar, y que amo hacer esas canciones que me convirtieron en quien soy ahora.” En esa línea, el músico señala que ese regreso a la ruta lo puso en contacto con sus viejos seguidores, pero que amplió su público en las nuevas generaciones. “Es fantástico encontrarse con gente que recién después de escuchar mis trabajos solistas se entera de que fui parte de Chicago”, resalta.

Y reconoce que logró disfrutar sin culpa de aquello que en algún momento fue una carga. “Cuando puedo hacer algo nuevo, lo grabo. Pero es difícil que haga ese material en vivo. Sobre el escenario trato de hacer las canciones que creo que la gente viene a escuchar”, dice, a modo de anuncio para sus fans porteños.

“Me intriga mucho saber si hay quién gusta de mi música en la Argentina”, admite. Y confiesa que esa intriga le produce una gran excitación, como la que le provoca salir a escena con su banda eléctrica, que lo acompañará en su tour sudamericano. “Es un formato que contrasta con el sinfónico, con el que hago la mayoría de mis conciertos actualmente”, aclara.

¿Preferís alguno de los dos? Me gusta mucho el sinfónico, porque es como cantar en la ducha. Es muy disfrutable cantar y escuchar todos esos instrumentos detrás de uno. Pero la formación eléctrica es, sin duda, más excitante.























HISTORIA


Peter Paul Cetera (n. Chicago, Illinois, 13 de septiembre de 1944) es un cantante, compositor, bajista y productor estadounidense, conocido por ser un miembro original de la banda Chicago. Desde que abandonó el grupo, Cetera ha logrado que dos de sus sencillos alcancen la máxima posición de la lista Billboard Hot 100.

Biografía

Cetera nació en el sur de Chicago, siendo el segundo de los seis hijos que tuvo una pareja conformada por un polaco-estadounidense y una húngara-estadounidense.

A los once años de edad manifestó su deseo de tener una guitarra, pero sus padres le obsequiaron un acordeón. Cuatro años más tarde, unos alumnos de su secundaria lo llevaron a un club a ver el show de la banda The Rebel Rockers, lo que lo llevó a adquirir una guitarra acústica en la tienda Montgomery Ward. Eventualmente, tomó el bajo y comenzó a tocar en su ciudad junto a sus amigos, un baterista, un saxofonista y un guitarrista, compartiendo el rol de vocalista con este último.


















Cetera participó en diversos grupos en el área de Chicago, incluyendo una popular banda local llamada The Exceptions, con la que recorrió el Medio Oeste de Estados Unidos a mediados de los años 1960, lanzando dos álbumes y varios sencillos.

Periodo en Chicago

En diciembre de 1967, Cetera llegó temprano para ver el show de una banda llamada The Big Thing. Impresionado por la manera en que combinaban los instrumentos de viento con el rock and roll, Cetera abandonó The Exceptions y en menos de dos semanas se unió a The Big Thing.

The Big Thing, que pronto cambió su nombre a The Chicago Transit Authority, lanzó su álbum debut, The Chicago Transit Authority, con el sello Columbia Records en 1969. Cetera fue el cantante principal en tres de las once canciones del disco, y con su voz de tenor complementó las voces de barítono de los otros dos vocalistas del grupo, el teclista Robert Lamm y el guitarrista Terry Kath.

Su característico estilo de canto se debe a que, por un período, tuvo que cantar con la mandíbula apretada luego de lesionársela al participar en una pelea durante un juego de Los Angeles Dodgers en 1969.

El siguiente álbum, Chicago, elevó la banda a un estatus de popularidad mundial. La canción «25 or 6 to 4» fue el primer éxito donde Cetera oficiaba como vocalista. Chicago también es memorable por incluir la primera composición de Cetera, «Where do we go from here?».

Mientras la década de 1970 avanzaba, Cetera se convirtió en un compositor más prolífico para el grupo, contribuyendo con los éxitos «Wishing you were here» y «Happy man», del disco de 1974 Chicago VII.

Su mayor logro junto a la agrupación llegó en 1976 con la balada «If you leave me now», que alcanzó el primer lugar a nivel mundial. La otra composición de Cetera, «Baby, what a big surprise», también se convirtió en un éxito, cimentado el estatus de Chicago como ballad band ('banda de baladas').

A fines de los 1970 y con la aparición de la música disco, la popularidad de Chicago declinó, culminando con el lanzamiento de Chicago XIV, el álbum peor vendido de la banda. Columbia Records posteriormente acaparó el resto del contrato del grupo.

En 1981, Cetera publicó su primer álbum como solista, Peter Cetera, con el sello Warner Bros. Records, luego de adquirir los derechos de su contrato anterior con Columbia Records. Eventualmente, el disco se convirtió en un fracaso comercial que Cetera atribuyó a Warner Bros. Según él, su casa discográfica no quiso promoverlo como solista por miedo a que abandonara Chicago, grupo que había sido contratado por el mismo sello recientemente.

En 1982, David Foster ofició como productor y salió a la luz Chicago 16. Este álbum representaba el regreso de Chicago y su primer sencillo, «Hard to say i'm sorry», llegó a la primera posición de las tablas de popularidad. El segundo single, «Love me tomorrow», también escrito por Foster y cantado por Cetera, alcanzó la posición 22 de las listas.

Cuando Chicago 17 Fue lanzado al mercado en 1984, se convirtió en el álbum más exitoso de la historia de la banda, llegando a vender más de siete millones de copias solo en Estados Unidos. Los cuatro sencillos desprendidos del disco fueron interpretados por Cetera, incluyendo tres que fueron coescritos por él. Todos ellos llegaron al top 20: «Stay the night» (#16), «Hard habit to break» (#3), «You're the inspiration» (#3) y «Along comes a woman» (#14).

Con el arribo de los videos musicales y la creciente popularidad de MTV, Cetera se convirtió en el rostro y líder público de Chicago, la banda que por mucho tiempo fue anónima.

Salida de Chicago
























Con su nueva popularidad, Cetera quiso grabar otro álbum por su cuenta. Además, había declarado no tener interés por la extensa gira que su banda realizaba para promover Chicago 17. Cuando el 17 Tour concluyó en abril de 1985, los mánager y diversos miembros del grupo expresaron su deseo de organizar otra gira para ese verano, y comenzaron a trabajar en el próximo álbum de Chicago. Cetera insistió en que la banda debía hacer un receso para que él pudiera concentrarse en su familia y en su álbum individual.

Tras rechazar su oferta de permanecer en la banda mientras grababa su propio disco, se anunció que Cetera y Chicago tomarían diferentes rumbos en julio de 1985.